martes, 29 de noviembre de 2022

Entre adioses y despedidas

 Por suerte, ahora estoy en calma con algunos personajes de mi vida. Desde que Galeno me dejó las noches son más largas y las mañanas transcurren sin sus mensajes.  Lo entiendo. Cuesta a veces. Pero siempre aunque cueste entiendo que está pasando eso. Alguien te dejó de querer, de desear y de elegir... Y eso implica hacer un duelo. 

A veces mientras mis días pasan en la oficina me pregunto si este estado de opacidad interior perdurará en el tiempo. Qué haré. Qué pasará. Qué vendrá ahora. Y me lo pregunto además porque con Javier también me siento muy tranquila. Sé que suena tonto decirlo porque todo sigue como estaba hace dos semanas atrás. Es decir, cuando él me dijo que quería ni bien la vida nos diera la oportunidad, volver a acostarse conmigo. Pero creo que tengo que darle lugar a lo que siento, es decir, que todo esto va a quedar así. 

Javier está en silencio. Su casa me parece muy lejana. Su persona me parece incapaz de atravesarse en mí camino. No entiendo por qué tuve tanto miedo estás últimas semanas... ¡Nada más va a pasar! El sabe que estoy separada. Ya lo sabe. Y yo sé que su situación es la misma. Y ninguno corrió ni movió un dedo, ni él ni yo, para que se modificara nada. Entonces, me debo estar tranquila. 

II

Después de lo que ocurrió entre nosotros dos, son los primeros días que llevo separada. Estoy en un proceso que se trata de asimilar una pérdida y de una manera cruel, además, muy desprolija y bastante dolorosa. ¿Sabrá alguien lo que significa que la persona con la que compartiste los últimos 3 años de tu vida no tenga la delicadeza de decirte adiós? ¿Que te diga "ahora quiero ir a dormir, no quiero escribir" y ese sea tu adiós?  El egoísmo y el desinterés hecho oración para cerrar y definir una historia. Lo juro. ¿Se puede poner en palabras dos semanas después lo que es que una persona amada use esas frases de mierda para "despedirse"? Está para hacer un cuadro, una especie de top five, donde figure entre las frases más de mierda para demostrar falta de amor en la Historia de la Humanidad. 

A veces lo pienso, y francamente, me parece una idea aterradora que alguien a quien le contaste todo , se vaya con esa desprolijidad, con ese desinterés, como si hubieses sido una cosa que usó y que no le sirvió más en un momento y que no es capaz de considerar desde una dimensión humana.  Pero también entiendo que cada uno hace lo que puede con lo que tiene en determinados momentos de la vida. Y quizá, Galeno, tuvo poco huevo o poco tacto para, y cualquiera de los dos casos, constituye una razón suficiente para mandarlo a mudar. 

Mi familia curiosamente me preguntó qué iba a hacer ahora, por la plata que gasté en ir a verlo. No pensaron en el dolor de la pérdida, sino, en la pérdida del dinero. Yo en cambio, aunque fue mucho dinero, no lo considere una pérdida. Lo consideré una inversión que en su momento hice por amor... Que se trataba de estar cerca y de disfrutar.  Y aunque lo haya perdido todo, inclusive el ánimo y la energía, ¿cómo podría haberme dado cuenta antes para evitarlo? No sé trataba de eso, no se trataba de hacer de un gesto de amor y de acercamiento, un revés económico mezquino.  Se trataba de estar cerca. Aunque me hayan dejado casi inmediatamente después, yo viajé a la provincia de Galeno y me quedé todo ese fin de semana en su casa , porque quería acompañarlo. ¿Tiene algo de malo eso? ¿Se puede considerar todo pérdida? 

La vida me lo dirá. Capaz que me gano una rifa por la misma plata de los pasajes en avión ¿y dónde estaría haciendo reflejo lo que con dinero no se puede comprar, no? Para todo lo demás, existió mi Mastercard. 

III

El amor que llegue a sentir por Galeno fue toda una construcción de años que hoy están derrumbando. Y duele. Cuesta saber que la persona que vos querías y con la que tenías mucha confianza se va a ir. Va a hacer su vida. Conocerá a otras mujeres. Seguirá. Pero todo eso, cada una de esas cosas, deben suceder. No quiere decir que nada me suceda a mí del otro lado. Capaz que me suceden cosas super emocionantes o profundas con alguien más  y lo disfruto y vuelvo a salir con una persona como si nunca me hubieran dejado con el corazón roto.  Pero es importante entender que está construcción con Galeno llego a su fin cuando se retiró la otra parte. Cuando me dijo que no estaba dispuesto a hacer nada extraordinario para estar bien conmigo. Cuando me dejó con preguntas y no le importó cerrar bien. Cuando no tuvo la responsabilidad de cerrar bien, aún mismo, la decisión estuviera aceptada de los dos lados. 

Todo esto duele. Duele-mucho. Pero... es importante aceptarlo para seguir. No hace falta que siga ya. Pero sí que siga cuando esté lista, en especial, porque no quiero que se me pase la vida sufriendo por un hombre que me dejó como no se deja ni a un perro abandonado en la calle, la verdad... O al menos, como yo no lo hubiese dejado jamás, realmente, jamás. 

La cuestión es que no sé qué sucederá pero me siento tranquila. Me empiezo a sentir tranquila después de un período movido. Ya no tengo que mentirme en lo que siento. Ya no tengo que contener nada de lo que siento. Ya al menos puedo pensar sin sentir que Galeno fue un gran abrazo a otros sentimientos y una manera correcta de amar, de vivir, y de elegir. 

Porque... Si la manera que considerabas correcta de amar se va ¿qué queda? ¿La manera verdadera, esa forma de amar que te sale por los poros, la que está más allá de todo bien y todo mal? 

IV 

La carne viva. Así fue el amor que llegue a sentir por Javier.  Toda una revolución de años que éste año se ha transformado para siempre y me ha hecho repensar todo con sus esquirlas. 

  Para ser sincera, Javier y yo no sabemos parar.  El tiempo que tendría que ser olvido, duelo, silencio o nada, en nosotros fue acumulativo. Es decir, que mientras en ocho años algunas personas pueden olvidar, él y yo, la primera vez en casi una década que volvimos a estar a solas,  nos terminamos besando y acariciando y diciendo cosas tremendas para la vida del después. Es decir, la vida real, la construida, la vida que implica el recorrido y la que se elige a conciencia porque es buena para uno. La vida que es saludable, que recomiendan los psicólogos y que sale en los libros de divulgación. "La vida normal". La forma correcta de amar, de vivir y de gestionar sentimientos o emociones.  

La coexistencia de esta bola de cartón corrugado en la garganta por la pérdida en la vida construida y la aceptación de la naturaleza enferma que tenemos con Javier; es un pescado muy gordo. Algo que implica trabajar mucho y duro. Aceptar mil demonios. Llorar lo que haga falta. Y salir.  ¿Cuánto tiempo demorará exorcizar a esos bichos? Pues no sé. Con Javier los procesos me cuestan un milenio. 

V

Saber que la persona que amaste casi la última década (aunque te hayas empeñado en creerte lo contrario) no esté jamás dentro de tus posibilidades, es uno de los temas a enfrentar.  ¿Cómo vas a amar a alguien así? Esa pregunta me hago desde que dejé de mentirme a mi misma. Y la verdad es que no lo sé, pero me pasa, y aunque no esté bien que me pase, me pasa igual. ¿Qué quiero hacer con eso? Nada. Nada en absoluto. Dejar que ese amor circule, poder ponerle palabras, abordarlo con más calma y cabeza y darle una muerte natural. 

Javier fue un hombre que siempre me convocó demasiadas cosas, desde que tenía 18 años y quería "tenerlo cerca y no sabía por qué", a ahora, que casi tengo 28 años y sé que me descontrola la vida cotidiana.  ¿Para qué mentir y decir que no importa? Aunque sé que no importa de una manera que me impida vivir, es obvio que importa, porque lo que hace me afecta y porque nuestro reencuentro no me dejó indiferente en los últimos meses. 

 Jamás pude controlar del todo lo que me pasa consigo y eso no hace más que avivarse en algunos periodos. He pasado casi los últimos diez años de vida sabiendo que una parte mía amó a Javier. ¿Para que negarlo? Detrás de lo que pareció un inmenso odio y una sobrada indiferencia, al final, siempre hubo amor. Un amor de los más extraños que sentí, porque es un amor que no pide nada. Que no da nada. Simplemente, que sucede. Y que se deja pasar, de mí lado, como agua bajo el puente porque no se puede cambiar, porque no podes dejar de amar a alguien con quien tenés el tipo de relación que tengo con Javier donde no hay tiempo, ni fronteras, ni pudores, ni desconfianza. 

¿Alguien se dará una idea de lo grave que es eso? ¿Una especie de continuado emocional que nada ni nadie consiguió romper? Es gravísimo. Porque el tiempo de vida pasó igual y el tiempo de nosotros pareció haberse quedado detenido en esa confianza y en esa complicidad. 

Las últimas veces cuando nos vimos Javier, una de las cosas que me dejó en shock fue el ver que se abrió conmigo como se lo había pedido durante muchos años. Me impactó tanto ese quiebre, y ese desborde de tanta información de todos los planos de su vida, porque pensé que la confianza se había perdido en nosotros. Que no sería capaz de contarme cosas privadas, por ejemplo, como yo sí me estaba tratando de guardar en un comienzo. Sin embargo, él se abrió y me contó todo lo que sentía, lo que le pasaba en su vida, en su relación, en su trabajo y con su familia.  Me abrió la puerta de su casa, su mente y su cuerpo. Y yo me quedé muda porque para él esa forma de ser diferente que siempre tuvo conmigo no cambio ni siquiera ocho años después. ¿Por qué? No sé. Serán respuestas que tenga él y que yo no iré a conocer jamás. 

VI

El otro día, respecto a éste continuado de confianza, le pregunté a mí terapeuta qué hacía falta para cambiar la situación con Javier. Es decir, para poder controlar el tornado de sentimientos que me genera y para poder contenerlo a él , en el hipotético caso de que nos fuéramos a cruzar por el barrio en algún  momento. Porque esa confianza y esa cercanía, para nosotros, no se traducen en un saludo ameno o una charla en la vereda; sino, más bien, en cosas muy diferentes a ese tipo de acercamiento protocolar que se puede tener con un vecino cualquiera.  ¿Cómo se hace para que Javier sea un vecino cualquiera? Ésa es otra de las preguntas.  

Tal como le comenté, "yo estaba dispuesta a sufrir para poder contener y detener todo eso que sentía, para no convertirme en alguien que no soy".  Le dije que estaba dispuesta a hacer silencio frente a él, pero que necesitaba saber cómo hacerlo, para que así no tuviéramos más problemas. 

- ¿Y entonces? ¿Cómo se acaba? - le pregunté. 

- Es que no depende solo de vos. El otro también hace cosas. 

- Ya se. Pero... ¿Hasta que Javier se muera va a ser así? 

- ¿Así? ¿Cómo? 

- Claro... Así, la excepción a mís reglas. La persona que me puede. Esto se tiene que acabar , porque si no se acaba de alguna manera me temo que va a ser para siempre así. Y de los dos lados, eso es lo peor. Porque también se que Javier no por cualquiera se arriesga a soportar tanta culpa y a soportar mentir. Y eso es grave. Son confesiones y permisos muy graves. Por eso, necesito saber qué puedo hacer para que se acabe.  Para siempre. Se tiene que cortar para siempre de raíz. 

Mi psicóloga me dió una respuesta a algo que me da hasta un poco de ansiedad pensarlo. Y es el hecho de que, quizá, ésto no termine nunca de la forma en que estamos buscando que se termine. 

A fin de cuentas... Mí vida está llena de adioses. Algunos no los esperaba y duelen. Otros, los necesito porque entiendo que todo lo demás sólo trae dolor.  Me gustaría que, cuando sea el momento, aterricen algunos nuevos "hola". 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Pociones de ingredientes desconocidos

- Ay , me dolió, qué maldito - le dije, quejándome, y me sonreí. 

Javier se rió, levemente, y me miró como pidiendo perdón.  Le pegué en la cara, como señal reprobatoria, de una forma muy suave.  Se rió y me acarició dónde antes me había dolido hasta que se me pasó la molestia y se abrió paso un campo de atracción. 

- Perdón, perdoname - me pidió - Me pasé. 

- Despacito, tomate el tiempo de ajustarte a mí, no nos conocemos ¿si? - le susurré. 

- Sí, te estoy conociendo, perdón , estoy ansioso y te quiero hacer muchas cosas... 

Mirándolo, me saco el pelo del rostro, y sonrió por ver mi cuerpo en ese modo y por poder observar cada una de las aristas sin nada que lo cubra. 

- Ya sé, tranquilo que no estamos corriendo - le dije, y le acaricie la cara -  Esto es sin correr a ningún lado ¿si?  - le repetí, mientras hacía mi parte. 

Javier me puso cara de pelotudo. Esa cara de deseo liberado y de placer y una sonrisa que no se trataba de una alegría pura pero que era lo que salía en el momento. 

- Me encanta cuando te ponés así, ¿sabés? - me dijo, observando y haciendo su parte, mientras jugaba con mi pelo - Me voy a acordar para siempre. 

- Ahora lo sé  - le dije, en un susurro, cada vez más profundamente hundida en un trance. 

Javier me tomó de las manos y se tomó un instante para verme encima de él. Yo estaba en otro plano, atenta a lo que nos pasaba en el cuerpo, mientras lo observaba y trataba de guardarme cada una de las fibras de su cuerpo en mi memoria. 

Maravillado, recuerdo que sacudió la cabeza y me dijo: 

- No puedo creer cómo te movés - tomó aire y cerró los ojos, aunque enseguida los volvió a abrir. 

Mientras hacía lo propio, ambos nos miramos directamente a los ojos. Esa fue sin dudas la mirada más profunda porque, ninguno de los dos, quería cerrar los ojos y olvidarse de la persona con la que se estaba acostando. Esa necesidad de ver, de verlo todo para acordarse, de no querer cerrar los ojos por considerarlo rutina. De saber que ese momento era un hito. Una excepción. Una cosa diferente en nuestras vidas. 

-  Me encanta cómo hacés todo - me insistió. 

Sonreí levemente, un poco nublada porque jamás me hubiera imaginado esa escena como una realidad. Me acerqué a su rostro y enuncié cerca de él algunas palabras. Lo mío llegó enseguida, logrado por un mar de otras sensaciones, y de un modo mucho más intenso de lo que había sentido antes. 

En cuanto Javier tomó el mando, sacó de si mismo una fuerza y una ferocidad que en mi vida había visto. No estaba siendo violento, estaba siendo apasionado, totalmente alejado de toda su razón, como si lo desesperase hacerse con mi cuerpo. Por primera vez sentí cómo es que una persona quiera adueñarse de vos en territorios sexuales. Y me pareció de lo más intenso que viví alguna vez. 

Entró en mi cuerpo cuando el suyo estaba desbordado de necesidad. Lo hizo teniendo en cuenta lo que yo le decía todo el tiempo, es decir, las formas de hacerlo. Cuando estuvo en mí, de todos modos, las sensaciones fueron muy intensas. Javier se convirtió en un hombre que sacó fuerza, contextura y peso en una medida que no me imaginaba. Y mi cuerpo se convirtió en un cuenco de contención que lo recibió con la misma sorpresa y desesperación. El peso, la fuerza de cada embestida, cada una de las reacciones de su cuerpo, eran letales para mí.  Porque mientras él se apoderaba de mí, y mientras me agarraba del pelo, yo no pude evitar sentir que estábamos en otra liga respecto de lo que conocía y de lo que me había parecido todo lo que podía necesitar. Que había descubierto un nuevo límite de intensidad consigo. Y que me dejaba a la deriva. Javier temblaba. Y hacía que mi cuerpo estuviera exigido hasta el tope. Temblaba entero y apoyado sobre mí, podría sentir toda la energía y la intensidad de sus piernas, sus músculos, sus brazos y el resto de los sonidos que se le escapan. Cosas que no había visto ni sentido en ese nivel con otras personas. 




Una vez que todo terminó, se quedó algunos instantes en silencio y me preguntó si estaba bien.  Creo que, tal como me dió a entender, se preguntó cómo mi cuerpo menudo había soportado todos los sitios de su contextura. De hecho, yo no me considero petisa ni tan menuda pero Javier es alto y robusto, y ese día me hizo sentir pequeñita en comparación. Sentí que bajo sus manos mi cuerpo era totalmente maleable.  

El estudio también es pasión

 Me costó mucho estudiar últimamente por obvios motivos. La semana pasada tenía que rendir si o sí bien un parcial de Contabilidad difícil y lo cierto es que, si bien yo trabajo con números todos los días, estudiar y rendir bien es muy distinto.  En el primer parcial me habían jugado muy mal los nervios y me había equivocado en un tema que no era de los más complicados y sin embargo en mi caso se había vuelto titánico. 

Para éste segundo examen había estado estudiando los días después de la separación. Si bien previamente estaba yendo a una profesora por algunas dudas puntuales, los últimos días antes del examen me costaron mucho. No sólo por el trabajo diario de la oficina, o la cursada, o el cansancio; sino, porque mi mente estaba mucho más lenta. Y necesitaba separarme de todo lo que estaba sintiendo para poder estudiar y aplicar lo aprendido. 

Le puse lo mejor, pero realmente, todo lo mejor que pude. Si bien estaba nerviosa yo me repetí que iba a ir a rendir porque todo el esfuerzo humano detrás de esa materia valía la pena. Y de hecho, así me fui de la facultad esa noche: con la angustia de saber que había sido un parcial complicado pero que yo había dado lo mejor más allá de la nota. Y había luchado los días previos con el miedo a no poder. Cosa que no es menor.

Hoy mi profesor me mandó un email y me dijo que estudie para recuperar solamente el tema que me fue mal del primer parcial, porque aprobé éste segundo parcial y porque tengo aprobado todo el primero, a excepción del módulo que incluía un ejercicio del tema que ahora tengo que volver a dar. 

Siendo que me esforcé muchísimo estos días para mantenerme a flote, me puse a llorar cuando me dieron la noticia. De la alegría y del desahogo que se siente que una sola cosa por pequeña que sea a los ojos de los demás te vuelva a salir bien. Especialmente, cuando tenés el autoestima por el suelo. 

A veces es muy difícil no rendirse. Pero yo entiendo que el estudio es un privilegio, que me ha dado trabajo, que me abrió puertas cuando no tenía dinero y que me ayudó a cambiar de trabajo cuando lo necesité. Por eso, también le doy todo lo que puedo. Lo mejor que puedo en medio de tiempos duros a nivel personal, trabajo, y cierres. 

Realmente, esas lágrimas que cayeron hoy conllevan un montón de cosas que vengo viviendo en estas semanas. Entre ellas, el saber que hay que seguir luchando hasta el final.

Voy a seguir dando lo mejor que pueda. Con la facu y con todo, en realidad, porque éste proyecto de estudiar una carrera universitaria nueva - y lejana a mi zona de confort - se trata de construir una vida más allá de mis limites mentales. De hacer cosas extraordinarias por mí. Cosas que no pensé poder hacer y que me hagan reconectar con mis propósitos. 

Asimilar el abandono también es verdad

 - ¿Cómo que te dejó? 

- Si. Me dejó. 

- Pero ¿el te dejo a vos? 

- Si, papá. Me dejó. Y por favor no quiero hablar más del tema. 

- Pero... ¿No te das cuenta que sos un diez, como alguien te va a dejar a vos? 

- Se aburrió de mí, papá. Me dejó. Punto. 

- Pero por Dios... ¿Que más quiere que tener alguien como vos y se da el gusto de dejarte? Es un pelotudo. No te puede dejar a vos, el pelotudo este. 

- Que me digas que es un tonto no cambia la situación. Me dejó igual. 

Se me hizo un nudo en la garganta. 

- Y vos gastando tiempo y plata en el... 

- La misma que gasto en mí, en su momento. No sé trata de eso. La relación se terminó. Y listo. Las relaciones se terminan. Nadie es malo por eso. Tiene derecho a elegir. 

- ¿A quien va a elegir el pelotudo ese? ¿Vos te viste hija? Sos una mujer diez puntos. Un partidazo. ¿Qué se piensa este inútil, dejándote a vos?  

- Basta, papá. Yo entiendo que para vos sea tu hija pero la gente también me va a dejar. No quiero hablar más. 

- Pero te quiero ayudar... Te quiero recordar lo que sos. Pensa. 

- No me estás ayudando. Mira, si me querés ayudar, pensa que no quiero hablar de esto. Que me siento mal con la situación. Entonces, no me saques el tema nunca más ¿si? 

- Quería que te rías... Bueno, pero capaz que ahora no te podes reír... Más adelante te vas a reír de esto, hija. 

- Ya se papá. Más adelante veremos. Hoy por favor haceme caso en esto. 

- Bueno. Está bien. A mí no me interesa él. Yo solo quiero que estés bien vos. Trae un hombre, una mujer, lo que quieras. 


II 

"No me sentí conectado con vos. Mí cabeza estaba en otro lado. Lo sexual vos sabés que estuvo muy bien como siempre, pero... No hay chispa con vos cómo había al principio", dijo Galeno. 

Leí eso. La cara se me humedeció con lágrimas. Volví a sentirme chiquita, bien chiquita, cada vez más chiquita en un mar gigante de mujeres mejores. Mucho mejores. 

Pensé que seguro a Galeno alguien le gustaba más y lo calentaba mejor. Y que era mí momento de retirarme porque lo que yo le había dado ya lo había aburrido. 

- Bueno - le dije - todo lo que yo te pueda decir para tratar de estar bien en esta relación ya no tiene ningún sentido. Esto es lo que te pasa. Y es bastante, la verdad - argumenté - Busca otra clase de persona. Seguramente te sirva. Yo puedo dar hasta acá. 

III

- ¿Cómo fue tu semana? ¿Qué tal? 

- Fue difícil. Galeno me dejó. 

Se hizo un silencio. 

- Me lo dijo el jueves, después de la charla que tuvimos. Ya no le pasan las mismas cosas conmigo y bueno... Me dejó. 

Me quedé callada. 

- ¿Cómo lo tomaste? 

- Bien. Son las reglas del juego. Si no lo dejaba yo, me iba a dejar él. Lo único es que me lastimó. Me dijo cosas que si las sentí bien profundo. Yo soy una persona que entiendo el no. Pero me cuesta más cuando es una negativa con dolor. Se puede decir chau pero sin herir. Y creo que fue muy desprolijo. 

- ¿Y vos? ¿Que le dijiste? 

- Nada. Considere que era irrefutable su argumento y lo acepte. Yo no soy igual que él. Cuando le plantee mis necesidades lo hice con amor. Lo mismo cuando se quedó dormido o se sentía viejo. Todo fue con amor. Nosotros compartimos tres años de nuestras vidas. Para mí eso justificaba totalmente la delicadeza. Está bien si no me quiere más, pero bueno... Fue duro que puntualice que el problema era su relación conmigo y la diferencia de edad conmigo y el vínculo conmigo... No hacía falta que me dijera que ya no le gusto ni me quiere. Se podría haber despedido mejor. Pero ya está. 

- ¿No volvieron a hablar? 

- No. Y la verdad es que me parece mejor. No tengo ganas de hablar con él. No le soportaría nada más. Y seguramente lo lastimaría. Entonces prefiero no hablarle más. Ya me dijo lo importante. El resto es adaptarse a la decisión. 


sábado, 26 de noviembre de 2022

Confesiones

01 de diciembre de 2017  

Confieso que me hubiera gustado y empezar la parte más difícil de este texto diciendo algo cómo: “... a Él me lo encontré en la fila de un cajero, tres años después, y mientras dudamos en saludarnos algunos instantes, entendimos que la vacilación no tenía ningún sentido; así que una vez acabados los menesteres bancarios, nos fuimos a tomar un café para ponernos al día”.  Pero  en realidad, eso nunca pasó. Lo que sucedió, de manera invariable, fue el seguir cruzándonos por la calle de lejos o en algún evento común, bastante más de cerca, lo cual no se puede decir que haya facilitado las cosas.  No hubo actos heroicos, no hubo confesiones inesperadas, ni tampoco hubo demostraciones de fe. El tiempo se me fue pasando entre los dedos, incapaz de acomodar muchas cosas y yo me quedé anhelando que, en la tierra seca, supieran crecer algunos tallos.


Nosotros nunca más volvimos a tener la oportunidad de sentarnos a tomar algo; ni tampoco, por más extraño que parezca, pudimos tomar algo dentro de algún evento en común, y ponernos escasamente al día. Nos acercamos, sí, incluso hubo veces donde le acepté un vaso de cerveza o le hice una pregunta técnica; pero no exagero si digo que, entre nosotros, siempre existieron cosas que nos quedamos con las ganas de decir.

 Los dos, por diferentes motivos, nos conformamos con lo que teníamos a la mano, es decir, mirarnos de lejos, como dos grandes tontos, dos cobardes y grandes tontos.  Nos conformamos con que el otro nos mire, nos anhele, nos exprese todo su ardor con la mirada, para quedarnos con eso en el recuerdo. Pusimos personas, ambos, en medio de esa muralla para que nos dieran más fuerza en nuestra resolución. Usamos, malogradamente al menos en mi caso, a otros para demostrarle al otro que seguíamos vigentes, felices, rozagantes y que no necesitábamos de su lástima, ni mucho menos, de su dolor.


03 de abril de 2022  

- Cuando nos encontramos hoy, acá en la puerta, me tomó todo por sorpresa. Y me di cuenta que me había quedado corto. 

- ¿Con qué, con el vino? 

- No, con vos. No te invité a comer. Te podría haber invitado a comer conmigo. 

- Ah... - musité - Bueno, no te salió. Está bien. 

- No, es que yo sentí que me quedé corto. Realmente. Te ví así, pasando por acá y no sé... se me ocurrió tocarte bocina porque ví que te ibas y quería... darte el vino - argumentó - Justo estaba llegando y te ví y te llamé... 

- No hacía falta el vino. 

- Sí, yo te lo había prometido - argumentó - Cuando nos sentamos a tomar mate, me puse muy nervioso. 

- Sí, me di cuenta. No entiendo por qué. ¿Creíste que te iba a decir algo malo? ¿O qué? 

- No, pero me inquieta tu presencia. Y cuando te pusiste a hablar conmigo, me di cuenta que había llegado el momento. Estás muy bien, vos ¿sabés? Estás cambiada pero en algunas cosas seguís igual que siempre. 

- ¿En qué cambié? 

- Estás más seria. Más grande. Me hablás de trabajo, de economía y de inflación, pero seguís rebelde y contestataria como siempre... Aunque te pusiste muy seria, ahora tomás vino y salís a comer a lugares de viejos - me burló. 

- Y sí, Javi... Tengo la edad que tengo, ya. Vos me conociste cuando yo tenía casi diez años menos... Crecí. 

Se quedó mirándome callado. Me di cuenta que había hecho un comentario totalmente simbólico. 

- Si, lo sé. Lo veo. ¿Te puedo decir algo? 

- Obvio - espeté. 

- Estás muy bien. 

- ¿En qué sentido? 

- En todos - dijo. 

- ¿Me pegó bien la década, entonces, o me cago a trompadas? - le dije, en broma. 

Se rió. 

- Te pegó muy bien a vos - admitió - A mí no tanto, pero a vos... Hoy cuando charlamos me di cuenta que te convertiste en una mujer... Una mujer.... que está muuuuy bien. 

- Gracias por reconocer en mi vejez algo positivo - le dije, nuevamente, en tono de broma. 

Me miró, con calidez, y me sonrió. 

- Mi vejez no tiene nada de positivo - dijo, con otro chiste. 

Lo miré, le puse cara de circustancia, y me quedé callada. 

- ¿Qué dije? - me preguntó. 

- Siempre fue un tópico muy discutible para mí tu edad... No nos vamos a poner a hablar justo de eso. Tenemos mil cosas para contarnos, bueno, hablemos. ¿Qué onda tu trabajo, seguís en Aduana? 

Se rió. 

- Sí - dijo y enseguida cambió de tema: - ¿Te puedo confesar algo? 

- Sí, Javi. Creo que para algo nos encontramos hoy. 

- Sí, yo te invité porque quería hablar con vos. Hoy cuando te ví al mediodía me di cuenta que había llegado el momento, que me siento más cómodo de decirte un montón de cosas - argumentó. 


viernes, 25 de noviembre de 2022

Lo que nunca volverá

Con Galeno, la última vez que nos vimos, nos reímos mientras teníamos sexo. Eso para mí fue como decirlo todo, o mejor dicho, sentirme totalmente cómoda consigo. Encontrarme riéndome a carcajadas mientras teníamos sexo por algo gracioso que pasó fue como decir: "che, encontré a una persona importante para mí, con quien toda mi historia se siente segura, nunca pensé que me fuera a pasar ésto".   Y unos días después de eso, él me dejó.

 ¿Son míos esos recuerdos aún? ¿Se podría decir algo así? Siempre lo serán. Aunque sean los últimos que tenga consigo. Lo serán siempre. Aunque realmente sepa que éste es el final de la historia que compartimos. Pero me cuesta sentirlos míos. Me cuesta porque me duele, porque estoy enojada, porque estoy atravesada por otras cosas que siento. Y pienso : "yo sé que tenía que pasar en algún momento, pero...". Pero me duele. Eso viene detrás del pero... reconocer que me duele. 

Hace ocho días que Galeno me dejó y ésta es la primera vez que lloro con ganas. Que me permito llorar con verdaderas ganas por reconocer la pérdida mientras escribo éstas palabras. 

Ésto significa verme frente a un duelo que sé que era necesario, pero que duele igual, porque uno tiene sus sentimientos. Y entiendo que está bien, sin embargo, cuesta afrontarlo.  Hoy por primera vez le dije a mi terapeuta que me dejó. Y cuando escuché eso, cuando pude decirle a alguien que él me había dejado, le di un poco más de cuerpo a un dolor que me costó reconocer todos estos días. 

Yo sé que va a pasar. Sé que tengo un montonazo de cosas a favor, que voy a estar bien, pero también sé que tengo que llorar, vivir esto que pase, sea más o menos intenso. Ver qué dicta la vida, los procesos, el tiempo... Ver cómo todo se volverá a armar. Reconocer que hace dos semanas yo me estaba yendo a su casa y que, hoy, dos semanas después, me dejó.   No quiero que me duela, no... Pero ¿cómo no te produce un mínimo de tristeza algo así? 

No he decidido qué hacer con las vías de comunicación aún. Él me mira todo en las redes sociales pero yo tomé la decisión de alejarme. De no estar pendiente de lo que sube o lo que hace limitando las interacciones u desactivandolo todo. De ser honesta con esa sensación de no querer saber nada sobre una persona que no quiere hacer nada extraordinario para estar bien conmigo. 

Hay cosas que yo sé que nunca volverán consigo. Pero al mismo tiempo, la verdad, es que prefiero que se queden como están. Él no se comportó bien y no quiero volver sobre esas cosas. Simplemente, me quiero quedar con lo bueno que fue el tiempo juntos y soltar todo lo demás. Creo que ese es el mejor modo de despedirlo, de darle salida de mi vida, de decir "gracias por todo, pero estás afuera". 

Le agradezco a Galeno todo lo que me enseñó. SI no hubiese sido por él, yo no sería la persona que soy hoy. Su existencia en mi vida me animó a muchas cosas. Pero también llegó un punto donde su calidez no me alcanzó y él empezó a encontrarse fuera de tiempo conmigo... Y está perfecto, aunque no lo sea. 

Aún así creo que siguió valiendo sobradamente la pena correr el riesgo. 





lunes, 21 de noviembre de 2022

Limitar, pensar, enfocar...

El otro día, Javier me dijo abiertamente -es decir, a la manera en que ahora confiesa todo conmigo- que le gustaría cuando la vida nos de la chance, repetir.  Me pidió que por favor le diera una devolución de lo que para mí había significado el encuentro... Porque yo había mantenido todo en silencio desde el 18 de mayo hasta el 17 de noviembre. A veces, en silencio, hasta para mí. Un silencio que necesitaba que le diera final a esa manera tan estúpida de estar, de acercarnos. 

"Me tengo que mudar de éste barrio con urgencia", pensé, el otro día. Y me di cuenta que con eso no se soluciona ésto. Que me puedo mudar hasta de provincia, y que si me lo cruzara en una capital incluso europea, nos pasaría lo mismo.  Que tampoco sirve eliminarlo de las redes sociales o bloquear su número. ¿Para qué? Si puedo ir al supermercado, salir de mi casa a comprar, volver de la oficina a diario y siempre está la chance de verlo... ¿Cuál es el límite específico? 

Puse un trabajo, una carrera, una relación, puse toda una vida, para que él no se acercara. Creyendo que todo eso me protegía. Me cuidaba. Me alejaba de lo que me pasó todos estos años. ¿Qué tengo que poner? ¿Qué más? 

Limites. 

El problema no es cruzarnos de casualidad por el barrio, como podría pasar en cualquier día y momento. El problema es que nosotros dos nos crucemos.  Me asusta no tener el control. Me asusta desbocarme. Me asusta decir algo incorrecto. Me aterra que se trasluzca algo de todo lo que siento. Me asusta volver a equivocarme. Me asusta hacerle mal a los demás. Me asusta convertirme en alguien que no quiero ser por no saber dominar una parte de lo que soy. 

Pero, hay una esperanza: si yo logro manejar lo que me pasa, lo logro manejar todo.  

Hay que enfocar ahí. Y no pensar más en lo que puede pasar. No alimentar más los miedos. Hay que enfocar en manejar lo que puedo manejar, es decir, lo que me pasa cuando Javier me escribe meses después. 

¿Qué quiero yo, qué me pasa a mí, cuáles son las opciones? 

Estar bien. Me pasa lo que no me tiene que pasar. No hay más opciones que no sean el mirar para otro lado. Y seguir. En especial, ahora que estoy sola, sin Galeno y ya no se trata de responder a una relación que no tengo.  Hoy en día se trata de hacerlo enteramente por mí y, obviamente, para no perjudicar a los demás. 

Yo siento, de todos modos, que no nos vamos a volver a ver, es lo que necesitaría que suceda, la verdad, pero además es lo mejor para todos. Creo que ya no nos vamos a volver a cruzar, que no va a pasar nada más. Lo siento, realmente. Y eso me tiene que ayudar a estar más tranquila.  Pensar que tengo mi vida, que él no está en ella, que todo es como debe ser, me tranquiliza. 

Hay que enfocar. 


domingo, 20 de noviembre de 2022

Algo extraordinario

 I. 

"Yo no quiero hacer nada extraordinario para estar bien con vos" .  Esa fue una de las frases que Galeno usó para explicarme, de una forma lo bastante fría, los motivos para dejarme hace unos días.  

Pensando en eso, me acordé de una frase que yo le dije hace poco en relación a unos días de silencio que le pedí: "jamás me hubiera ido sin despedirme de vos porque eso hubiera sido no cuidarte ni un poquito. Y yo siempre, aunque me tenga que ir, te voy a cuidar para que sigas bien". 

No digo que haya sido la mejor novia del mundo, porque sin dudas cometí errores, pero la  manera en que cada uno deja lo que se irá habla de la importancia que le dió mientras estuvo. Se nota en la frase de Galeno y en la mía. En las formas. En las posiciones de cuidado. En todo.  El amor, o la falta de, se nota en absolutamente todo. 

Reconozco que esa frase de Galeno me hirió especialmente. ¿Para qué mentir? Hace días que se me pasa insistentemente por la cabeza y la recuerdo la mayoría del tiempo. Fue una lanza en llamas que atravesó el punto débil de toda mi fortificación. E hirió, sí.  Llegó donde no se esperaba que llegue nada.  Sentí bien clarito la punzada en el pecho, y eso a nadie lo deja igual. 

Pero acá estoy. Atravesada por esa lanza en llamas que me quema, de a poquito, todos los sentimientos dulces y genuinos que albergo por él dentro del corazón. Es un incendio con llama baja, pero que sigue actuando día y noche, sin que nada ni nadie lo puedan frenar.  Un incendio que se va a llevar todo. Y frente al que yo no haré nada extraordinario para evitarlo.  Que se lleve todo. Ya no me importa. 

Tengo emocionalmente la cabeza hecha un lío, son de éstos días donde me convierto en un corazón con patas que solo puede sentir; pero es lógico y saludable que sienta así que me doy el tiempo y me trato lo mejor que he sabido tratarme... Porque al sentimiento que se lo pone en palabras se le puedan asignar un montón de recursos para gestionarlo y salir bien parada de eso. Pero al sentimiento que uno no se permite, no se le puede asignar nada más que dolor y peso.  Y yo no quiero nada más de todo aquéllo.   Sí, esto me dolió y me duele, pero sé que tengo muchísimos recursos para resolverlo si me permito sentirlo.  

Lo de Javier, incluso, va un poco por ésta misma línea. Tengo que dejar de negarme lo que siento, aunque no sea lo correcto, porque quizá así pueda encontrar los recursos que le corresponden a su caso.  Pero eso sí: lo que siento por Javier va para pensarlo en partes.  Es tan intenso que mi energía mental no llega a abarcar las dos cosas. 

Voy por segmentos en esta asignación de recursos emocionales. Permitirse sentir es una de las cosas más complicadas a hacer para mí. Tiendo a no querer sentir porque siento demasiado y ya a ésta edad me da un poco de miedo esa intensidad.  Pero creo también que ultimamente más miedo me da ésto, ésto de que las emociones vuelvan un día (igual que volvió Javier) a anunciarme cosas que yo no quise ver... y me desarmen entera. 

sábado, 19 de noviembre de 2022

Una fila de despedida

I. 

La despedida con Galeno en el aeropuerto de su provincia, el pasado domingo, acabó siendo la despedida oficial de toda una historia. Pienso en eso y me invaden algunas sensaciones. Es una invasión moderada porque entiendo que con Galeno compartí todo lo que pude dar y que, además, esto iba a pasar tarde o temprano.  Básicamente porque, ni él ni yo, estábamos dispuestos a mudarnos o a formar un proyecto de vida conjunto, que sobrepasara los límites de una relación a distancia. La que si bien tuvo continuidad y fue de mucha alegría para mí, tampoco consideré que podía ser para siempre.   Aunque, eso sí, hay que ser justa: la relación con Galeno fue mágica y me sanó en mil sentidos. Siempre sostuve que él llegó a mi vida para eso, para sanarme. Y lo consiguió.  En su momento supo llenarme de ilusiones que yo pensaba no volver a vivir, me enseñó cosas- entre ellas, a cuidar y a querer a alguien- a sentir cómo era yo misma asumiendo ese rol desde un disfrute real, sin fingimientos.  Sin dudas creo que valió absolutamente la pena haberla vivido. Inclusive, hasta la despedida del domingo, en su provincia, después del finde en su casa, y luego la charla posterior donde me planteó mil cosas y decidimos separarnos, sigo sosteniendo que valió la pena. 

Hice todo, pero realmente, todo lo que pude por esta relación. Traté de hacer el mejor trabajo. Traté de darlo todo dentro de mis posibilidades. Y sé que si bien me faltaron cosas para dar, o momentos por vivir, quizá la próxima vez la vida me los regale. Sé que tengo que respetarme y respetar mis tiempos y que, en el aceleramiento de ellos, no valdrá la pena recuperar o salvar ninguna relación. Porque esa relación, salvada a manotazo de desesperado, se convertirá en una cárcel tarde o temprano. Porque no tiene nada que ver con un logro que, conseguido con paciencia, se convierta en una libertad de por vida. En algo que me haga bien, que me dé alas. 

 II. 

 Por otro lado, la nueva charla con Javier justo el día antes de que Galeno me dejase, acabó por generar una avalancha de emociones muy intensas.   Desde la noche donde tuvimos sexo jamás habíamos vuelto a hablar o a encontrarnos de casualidad por el barrio. Aún contando con todos los medios para establecer contacto, ni él ni yo, lo habíamos hecho... Y ése silencio era para mí un mensaje en si mismo. Y en ese mensaje de sepultura santa parecíamos estar de acuerdo. Pero no. 

 Con ésta charla en la semana, la realidad volvió a mostrar lo contrario. Para Javier mi silencio había sido enojo y no protección, deseo de dejar atrás para siempre toda la historia. Para mí, si silencio, había sido obvio; nada diferente a lo que esperaba. Nada diferente a lo que teníamos que hacer. Callar y seguir adelante para poder olvidar lo compartido.  ¿Qué decir cuando me comentó la foto de un viaje que había hecho con y para Galeno? ¿Y qué decir cuando lo primero que me preguntó por privado fue si había viajado con él? ¿Para qué? 

Todo esto pasó en la misma semana. Galeno dejándome. Javier tentando a la suerte una vez de mil más. Yo aturdida, por momentos sin entender nada de lo que decía o hacía para atajar las balas perdidas que se disputaban lugar arriba de mi cabeza.

 III.

 Mientras charlábamos, Javier me mandó un audio. Su voz, que obviamente borré pasado un rato, comenzaba a arrasarme diciendo: “hola, Veinte, te mando audio que es más fácil (…)”.  A los diez segundos de decirme que así era mejor, o más fácil,  se trabó de tal forma que acabó por cortarlo. Y por mandar otro.  Javier estaba nervioso.  La palabra con la que se trabó en dimensiones llamativas fue: “exenta”, es decir, una palabra que según su significado alude al estar libre de algo perjudicial o desaconsejable. 

 Cuando se lo comenté a mi terapeuta hace unos días, me preguntó cómo me sentía con eso de haber hablado con Javier después de la noche donde tuvimos sexo. Un sexo simbólico, salvaje y - actualizando, según sus representaciones - de disfrute.   Estoy llena de ansiedad – le dije – y empecé a relatarle una por una todas las emociones que Javier me había convocado con solo una conversación. 

En ella hablamos de trabajo pero también de la culpa y el deseo.   De lo que para él y para mí había significado guardar silencio.  Y mientras le comentaba punto por punto a mi psico lo ocurrido, a ella se le iba modificando el rictus facial.

 -      ¿Cómo es que llegaron a hablar de un tema tan privado e íntimo entre ustedes? Es una vivencia muy íntima la que compartieron y era la primera vez que hablaban… 

-      Hablamos de trabajo para empezar, me comentó cosas del viaje.  Y de pronto, me dijo que se alegraba de que hubiera respondido a lo que me comentó. Que se alegraba de que le hubiera escrito porque pensaba que yo estaba enojada o mal. Teniendo en cuenta que él, después de haber tenido sexo, nunca más me llamó... Creo que se estaba haciendo la cabeza con eso. 

-      Ok, claro… Pero, es llamativo ese pasaje… ¿no? Como si tuvieran la necesidad de hablar del tema. Es como si estuviera preguntándote qué te pareció él. Quizá estuviera esperando una devolución. Una manera de accionar algún mecanismo que sacara de escena al silencio. Porque vos, con tu silencio, dejabas las posibilidades abiertas. En cambio, acá, con ésta charla, esas posibilidades se achicaron... 

- Sí, me llamó la atención su interpretación de las cosas. Para mí era algo absolutamente obvio no volver a llamarlo. Y de él, no lo esperaba. ¿Cómo terminan las cosas, si no? ¿Cuándo se corta? ¿Entendés?  Primero, fue la confesión de hace meses. Después fue el encuentro que se dió, ¿qué le sigue? ¿Más charlas, más encuentros? Se terminaría convirtiendo en una constante muy peligrosa para todos... A alguno se le pelarían los cables.  Yo ya lo sé eso. Y por eso es mejor guardar silencio. 

-      Pero la diferencia está en que hoy, después de meses de silencio, lo hablaron. Vos le confesaste cosas. Y él también.     Esa palabra ahora está dicha. Él preguntó cosas. Vos le dijiste cosas. 

 La ansiedad subió. Me rasqué toda la cara. 

-      Yo ya sé qué fue lo que pasó. Pero no quiero pensar en eso. Cuando Javier me preguntó cosas sobre esa noche yo… No quise pensar.

-      ¿Por vos o por la situación de que exista una imposibilidad? 

-      Por la situación. Yo sé que viví esa situación. No la olvidé. Simplemente, quise que fuera un recuerdo. Pero él… fue como si me la pusiera en frente de la cara a través de las palabras.

-      Es momento de hacerse cargo de esas confesiones. O mirándolas por lo que son o continuando sin mirarlas, siendo indiferentes. Pero hay que verlas. Hay que asistir a esas emociones - indicó mi psico. 

- Es muy difícil volver a ver esta historia para mí - musité - Necesito que termine. Y siento que me desordena, que no va a terminar nunca. ¿Cómo puede durarle tanto el deseo por una persona? ¿Dónde está el límite para él? ¿Qué tengo que hacer para que podamos tener una relación de vecinos normales? ¿Mudarme? ¿Bloquearlo? ¿De qué me sirve si voy al supermercado y me lo puedo encontrar? Es tan desesperante para mí esa sensación de lo inevitable. De saber que nada le alcanzará para entender que no puede aparecerse así... 

- Está presente la idea de lo incorrecto, por eso, la culpa. Esto que te dijo de la culpa, fue también como si te dijera que ya puede soportar más... Es ésta idea de que está dispuesto a volver a soportar la culpa, de pagar el precio de la culpa que le va a generar mandar un mensaje, hacer un comentario, etc. 

- Me da miedo cuando a Javier no le importa nada. Porque sé que es capaz de hacer cualquier estupidez. Es como si lo llevaran los vientos. Ciego  - le dije, quejándome.  

- ¿Y a vos también te pasa algo parecido, no? 


viernes, 18 de noviembre de 2022

Adiós

Ayer a la noche finalmente hablé con Galeno. Tuvimos una charla muy dolorosa. Me dijo que se planteó que estaba haciendo respecto de tener una relación conmigo.  Que se sentía viejo. Y que sentía que estaba desconectado y con muy poco para ofrecerme. 

Le pregunté de mil maneras si me quería dejar. No porque no lo supiera, sino, porque necesitaba que me lo dijera. Pero no lo hizo. Dejo el campo abierto a más preguntas, dijo cosas muy duras la verdad. 

Yo le dije que quizá todo lo que no encontraba en mí lo iba a encontrar en otra persona que fuera mejor. Me dijo que no necesitaba a otra persona y que no se trataba de una persona mejor. Sino, que tenía que ver con esas sensaciones que le habían surgido después del último fin de semana. 

Yo le dije que me dolía mucho pero que entendía que cada uno tenía el derecho a seguir su camino. Que a mí me estaba dando lo que deseaba pero que si él no lo sentía así, era libre. 

No me dijo nada sobre como quedaban las cosas. No me dijo ninguna conclusión. Creo que no tiene valor para tomarlas aunque las haya tomado para si mismo. 

Pero yo me doy cuenta que alguien que te dice todo esto ya no quiere seguir intentando con vos por sentirse de la manera en que se siente. 

Así que acá estoy, en la parada del colectivo, para ir a la oficina, tratando de no llorar. Pensando que Galeno era mí compañero pero además la persona con quién me sentía a salvo. Y que ahora estoy sola como no lo estuve jamás. Sin amigos. Sin el. Mí familia únicamente. Mis sobrinos hermosos.  No hay nadie más que pueda acompañarme en este momento. 

También pienso que la vida decidió por mí. Yo sabía que Galeno era un gran abrazo para los sentimientos contenidos. Los ordenaba. Les daba cauce. No permitía que me hiciera preguntas sobre todo el resto. 

Y ahora estoy acá: con él que me dejó, con Javier que me sopla la nuca. Y lo único que puedo pensar es que me podré cagar de miedo pero hoy a enfrentar todo.  Todo lo que tenga para enfrentar lo voy a hacer. Ir hasta el fondo. Es el momento. 

jueves, 17 de noviembre de 2022

Días al borde

Ayer y hoy fueron días al borde. 

Subí una foto que me sacó Galeno el finde, este último, que pasamos juntos. Javier le dio un like y me la comentó.  Es decir, que se expuso públicamente en las redes sociales después de todo lo que pasó hace meses. Por primera vez. 

Ese comentario derivó en una charla laboral, turística y terminó yendo hacia el terreno personal de todo lo que compartimos ese día. Me dijo muchas cosas sobre el encuentro. Cómo fue su después. Lo describió como un momento lleno de placer y como un después lleno de culpa, un gran periodo de culpa.  Me dijo que pensó que me había sentido mal por su silencio posterior. Y que eso lo había estado preocupando todos estos meses. Por eso, se alegraba de que le hubiera respondido por privado el comentario que había hecho públicamente.   Yo le dije todo lo que pude decirle respecto a lo que aprendí. Pero cuando él me dijo que quería repetir, y lo puso en palabras, mí ansiedad y mí desesperación volvieron a ascender a un límite inhumano.  Le dije que, por favor, no volviera a hacerme pensar en eso. Que no quería recordar los términos en los que nos habíamos visto la última vez.

- No tengo quejas - me dijo - ¿Y usted? 

- No quiero pensar en eso. Me pones ansiosa. Me sacas. Me di cuenta de eso. Es diferente
 
La charla continúo durante dos horas y media. El estaba esperando todos estos meses que yo lo contactara. Y yo estaba esperando que se muriera la experiencia superadora. Le dije que con el silencio buscaba protegernos. A ambos. Permitirnos a los dos poder seguir adelante con nuestras vidas. Con las otras dos personas.  Y él me dijo que lo alegraba que no estuviera mal ni enojada consigo, que lo único que había querido era pasarla bien entre los dos. Que la culpa por pensar en todo lo había matado. Pero que el momento había sido el momento y que no estaba mal lo sucedido. Lo habíamos hecho y en el momento había sido algo muy placentero. 

La detonación que supuso esta charla no fue menor. Me puso en un estado de ansiedad que se sumó a una ansiedad anterior que yo venía manejando por un silencio muy fuerte por parte de Galeno. ¿Hice algo mal? ¿Ya no me quiere? ¿Me está ignorando? Esas preguntas se me pasaron por la cabeza hasta el momento donde Javier me comentó la foto, charlamos y me dijo cuando se dé repetimos; en un par de encuentros siempre baja la ansiedad. 

Pase de una inseguridad y un mal presentimiento con Galeno a una propuesta reiterativa por parte de Javier. 

II 

Esta mañana hablé con Galeno luego de una charla muy esquiva el día martes. El miércoles paso esto con Javier. Y hoy, a jueves yo ya no sabía que cara ponerle al día. Si podía o no podía tomarme un vino a las ocho de la mañana antes de hacer desastres en la oficina. 

Trate de calmarme. Ponerme en modo avión. Meter la cabeza de lleno en el trabajo. Y en el medio de la jornada  Galeno me dice que tiene que hablar conmigo. Y yo me siento desviada. Desubicada en mí propia vida. Arrollada por dos situaciones de dos tipos a los que he querido mucho pero que no entiendo. 

Por un lado, Javier me desespera. Me desespera porque no lo puedo controlar.  Me altera. Me saca de eje. Me corre de lugar. Me aspira la calma. Me despierta un deseo animal que jamás sentí en toda mí vida. Poseerlo, dominarlo, y verlo explotar es todo lo que deseo.  Me pone en un estado donde lo único que siento es deseo de ir a su casa y de decirle : "basta, ¿que tengo que hacer, dónde me tengo que ir, con quién tengo que estar, para que no me busques nunca más, para que puedas controlarte, para que esto termine de una vez? ¿Qué límite vas a encontrar? ¿Qué te va a importar lo suficiente para dejar de aterrizar en mí vida y decirme "no puedo controlarlo, yo soy otra clase de persona mucho más correcta, pero no puedo evitarlo con vos. Es más fuerte que yo. Disculpa"? Todo eso me gustaría decirle. 

Más bien preguntarle que hace falta hacer para dejarlo de querer con cada gramo de mí persona. Para alejarnos. Para terminar esta historia. Para resolver. Para siempre.  Para que no me pregunte si pase el Finde con Galeno y que me diga que es un viaje hermoso el que hice, que el fue hace muchos años, y que disfrute. Pero que me termine diciendo que me quiere hacer de todo, aún sabiendo que estoy en pareja. Con todo lo que eso representa. Casi como si le diera bronca y tuviera que subir la apuesta. Cómo si el también tuviera que decir: "yo puedo darte placer, yo TAMBIÉN estoy acá". 

III

Cuando Galeno hoy me dijo que quería plantear algo reaccioné muy mal. Es decir, dejando salir toda la desesperación y la ansiedad. Le dije que hiciera lo que quisiera. Que si me quería dejar lo hiciera rápido y que yo necesitaba cuidar mis sentimientos. Que ya no podía esperar a otro momento , que necesitaba entender si me quería dejar para no ir a recibir los tiros del condenado desnuda y sin chaleco antibalas. Que lo hiciera rápido, eso le dije, y realmente me arrepiento. Porque las cosas como las nuestras que se construyeron con tiempo, amor y mucho esfuerzo -durante 3 años - no sé pueden resolver rápido. No con ansiedad. No con dolor. No con desesperación. 

 Cómo era de esperarse, Galeno reaccionó mal. Pero no me dijo de que iba la mano. Solo que me calme. Que pare un poquito de suponer. Que me enfríe. Que estaba trabajando y que por eso no podía hablar. Que quería que hablemos tranquilos.  Yo le dije que iba a esperar a estar más tranquila pero que por favor no escapara más. Que me dijera lo que fuera pero que me lo dijera. 

 Yo no le dije por qué estaba tan desesperada. Queriendo tapar el sol de noviembre calcinante con dos dedos. No le dije que tengo unas ganas de llorar a gritos. No le dije que iría y me agarraría a piñas con alguien. No le dije que rompería una habitación entera. No le dije que no se de dónde viene la furia. No le dije nada. 

Desconecté el celular, me puse a trabajar con rabia y con las horas bajé. 

IV 

Ahora, mientras espero para entrar a Cursar y leo teoría contable, no puedo dejar de escribir. Es mí única manera de sobrevivir hasta las nueve, dónde me vaya a casa, me pueda duchar y pueda tomarme otro vino para dormir igual que hice ayer. 

Si, ayer merende vino. Y como le dije a mí terapeuta en la charla que llegó en un día adecuado: 

-  Si reconozco mis propios sentimientos esto va a explotar. Yo no puedo mirar a los ojos a todo eso. Porque sería una catástrofe. Porque no se dónde puedo terminar. No sé que soy capaz de hacer. Y no puedo saberlo. ¿Entendés? No corresponde. La historia entre Javier y yo es imposible. Estamos con otras personas. Y hay que seguir... , todo esto es un barro y nos vamos a hundir en el barro".  

- Pero las palabras fueron dichas. De los dos lados. Y hay que hacerse cargo.  Es necesario que puedas asimilar que esto pasó. Más allá de lo que hagas. Más allá de la moral. Esto sucedió. Y que se haya puesto en palabras es muy importante. Porque con tu silencio, lo que sucedió entre Javier y vos, y lo que hoy confesaron en esta charla, estaba escondido. Pero existe. Y si lo guardas, el barro va a volver a caer. 


V 

Estoy en uno de esos puntos donde siento que toda la mampostería emocional sostenida durante tanto tiempo se me va a caer encima. Me da pánico reconocer que sigo queriendo a Javier. Me duele reconocer que Galeno es una parte de mí vida muy valiosa y que no puedo tenerlos presentes a los dos. 

Por un lado, no quiero separarme de Galeno. No quiero alejarme. No quiero no formar parte de ese campo nuestro. Porque somos inmensamente nosotros cuando compartimos y aquello me parece una aventura innegable. Y... Lo quiero, obvio. 

Por otro lado, Javier.  En su faceta de transgresor, es de las peores personas que conocí. Me desespera. Me puede. Me convoca todos los sentidos y me apaga la razón. 

 Desde abril, en el momento de su confesión, lo único que sabe es recordar esa noche y decirme que en cuanto se de le gustaría volver a acostarse conmigo. Me pregunta que quiero, que me gustó, que me pasó. Desea que se lo diga.  Y yo solo le digo que no quiero pensar en eso. Que es lo mejor. Que por favor controle lo que le pasa. Le explico que está mal, que no se puede, que lo único que quiero es que podamos vivir nuestras vidas en paz. Que tenemos pareja. Que no nos podemos volver a desbordar. 

"Es más fuerte que yo", me dice. 
" ¿No te das cuenta lo que me estás diciendo? Por favor, me haces las cosas difíciles, le digo yo. 

Me pide perdón. Se disculpa. Desaparece. 

Y yo ya siento que no puedo más. Y todavía este jueves me espera con algo más. 


lunes, 14 de noviembre de 2022

Vuelo 3267

 Éste fin de semana volví a la provincia de Galeno, a su casa, en un viaje relámpago. Pasamos juntos sábado y domingo, dias en los que hicimos mil cosas y en los que dejamos tiempo para muchas cosas que nos hacían falta.  

Debo admitir que cada vez que viajo a su casa, a su provincia, caigo en la cuenta de lo importante que es todo lo que hicimos en todo el tiempo que llevamos conectados desde que nos conocimos. Es decir, el tiempo que estamos juntos aunque estemos cada uno en su casa. Del sacrificio que conlleva, de las ganas que realmente hay que tener de estar con una persona y de verla para viajar a otra provincia teniendo en cuenta todo lo que significa en el marco de dos vidas muy atareadas como las nuestras.  

Salir de madrugada después de trabajar toda la semana, tomar el vuelo, y ponerme feliz cuando aterricé en *** antes de las ocho y media de la mañana fue una mezcla de sensaciones que me movilizó mucho siendo sincera. Galeno, mientras tanto, finalizó su guardia en el hospital y eso también habla del sacrificio y del amor puesto en agenda de los dos lados para que cada detalle pueda encontrar su lugar. 

 Ver a Galeno llegar a buscarme y darnos el abrazo tan esperado es siempre algo que me revoluciona pero, lo reconozco, desde que siento más en mi vida a nivel general -y me permito esas emociones-, también siento más vulnerablemente en cuanto a éste vínculo que nosotros tenemos. 

Volver, siendo que fue un viaje breve pero muy intenso, me costó. No me quería ir. Eso me pasó. Me quería quedar, por primera vez, como nunca hasta ahora me había querido quedar. No quería que ese viaje, que ese nosotros, terminase tan pronto... y eso que yo sé que es parte del juego... pero no, no me quería ir.  Cuando con Galeno nos despedimos en el aeropuerto, no me di vuelta para mirar como se iba. No quería quedarme con esa imagen suya, sino, con nosotros agarrados de las manos y con su voz diciéndome: "avisame cuando llegues". Yo sabía que iba a pasar, que tenía que volver a mi provincia y a mi casa, para trabajar al día siguiente y seguir adelante con mis proyectos, pero ¡cómo costó! 

 La despedida para nosotros es un momento donde tratamos de hacerlo como parte más de los sucesos, como si nos fuéramos a ver la semana siguiente, porque es como si algo invisible nos uniera pese a que nos distanciáramos físicamente... No suele haber amargura en esos momentos, solamente , un balance sobre el viaje. Pero también es el momento donde la incertidumbre abruma, donde la sensación de que podés no volver a ver nunca más a esa persona sale, donde la tristeza por no saber qué pasará hace presencia... Y donde, como yo lo sentí ayer domingo a la noche, se mezcla la alegría porque esos días fuiste muy feliz, la gratitud por poder vivir esa experiencia y la tristeza porque esa felicidad que produce la compañía del otro dure poquito. Y de nuevo sobresale la felicidad por encima de la angustia y recuerda que hay que permitirse disfrutar esa oportunidad que la vida da.  Porque la belleza que tienen esos encuentros con Galeno, lo que sucede cuando estamos juntos, algo que es cotidiano pero que se vuelve simbólico, es de una maravilla a la que no me acostumbré ni me quiero acostumbrar jamás.  

La despedida es difícil, sí, al menos para mí, que una vez despaché el equipaje, y me quedé sola en el área exclusiva para el pre-embarque, me senté en una de las sillas y enseguida mi rostro se llenó de lágrimas. Pero también siempre pienso que si me hubiese perdido la oportunidad de vivir ésta historia hubiese sido una pena tan grande... Así que prefiero llorar en un aeropuerto por sentir, por poder sentir otra vez, que cargar con un corazón que acabe convertido en una piedra. 


miércoles, 9 de noviembre de 2022

Equivocarse (para aprender)

Hoy trabajé mucho.  Pero revisé. Resolví. Pude. Organicé. Ejecuté. Y salió bien.  Y eso es mucho más que todo el trabajo.  Sé que mí esfuerzo está todos los días. Y me alegra cuando sale bien y me apena cuando sale mal. Pero no quiero volver a dudar de mí.  Tengo mucho para dar. 

martes, 8 de noviembre de 2022

Equivocarse

Hoy me equivoqué en el trabajo con algo relativamente importante. O al menos entregué un informe que estaba mal y no me di cuenta.  Cuando el Gerente se dio cuenta me llamo y me explicó ciertas cosas del tema. Me pidió que afile algunos criterios y me dijo que por favor no me lo tomara como una cagada a pedos, sino, como una observación. Para que no pase más, básicamente, porque fue algo de sistema. Pero que yo tendría que haber visto y revisado. Cosa que no hice del todo bien. 

Me cuesta equivocarme. Es la verdad. Me re cuesta. Me siento peor yo que la persona que me lo tiene que decir. Y además me cuesta porque no me perdono fácilmente. 

A razón de esto pensaba que le diría a otra persona que no fuera yo. Y es que va a pasar. Y que no es mala irreparable. De hecho, que lo solucionó. Y que merece terminar el día llevándose el aprendizaje pero sin perder la confianza en si mismo. Porque la confianza también se basa en errores. En seguir creciendo más allá de ellos. 

Me preparare un baño con sales, comeré algo rico y trataré de darle la vuelta al día laboral atravesado. 

Soy persona y mañana tendré una nueva oportunidad de hacerlo bien. Ya aprendí algo nuevo. Aunque equivocarme me cueste mucho y me de inseguridad es parte del camino. 

A seguir andando.