Todo empezó un par de entradas atrás. La situación de "intermediaria" en cuanto a su familia y mi familia por asuntos laborales, era sostenible para mí. Pero no así que parte de su familia se quisiera acercar siquiera un poco más a la mía. Difícil de sostener mi cara de "todo está bien" cuando este contacto, desde un punto de vista que no elijo, me resulta complejo de llevar y ni qué decir de digerir. La situación de intermediara era tolerable, pero todo detonó con esta especie de invitación de parte de la primera persona que puso obstáculos para mal, cuando Él y yo estábamos juntos, en el afán de llenarle la cabeza con lo inmoral de la situación mientras que a mi, en cuanto tuvo la oportunidad, también se encargó de hacerme sentir como una atrevida, interesada y nena de mamá; humillándome sin testigos, denostando mi escritura, imponiéndose desde una autoridad que no tiene, y tratándome de estúpida, si a su familia respectaba. Todavía recuerdo lo difícil que resultaba estar en el medio porque sabía lo que significaba la situación, porque yo estaba viviendo lo mismo pero al revés; mis hermanas tampoco lo querían y también lo veían como un degenerado. Todavía recuerdo, asimismo, la culpa con la que me sentía por intuir que, casi indudablemente, la definición estaba dispuesta para un costado donde no se me elegiría, porque le estaba pidiendo mucho a una persona que se había escapado toda su vida de las cosas fuertes que ésta depara.
Recordando todo esto, no pude soportar la novedad con el estoicismo habitual. Mi inquietud había empezado a gestarse específicamente hace mucho pero con un incremento fuerte, durante el sábado por la tarde. Aunque no me tenía afectada del todo, era un gorgoteo permanente en mi memoria, algo que percibía a punto de explotar.
- Me dijo que nos esperaba... - empezó a contarme mi papá.
- ¿A quiénes?
- A nosotros dos y a vos también - dijo - Le pareció raro que no nos hayas dicho nada.
- Me pareció que no aplicaba - respondí, con frialdad.
- ¿Por qué?
- Porque no tienen nada que ver con un grupo de pertenencia donde estoy yo y donde establezco mis relaciones - volví a arremeter, en un tono de voz tranquilo y pausado. Cuando quiero, a través de las palabras, pauto mucha distancia.
- Pero es un cliente mío... - rebatió - No me voy a meter, quedate tranquila, sólo me está invitado.
- No es un cliente tuyo, es alguien más, no tenés ningún compromiso ajeno al trabajo con él- me desestabilizó la denominación.
- ¿Cuál es el problema, Veinteava?
- No quiero que se mezclen las cosas - le dije, con franqueza.
- ¿Por qué no lo querés, por qué no te lo bancás?
- No me cierra y no quiero que ustedes estén cerca de ellos - le dije, a medias.
- ¿Te hizo algo? - preguntó.
- No, pero igual, no quiero que estén ahí, entremezclados, no me parece.
- ¿Es por el pelotudo?
- No es Él, es la situación... Me resulta incómoda, independiente del tipo éste - le expliqué.
(...)
- No sé cómo han terminado las cosas entre ustedes, pero confieso que nunca me gustó. Sé que ese tipo me tiene miedo, pero vos no tengas miedo, no lo voy a ir a insultar, te prometo - esperó - ¿Te hizo algo?
- No, no me hizo nada más, no es por eso.
- ¿Hace cuanto que no hablás con él?
- Mucho tiempo, más de un año - le mentí - El no me hizo más nada, pero no me lo banco y no quiero ni que estén cerca.
- Vos sabés que yo le tengo asco, que no tendría ningún problema en cagarlo a trompadas si te hizo algo - dijo.
- No es sólo porque no me hablo, también es incómodo para mí, en general. No quiero que vayas...
- Veinteava, ese tipo es gay. Algo esconde, y puedo decirte de buena fuente que... - invadió el espacio de mis recuerdos válidos, totalmente válidos, para rebatir su hipótesis.
- No me interesa, de verdad, que con su cuerpo haga lo que le plazca - le expliqué - lo único que me importa es que no mezclen las cosas.
- No sé lo que tanto ha pasado entre ustedes, no sé cómo terminó todo, pero... yo no entiendo qué le viste. Un tipo como ése, qué pudo tener para que una mina como vos le de pelota, si es un tipo despreciable, la verdad...
- ¿Qué le ví? Ay, dale, dejame de joder... - me exasperé - Yo lo único que te digo es que no me parece que vayas, que no quiero que vayas, no me interesa si te invitó bien.
- No sé yo el prontuario de los novios de tus hermanas, pero de Él si sabía - me dijo y yo lo miré, sin inmutarme, casi que me le reí. La palabra novio entre Él y yo era demasiado pedirle para tanta cobardía.
- A diferencia, ***, no me parece malo, es distinto a los demás. Él es el que no me cerró nunca, con el que no podía creer que vos... - esgrimió, como con asco.
- Yo los conozco, papá, sé como son. Son familia como nosotros, se cuentan todo como estamos haciendo ahora, no quiero seguir discutiendo por esto - evadí la última parte de la oración.
- Yo sí me lo encuentro al otro pelotudo, ya te digo, no lo saludo.
- No quiero ni que te lo encuentres... Tuve problemas con Él, me siento incómoda si ustedes están cerca, sé que vos no lo querés, es ir a meter el dedo en la herida y con qué necesidad hay que hacer eso... - le pregunté.
- No me lo voy a encontrar, Veinteava - me dice.
<<Estuviste al filo el sábado y ni te enteraste, porque "el pelotudo" sigue teniendo algo de decencia>> pensé. Hace un par de días estuvieron a punto de cruzarse; Él salió corriendo de la casa de este cercano, después de haberlo alcanzado hasta allá, para no hacerlo.
- Yo no pensé que te iba a molestar, porque tuviste una buena actitud con lo del trabajo, te encargaste de todo, me re ayudaste.
- Papá, el trabajo es el trabajo y lo otro es lo otro - suspiré - ¿Qué pensás, que no lo sé? Sí, sé separar, sé, pero hay cosas ante las que no puedo ser solo pensante. Por un lado entiendo que tengo que soportar esta situación pensando que mi capricho no me da de comer ni me carga la tarjeta para viajar a la facultad - esgrimí - ¿Te pensás que no lo sé? Ya bastante buena cara puse con que te haya buscado, pero no me pidas que me banque esto también. No aplica, no me place verlos juntos, es así - proseguí.
- Pero... Bueno, hija, pero... - mi papá estaba sorprendido por mis palabras como adoptando una actitud solapada para guardar sus fichas de momento.
- No quiero que hablemos más de Él - le advertí - No me interesa remover nada, no me interesa si es gay si no lo es, porque ya está, yo te estoy hablando de otra cosa - lo increpé.
- No te lo digo para engañarte, a mí me lo contaron, es más sé con el tipo que vivía - empezó a decirme, sin terminar.
- ¿Y? - lo miré, cuando sumé dos más dos.
Sé quién se lo contó y por qué. Ahí hay bronca previa, entre el vecino que hace correr los rumores y Él, que no se lo banca por estos motivos. Dicho señor tuvo la misma conducta intempestiva conmigo, una vez que estábamos saliendo de su casa, los dos arriba de su auto, cuando le dijo que por fin había una mujer como la gente en ese coche, que hasta pensaba que era homosexual. <<¿Cómo vas a decir eso ***? Dejá de joder, hermano >> le dijo, con esa hipocresía que lo caracteriza. <<Está bien, ella mirá lo que es, eh, boludo, boludo... >> advirtió, mientras Él aceleró y lo despidió, después de largar unas puteadas. <<No le hagas caso, ese tipo está loco, perdoná lo que te dijo >> me avisó.
El recuerdo me golpeó con su fuerza, porque el tipo con el que vivía no era tal, porque yo sé las razones suyas por la que todo era como era, y porque al mismo tiempo estaba conmigo. Y no puedo dar más detalles de esa época, ni tampoco puedo separar los tantos cuando recuerdo que entre su supuesto inquilino, y yo misma, o en realidad nosotros dos, había sólo una pared de distancia y de un lado y otro de esa pared habia realidades muy diferentes.
- Es puto - acababa de decirme - y vas a ver que tengo razón - insistía mi papá. Yo me quedé quieta, mientras advertí los gestos que mi mamá hacía, por detrás de mi.
<<Una mancha más al tigre >> me dije, mientras eso no me parecía ni cierto, pero tampoco en caso de serlo, me iba a resultar una sorpresa.
- Dejá de hacer gestos, mamá, que ya es la segunda vez que te los veo y los conozco a ustedes tanto como ustedes me conocen a mí - dije - No me interesa si es gay. No me interesa lo que hace, ni con quien se acuesta; sólo no quiero que ustedes estén cerca.
- ¿Y vos también te vas a ir de ahí, dejándole el camino libre?
- No, pero lo mío es diferente. A mí me sirve lo que estoy haciendo y yo no le doy ese gusto de escaparme de las cosas sino que lo hago porque no me puedo escapar, porque hay que convivir con las cosas, por mí.
- Bueno, mejor entonces - se calmó un poco - Porque sería hacerlo sentir demasiado importante cuando en realidad, el boludito este, no era ni la mitad de vivo de lo que sos vos, a tu edad.
- ¿Por qué creés que no me voy, papá? - me enojé - ¿A vos te parece que yo voy a dejar un espacio que me gané gracias al mérito, por una persona como Él? No, no estoy dispuesta a hacerlo, la verdad. Hay cosas que tengo muy en claro y una de ellas es eso; sé donde estoy parada y con la gente que trato, por eso mismo... - lo miré, poco indulgente.
- Me parece muy bien, porque él cuando tenía tu edad seguramente no hacía ni la mitad - volvió a decirme.
- No me interesa, la verdad. Lo único que quiero es salir adelante y no se puede salir adelante si lo ponemos en el tapete. Yo hago lo que puedo, vos ya sabés - concluí. El tono del intercambio fue fluctuando en todo momento, pero terminó en mejores términos de los que pensé, al menos, de momento.
Mi entereza, que nunca sé muy bien de donde sale, me acompañó bastante más de lo que creía. Al respecto de lo que me dijo sobre los chismes (o las supuestas verdades), sólo tengo las cosas que viví de primera mano como referencia a modo de enseñanza.
Quizá su vecino, todos quienes le hacen la fama en el barrio, todos quienes lo quieren y lo detestan, no sabrán la verdad. Incluso yo, que tuve la oportunidad de verlo desmadejado de muchas otras formas que lo que ven de afuera los demás, perdí las esperanzas de saberlo, de saber por qué conmigo sentía pero no podía. Creo que Él morirá con sus secretos, recto en su forma de vivir y de ver un mundo del que no quiero participar ya, al lado suyo.
Si algo me enseñó el habernos conocido es a no evadir lo que me duele, a no contar todo lo que sé, a no meterme dos veces en el mismo infierno; como también a no privarme de volver a intentarlo por mi bien, y especialmente, a no juzgar pese a que esté todo servido para hacerlo sin no se conocen las mecánicas internas. Si algo me enseño el habernos conocido, insisto, es que tengo que seguir luchando en el intento de vivir la vida dignamente, aspirando al bienestar y a la felicidad.
¿Quién tiene la verdad? Ni mi papá, ni yo, ni siquiera su pariente tan directo; sólo Él sabrá lo que prefiere y entre creer lo que me dijo hace tiempo o creer lo que se dice de su vida, ya por segunda vez elijo no hacer ninguna de las dos cosas. Yo quiero creer en mí, y en que alguna vez mis historias tengan un tan final feliz como real. Quiero creer que mi deseo - " que podamos ser felices, que estemos bien..." - se cumplirá alguna vez, porque al caso, yo lo gesté desde lo mejor de mí y sin distinción de géneros.