Más de una vez, durante éstos días que compartimos, miré a Galeno sin poder creerlo. Con la sensación de no poder creer, además, que hubiera vuelto a salir de su provincia después de dos años de pandemia y que hubiera elegido como destino Buenos Aires y que esa elección tuviera que ver conmigo.
¿Cómo se lo explico a alguien? Realmente pensé que nunca más lo iba a volver a ver. Y cuando digo nunca más es, sencillamente, nunca más. En nuestro caso particular quedaban descartados los encuentros casuales por la calle, por el barrio o por la ciudad y supe desde el primer momento que la fuerza de mi certeza tenía una base totalmente lógica. A Galeno, estando separados, cada uno en su provincia, yo no lo iba a volver a ver jamás.
Cuando recién nos separamos, esa idea me alivió lo bastante. Sabía que quedaban con ella descartadas un montón de ocasiones desagradables donde cruzarlo por accidente - por ejemplo - y me imaginé que el olvido iba a tenderse más fácilmente sobre nosotros. Ambas cuestiones se dieron así y con el paso de algunos meses empecé a alejarme de todos los recuerdos con Galeno a una velocidad enorme , ayudada por otras cosas que me fueron tocando transitar.
Si pensaba en él, cuando se daba la ocasión, me centraba sólo en enviarle pensamientos positivos, en desearle cosas buenas, y en pensar: "bueno, ojalá que esté feliz y sano ". Eso no tenía que ver con nada de amor romántico, pero sí, con saber separar la paja del trigo y considerar que, aunque ya no estuviéramos juntos, eso no lo convertía en un mal hombre ni mucho menos en una mala persona. Solamente, era una persona que se había separado de mí y a la que yo no iba a perseguir, pero tampoco, odiar. A mi manera, si bien consideré que cortar todo vínculo era lo más adecuado, tal y como le dije en la charla de la separación, si algún día tenía algún problema y consideraba que podía hacer algo por él, no debía tener dudas al contactarme.
El resto, en líneas generales, pasó sin penas ni glorias. Quizá al principio llegué a pensar que si Galeno miraba mis movimientos en redes sociales o si me daba like en una publicación de mi sobrino eso era una provocación... Pero, con el tiempo, entendí que Galeno no era esa clase de tipo retorcido; que él había formado parte de mi vida mucho tiempo, que conocía aventuras de mi sobrino, anécdotas de mi familia y detalles de todos sus miembros. Por eso, precisamente, porque no se había borrado la memoria al despedirnos, estaba ahí, dando un like muy de vez en cuando, aunque sin comunicarse y sin molestar en lo absoluto. Cabe decir que, hasta que conocí a Galeno, yo estaba acostumbrada a tratar con Javier; quien había sido siempre muy infantil, donde esos bombardeos por redes sociales o en persona sí constituían una manera maliciosa de desestabilizar el límite que le había puesto. Y donde en lo personal acostumbraba a ponerme a la defensiva ante la primera agitación.
No obstante esto, con Galeno, al parecer el fin de sus interacciones era distinto. Él miraba una historia o dejaba una huella de presencia en redes, aunque sin burlarse del límite que le había puesto, que era el de no escribirnos.
Por cada uno de éstos motivos, la idea, o más bien la certeza, de que nosotros no nos íbamos a ver nunca más, me daban un manto de paz muy necesario frente a esa separación y a ese corte emocional que teníamos que efectuar. Y nos daba algo fundamental, que los dos estábamos buscando en 2020, cada uno a su forma: espacio.
II
El hecho de no esperar nada de él, creo que fue una de las razones principales por las que éste encuentro se hizo posible. Con Galeno, cuando el contacto se retomó durante 2021, fue muy corto el período donde me mostré incrédula o a la defensiva una vez que aclaramos ciertos puntos. En cuanto charlamos del asunto de la separación y llegamos a un punto común sobre ese tema, prevaleció el entendimiento inocente sobre las cuestiones cotidianas y las preguntas sin dobles intenciones. El vínculo humano con el correr de los meses comenzó a ganar un poco más de lugar que el vínculo romántico y pandémico que habíamos sabido tener algún día.
Al no esperar nada de él, tampoco hubo miedos a que desapareciera, ni reproches saltándome por los labios, ni mentiras revolviéndome los dientes. Mucho menos, teniendo otros frentes de mi vida personal que atender, mucho más urgentes e importantes de lo que me imaginaba. Por aquélla época donde comenzamos hablando ocasionalmente el mensaje de Galeno no era la razón por la cual yo me desvelaba. Al no esperar nada de su persona, tampoco hubo preguntas ni reclamos por el contacto o la frecuencia de éste de ninguno de los dos lados. La libertad se volvió bandera nueva y condición necesaria para mí en todo tipo de acercamientos. Estaba pasando por un proceso muy duro, un completo cambio de piel, y eso me pedía principalmente dos cosas: no ser invadida por nadie y no someterme a las exigencias de nadie. Necesitaba, paradójicamente, espacio. Y esto no tenía que ver con Galeno en sí, sino, con el trabajo que iría a perder, con el cierre de esa etapa, con la incertidumbre, y con el hecho de que un miedo tan grande como la falta de trabajo se me estuviera haciendo realidad.
Él había pasado por completo a un segundo o tercer plano cuando volvió a aparecer en mi vida.
III
Lo cierto es que Galeno se comportó bien durante ese proceso de espacio que simbolizó las pérdidas de 2021. Nosotros habíamos estado separados siete meses, yo en esos siete meses me había enterado que perdería mi trabajo, y él ya estaba enterado de esa situación. Creo que uno de sus mayores aciertos, avalado por la experiencia de más de cinco décadas, fue que no me invadió , no me presionó, y no me reclamó en ningún momento ninguna actitud.
Si bien yo por él hubiera hecho lo mismo, como de hecho sucedió en diciembre 2020, valoré que respetara mis problemas aunque él ya los hubiera superado. Valoré que no me juzgara, que no me impusiera nada y que no me hiciera sentir ningún compromiso en un momento donde no me sentía lúcida para sostenerlos.
Yo sabía que si quería hablar, él me hablaba. Pero, por encima de todo, sabía que si yo no quería hablarle por una semana, eso estaba también contemplado y pasaba largos días en absoluto silencio, resolviendo mis dudas, mis problemas y mis miedos. Al estar lidiado con todas estas emociones y en contextos de tanta presión y de tanto estrés, nuestro contacto acabó siendo un lugar seguro. Uno de los pocos lugares seguros que tuve durante los tiempos más oscuros de 2021.
Sin embargo, en ese momento, tampoco esperé nada de él. No esperé que nos volviéramos a encontrar, no esperé que ese contacto fuera de alguna u otra manera y me concentré en lo que me estaba tocando vivir a nivel personal. Únicamente, en eso.
IV
Durante nuestras charlas con Galeno, solía sentirme cómoda y entendida con muy pocas palabras. Éso era lo bueno consigo, lo bueno de nosotros, o lo bueno en común: no hacía falta explicar largamente las cosas. Yo lo ponía en palabras como podía y él, con bastante asertividad, me devolvía el comentario complementario, sin prejuicios o frases de positivismo tóxico. E incluso los días donde estaba triste, o muy desanimada, activaba el modo chiste y de maneras que ni yo sé cómo logró, terminaba sacándome una sonrisa. Aunque yo me enfocaba en mi proceso y a medida que me iba poniendo nuevamente de pie, me acercaba un poco más a los otros, a excepción de mi sobri, con quien jamás guardé silencio y quien me revivió innumerables veces durante esos tiempos oscuros.
V
No sé si alguna vez me imaginé que la vida nos iba a poner en la curiosa situación de los papeles invertidos, pero sé que nos puso, y ninguno de los dos tomó eso como una revancha maliciosa.
Cuando allá por diciembre 2020 Galeno me dijo que necesitaba espacio y me aclaró que no tenía nada que ver conmigo, sino que no se sentía bien, yo no estaba del todo de acuerdo con sus modos, pero sí - en el fondo, y más allá del enojo del momento - entendía lo que necesitaba y entendía que le podían estar pasando mil cosas que me excedían, que nos excedían, en ese momento. Así que, sin dudas, lo respeté, y me alejé sin hacer de eso ningún show.
Cuando allá por 2021, Galeno volvió a contactarme, fuí yo quien necesité espacio del mundo, y admito que para mucha gente eso fue muy difícil de entender. Sin embargo, Galeno, también logró respetarlo y me ofreció un contacto sin condicionamientos ni reclamos, sin prejuicios o tallas.
Quizá por eso, acabamos fabricando una nueva idea de ese primer nunca más, es decir, el nunca más que no fue.