martes, 31 de agosto de 2021

Sobre la suavidad y la paciencia

Ese mediodía lo esperé sentada en uno de los bancos disponibles en Puerto Madero.  Galeno estaba de camino a mi encuentro y me había mandado un mensaje que ya había salido del hotel, en la misma zona.  La consigna, según la idea que tenía, y la propuesta que me había hecho, consistía en almorzar allí, por eso, lo estaba esperando observando la densa nubosidad que se formaba en el cielo, mirando a la gente caminar y dejando que el aire se me pegara en el rostro.  

Todavía lo recuerdo: sentía nervios. O en realidad, unas ganas de verlo que me ponían nerviosa en el buen sentido.  Aunque, en un momento de distracción, tomé mi celular para sacarle fotos a esa postal imponente de nubes previas a una tormenta de verano que, en su conjunto, era semejante a una pintura. 

Y justamente en eso, Galeno se me sentó al lado en silencio. 

- Hola - me dijo, simpatiquísimo. 

Le sonreí, dándome cuenta que era él, y sonriéndole. 

- ¡Hola señor! - le contesté - ¿Qué hacemos por acá? ¿Perdido? 

Él se rió. 

- Vine a buscar a alguien...  - dijo. 

"Esa tonadita hermosa", pensé, sin poder evitarlo. 

- Ohhhh, cierto, sí.   Tenés un viajecito, eh... 

De nuevo, nos sonreímos. 

- Tengo unas horitas, claro...En avión llego pronto...  Acá estoy - sonrió. 

Te estaba esperando - le dije, en broma. 

- Menos mal que hoy estoy cerca... 

- Menos mal - aprecié. 

Conversamos un poco más y cuando yo ya deseaba con todas mis fuerzas que me diera besos y abrazos y se me acercara en plan físico, me acomodó el pelo detrás de una de mis orejas y muy tranquilo, me dijo: 

- ¿Vamos a ver dónde podemos comer, eh? 

- Sí, dale. Vamos. ¿Viste algún lugar que quieras conocer? - le pregunté. 

Pero en realidad me quedé... atolondrada.  Pensé por un instante que la había cagado hasta que entendí que me estaba dando espacio, tiempo, y que estaba teniendo una consideración que jamás nadie había tenido conmigo.  Y que eso estaba muy bueno, en realidad. 

En ese almuerzo hablamos muchísimo, comimos muy rico, sacamos algunas fotos y hasta le mandamos una selfie a uno de los mejores amigos de Galeno para asegurarle que él estaba a salvo conmigo.   Nos divertimos mucho y recuerdo que en todo momento me sentí cómoda, respetada y muy tenida en cuenta.  Galeno me agarraba de las manos, me hacía caricias en el rostro, e incluso se molestaba en servirme la bebida siempre que veía mi copa vacía... Y todo eso me encantaba de igual manera que su inteligencia, su capacidad de análisis, sus saberes culturales de todo tipo, su interés por el arte, la medicina y la literatura, pero además, por el cine, la fotografía, y el buen vino. 

Podíamos charlar de cualquier cosa que nos resultaba divertido. Podíamos debatir sobre historia, política, filosofía, artes en todas sus ramas, experiencias y viajes. Todo era tema. Y la verdad es que en esas charlas, entremezcladas con una constante seducción, pasábamos horas. 

Un ratito después Galeno me explicaría que ese gesto de aparente distancia, en realidad, lo había hecho por no querer presionarme ni atosigarme en ningún sentido, aún mismo, ya hubiéramos tenido un acercamiento.  Le pregunté por qué. Y me dijo que si a una mujer como yo un hombre no la trataba con suavidad era un pelotudo porque, sencillamente, estaba hecha para ser tratada con dulzura; que no había otra manera posible, y que él no se iba a arriesgar a equivocarse en ese punto.  

A la mierda, recuerdo que me dije en cuanto terminó su frase. 

Cuando lo escuché decirme eso me lo quedé mirando  y me puse un poco colorada. Lo sentí en mis mejillas. Asentí con la cabeza unas cuantas veces y le sonreí. La revelación estaba frente a mis ojos, sí.  Me di cuenta que yo necesitaba mucho, en realidad, que me trataran con suavidad, que no quería más atropellos ni malas experiencias como las del pasado, que no quería que me siguieran pensando como un objeto, sino, que me vieran como un ser humano y darme cuenta que me gustaba mucho más ser tratada con suavidad que de cualquier otra manera fue un flash.  Más allá de que me mostrara fuerte, y a veces un poco insensible, con Galeno todo era diferente.  Podía bajar un poco las armas, y al hacerlo, quedaba a la vista lo obvio: era muchísimo más sensible en todos los ámbitos de lo que cualquiera imaginaba y todo lo hacía hasta el detalle de la empatía. Y pese a que no me mostrara mucho, había alguien frente a mí que lo leía perfectamente entre líneas...  Estaba sorprendida. 

Ese día Galeno no dejó ningún aspecto sin apreciar o atender. Ninguno de ellos. Pero hizo de todo ese día uno muy especial. De disfrute y de placer en todos los segmentos y aspectos que hacen a una relación. Con decir que después de la intimidad nos quedamos abrazados escuchando a Gabriel Rolón, atentamente, hablar sobre Psicoanálisis, mientras Galeno me daba besos en la cabeza y yo sentía que nunca había sido más feliz que ese día junto a alguien en términos románticos... Porque lo simple, lo entendí por fin en esos aspectos, también podía ser mágico al igual que lo era en todos los otros.  Porque, de hecho, debía ser así de fácil, así de feliz y así de simple, debía fluir de esa manera. 

Y sí, obvio, sin dudas esta relación sentó un precedente de lo que sí quiero y de cómo lo quiero.  Desde siempre supe que no importa si la cita es en Puerto Madero o comiendo un choripán en el parque, como también hicimos juntos, y se convirtió en uno de nuestros recuerdos favoritos para siempre. Siempre supe que importan del otro otras cosas. Pero esas mismas cosas también importan de uno hacia el otro, porque son sólo ese tipo de gestos y de cuestiones las que dejan verdaderas huellas de por vida. 

Doy fe de ello con este post. 


lunes, 30 de agosto de 2021

La vida te protege

 Hace pocos días había un evento cultural organizado por mi grupo de pertenencia cultural. La verdad es que si bien participo de algunas cosas hace años tomé una distancia grande de muchas de las personas de allí. Por estudios, por laburo, por salud mental , por aburrimiento, etc.  

Y justamente porque hoy en día me priorizo más que nunca, asumí que no tenía ganas de ir, que no tenía ganas de repetir el ritual de todos los años, ni celebrar el cumple de mi escritor preferido.... Porque no, porque me aburrió ver siempre la misma clase de cosas sobre su natalicio. No, no fui. No conteste mensajes sobre el tema. No hice más que lo que tenía pactado.  La verdad es que a la luz de otros acontecimientos de mi vida, me importó tres carajos. 

Me pregunte si estaba haciendo lo correcto y una parte mía tranquilamente podría haber ido... Pero otra me dijo "no, si no pinta ir, no vayas a la fuerza. Cuidar nuestro espacio siempre está bien".  Y me quedé en casa tratando de ponerme en pie a mí misma. En silencio. Con mi familia más íntima, es decir, mis padres. Tomando un vino con mi viejo y charlando con ambos mientras cocinabamos algo rico para cenar un poco mi mamá y otro poco yo. 

Anoche me encontré con las fotos de dicho evento.  Vi muchas caras conocidas, ví parte de lo que hicieron y me pareció que estaba bueno. Aburrido, repetitivo, pero bueno al fin... Se notaba que había esfuerzo y siempre valoro eso en la gestión cultural. 

 Entre las caritas conocidas me encontré con la de Javier que, increíblemente, parece, le volvió a agarrar el gusto a la cultura. O al menos, tenía ganas de ver a "viejos conocidos del grupo" del cual desapareció de un día para el otro, motivado vaya a saber por qué o por quién hace muchos años. Lo curioso es que fue solo. Y yo lo único que pensé fue: "ay, chicos, de la que me salvé". Si, lo repito, de la que me salvé. Principalmente, por no haber estado ni siquiera en el mismo ambiente habilitante para sus pelotudeces. 

A veces es increíble sentir como la vida te cuida de ciertas cosas. Volver a vernos en un evento, que además incluía cena, hubiera sido un dolor de cabeza. Pero, y por suerte, cuando tomas vino bueno y no te cruzas con gente tóxica, no te duele la cabeza.  Y pensas: " bien ahí".

sábado, 28 de agosto de 2021

Esa lejana ternura

 Llegamos a aquel sitio re contra turístico de su provincia. Pese a que Galeno es un hombre muy muy tranquilo, consideró que era una ocasión especial para introducirse en las mareas de gente de un fin de semana largo para que yo conociera algunos puntos de su lugar. 

En cuanto bajamos del auto,  agarré mi mochila pequeña y me la crucé por delante. Una costumbre muy propia de Buenos Aires que Galeno observo con curiosidad.  

- ¿Querés darme las llaves y eso? - le ofrecí. 

Galeno dudó, pero, al estar en un look muy sport, no le quedó remedio. Así, guarde las llaves de su auto y su billetera dentro de mi bolsito, bien protegido, que contenía también mi billetera y tarjetas de crédito y débito. 

Lo observé por un momento lucir sus shorts, zapatillas deportivas y remerita lisa.  Estaba lindo en ese plan relajado, aunque era raro verlo sin su vestimenta habitual. Cabe decir que Galeno era un *** bastante fino, que no salía al centro en pantalones cortos ni ojotas porque le parecía que estaba desalineado, un "señor cheto" como quien dice. Y ahora, al verlo en shortcito y zapas, se me dibujaba una sonrisa de ternura.  Yo también andaba con un look veraniego , despreocupada y feliz. 

Emprendimos camino por las atracciones del lugar. Yo iba en shorts y zapas, pero Galeno asimilaba esa vestimenta con elogio y placer relojeandome con intermitencia. Creo que le gustaba verme descubrir cosas o disfrutar de todo porque era algo que siempre resaltaba.   Contándome la historia de las diferentes partes de ese lugar, fui aprendiendo particularidades de la zona. 

Hasta que en un momento, le dije: 

-  ¿Dónde hay un kiosco, mi ****? 

- Yyyyyy... Por allá, ****. ¿Querés ir? 

- Si. Tengo sed. ¿Que querés que te traiga para tomar? 

- Nada, nada. Vamos - dijo. 


Llegamos al kiosco. Le pedí un agua y me compré una Coca Cola, tal y como eran nuestras preferencias. Y Galeno se dió cuenta que no tenía la billetera. Que la tenía yo. 


- ¿Me pasas la billetera? - me pidió. 

- No, tranqui - le dije y le pregunté a la chica cuanto era - Me toca a mi. 

Y le sonreí. 

- No solo hiciste lío pendeja para venir, sino que no me dejas que te invite una coquita - me dijo, en broma. 

- Si que te dejo. Me compraste un pack de latitas que está en tu casa, Galeno - le dije, con ternura- Acepta mi agüita, hace calor... - lo alenté. 

- Esto no es nada, ***, de calor. En enero... - observo, tomando su bebida. 

- Si, es el mítico calorón **** - le señalé - Me imagino que necesito un balde de Coca. 

- Si y no te sacarías la sed... Tiene muchos químicos eso. Agüita , mejor. 

- Siempre tan sano , este Galeno - le dije. 

Nos reímos. 

Seguimos caminando y mirando todo lo que había para mirar. Yo iba con mi Coquita en mano, los lentes de sol tatuados y protector solar hasta en la cola. De pronto, en un momento, Galeno me dijo: 

- Mira, una llama - y la señaló. 

Adora a los animales. Yo la miré un poco extrañada porque soy más citadina. 

- Uy, si, mira ... Una "shama"... Es linda. 

- Una shama - dijo, imitando mi tonada - ¿Querés conocer el Puente ****? Lo hicieron hace unos años, nunca pase por ahí. 

- Siiii. Vamos. Dale - le dije. 

Y continuamos paseando. 

En el viaje de vuelta pasamos largo rato en silencio. Miramos el paisaje y planificamos el día siguiente a grandes rasgos porque íbamos más por el tren de las situaciones espontáneas.  Habíamos andando todo el día así que estábamos cansados.  Sin embargo, me gustaba estar en compañía de Galeno. Me sentía cómoda consigo aún mismo nos mantuviéramos callados. 

- Galeno - le dije , en susurros - te queda linda la onda deportiva... Y los cortos, también. 

- Menos mal que me traje los cortos... Hacía mucho calor. 

- Si. Están justos para la ocasión... Nos tostamos un poco los hombros y las piernas, mira - le mostré. 

Me miró seriamente evaluando el nivel de color que había adquirido mi piel. 

- A mi me gustan más tus cortos que los míos - observó, con una mueca pícara. Estás quemadita en los bracitos... 

- Usted sabe cómo se resuelve el misterio de mis cortos... 

- Afortunadamente, si. 

- Amo - le dije, en broma, y nos reímos - Amo eso. 

Al rato, cuando ya estábamos inmersos en la tranquilidad de su departamento, recuperando fuerzas y conectando, se acercó a mi. Estaba sentada en el sillón, mientras tomábamos unos mates.  Tenía una posición adoptada que era semejante a la de una indiecita. 

Galeno me observó desde más arriba, dado que me llevaba más de una cabeza, y con voz suavecita, dijo: 

- Te quemaste el cuello cabelludo, mirá - aprecio, tocando la zona. 

-  ¿Si?  - le expliqué.

- Mmmhmm - dijo, y examinó la zona. 

Se quedó callado. 

Antes de alejarse, me dió un beso en la cabeza, justo en la parte donde me había bronceado. 

Ese gesto me pareció que venía cargado de afecto y al mismo tiempo de una sencillez indescriptible. 

 No miento si digo que por esos pequeños detalles, por esos instantes solamente, esa relación valió la pena. 

viernes, 27 de agosto de 2021

Lo que estás buscando llegará cuando no lo estés buscando

 Sí. Lo voy a decir de nuevo: "lo que estás buscando llegará cuando no lo estés buscando". Esa es una de las enseñanzas más fuertes y persistentes de los últimos meses. Cada cosa que llegó, y cada cosa que se fue, sucedió cuando misteriosamente no la estaba esperando. Buenas y malas, sin distinción. Todas ellas llegaron cuando no las estaba esperando, cuando estaba pendiente de otra cosa más urgente, cuando estaba poniendo la atención en otra cuestión de índole diferente. 

Sin ir más lejos, hace poquitos días tuve el ejemplo. Había mandado mi CV a una convocatoria por un puesto administrativo en un centro educativo. No, no pedían docentes, pero pensé que podía ser una manera alternativa de entrar hasta ver si finalmente se me daba la chance en la docencia.  En su momento, hace dos meses atrás, no me respondieron el correo por el puesto al cual yo me postulé pero sí me respondieron hace pocos días ofreciéndome trabajo como Licenciada en Letras.  ¿Mi cara de feliz cumpleaños? Presente, claro. 

Hablé con el director del centro y solicitó unos papeles que yo, a la vez, había solicitado a mi Universidad hace dos meses y los cuales nunca me los enviaron. Le expliqué la situación, toqué todas las puertas que pude, pero no tuve éxito para conseguirlos. Entonces, como es necesario dentro de un marco legal, el Director me dijo que no podía tomarme sin certificado de estudios. Y sí, yo tengo uno, pero anterior a la pandemia, que no refleja los progresos de este año y medio en materia académica, por lo que necesitaba que fuera actualizado.  Ahora, reinicié el trámite, con reclamo de por medio obvio, pero bueno... Esa situación en si misma, quedó ahí. 

Trunca. 

II

Lo que me llevo como mensaje o enseñanza de todo esto, es que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Incluso, más allá de las búsquedas que uno esté llevando adelante de modo manifiesto. Ahora mismo mi búsqueda se focaliza en otras cuestiones que no son solamente la docencia. Más que nada, porque yo logré más experiencia en otras tareas, ya que la docencia no me otorgaba la estabilidad económica que necesitaba para poder costearme los estudios hasta el final. 

¿Cuánto tiempo le dí lugar al trabajo como Licenciada en Letras? Antes de entrar a la empresa donde trabajé casi tres años, pasé todo 2018 buscando empleo solo de Licenciada en Letras (porque ayudaba a una Gestora y con eso había podido ahorrar algo) y sólo conseguí una suplencia corta que, de todos modos, me permitió tener unos dineritos más guardados en su momento. En su momento sentí que tenía que ponerle muchas más pilas a la facultad y prioricé avanzar hasta el último tramo de la carrera.  Estando allí - me dije - yo iba a buscarme un trabajo sí o sí porque me quedaban muchos baches a nivel académico pruducto de la apertura de las materias restantes y oferta horaria disponible. Además, claro, necesitaba tener dinero para absorber todo el resto de mis gastos en general. 

 Casualmente - o quizá creo que no - el mismo día donde firmé el contrato en la Empresa en la que trabajé hasta hace dos meses (primero, haciendo soporte técnico y luego en la Administración) me llamaron del mismo colegio que había trabajado meses antes para ofrecerme otra suplencia, esta vez, por el plazo de tres meses.  Pero, apremiada por el hecho de que necesitaba un sueldo fijo, y porque cumplía con las garantías laborales que me garantizaban poder seguir estudiando, yo elegí trabajar en la Empresa entrando así durante el verano de 2019.  

 Al principio, la pasé muy mal. Vivía queriéndome ir a dar clases de Literatura, sin entender por qué Dios me dejaba pasar por esas experiencias, sin comprender por qué no tenía aunque sea cuatro horas fijas a la semana, sin entender por qué la vida no me daba la oportunidad de poder hacer lo que me gustaba sin preocuparme tanto por el dinero... De hecho, vivía viendo que mis compañeros de clase y amigos de la facu se dedicaban a la docencia y que yo, increíblemente, no podía obtener algo más adecuado a mis necesidades y no, no sentía malestar o envidia ni por asomo. Sabía que había algo más por lo que Dios o la vida - según en lo que uno crea - me estaban dejando ahí. Entonces, trataba de hacer lo mejor con lo que tenía. Y lo que yo tenía, en ese momento, era algo muy valioso: un trabajo en blanco que me permitía pagarme la Universidad. 

¿Cuántas veces pensé que la vida me estaba "traicionando"? Nunca pensé, pese a que no encontraba las respuestas, que la vida me debía algo, o me estaba cagando. Yo sabía, completamente segura de ello, que si estaba en ese lugar y en esa búsqueda tenía todo una razón. 

¿Cuántas veces, a lo largo de 2019, yo busqué trabajo de otra cosa? Mandé CV a lo pavote y nada. Una vez más, me pregunté por qué razón, qué motivo había para que estuviera pasando por esa situación.  Y recuerdo cómo en el transcurso de todos esos meses, en mis momentos de introspección, pensaba: "¿Qué onda? No te entiendo, no sé para qué la vida me tiene que dejar acá, si no puedo crecer, no puedo ascender en este sector... ¿Qué más hay acá? ¿Por qué esto es así?".  

Luego de esos dos o tres meses tan duros, donde yo seguía sin respuestas y ya andaba cansada,  la situación en mi trabajo dentro de la Empresa, como por arte de magia, comenzó a mejorar. Primero, me dieron unas tareas dentro del mismo sector que eran diferentes a las de todos mis compañeros; y gracias a eso, sentí una gran diferencia en todos los sentidos y mejoró mucho mi estado de animo y mi sentir ante la situación y la permanencia en el lugar.  Mientras, seguí estudiando en la Uni, conocí a Galeno, y toda esa historia se desarrolló en su momento y con sus tópicos.  

III

En enero 2020, increíblemente, cuando ya me había acomodado a las nuevas tareas, informaron que iba a haber una reestructuración en la empresa por lo cual se convocaba a que aquéllos analistas que quisieran eligieran puestos en los que les gustara concursar para cambiar de actividad... porque era eso, o bien, buscarse otro trabajo. 

Para entonces yo estaba en una encrucijada. Uno de los Jefes de *** (otro sector de la empresa) me dijo que evaluaban ofrecerme otro sector con cambio de turno, por lo que yo aceptaba ese horario que no me convenía para seguir con la facultad o me iba.  Al enterarme de esa noticia, mi estrés se disparó. Me puse a buscar trabajo de nuevo, otra vez, pidiendo a la vida que todo estuviera bien. 

Cuando rellené aquél formulario, todavía lo recuerdo, estaba al lado de una compañera que siempre era muy efusiva. Hablaba con otro chico y le decía que ella quería concursar para pasar a trabajar en la Administración y el chico le respondía lo mismo, que deseaba estar en ese puesto porque era el mejor lugar de toda la empresa.  Y ahí, se me prendió la lámpara. O quizá, pasó lo que tenía que pasar desde el principio. 

Pensé que la Administración podía ser una opción más donde se me ofreciera un horario similar al que tenía, es decir, que me servía para seguir llegando bien a mis clases en la Universidad. Yo no tenía pretensiones con las tareas, me daba lo mismo todo, siempre y cuando pudiera estudiar. Entonces, sin ánimo de nada, añadí que me interesaba ocupar un lugar no sólo en el lugar de recepción, área técnica o afines, sino, también, dentro de la Administración. 

Durante esos días, lo recuerdo, me sentía como en algodones. No sabía qué iba a pasar pero yo ya me había jugado todas mis cartas. Sólo sabía una cosa: necesitaba trabajar para poder estudiar. La semana donde cambiaron a mis compañeros de lugar fue eterna. Yo veía que a todos los llamaban desde RRHH y que a mí no me llamaban más, todos comentaban lo que les ofrecían y yo pensaba en qué iba a quedar mi pellejo porque nadie me decía nada. Es que, al tener muy poca antigüedad para entonces pensaba que también me podían echar y quizá por eso no me daban detalles del cambio de puesto.  Teniendo en cuenta que había sido parte de la última camada de empleados que habían ingresado a trabajar a ese lugar, todos los demás, tenían años de antigüedad y contra eso sentía que no tenía posibilidad. 

Hasta que un día me volví a cruzar por los pasillos con el Jefe de ***, quien me había dicho lo que anteriormente estaban evaluando para mí y obvio, me vió caminando con semblante algo desconcertado.  Me preguntó si ya había recibido noticias. Le dije que no, y que ese puesto que él me había comentado que iba a ser para mí, se lo habían dado a otro de mis compañeros, y que estaba preocupada - ahora  más aún- porque no sabía qué iba a pasar conmigo. Él me sonrió, me abrazó y me dijo: "quédate muy tranquila, todo va a estar bien, sé de muy buena fuente que estás bien considerada aquí". 

IV

Llegó finalmente el día. Un viernes por la mañana donde yo estaba trabajando en mis tareas especiales. Acababa de contar un llamado por un asesoramiento técnico cuando, mi supervisora de entonces recibió un llamado de RRHH y a continuación me dijo: 

- Veinte, vení un minutito por favor - y me hizo señas de que me acercara. 

Sabiendo lo que pasaba, tomé aire y sin pensar en nada especial me acerqué. 

- Te llaman ***, de RRHH, para que bajes a charlar sobre los traslados - me especificó. 

Y puso cara. 

Ahí, perdí un poco la calma, entonces, por primera vez, le hice un comentario alusivo a mi mayor temor: 

- Me parece que hoy nos decimos adiós  - musité y se rió. 

- Vos andá - me dijo. 

Y sin esperar más, fui. 

Cuando subí las escaleras luego de la charla con el director de RRHH, no podía creer que me pasara lo que me estaba pasando. No caía. Así que me escabullí en el tocador y me tomé un momento. Necesitaba pensar. 

Mandé, dentro del baño, dos mensajes: uno para mi mamá y otro para Galeno, quien estaba al tanto de toda esta locura laboral.

En cuanto volví a mi puesto, mis antiguos compañeros, los mismos que habían conversado a mi lado y que con su charla me habían dado la buena idea de añadir esa opción, me vieron. Seria como estaba, sin decir nada, empecé a juntar mis pertenencias.  

- ¿Y, Veinte? ¿Dónde te transfieren a vos? ¿No te vas, no? 

En voz muy baja, sin poder creer, les dije: 

- No, no me echaron por suerte. Me pasan a Administración a partir de ahora.  

- ¿A la Administracióooon, en serio? ¿Con ***? 

- Sí, sí -  afirmé. 

- ¿Y cuándo? - me preguntó uno de los chicos. 

- Ahora mismo - le dije - por eso estoy juntando las cosas... 

- Qué bueno, boluda - exclamó - el mejor puesto... 

Leí el asombro en sus rostros y un dejo de desconcierto, como también, de celos. Era como si dijeran: "¿Ella, ahí? Pero si yo estaba antes".  Y sí, mucha gente estaba antes que yo, siendo totalmente sincera, por eso mismo todavía no lo podía creer pero sólo Dios sabe cuánto necesitaba que las cosas fueran así, para poder seguir adelante con mis metas y proyectos. 

Y sí, codiciado y todo, finalmente, ese era mi nuevo sector, con un horario conveniente para los estudios, y compañeras de lujo.  Un puesto que al ocuparlo, claro, me hizo acreedora de la indiferencia de muchos de mis ex compañeros, pero que también, me hizo posible conocer mucha gente, tratar con otras esferas jerárquicas donde aprendí muchísimo e incorporar conocimientos de cero en la rama contable; cosa que no muy a menudo sucede. 

V

En la Administración, con las chicas, - como les decía a mis compañeras, cuando ellas me decían cariñosamente "La chiquita" al ser la más joven de todas - estuve hasta hace dos meses, donde la empresa cerró y volví a este juego de dados que es la vida y sus búsquedas. Fue una etapa de laburo hermosa, donde aprendí mucho y donde agradecí cada día poder estar. 

¿Por qué pensar en todo esto, no? Hoy son similares las preguntas que me transitan por dentro. Pienso qué tengo que aprender, para qué estoy pasando por toda esta situación, y desconozco lo que me tocará. A veces, esto, es muy complejo, porque sigo necesitando trabajar para terminar de estudiar... y la incertidumbre cansa, pero además, angustia de una forma muy punzante, a veces. 

 Pero.... pero, pero... ¿para qué mentir? Muy en el fondo, pese a toda la incertidumbre y el desconcierto en el que vivo hace meses (y especialmente pese a que no sé por qué la vida me tiene en este tránsito) confío en que todo está pasando como debe pasar. Sí, aunque pasen cosas como las que ocurrieron hace unos días con esa oferta de trabajo, otra vez, como Licenciada en Letras. 

Confío en que todo esto, por más tirado de los pelos que parezca, tiene un sentido. Comprendo que si no se dió nada de lo que intenté hasta ahora, es porque algo más conveniente estará ahí, esperando, en algún lugar de esta bola a la cual llamamos mundo. Confío en que como todo se fue ordenando de alguna manera que no esperé, durante todo este caos que fue mi vida desde abril hasta ahora, también se seguirá ordenando en lo laboral.  Lo único que le pido a la vida es poder trabajar de una manera en que me permita tener las posibilidades de terminar de estudiar. 

Sí, suena raro, pero sé que lo que estoy buscando llegará cuando ya no lo esté buscando y haya soltado las preocupaciones. Cuando haya aprendido a entregar y a entregarme sin que eso suponga rendirme. Cuando haya aprendido a dejar que la vida me lleve a donde tenga que ir cuando sea el momento adecuado.  

Y ¡cómo cuesta! 

Uf, paradójico todo esto de vivir... 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Decálogo para quien busca II

 Continuando con la propuesta de la entrada anterior, y como en toda situación, ocurre que existe un lado más favorable de las situaciones. Y el desempleo no es una excepción. El desafío, si, porque en estos contextos constituye un desafío, consiste en mirar tanto lo bueno como lo malo.  

Así que, aquí van 10 cosas que considero favorables, buenas, positivas o rescatables para quien busca o conoce a alguien que busque empleo. 

1. El alcance enorme de la virtualidad. Parte de los efectos colaterales de la pandemia son la proliferación de avisos y de procesos de selección de modo virtual. Esto hace que muchos reclutadores cuelguen sus ofertas en portales de empleo, más allá del rubro o de las características del negocio. Hoy, como todo, también la movida laboral es virtual. 

2. En muchos de los casos, quien pierde el empleo se encuentra con un quilombo tal que equivale a veinte hectáreas de maíz para poder arrodillarse. Lo bueno de todo esto es que se dispone de un poco más de tiempo para ordenar distintos aspectos de nuestras vidas.  

3. Si de orden hablamos, también es una muy buena oportunidad para llevar un presupuesto. En mi caso, es parte de una proyección pero además de un deseo de orden imperioso para poder generar un hábito de registración constante.  Cuando estás sin empleo, sirve para poder estar prevenido de algún modo. Y cuando estás con trabajando, servirá para que no se escurran los ingresos. Y si, ahora que estoy haciendo uno al pie de la letra, entiendo la cantidad de tiempo que lleva. 

4. Esto es algo muy personal pero positivo. El desempleo me dió la posibilidad de hacer cursos que no hubiera hecho por falta de tiempo. Lo mismo que ocurre con la universidad, donde también la idea es organizar algunas cosas. Trabajar y estudiar es un gran desafío pero también es algo muy lindo. Organizado, mejor que mejor. 

5. Va a sonar tonto, pero no lo es. Nunca pensé que era tan adicta a sentarme al sol. Hace años que no tenía tanto tiempo para hacerlo y ahora lo hago a diario con protección solar +50. Es mi momento de relajación del día. Aunque sea media hora o una hora. Poco o mucho, me hace feliz. 

6. Buscar trabajo te lleva a repensar categorías acerca del valor personal, de todo lo que podemos dar de bueno y eso implica una mirada más profunda hacía nosotros mismos.  Y si, no todo tiempo libre es tiempo perdido para la indagación personal. 

7. Si algo tiene de rescatable el estar en búsqueda laboral es que se puede efectuar desde cualquier lugar. Por eso, puedo visitar a mi familia y mientras, en algún momento libre, vigilar las novedades de los portales.  De otra manera, no podría levantarme una mañana cualquiera y visitar a mi sobrinito. 

8. Buscar trabajo es algo diario. No hace falta que nos pongamos un horario fijo pero si un objetivo y si hay algo que se agradece es que los portales no tengan un horario de cierre o de pausa, sino, que la afluencia de información sea constante. En mi caso, mi objetivo es estar mejor pronto y salir adelante. Por eso, todos los días, le dedico tiempo a esta meta y se que como la información está disponible las 24 hs no tengo que hacer está búsqueda corriendo.  A veces, hay muchos avisos a los cuales postularse. Otras veces, hay poquitos. El tema es ir leyendo, filtrando y haciendo todos los días. 

9. Hay un día de búsqueda que es el más especial de todos. Y no, no es el primero. Es el último. Y cuando la búsqueda se termina, estamos ante lo más positivo de todo el proceso. ¡Tenemos trabajo nuevo, siiii! Finalmente, nos contactan, nos escriben, el maldito teléfono suena y cambiamos la racha. 

10. Las personas que nos acompañan en la búsqueda son muy valiosas. Esto que puede ser un golpe duro también nos enseña sobre la incondicionalidad de la gente que nos rodea.  Pone a prueba vínculos, compañías, amigos, parejas, etc.  Y nunca está demás hacer un balance de este tipo. 

Un plus:  el lado bueno del desempleo, es que un buen día se termina. Y por suerte, las cosas empiezan a salir mejor. No sin antes dejarte enseñanzas de todo tipo.  

Si se me presentan algunos aspectos más del proceso, del tipo que sean, habrá parte tres. 

martes, 24 de agosto de 2021

Decálogo para quien busca

 La búsqueda laboral implica adentrarse en caminos desconocidos cuando es la primera vez que te pasa. Especialmente si lo que la desencadena es algo abrupto, como fue mi caso. Pero siempre, por alguna u otra cuestión, se agrega un cierto grado de dificultad para quien esté viviendo el proceso desde adentro. Y los de afuera, por lo general, a veces no se dan cuenta de lo que le está pasando por dentro a alguien que busca trabajo, al menos, por no estar pasando por esa situación porque todos tenemos representaciones diferentes del trabajo y eso abre a diversas interpretaciones. 

Por eso, en medio de un chiste irónico que me hice a mi misma en las instancias más duras de esta búsqueda, pensé que sería necesario hacer un decalogo. Igual a aquel que escribió Quiroga en referencia al perfecto cuentista, pero, para quien esté viviendo o conozca a alguien que esté viviendo este proceso. 

1. Se recomienda evitar el positivismo tóxico. Nada peor para alguien que está buscando trabajo que decirle: " si le pones voluntad, pasará", precisamente, porque en determinadas instancias el encontrar trabajo no es solo una cuestión de exclusiva voluntad de quien busca. Hay otros factores. 

2. Se recomienda acompañar con palabras de aliento, pero además, respetando el silencio cuando se produce. La persona que pierde el trabajo necesita hacerse a la idea, pero además, procesar la perdida de ese espacio en su vida y eso conlleva tiempo. A veces, tiempo de silencio.  Es muy normal el cansancio mental por la carga de estrés que esto involucra y ayuda a aliviarlo ratitos de silencio. 

3. Acompañar no es invadir ni presionar sobre una determinada actitud frente a esa pérdida. Buscar trabajo constituye un proceso diario, que te encuentra con estados de ánimo diferentes y no se puede mantener siempre ni el malestar ni el bienestar.  Hay épocas, días mejores que otros, etc. 

4. Para quien busca, no hay recetas. Es conveniente estar abierto a consejos pero es aún más importante seguir el propio camino teniendo presente el tipo de trabajo que se anhela y lo que realmente sabemos hacer. Para los demás, a veces, desde el amor, estamos calificados para ir a la luna, pero hay que ser honestos con nosotros mismos y lo que realmente podemos desempeñar. 

5. A veces, quien busca, atraviesa momentos de enorme frustración. Dice cosas crueles o tristes No hay que tomarlas al pie de la letra: son circunstancias y es normal que necesite desahogarse. Luego de eso, seguirá adelante. No hay ninguna persona que desee encontrar trabajo que quien lo busca día tras día durante meses. Solo que, en el camino, a veces se puede poner triste o frustrarse si las cosas se dilatan. Es propio de la situación de incertidumbre.  

6. No hay que tratar de cumplir con las responsabilidades que la persona habitualmente cumple cuando tiene trabajo. Lo único que se logra es hacer más visible esa falta y la persona termina sintiéndose culpable e inútil porque no puede continuar con lo que llevaba adelante. ¿Si se puede ofrecer ayuda? Si. Pero esa ayuda deberá ser medida. Sin hacer sentir al otro como si no pudiera procurarse las cosas.  Hay que tener en cuenta que el desempleo también es temporal y es muy importante conservar la confianza en uno mismo. 

7. Mantener la fe. Suena fácil pero es de las cuestiones más difíciles para quien busca empleo. Mantener la fe pese a las contrariedades. Pese a mandar muchos cvs y no recibir respuesta. Pese a no cumplir con todos los requisitos. Pese a ver cómo pasa el tiempo. Pese a sentir que el puesto indicado no llega más.  Si, pese a todo, mantener la fe en que, a la larga, en algún momento, o la situación se destrababa o se destraba. 

8. No decirle frases hechas como "ya llegará" "todo va a estar bien" "tenés que tener paciencia". Quien busca trabajo ya sabe que en algún momento llegará, solo que es muy angustiante el "mientras tanto" dónde ve que no llega la oportunidad. Y decirle que ya llegará, tantas veces seguidas, termina produciendo más ansiedad que esperanza. 

9. Socializar la búsqueda. Recomendar. Compartirle avisos a la persona que busca. Hacer de "ojos extras" para quien recorre portales buscando ofertas. Dada la diversidad de ellos, es una gran manera de ayudar si es que queremos colaborar en algo en el proceso de quién busca. 

10. Buscar trabajo es un trabajo más. No debe darnos vergüenza ni miedo. Sin pudores y sin humos innecesarios. El trabajo es digno siempre que haya y no hay que tenerle miedo a esa búsqueda. Si estamos en ella, lo mejor que puede pasar, es que llegue. Y quién busca tiene más chances de acertar en algún momento que quien no revisa ni un solo aviso.  Pero eso sí: tener presente que si podemos esperar hasta encontrar un buen trabajo, porque contamos con un soporte económico, vale la pena tomarnos el tiempo de pensar cada instancia de aquel proceso. Porque encontrar un trabajo estable es normal también que lleve su tiempo en la gran mayoría de los casos. 

Y un plus: quien busca empleo atraviesa por momentos de enorme incertidumbre y miedo. Si lo necesita, abracenlo a mil. No soluciona el problema laboral pero si ayuda con el miedo y la incertidumbre de sentir que quedaste "fuera del sistema". Si lo meten dentro de un abrazo seguramente se sienta mejor. A mí me ayudan un montón. 

Por ahora, esto es algo de todo lo que llevo aprendido de este proceso.  Ya vendrá la parte dos con todo lo fecundo que trae la situación. 

domingo, 22 de agosto de 2021

Segundo round

Esta semana empiezo, nuevamente, un cuatrimestre más en la Universidad. En su momento analicé mi inscripción a las materias teniendo en cuenta que algunas ya están empezando a dictarlas presencialmente (aunque a mí no me toca cursar, justito, porque ya las hice) y otras, en cambio, siguen dictándose en modalidad virtual. 

Son las virtuales, justamente, en las cuales estoy apuntada porque por diferentes motivos no asistiré presencial.  La novedad es que después de un año y medio de pandemia las instancias de exámenes - parciales o finales - vuelven a darse de manera presencial y eso hace la diferencia en la actitud con la que se encara una clase, sea virtual o no.   Porque, aunque parezca mentira, para mí está bueno desde el punto de vista en que me aporta un poco más de rigor, me obliga a hacer resúmenes más sistemáticamente, y a organizarme de una forma más real sabiendo que "voy a ir a poner la cara el día del examen". 

Si bien cursé y aprobé materias durante el 2020, nunca me adapté a estudiar de modo virtual. Me resultaba más cómodo por la movilidad o lo económico - si se quiere - pero jamás logré acostumbrarme ni ubicarme en esta dinámica del todo. Me faltaba el espacio, la gente, los profesores, las explicaciones con posibilidad real de intervención... no sé... tantas cosas que hacen a la verdadera experiencia en una universidad...   Así que, siendo franca,  quizá teniendo ciertas modificaciones y cierta experiencia en la modalidad virtual, resulte un mejor cuatrimestre que el anterior no sólo en lo académico, sino, también en lo interpersonal. 

Al primer cuatri de 2021 lo había iniciado llena de entusiasmo y de expectativas. Sin ir más lejos, me pasé todo febrero y buena parte de marzo haciendo un intensivo de verano sobre contabilidad. ¡Hablame de estar motivada! Me conectaba todos los días, después de trabajar, hasta las 22.30 pm y aprendía cositas en diversas clases sobre cálculos, contabilidad, y esos temas.  

Pero, lamentablemente, una vez que terminé ese intensivo de verano y empecé la primera semana de clases, todavía muy motivada, me enteré que perdía mi trabajo.  La motivación huyó sin pensarlo ni dos minutos ante esa noticia porque fue una piña.  Y sí, debo admitir que todo se fue complicando con el correr de los meses porque el estrés logró que rindiera mal parciales, no pudiera concentrarme para leer o tuviera bloqueos para interpretar textos, cosa que es muy extraña en mí porque estoy re acostumbrada a estudiar y siempre, por costumbre o placer, estoy leyendo algo, aunque sea chiquito, para ejercitar la mente. 

No obstante eso, y pese a la decepción, terminé el primer cuatrimestre, eligiendo ser persona más que estudiante.  Y acepté que, evidentemente, mi entusiasmo y mi atención se fueron a otras áreas de mi vida más urgentes que la facultad, pese a mi amor por el conocimiento.  

 Hoy en día, ya con un abril que me parece lejano, aunque siga el tema dando vueltas, una parte de mí ha hecho su proceso y puedo volver a mirar lo académico habiendo digerido aquélla noticia que me desorbitó hace meses atrás. 

Creo que quizá ese punto va a poder hacer una diferencia positiva. Bah, no, estoy muy escéptica últimamente, así que digamos más bien: "deseo que este punto haga una diferencia positiva".  

martes, 17 de agosto de 2021

Sobre el miedo

 - ¿Qué onda, china? - me dijo mi papá cuando llegó de trabajar hace unos días.

- Bien, acá ando. ¿Todo bien?

- Si. Estuve colocando una ventana, de Susi. 

- Ah, bueno, bien... 

- ¿Vos? 

-  Acá. Hoy hablé con *** y me dijo que mi trabajo era caro. Así que le puse los puntos, los acentos, las comas... - le dije, con sorna.

- ¿Caro? ¿Así te dijo? - puso mala cara - ¿Le volaste la gorra? - me preguntó. 

- No. Te juro que ni ahí - le dije . Le conté todo lo que tenía que hacer y la cifra. 

Mi papá se indignó. 

- ¿Y te dijo que era caro por todo eso? Está loca, Veinte. ¡Pero eso no lo hace cualquiera, eso se paga, escúchame! 

- Si. Quería que se lo baje. Pero no. 

- Nah, hija. Está bien. Tenés que hacer valer tus capacidades.  Le estás pasando un precio incluso bajo. Eso no baja de los $2000.

- Si. Lo sé. Pero bueno, mi intención era no matarla. Al contrario. Jamás la maté. Le cobre re poco y me dice esto... Me cayó mal. Me está tomando el pelo... ¿Me vas a decir que no sabe lo que conlleva? 

- Pero no la estás matando... Hiciste bien en mantener tu posición. Estamos todos locos... ¡¿Cuánto quería pagarte?! ¿$500? 

- Si. Es la marginalidad total, papá. Ni yo lo puedo creer. Me indigna porque se cómo trabajo y te juro que se que no le estoy cobrando demás ni un solo peso. Eso lleva días y días... - le dije- No quiero vivir de rodillas... -suspiré- Te juro que me cansé de no hacer valer mi trabajo, mi tiempo, lo que estudié... A veces tengo miedo, si, pero... Ya me cansé. Que pase lo que tenga que pasar, pero a mí el miedo no me va a mandar. Que se vayan a cagar todos si no les gusta.  

- Pero... Oime, hija... ¿Miedo de qué? ¿Vos, miedo?

- Y si.  Tengo miedo, a veces. El desempleo asusta. Bah, nunca lo había vivido. Y hay cosas que te dan miedo de esa situación ¿viste? 

- No. Miedo, a nada ni a nadie. Miedo, jamás. ¿Sabes lo que logra el miedo en una situación así? Que vivas arrodillada. Justo lo que vos no querés. Que no salgas de ese lugar... y que renuncies por miedo a lo que querés hacer. Y vos, hija, con todo lo que sabes, con la presencia que tenés y lo inteligente que sos no podés dejarte ganar por el miedo. Tenés el éxito a la vuelta de la esquina y la vida te lo va a demostrar, porque todo el mundo lo ve en vos. El miedo es algo que sentimos toda la vida. Yo tengo muchos años más que vos y siento miedo. Pero hay que hacerle frente siempre. Aunque no sepamos que va a pasar.  Y vos sos tan pero tan lúcida que a veces te enrollas... No pienses tanto. No tengas miedo. Punto. Sin miedo. A cara de perro. Cómo sabes hacerlo siempre. Bien plantada como te plantas vos. Nada de miedo, vos... 

Suspiré.

Esa charla siguió un rato más. 

A la noche, cuando yo me había distanciado del tema, mi papá me envió un vídeo.  Hablaba del miedo. De cómo enfrentarse al miedo. 

A ese vídeo lo acompañaba el mensaje: "no tengas miedo, hija".  "Los vamos a atravesar, papá", le contesté. 

Gracias a mis papás, aprendí y sigo aprendiendo lo mágica y compleja que es la vida cuando somos capaces de vivirla con valor.  Y si. Pese a todo, es una vida mucho mejor. 

Me considero una persona valiente. Incluso, cuando tengo miedo. Porque aunque sea muy fuerte ese miedo, se que algo más tengo que hacer con el. Y si. De eso se trata.  Hacerle frente a todo ritmo. Pase lo que pase. 

domingo, 15 de agosto de 2021

Barreras

A veces no sabría cómo decirle a alguien lo que significa enojarme conmigo misma por haber hablado demasiado en una conversación.  Es pensar: ¿por qué le contaste todo eso? Eso es privado y tuyo, nadie lo sabía y dijimos que era lo mejor. 

Y sin embargo, no soy perfecta.  Abro la boca más de la cuenta y lo que obtengo como consecuencia es incomodidad conmigo misma, enojo e indiferencia hacia la persona con la cual hablé.   Es como que no me hallo en una dinámica dónde pueda confiar cosas tan íntimas. Es una lucha constante por no salir corriendo cuando eso sucede. Porque cuando eso pasa, mi reacción es irme de la vida de la persona.  

Sé que me tendría que sentir a gusto... Pero no. Al contrario. No me gusta que la gente sepa cosas realmente profundas acerca de mi. Y me tranquiliza siempre saber que cuando ellos creen saberlo todo, en realidad, saben lo que necesito que sepan para sentirme bien. 

Cuando estábamos juntos con Galeno está era una de las partes más difíciles. Yo me derretía con su manera de escuchar y comprenderme pero al mismo tiempo, al comienzo, odiaba eso de él y rechazaba sus acercamientos.  Le preguntaba por qué no se iba de mi vida. Por qué tenía tanta necesidad de saber cómo era mi vida, si mujeres en el mundo había miles. Y Galeno, a todo esto, armado de paciencia y persistencia me fue ayudando a bajar las armaduras. 

Fue un proceso difícil. Para mí, muy doloroso. Un costado de la relación que me sanó enormemente pero también un camino que recorrí a nivel personal y fue francamente un infierno. 

Todo duro hasta que un día me ví contándole cosas que jamás había hablado con nadie. Y era tan difícil para mí hacerlo que, por lo general, mientras lo hacía, algunas veces, me tomaba largos días de silencio y había momentos donde me costaba tanto esfuerzo sentirme vulnerable que se me caían las lágrimas. 

- Es importante que puedas hablar conmigo. Te guardas todo, Veinte - me decía Galeno. 

Y tenía razón.  Yo hice un gran esfuerzo para contarle mis cosas pero realmente jamás le conté todo al cien. No por el. Si no, por mi. Por mi negativa a hacerlo. 

Hace pocos días me ocurrió lo mismo. Estaba conversando con alguien y de pronto se me fue la lengua. Terminé hablando de temas MUY privados.  Y me dije: ¿qué hiciste, Veinte? ¡Noooooo! 

Si, la respuesta es cantada.  Desaparecí. Me siento incómoda y no tengo intenciones de volver a comunicarme. Pero... Siendo franca, me hubiera gustado que no me pasara lo mismo de siempre.  Porque si, yo le agradezco a la otra persona el escucharme pero después ya no quiero acercarme a ella. Y por lo general, lo curioso es que las personas se quieren acercar más a mi cuando me conocen mejor que cuando conocen solo mi lado apto para todo público.  Es como si se sintieran atraídas mil veces más que cuando soy políticamente correcta y medida. Y si, lo entiendo. Pero para mí es un precio demasiado alto a pagar.  No soporto exponerme bajo ningún punto de vista. Y no soporto la intimidad desde este lugar. Porque para mí , es el verdadero lugar de vulnerabilidad. 

A la persona con la que hable el sábado, me hubiera gustado decirle algo como: "perdón, me hiciste sentir bien pero todo esto es demasiado incómodo, así que me voy a tomar unos días lejos para acomodarme de nuevo los límites personales". 




viernes, 13 de agosto de 2021

El poder de las fotos

 Estoy haciendo limpieza en la galería de mi celular. Al día de hoy sigo encontrando imágenes de gastos para computar que me enviaban los técnicos de campo, a mi teléfono personal, el los tiempos de mi antiguo empleo en la Administración.  Las borro porque no me acordaba de esos datos y en el presente no tienen ninguna utilidad. 

Entremedio de esos sentimientos encontrados, hallo otra foto. Sonrío y me río de forma inevitable. Después sobreviene otra ola de sentimientos encontrados en otros sentidos. 

Es una imagen que me había enviado Galeno cuando todavía estábamos juntos.  Formaba parte de una broma porque él me hacía chistes cariñosos con mi parte trasera. Se había encontrado con eso por ahí y dijo, le había recordado a mi.  La imagen era un cartel que decía: "te amo culona, no quiero perderte".  Te amo culona, no quiero perderte, me repito y me sonrío.  Pienso en borrarla. Me río cuando la releo. Me acuerdo de Galeno y sus cantos hacía mi trasero, me acuerdo de sus bromas cariñosas, de su mirada siempre elogiosa.  Y me doy cuenta que, porque me sigue remontando a cosas lindas, está imagen, la puedo dejar. 

Perdí muchas cosas desde que empezó esto año hasta ahora. Una relación, mi trabajo... Pero también entiendo al ver diferentes fotos que todo pasa. Pasan los trabajos, las relaciones, los lugares. Y también creo que la vida da revancha y la posibilidad de volver a empezar siempre. 

 Me pregunto si la próxima vez la vida me pondrá en mi mano la posibilidad de sacarle o no fotos a todo lo bueno que me suceda. Y creo que sí. Que las voy a sacar para volver a demostrarme que la vida sigue y mejora, siempre, aunque a veces los tiempos raros parezcan de 53 horas. 

Nada es eterno. Ni siquiera lo malo. 


miércoles, 11 de agosto de 2021

Hasta el cielo y las estrellas...

La otra vez mi sobrinito estaba en modo vándalo y, entre tantas, se me tiraba encima, me pegaba, me pedía que juguemos a todo vapor, y una lista de etcéteras larga.  Estábamos acostados en el sillón. 

- ¡No le pegues a tu tía, ***! - lo regañó mi hermana - ¡Pedile perdón! - añadió, cuando el chiquito me pegó - imitando a los superhéroes - un soplamoco descomunal. 

- ´don tía - musitó. 

- Te perdono mi amor, ya pasó - le dije - Pero no tenés que pegar, ¿está bien? A la tía la vas a dejar abollada, papi , media pila... - le dije, entre risas, porque me cuesta mil esfuerzos decirle algo reprobatorio. 

Él me miró y a los cinco minutos me pidió jugar de nuevo. A todo esto, mi hermana vino a sentarse con nosotros y observó el comportamiento de su pequeño niño. 

- Tía - me dijo mi hermana - decile algo con menos dulzura - me burló. 

- No puedo, te juro - le dije, riéndome. 

- Te mató - observó. 

- Ay, sí, me hizo mierda - le confesé. 

- **** - le dijo mi hermana a su hijo - ¡veni! 

Mi sobrino volvió al sillón y se sentó con nosotras. Especialmente arriba de su madre. Mi hermana le dijo: 

- No se le pega a la tía ¿eh? A nadie se le pega. Si no, la tía se va a ir a su casa.  Le dejaste la cara colorada . Eso no se hace. 

- No, tía - me dijo él. 

Yo me aguanté la risa y seguí callada. 

- Bueno, entonces, no le pegues a la tía.  ¿La amás a la tía Veinte? - le preguntó. 

- Sí - dijo mi sobrino, como si realmente supiera lo que se le preguntaba. 

Nos miramos entre risas con mi hermana mayor. 

- ¿ Seguroooo? - le dije, burlándolo, para restarle drama a la situación. 

-  (...) celo y estreshas - dijo y se me tiró encima. 

Me lo quedé mirando con cara de circunstancia. Mi hermana se empezó a reír. 

- ¿Qué dijo? ¡No entendí nada! - advertí. 

Mi hermana enternecida me explicó: 

- Dijo hasta el cielo y las estrellas - tradujo - así le digo yo todas las noches. Que lo amo hasta el cielo y las estrellas. 

En cuanto me explicó ese detalle, morí de amor. Vuelta a empezar, lo aferré contra mí, y en chiste le dije: 

- ¡Yo también te amo hasta el cielo y las estrellas, mi amor! ¡Pero guardá los bifes! 


lunes, 9 de agosto de 2021

¡Gatito!

 El sábado viajamos a Tigre con gran parte de mi familia. Fuimos a pasear a cierta distancia de casa por primera vez desde que, allá lejos, comenzó la pandemia. El objetivo, además de pasar un buen momento, consistía en que mi sobrino - de dos años y medio - conociera ese municipio y paseara. 

Por esa razón, entre su mamá y yo, a la ida, le preguntábamos: 

- ¿Dónde vamos, gordo? - le decía mi hermana. 

- A pasear - contestaba mi sobrino.  Él es un nene que sale mucho, muy sociable, que se hace amigos con suma facilidad. Así que, cuando le dicen que sale a pasear, se alista enseguida, te alcanza la gorra que se quiere poner, y elige un juguete que se quiere llevar al paseo. 

- ¿Vamos a Tigre? - le decía yo. 

- A Tigre - me respondía. 

Hasta ahí, todo bárbaro. Repetía lo que le había comentado su mamá, como método anticipatorio, para explicarle que lo estaba preparando para salir.  Mientras, además, descontábamos kilómetros. 

A la vuelta, luego de un largo día de paseo con todos los cuidados, yo viajaba a su lado mientras él estaba depositado en su sillita. Le hablaba, lo escuchaba cantar (sí, canta, y a mi se me caen las medias), y miraba dibujos. 

- Gatito, *** - me dijo, llamándome por mi sobrenombre. 

- ¿Cómo? - pregunté, porque estaba distraída. 

- Mirá, tía gatito - insistió y me señaló. 

Morí de amor cuando me di cuenta. La señalización del Municipio de Tigre tiene, justamente, ese animal como distintivo en sus carteles dispuestos a lo largo del camino. Y mi sobrino se dió cuenta, con la única diferencia que, para él, el tigre es un gatito. 

- Ése es un tigre, ***, no un gatito... - le dije, muerta de ternura. 

- ¡No! ¡Es gatito, tíaaaaaa!

- Mi amor - le dije y me reí - ¡es un tigre, amigo del gatito, pero se llama tigre! 

- ¡Noooo tía, gatito! 

Suspiré tentada ya y le pregunté: 

- Bueno, está bien... pero ¿a dónde fuimos a pasar hoy? ¿A Tigre, no? ¿O me vas a decir que ahora fuimos a Gatito? - le dije, en broma, mientras le hacía mimitos. 

- ¡A pasear a gatito! - exclamó, entre risas. 

Me sorprenden tanto pero tanto las salidas que tiene. 

Ahora, básicamente, ya sé: para mi sobri, es el Municipio de Gatito. 

jueves, 5 de agosto de 2021

Una lucha en retrospectiva

 Hace meses que vengo en esta de intentar poner lo mejor de mí. Pero, creo que parte de este mismo camino, es  también tomarse cinco minutos y darse el espacio para animarnos a reconocer cómo nos sentimos.   Y yo, luego de tantos meses de sentir que mi vida se volvió patas arriba, estoy empezando a sentir los impactos de estos cambios.  

Pocos días atrás cumplí mi primer mes sin empleo. Desde finales de marzo, sin embargo, estoy cargando con esta situación laboral, recién ahora, me estoy "acostumbrando" a esto que me está ofreciendo la vida hoy por hoy. Todo empezó cuando supe de la noticia. Luego, cuando efectivamente comenzó ese proceso para todos los sectores de la empresa de retiros, arreglos y reclamos. Más adelante, cuando se fue volviendo efectivo el desmantelamiento de todas las oficinas menos de la Administración, donde trabajamos hasta lo último. Y luego cuando después de ver pasar a todos los empleados, me llegó el turno a mí, junto a mis compañeras y a la Contadora, nuestra jefa, y la mejor que he tenido hasta ahora; ahí puede sentir que finalmente este proceso empezaba a terminarse

Todo fue muy largo y complejo. Creo que si miro para atrás no sé cómo me sostuve todos estos meses a nivel mental.  Me refiero al hecho de que, si bien conté con apoyo e hice uso de todas mis mejores estrategias a nivel superación personal, fue una lucha incesante día tras días desde abril al día de hoy.  Si el común denominador fue el trabajo, a veces se le sumaron a eso temas con mi familia, o incluso, los temas de índole afectiva. Procesos como las actitudes de Javier, sin ir más lejos, que también me obligaron a darle cara a una situación inesperada y poner límites allí donde pensé que no iba a tener que hacerlo jamás. 

 Repasando, mientras ese proceso de desvinculación con mi antiguo empleo se dió entre abril y junio (conmigo en los mejores términos pero siendo alrededor todo un lío), yo empecé una búsqueda laboral feroz, pero también, seguí siendo una persona de veintiséis años. Mientras continuaba trabajando, tuve varias entrevistas para distintos puestos que, por lo general, eran en negro o en modalidad eventual, lo cual me obligaba a resignar el puesto en blanco que, hasta ese momento, yo tenía y donde las condiciones eran mucho mejores; así que no los tomé.  Al mismo tiempo, sí tomé un trabajo informal pero en modalidad freelance como Licenciada en Letras que llegó de forma inesperada, casi de casualidad, y que sobrevivió a todo ese quilombo laboral en la Empresa a costa de trabajar mucho y en los horarios más disparatados, muchas veces, con la premisa de saber que iba a estar doce horas frente a la computadora.  Es que, por entonces, necesitaba conservar lo que tenía en blanco e ir haciéndome una tabla de supervivencia con otras fuentes de ingresos que no solo vinieran de mi trabajo en relación de dependencia siendo que no iba a contar consigo llegado el momento de acabar esa etapa. 

Y sí, es como si recién ahora, un mes después de haber terminado este proceso en la empresa y habiendo ido a otras entrevistas, yo estuviera pudiendo tener un poco más de espacio para pensar o capitalizar, más allá de luchar y luchar y luchar. Luego de mi primer mes libre, pude poner un montón de cuestiones en orden.  

Al día de hoy cerré el tema laboral; me vacuné; hice un curso con certificación del Colegio de Graduados de mi Universidad y me anoté en clases o conferencias pagadas sobre temas de interés para complementar aquéllos temas que, por causas de la quiebra de la empresa, yo no pude aprender dentro y me tocó aprender por fuera. Seguí trabajando en modalidad freelance y, obviamente, continúo buscando un trabajo fijo para poder pagarme los estudios, que hoy en día, es mi proyecto más importante, y además, para volver a poner en funcionamiento la ayuda a mis padres.  

En este mes no tuve demasiado tiempo para aburrirme y eso es una de las cuestiones que agradezco asociadas a este proceso, por momentos, duro. Una semana que pensaba que iba a ser super tranquila, de pronto, me encontraba más ocupada que nunca. Y es algo bueno, porque sé muy bien que cuando yo me mantengo productiva me siento muchísimo mejor y enfoco muchísimo mejor la actitud hacia mis desafíos. 

II

 Quizá, lo que ahora me toque aprender en esta etapa es que, si aparece este cansancio de estar luchando hace meses con mil frentes, hay que dejarlo circular. Sí. Ver qué propuesta trae. 

Será cuestión de ofrecerle algo para tomar a este desánimo y preguntarle, cordialmente, si piensa quedarse a pasar la noche, o bien, piensa irse antes; si la parece pasar el sábado por separado o bien si se queda hasta el domingo. Ya veremos qué me dice. 

Yo sigo, acá, haciendo lo mejor que puedo. Bien humana, como siempre. Y eso me deja tranquila. Más allá de todo y de todos, incluso, más allá de los resultados. 

Peor sería estar sentada en casa, esperando que las cosas sucedan, sin intentarlo día tras día. Y esto no pasa por las frases hechas sobre la perseverancia, o " el que la sigue la consigue", sino, por saber que siempre doy todo lo que puedo. 

Y cuando damos todo, pase lo que pase, está bien. 


lunes, 2 de agosto de 2021

Sanar

                                                                                                           19 de diciembre de 2020

(...)

- Está bien. Yo me corro. No quiero sobrepasar mis límites personales - le dije- Entiendo que ya no tengas ganas de seguir sosteniendo esto. Así que está bien, es lógico. 

- ¿Cuáles serían esos límites personales? - me preguntó - ¿Qué te pasa a vos? ¿Qué querrías?

- Que no me dijeras esto en este momento, eso me gustaría. Te lo pregunté varias veces y siempre me dijiste que sí, que querías estar conmigo. Por eso sostuve esto desde mi lugar. De todos modos no me voy a quedar mirando cómo esto se cae a pedazos, no quiero este lugar. Ese es mi límite y... no lo voy a negociar. 

- Yo no dije que no te quiero, ni que no te quiero ver, ni que no quiero estar con vos - me dijo Galeno - solo que en este momento no estoy en condiciones de sostener nuestro vínculo. No me siento motivado, pero no con vos, sino con nada. No te merecés esto. No merecés mi silencio, ni ausencia, ni que no pueda poner lo que venía siendo hasta el momento... 

- No - le contesté - y tampoco quiero.  Por eso te entiendo, también, es algo que venía evaluando hablar hace un tiempo... No nos veía en la misma... Y pensaba: ¿para qué seguir si lo que antes era deseo de ambos, a vos te está pesando? 

- No me pesa... pero, no es forma de sostenerlo esta. 

- No - le dije. 

- Está bien si a vos te pesa...  Entiendo que no aceptes lo que puedo dar hoy en día, que no te guste y es hasta normal...- dijo, solamente - Hoy por hoy, no tengo energía para nada. Necesito estar solo, volver a encontrarle sentido a mi recorrido. 

- Está bien - le dije -  Entonces creo que es mejor que nos despidamos acá, no sé qué te parece a vos, pero yo creo que ya no nos encontramos. 

- Sí, entiendo que esto no te alcance. Realmente, lo entiendo. Y si a vos esto también te parece mejor, estoy de acuerdo. 

- Sí, Galeno, es más sano para los dos, creo que va a ser mejor parar ahora. Más se extienda, más doloroso resulta.  Ni vos ni yo queremos sufrir más después de un año tan duro. Mejor que sigamos cada uno por su lado...   

- Yo también entiendo y te entiendo. No creas que no te quiero, Veinte  - me dijo - No te olvides que pase lo que pase te voy a querer toda mi vida. La conexión que nosotros tenemos no se va a romper. 

- Gracias por entenderlo - contesté - Yo también te quiero, Galeno, vos sabés que es así mejor que cualquier otra persona. Nadie me conoce como vos. 

- Para mí siempre fue y será un honor, ***, que me hayas dejado conocerte tanto  - respondió. 

- Espero que encuentres lo que necesitás, o a quien te acompañe mejor.  De corazón. 

- No quiero a nadie, necesito estar solo. Necesito ir para adentro. Eso. 

- Bueno, entonces, que lo que sea que necesites y quieras esté ahí para vos cuando sea el momento.  Eso te deseo, que lo puedas encontrar - concluí. 

- Sé que lo hacés de corazón, no tengo dudas - contestó - Gracias por regalarme tantos momentos hermosos, tu tiempo y nuestras charlas - me dijo. 

A mí se me empezaron a caer las lágrimas. 

- Gracias a vos por haberte animado a vivir esta historia conmigo sin prejuicios- le dije - por haber tenido el valor.  Lo valoré siempre. Espero que lo hayas sentido.  

- Por supuesto que lo sentí.  Vos me regalaste tu tiempo y todo lo que vivimos en ese tiempo fue maravilloso. Fui feliz - me contestó. 

- Yo también fui feliz. Y deseo eso para vos. Felicidad. 

- Siempre que me necesites voy a estar... - me dijo - No me digas estas palabras como si jamás vamos a volver a hablar... Yo estaré para vos. 

- Prefiero que no volvamos a hablar, Galeno - le confesé - para no mezclar. Espero lo entiendas. 

- Ok - me dijo. 

- Obvio que si me necesitás, si en algo te puedo ayudar el día de mañana, cosa que dudo, me podés escribir. Pero prefiero que, si no es por algo así, no lo hagas. 

- No quieras hacer como que esto no pasó, Veinte, porque yo siempre te voy a recordar. Vas a estar en mis recuerdos.  Me quedaré con todo lo vivido.  

- No pensaba hacerlo. Es tomar distancia, nada más. Que seas muy feliz. 

- Que seas siempre feliz. 

- Cuidate mucho, Galeno. Te mando un besito - acoté. 

- Vos también, mi *** - me dijo, usando el apodo cariñoso que creó para mí y me envió corazones.

II

Leí aquél mensaje, lo acepté con calma, silencié sus notificaciones y archivé su chat.  



III


- ¿Te acordás cuando te dije: " ¡ya está (...) a partir de ahora te voy a querer toda mi vida!" ? - me preguntó. 

- Sí, me acuerdo. Ahora entiendo el alcance de tus palabras y comparto esa sensación. 

- Qué bueno - dijo. 

-  Sí; la conexión siempre existirá, sanamos, y nos deseamos lo mejor. 

- Siempre - enfatizó. 

- Sí, siempre - acordé. 

domingo, 1 de agosto de 2021

Amor, amor, amor...

 Hoy volví a ver a mi sobri pollito después de dos semanas.  Todavía estoy juntando los pedacitos de mi corazón porque estalló de amor.  

En una de esas, estaba jugando y vino a buscarme. Se me acercó y me dijo "tiiiaaa Veinte" y me abrazó. El me llega a altura de las piernas así quedé muerta de ternura y extendí las manos para corresponderlo y apretujarlo. 

Si. Le salió sólo. Y claro, yo me quedé unos minutos el shock hasta que caí y se me cayeron las medias. 

Me asombra verlo crecer. Nunca pensé que amara tanto los abrazos de alguien como amo los suyos. Pero es pura felicidad lo que siento por cada cosa que aprende, disfruta o logra. Todo es un gran orgullo para mí y una gran bendición. 

El dato de color fue que le adelante uno de sus regalos del día del niño que le había comprado. Un libro de cuentos de Marvel que por suerte le fascinó (le leen todas las noches antes de dormir) y el otro se lo guardé específicamente para la fecha. 

La cara de felicidad de mi sobri pollito con el paquete de Yenny diciendo "abrí abrí" y "wooow, mamá", cuando descubrió el libro de Marvel, no me la olvido más.  

Los niños son felices con lo simple. El resto, son pavadas.