Sí. Lo voy a decir de nuevo: "lo que estás buscando llegará cuando no lo estés buscando". Esa es una de las enseñanzas más fuertes y persistentes de los últimos meses. Cada cosa que llegó, y cada cosa que se fue, sucedió cuando misteriosamente no la estaba esperando. Buenas y malas, sin distinción. Todas ellas llegaron cuando no las estaba esperando, cuando estaba pendiente de otra cosa más urgente, cuando estaba poniendo la atención en otra cuestión de índole diferente.
Sin ir más lejos, hace poquitos días tuve el ejemplo. Había mandado mi CV a una convocatoria por un puesto administrativo en un centro educativo. No, no pedían docentes, pero pensé que podía ser una manera alternativa de entrar hasta ver si finalmente se me daba la chance en la docencia. En su momento, hace dos meses atrás, no me respondieron el correo por el puesto al cual yo me postulé pero sí me respondieron hace pocos días ofreciéndome trabajo como Licenciada en Letras. ¿Mi cara de feliz cumpleaños? Presente, claro.
Hablé con el director del centro y solicitó unos papeles que yo, a la vez, había solicitado a mi Universidad hace dos meses y los cuales nunca me los enviaron. Le expliqué la situación, toqué todas las puertas que pude, pero no tuve éxito para conseguirlos. Entonces, como es necesario dentro de un marco legal, el Director me dijo que no podía tomarme sin certificado de estudios. Y sí, yo tengo uno, pero anterior a la pandemia, que no refleja los progresos de este año y medio en materia académica, por lo que necesitaba que fuera actualizado. Ahora, reinicié el trámite, con reclamo de por medio obvio, pero bueno... Esa situación en si misma, quedó ahí.
Trunca.
II
Lo que me llevo como mensaje o enseñanza de todo esto, es que las cosas llegan cuando tienen que llegar. Incluso, más allá de las búsquedas que uno esté llevando adelante de modo manifiesto. Ahora mismo mi búsqueda se focaliza en otras cuestiones que no son solamente la docencia. Más que nada, porque yo logré más experiencia en otras tareas, ya que la docencia no me otorgaba la estabilidad económica que necesitaba para poder costearme los estudios hasta el final.
¿Cuánto tiempo le dí lugar al trabajo como Licenciada en Letras? Antes de entrar a la empresa donde trabajé casi tres años, pasé todo 2018 buscando empleo solo de Licenciada en Letras (porque ayudaba a una Gestora y con eso había podido ahorrar algo) y sólo conseguí una suplencia corta que, de todos modos, me permitió tener unos dineritos más guardados en su momento. En su momento sentí que tenía que ponerle muchas más pilas a la facultad y prioricé avanzar hasta el último tramo de la carrera. Estando allí - me dije - yo iba a buscarme un trabajo sí o sí porque me quedaban muchos baches a nivel académico pruducto de la apertura de las materias restantes y oferta horaria disponible. Además, claro, necesitaba tener dinero para absorber todo el resto de mis gastos en general.
Casualmente - o quizá creo que no - el mismo día donde firmé el contrato en la Empresa en la que trabajé hasta hace dos meses (primero, haciendo soporte técnico y luego en la Administración) me llamaron del mismo colegio que había trabajado meses antes para ofrecerme otra suplencia, esta vez, por el plazo de tres meses. Pero, apremiada por el hecho de que necesitaba un sueldo fijo, y porque cumplía con las garantías laborales que me garantizaban poder seguir estudiando, yo elegí trabajar en la Empresa entrando así durante el verano de 2019.
Al principio, la pasé muy mal. Vivía queriéndome ir a dar clases de Literatura, sin entender por qué Dios me dejaba pasar por esas experiencias, sin comprender por qué no tenía aunque sea cuatro horas fijas a la semana, sin entender por qué la vida no me daba la oportunidad de poder hacer lo que me gustaba sin preocuparme tanto por el dinero... De hecho, vivía viendo que mis compañeros de clase y amigos de la facu se dedicaban a la docencia y que yo, increíblemente, no podía obtener algo más adecuado a mis necesidades y no, no sentía malestar o envidia ni por asomo. Sabía que había algo más por lo que Dios o la vida - según en lo que uno crea - me estaban dejando ahí. Entonces, trataba de hacer lo mejor con lo que tenía. Y lo que yo tenía, en ese momento, era algo muy valioso: un trabajo en blanco que me permitía pagarme la Universidad.
¿Cuántas veces pensé que la vida me estaba "traicionando"? Nunca pensé, pese a que no encontraba las respuestas, que la vida me debía algo, o me estaba cagando. Yo sabía, completamente segura de ello, que si estaba en ese lugar y en esa búsqueda tenía todo una razón.
¿Cuántas veces, a lo largo de 2019, yo busqué trabajo de otra cosa? Mandé CV a lo pavote y nada. Una vez más, me pregunté por qué razón, qué motivo había para que estuviera pasando por esa situación. Y recuerdo cómo en el transcurso de todos esos meses, en mis momentos de introspección, pensaba: "¿Qué onda? No te entiendo, no sé para qué la vida me tiene que dejar acá, si no puedo crecer, no puedo ascender en este sector... ¿Qué más hay acá? ¿Por qué esto es así?".
Luego de esos dos o tres meses tan duros, donde yo seguía sin respuestas y ya andaba cansada, la situación en mi trabajo dentro de la Empresa, como por arte de magia, comenzó a mejorar. Primero, me dieron unas tareas dentro del mismo sector que eran diferentes a las de todos mis compañeros; y gracias a eso, sentí una gran diferencia en todos los sentidos y mejoró mucho mi estado de animo y mi sentir ante la situación y la permanencia en el lugar. Mientras, seguí estudiando en la Uni, conocí a Galeno, y toda esa historia se desarrolló en su momento y con sus tópicos.
III
En enero 2020, increíblemente, cuando ya me había acomodado a las nuevas tareas, informaron que iba a haber una reestructuración en la empresa por lo cual se convocaba a que aquéllos analistas que quisieran eligieran puestos en los que les gustara concursar para cambiar de actividad... porque era eso, o bien, buscarse otro trabajo.
Para entonces yo estaba en una encrucijada. Uno de los Jefes de *** (otro sector de la empresa) me dijo que evaluaban ofrecerme otro sector con cambio de turno, por lo que yo aceptaba ese horario que no me convenía para seguir con la facultad o me iba. Al enterarme de esa noticia, mi estrés se disparó. Me puse a buscar trabajo de nuevo, otra vez, pidiendo a la vida que todo estuviera bien.
Cuando rellené aquél formulario, todavía lo recuerdo, estaba al lado de una compañera que siempre era muy efusiva. Hablaba con otro chico y le decía que ella quería concursar para pasar a trabajar en la Administración y el chico le respondía lo mismo, que deseaba estar en ese puesto porque era el mejor lugar de toda la empresa. Y ahí, se me prendió la lámpara. O quizá, pasó lo que tenía que pasar desde el principio.
Pensé que la Administración podía ser una opción más donde se me ofreciera un horario similar al que tenía, es decir, que me servía para seguir llegando bien a mis clases en la Universidad. Yo no tenía pretensiones con las tareas, me daba lo mismo todo, siempre y cuando pudiera estudiar. Entonces, sin ánimo de nada, añadí que me interesaba ocupar un lugar no sólo en el lugar de recepción, área técnica o afines, sino, también, dentro de la Administración.
Durante esos días, lo recuerdo, me sentía como en algodones. No sabía qué iba a pasar pero yo ya me había jugado todas mis cartas. Sólo sabía una cosa: necesitaba trabajar para poder estudiar. La semana donde cambiaron a mis compañeros de lugar fue eterna. Yo veía que a todos los llamaban desde RRHH y que a mí no me llamaban más, todos comentaban lo que les ofrecían y yo pensaba en qué iba a quedar mi pellejo porque nadie me decía nada. Es que, al tener muy poca antigüedad para entonces pensaba que también me podían echar y quizá por eso no me daban detalles del cambio de puesto. Teniendo en cuenta que había sido parte de la última camada de empleados que habían ingresado a trabajar a ese lugar, todos los demás, tenían años de antigüedad y contra eso sentía que no tenía posibilidad.
Hasta que un día me volví a cruzar por los pasillos con el Jefe de ***, quien me había dicho lo que anteriormente estaban evaluando para mí y obvio, me vió caminando con semblante algo desconcertado. Me preguntó si ya había recibido noticias. Le dije que no, y que ese puesto que él me había comentado que iba a ser para mí, se lo habían dado a otro de mis compañeros, y que estaba preocupada - ahora más aún- porque no sabía qué iba a pasar conmigo. Él me sonrió, me abrazó y me dijo: "quédate muy tranquila, todo va a estar bien, sé de muy buena fuente que estás bien considerada aquí".
IV
Llegó finalmente el día. Un viernes por la mañana donde yo estaba trabajando en mis tareas especiales. Acababa de contar un llamado por un asesoramiento técnico cuando, mi supervisora de entonces recibió un llamado de RRHH y a continuación me dijo:
- Veinte, vení un minutito por favor - y me hizo señas de que me acercara.
Sabiendo lo que pasaba, tomé aire y sin pensar en nada especial me acerqué.
- Te llaman ***, de RRHH, para que bajes a charlar sobre los traslados - me especificó.
Y puso cara.
Ahí, perdí un poco la calma, entonces, por primera vez, le hice un comentario alusivo a mi mayor temor:
- Me parece que hoy nos decimos adiós - musité y se rió.
- Vos andá - me dijo.
Y sin esperar más, fui.
Cuando subí las escaleras luego de la charla con el director de RRHH, no podía creer que me pasara lo que me estaba pasando. No caía. Así que me escabullí en el tocador y me tomé un momento. Necesitaba pensar.
Mandé, dentro del baño, dos mensajes: uno para mi mamá y otro para Galeno, quien estaba al tanto de toda esta locura laboral.
En cuanto volví a mi puesto, mis antiguos compañeros, los mismos que habían conversado a mi lado y que con su charla me habían dado la buena idea de añadir esa opción, me vieron. Seria como estaba, sin decir nada, empecé a juntar mis pertenencias.
- ¿Y, Veinte? ¿Dónde te transfieren a vos? ¿No te vas, no?
En voz muy baja, sin poder creer, les dije:
- No, no me echaron por suerte. Me pasan a Administración a partir de ahora.
- ¿A la Administracióooon, en serio? ¿Con ***?
- Sí, sí - afirmé.
- ¿Y cuándo? - me preguntó uno de los chicos.
- Ahora mismo - le dije - por eso estoy juntando las cosas...
- Qué bueno, boluda - exclamó - el mejor puesto...
Leí el asombro en sus rostros y un dejo de desconcierto, como también, de celos. Era como si dijeran: "¿Ella, ahí? Pero si yo estaba antes". Y sí, mucha gente estaba antes que yo, siendo totalmente sincera, por eso mismo todavía no lo podía creer pero sólo Dios sabe cuánto necesitaba que las cosas fueran así, para poder seguir adelante con mis metas y proyectos.
Y sí, codiciado y todo, finalmente, ese era mi nuevo sector, con un horario conveniente para los estudios, y compañeras de lujo. Un puesto que al ocuparlo, claro, me hizo acreedora de la indiferencia de muchos de mis ex compañeros, pero que también, me hizo posible conocer mucha gente, tratar con otras esferas jerárquicas donde aprendí muchísimo e incorporar conocimientos de cero en la rama contable; cosa que no muy a menudo sucede.
V
En la Administración, con las chicas, - como les decía a mis compañeras, cuando ellas me decían cariñosamente "La chiquita" al ser la más joven de todas - estuve hasta hace dos meses, donde la empresa cerró y volví a este juego de dados que es la vida y sus búsquedas. Fue una etapa de laburo hermosa, donde aprendí mucho y donde agradecí cada día poder estar.
¿Por qué pensar en todo esto, no? Hoy son similares las preguntas que me transitan por dentro. Pienso qué tengo que aprender, para qué estoy pasando por toda esta situación, y desconozco lo que me tocará. A veces, esto, es muy complejo, porque sigo necesitando trabajar para terminar de estudiar... y la incertidumbre cansa, pero además, angustia de una forma muy punzante, a veces.
Pero.... pero, pero... ¿para qué mentir? Muy en el fondo, pese a toda la incertidumbre y el desconcierto en el que vivo hace meses (y especialmente pese a que no sé por qué la vida me tiene en este tránsito) confío en que todo está pasando como debe pasar. Sí, aunque pasen cosas como las que ocurrieron hace unos días con esa oferta de trabajo, otra vez, como Licenciada en Letras.
Confío en que todo esto, por más tirado de los pelos que parezca, tiene un sentido. Comprendo que si no se dió nada de lo que intenté hasta ahora, es porque algo más conveniente estará ahí, esperando, en algún lugar de esta bola a la cual llamamos mundo. Confío en que como todo se fue ordenando de alguna manera que no esperé, durante todo este caos que fue mi vida desde abril hasta ahora, también se seguirá ordenando en lo laboral. Lo único que le pido a la vida es poder trabajar de una manera en que me permita tener las posibilidades de terminar de estudiar.
Sí, suena raro, pero sé que lo que estoy buscando llegará cuando ya no lo esté buscando y haya soltado las preocupaciones. Cuando haya aprendido a entregar y a entregarme sin que eso suponga rendirme. Cuando haya aprendido a dejar que la vida me lleve a donde tenga que ir cuando sea el momento adecuado.
Y ¡cómo cuesta!
Uf, paradójico todo esto de vivir...