Por suerte, ahora estoy en calma con algunos personajes de mi vida. Desde que Galeno me dejó las noches son más largas y las mañanas transcurren sin sus mensajes. Lo entiendo. Cuesta a veces. Pero siempre aunque cueste entiendo que está pasando eso. Alguien te dejó de querer, de desear y de elegir... Y eso implica hacer un duelo.
A veces mientras mis días pasan en la oficina me pregunto si este estado de opacidad interior perdurará en el tiempo. Qué haré. Qué pasará. Qué vendrá ahora. Y me lo pregunto además porque con Javier también me siento muy tranquila. Sé que suena tonto decirlo porque todo sigue como estaba hace dos semanas atrás. Es decir, cuando él me dijo que quería ni bien la vida nos diera la oportunidad, volver a acostarse conmigo. Pero creo que tengo que darle lugar a lo que siento, es decir, que todo esto va a quedar así.
Javier está en silencio. Su casa me parece muy lejana. Su persona me parece incapaz de atravesarse en mí camino. No entiendo por qué tuve tanto miedo estás últimas semanas... ¡Nada más va a pasar! El sabe que estoy separada. Ya lo sabe. Y yo sé que su situación es la misma. Y ninguno corrió ni movió un dedo, ni él ni yo, para que se modificara nada. Entonces, me debo estar tranquila.
II
Después de lo que ocurrió entre nosotros dos, son los primeros días que llevo separada. Estoy en un proceso que se trata de asimilar una pérdida y de una manera cruel, además, muy desprolija y bastante dolorosa. ¿Sabrá alguien lo que significa que la persona con la que compartiste los últimos 3 años de tu vida no tenga la delicadeza de decirte adiós? ¿Que te diga "ahora quiero ir a dormir, no quiero escribir" y ese sea tu adiós? El egoísmo y el desinterés hecho oración para cerrar y definir una historia. Lo juro. ¿Se puede poner en palabras dos semanas después lo que es que una persona amada use esas frases de mierda para "despedirse"? Está para hacer un cuadro, una especie de top five, donde figure entre las frases más de mierda para demostrar falta de amor en la Historia de la Humanidad.
A veces lo pienso, y francamente, me parece una idea aterradora que alguien a quien le contaste todo , se vaya con esa desprolijidad, con ese desinterés, como si hubieses sido una cosa que usó y que no le sirvió más en un momento y que no es capaz de considerar desde una dimensión humana. Pero también entiendo que cada uno hace lo que puede con lo que tiene en determinados momentos de la vida. Y quizá, Galeno, tuvo poco huevo o poco tacto para, y cualquiera de los dos casos, constituye una razón suficiente para mandarlo a mudar.
Mi familia curiosamente me preguntó qué iba a hacer ahora, por la plata que gasté en ir a verlo. No pensaron en el dolor de la pérdida, sino, en la pérdida del dinero. Yo en cambio, aunque fue mucho dinero, no lo considere una pérdida. Lo consideré una inversión que en su momento hice por amor... Que se trataba de estar cerca y de disfrutar. Y aunque lo haya perdido todo, inclusive el ánimo y la energía, ¿cómo podría haberme dado cuenta antes para evitarlo? No sé trataba de eso, no se trataba de hacer de un gesto de amor y de acercamiento, un revés económico mezquino. Se trataba de estar cerca. Aunque me hayan dejado casi inmediatamente después, yo viajé a la provincia de Galeno y me quedé todo ese fin de semana en su casa , porque quería acompañarlo. ¿Tiene algo de malo eso? ¿Se puede considerar todo pérdida?
La vida me lo dirá. Capaz que me gano una rifa por la misma plata de los pasajes en avión ¿y dónde estaría haciendo reflejo lo que con dinero no se puede comprar, no? Para todo lo demás, existió mi Mastercard.
III
El amor que llegue a sentir por Galeno fue toda una construcción de años que hoy están derrumbando. Y duele. Cuesta saber que la persona que vos querías y con la que tenías mucha confianza se va a ir. Va a hacer su vida. Conocerá a otras mujeres. Seguirá. Pero todo eso, cada una de esas cosas, deben suceder. No quiere decir que nada me suceda a mí del otro lado. Capaz que me suceden cosas super emocionantes o profundas con alguien más y lo disfruto y vuelvo a salir con una persona como si nunca me hubieran dejado con el corazón roto. Pero es importante entender que está construcción con Galeno llego a su fin cuando se retiró la otra parte. Cuando me dijo que no estaba dispuesto a hacer nada extraordinario para estar bien conmigo. Cuando me dejó con preguntas y no le importó cerrar bien. Cuando no tuvo la responsabilidad de cerrar bien, aún mismo, la decisión estuviera aceptada de los dos lados.
Todo esto duele. Duele-mucho. Pero... es importante aceptarlo para seguir. No hace falta que siga ya. Pero sí que siga cuando esté lista, en especial, porque no quiero que se me pase la vida sufriendo por un hombre que me dejó como no se deja ni a un perro abandonado en la calle, la verdad... O al menos, como yo no lo hubiese dejado jamás, realmente, jamás.
La cuestión es que no sé qué sucederá pero me siento tranquila. Me empiezo a sentir tranquila después de un período movido. Ya no tengo que mentirme en lo que siento. Ya no tengo que contener nada de lo que siento. Ya al menos puedo pensar sin sentir que Galeno fue un gran abrazo a otros sentimientos y una manera correcta de amar, de vivir, y de elegir.
Porque... Si la manera que considerabas correcta de amar se va ¿qué queda? ¿La manera verdadera, esa forma de amar que te sale por los poros, la que está más allá de todo bien y todo mal?
IV
La carne viva. Así fue el amor que llegue a sentir por Javier. Toda una revolución de años que éste año se ha transformado para siempre y me ha hecho repensar todo con sus esquirlas.
Para ser sincera, Javier y yo no sabemos parar. El tiempo que tendría que ser olvido, duelo, silencio o nada, en nosotros fue acumulativo. Es decir, que mientras en ocho años algunas personas pueden olvidar, él y yo, la primera vez en casi una década que volvimos a estar a solas, nos terminamos besando y acariciando y diciendo cosas tremendas para la vida del después. Es decir, la vida real, la construida, la vida que implica el recorrido y la que se elige a conciencia porque es buena para uno. La vida que es saludable, que recomiendan los psicólogos y que sale en los libros de divulgación. "La vida normal". La forma correcta de amar, de vivir y de gestionar sentimientos o emociones.
La coexistencia de esta bola de cartón corrugado en la garganta por la pérdida en la vida construida y la aceptación de la naturaleza enferma que tenemos con Javier; es un pescado muy gordo. Algo que implica trabajar mucho y duro. Aceptar mil demonios. Llorar lo que haga falta. Y salir. ¿Cuánto tiempo demorará exorcizar a esos bichos? Pues no sé. Con Javier los procesos me cuestan un milenio.
V
Saber que la persona que amaste casi la última década (aunque te hayas empeñado en creerte lo contrario) no esté jamás dentro de tus posibilidades, es uno de los temas a enfrentar. ¿Cómo vas a amar a alguien así? Esa pregunta me hago desde que dejé de mentirme a mi misma. Y la verdad es que no lo sé, pero me pasa, y aunque no esté bien que me pase, me pasa igual. ¿Qué quiero hacer con eso? Nada. Nada en absoluto. Dejar que ese amor circule, poder ponerle palabras, abordarlo con más calma y cabeza y darle una muerte natural.
Javier fue un hombre que siempre me convocó demasiadas cosas, desde que tenía 18 años y quería "tenerlo cerca y no sabía por qué", a ahora, que casi tengo 28 años y sé que me descontrola la vida cotidiana. ¿Para qué mentir y decir que no importa? Aunque sé que no importa de una manera que me impida vivir, es obvio que importa, porque lo que hace me afecta y porque nuestro reencuentro no me dejó indiferente en los últimos meses.
Jamás pude controlar del todo lo que me pasa consigo y eso no hace más que avivarse en algunos periodos. He pasado casi los últimos diez años de vida sabiendo que una parte mía amó a Javier. ¿Para que negarlo? Detrás de lo que pareció un inmenso odio y una sobrada indiferencia, al final, siempre hubo amor. Un amor de los más extraños que sentí, porque es un amor que no pide nada. Que no da nada. Simplemente, que sucede. Y que se deja pasar, de mí lado, como agua bajo el puente porque no se puede cambiar, porque no podes dejar de amar a alguien con quien tenés el tipo de relación que tengo con Javier donde no hay tiempo, ni fronteras, ni pudores, ni desconfianza.
¿Alguien se dará una idea de lo grave que es eso? ¿Una especie de continuado emocional que nada ni nadie consiguió romper? Es gravísimo. Porque el tiempo de vida pasó igual y el tiempo de nosotros pareció haberse quedado detenido en esa confianza y en esa complicidad.
Las últimas veces cuando nos vimos Javier, una de las cosas que me dejó en shock fue el ver que se abrió conmigo como se lo había pedido durante muchos años. Me impactó tanto ese quiebre, y ese desborde de tanta información de todos los planos de su vida, porque pensé que la confianza se había perdido en nosotros. Que no sería capaz de contarme cosas privadas, por ejemplo, como yo sí me estaba tratando de guardar en un comienzo. Sin embargo, él se abrió y me contó todo lo que sentía, lo que le pasaba en su vida, en su relación, en su trabajo y con su familia. Me abrió la puerta de su casa, su mente y su cuerpo. Y yo me quedé muda porque para él esa forma de ser diferente que siempre tuvo conmigo no cambio ni siquiera ocho años después. ¿Por qué? No sé. Serán respuestas que tenga él y que yo no iré a conocer jamás.
VI
El otro día, respecto a éste continuado de confianza, le pregunté a mí terapeuta qué hacía falta para cambiar la situación con Javier. Es decir, para poder controlar el tornado de sentimientos que me genera y para poder contenerlo a él , en el hipotético caso de que nos fuéramos a cruzar por el barrio en algún momento. Porque esa confianza y esa cercanía, para nosotros, no se traducen en un saludo ameno o una charla en la vereda; sino, más bien, en cosas muy diferentes a ese tipo de acercamiento protocolar que se puede tener con un vecino cualquiera. ¿Cómo se hace para que Javier sea un vecino cualquiera? Ésa es otra de las preguntas.
Tal como le comenté, "yo estaba dispuesta a sufrir para poder contener y detener todo eso que sentía, para no convertirme en alguien que no soy". Le dije que estaba dispuesta a hacer silencio frente a él, pero que necesitaba saber cómo hacerlo, para que así no tuviéramos más problemas.
- ¿Y entonces? ¿Cómo se acaba? - le pregunté.
- Es que no depende solo de vos. El otro también hace cosas.
- Ya se. Pero... ¿Hasta que Javier se muera va a ser así?
- ¿Así? ¿Cómo?
- Claro... Así, la excepción a mís reglas. La persona que me puede. Esto se tiene que acabar , porque si no se acaba de alguna manera me temo que va a ser para siempre así. Y de los dos lados, eso es lo peor. Porque también se que Javier no por cualquiera se arriesga a soportar tanta culpa y a soportar mentir. Y eso es grave. Son confesiones y permisos muy graves. Por eso, necesito saber qué puedo hacer para que se acabe. Para siempre. Se tiene que cortar para siempre de raíz.
Mi psicóloga me dió una respuesta a algo que me da hasta un poco de ansiedad pensarlo. Y es el hecho de que, quizá, ésto no termine nunca de la forma en que estamos buscando que se termine.
A fin de cuentas... Mí vida está llena de adioses. Algunos no los esperaba y duelen. Otros, los necesito porque entiendo que todo lo demás sólo trae dolor. Me gustaría que, cuando sea el momento, aterricen algunos nuevos "hola".
