Gustavo fue un nombre que siempre me gustó. De hecho, sin saber la historia que les voy a contar, se lo puse a uno de esos personajes que siempre viven en mi mente, hace unos meses. Es, de manera casual, a la vez, el personaje más puro y con más relevancia de todos los que esbocé con mucha timidez por el momento en las hojas A4 de Word.
Detalles como estos, insisto, me siguen sorprendiendo.
Todo transcurrió en el lapso donde estuve internada, después de un nacimiento con 28 semanas de gestación, 1. 340 gramos de peso y una cabeza que siempre me cuentan tenía el tamaño de una naranja promedio. Cuando el índice descendió y marcó los 900 gramos que se mantuvieron a lo largo de varios días, las cosas cambiaron de color. Si en un principio me tenía que quedar internada en Terapia Neonatal por las 72 horas que me cubría mi obra social, en ese entonces, nadie quería aceptar un traslado a ningún hospital lindero. Por suerte contaba con ellos, pero no contaba con un equipo que me proveyera el oxigeno que necesitaba, y no sabrían si resistiría un traslado con un respirador manual que me oxigenara la sangre, las células y todas las partes de mi cuerpo. Incapaz de respirar por mi misma, mis padres pidieron una extensión para mi seguro y pude quedarme ahí el primer mes completo... Y cuando cursaba el segundo mes de internación, la obra social demoraba en depositarle la paga completa a la Clínica. Y la Clínica se embroncaba, por eso empezaba a traslucirse la obligación de trasladarme a un Hospital, donde no tuviera que pagar nada. El punto era que la diferencia de dinero seguía presente y, en esos momentos, para mi familia, era mucho más del dinero con el que contaban.
El caso no llegó a Auditoría médica, aunque lo hubiera hecho sin demasiados preámbulos. Sino que Gustavo, mi ángel de la guarda, el médico auditor, llegó a mi caso para quedarse hasta el final.
Mirá Gustavo - mi papá le plató la cara - Yo no tengo plata para cubrir la internación y no quiero que la trasladen. Hasta que la obra social deposite la plata que falta, podés tener todos los papeles de mi casa. Es lo único que tengo para que me puedas reclamar. Así que te los traigo, pero vos dejala donde está - repetía mi papá, ayer, mientras lo contaba.
- ¿Y qué hizo el tipo? - le preguntó mi cuñado.
- A ella la dejó por ese momento donde estaba sin que yo le hubiera presentado nada. Pero todavía seguíamos expectantes con la obra social que nos estaba cubriendo más de lo que habíamos quedado, aunque tardaba en depositar.
Gustavo vivía en Capital y nosotros estábamos lejos, lo suficiente, como para no cruzarnos. Un domingo donde mis papás me visitaban como era habitual, mi viejo sale al pasillo y se lo cruza de frente.
- ¿Qué hacés acá? - le dijo Gustavo, sorprendido.
- ¿Vos qué hacés acá?
- Mi sobrina tuvo familia y está internada acá - le explicó - Che... ¿después puedo pasar a verla a ***?
- Sí, claro.
- Termino con mi sobrina y paso - dice que le dijo, y finalmente, pasó a verme, quedándose metido en el caso de lleno.
Seguidamente le ofreció que empezara a ocuparse del mantenimiento de unos boxes en otra Clínica con la que él tenía contacto. Eso serviría como parte de pago en caso de que no funcionara la estrategia de la obra social, sino sería la casa - que él no quería considerar todavía - y sino, finalmente, pagaría las cosas con el trabajo.
- Por esto yo te digo que siempre supe que se iba a salvar, contra todo. Hay cosas que no tienen otra y tipos como ese no los podés explicar en otra situación porque no te lo creen - siguió mi papá, después de relatar este mismo tramo de la historia.
¿Y la obra social? - preguntó mi cuñado.
- La obra social no depositaba la plata y él me recibió la escritura, asegurándome que iba a demorar lo máximo posible las cosas, llegado el caso de que la obra social siguiera atrasándose - agregó.
Yo no sabia esto con tanto detalle. Siento que son cosas que me voy a ir enterando toda mi vida, a través del tiempo. Se me hizo un nudo en la garganta.
- Al ser Auditor médico, Gustavo recibía todo y retrucaba todo el tiempo las drogas que se le sumnistraban a ***, porque más allá de todo lo que le facturaban, él cuestionaba también su diagnóstico, sin importar la cantidad de sondas que se usaran o ese tipo de cosas. Una vez llegó a pedir su Historia Clínica, y vivía mandando fax a los doctores, preguntándoles el por qué de cada paso que se daba - añadió, agregando para mí un dato nuevo.
- Finalmente cuando ella estaba lista para venirse para acá, nos la entregaron aún la internación no estuviese del todo paga, por tener los papales de la casa. La obra social depositó a la semana la plata que correspondía, pero yo no tenía las escrituras de nuevo hasta que no fuera todo confirmado y pasado en limpio.
- ¿La recuperaste?
- Sí, y por estas cosas te digo que yo no creo en la casualidad con este tipo - se entusiasmó y yo hacía rato ya, no lo miraba, procesando todo - Un domingo estaba afuera, regando las plantas. Ella ya estaba acá - le aclaró - Suena el teléfono y era Gustavo, diciéndome que fuera inmediatamente para la Clínica, porque estaba quebrada y él tenía la escritura mía en sus manos. Que juntaba sus cosas y se iba, pero que antes quería devolverme los papeles.
- Increíble
- Impresionante - reconoció - Así que ahi fuí. Llegué después de tomarme el colectivo hasta la Clinica y me volví con la escritura de la casa.
- ¿Qué fue de la vida de Gustavo? - me animé a preguntar.
- No sé - se encogió de hombros - Lo busqué incluso después de todo ese lío, comunicándome con su secretaria, cuando le lleve unas lapiceras caras de regalo, por todo lo que habían hecho los dos por vos - suspiró - Y aunque le insistí tanto, ella no me sabía decir dónde estaba. Sólo me decía que estaba bien, que se habia ido bien, pero que se había ido. Así que me aceptó las lapiceras y me fuí con esa duda.
- ¿Nunca supieron nada de él?
- Hace ya más de diez años estaba en el Hospital Pena, pero ahora... Le perdímos el rastro.
- Ese hombre fue un angel, nena - acotó mi mamá. Yo la miré en silencio, dudando ante la idea con antecedentes como los que me habían estado contando.
- ¿Y si lo googleo? - bromeé.
Nunca hasta ahora lo encontraron, pero ¿quién sabe? Ojalá la vida me reencuentre con él. Ojalá tuviera forma de que leyera estas palabras, más que nada por eso las publico. Me encantaría que me viera ahora, ya tantos años después. Me encantaría poder agradecerle los pasos claves que dió para que hoy yo de miles de los míos.
(Por si me lee, todo mi agradecimiento a Gustavito, mi ángel de la guarda)
