domingo, 31 de julio de 2022

Apoyo incondicional

- Estoy muy contenta por vos - escribí - De verdad, más allá de que hay un montón de cosas que quizá no alcanzo a comprender a la distancia, estoy muy feliz por vos. Y te apoyo. 

- Gracias, mi ****. Vamos a ver cómo se dan las cosas. Lo he pensado mucho y he tenido varias reuniones. 

- Sí. Pero es normal. Es una posición con mucha responsabilidad. Tenías que decidir sabiendo. 

- Siiii. Por supuesto. Además tuve que pedir un par de cosas. Llegar a ciertos acuerdos. 

- Ahora que oficialmente vas a ocupar ese puesto, dejame decirte que es un premio a la trayectoria. Hermoso puesto para vos. 

- ¿Ah sí? Contame eso... - me pidió. 

- Compone todo lo que te apasiona, de afuera se percibe eso. La medicina y la ayuda social son dos aspectos de tu identidad que están muy destacados. Amas ser médico, amas la medicina asistencial... - le expliqué-  Y no cualquiera tiene acceso a esos puestos. Es por tu manera de trabajar durante más de veinte años que te vinieron a proponer esto. No por tu cara o por tus manitos lindas - argumenté. 

Galeno se rió. 

- Yo te lo hubiese dado por esas manos hermosas que tenés, pero me alegro que hayan sido más objetivos... 

- Son tuyas las manitos... Y si, es un desafío. Me voy a encontrar con muchas cosas. La gestión anterior ha estado muchos años. Tengo que reunirme con todos los sectores para analizar el estado de situación. 

- Si. Es el paso más importante. Una vez que tengas una idea de cómo está todo te vas a ir haciendo una idea para abordarlo. Lo importante es que vayas despacio. Sin agobiarte. Quizá de golpe te aparecen todos con problemas pero vas a hacer mucho por esa comunidad... 

- Eso espero. Lo único que quiero es que tengan una mejor calidad de vida. Acceso a la salud. 

- Decime por qué te eligieron sin decirme por qué te eligieron. En serio, estoy feliz y orgullosa de vos. Pero no por el puesto en si y esas cosas tontas ¿sabes? Estoy feliz porque amas lo que haces y esto te va a traer satisfacciones. 

Hace un tiempo, Galeno comenzó a ocupar un puesto muy importante en una localidad de su provincia. Sigue siendo médico, claro, pero ahora está a cargo de muchas más cosas. Y la verdad es que si algo nos une desde la manera de pensar es la ayuda a los demás y el acceso a la salud pública. 

 Pero además, nos une algo muy personal que nada tiene que ver con las circunstancias. El apoyo hacia el otro, el saber que alguien en un punto lejano pero cercano a la vez, celebra tus aciertos. 

Para mí, es muy importante admirar a la gente que quiero. Lo hago con todos. Y con Galeno, es además una cuestión de que su brillantez, su inteligencia, su capacidad y sus valores, me gustan desde la primera vez que nos contactamos. 

miércoles, 27 de julio de 2022

Fuera del Borda

 Está semana (a quien a partir de ahora llamaremos  Loqui, para ser suave) mi compañero tóxico y patológico del trabajo, se ha tomado vacaciones. La oficina es una suave mermelada de frutilla de dulce y deliciosa. Se respira otro aire, y todo es mucho mejor. De la misma manera, también se ausentó Mito (mi compañera a quien llamaré de este modo por razones que luego detallaré) por causa de otra de sus mentiras.

Y me di cuenta de lo siguiente: el ambiente laboral se pudre con Loqui y Mito principalmente porque tienen un vínculo totalmente pésimo, con conductas pasivo agresivas todo el rato y porque son dos personas que enfermas en el odio que se tienen , atentan contra la buena onda de todos los demás. Son las dos manzanas podridas del lugar, es evidente. 

Y ahora, una vez que he vivido estos dos días con tanta paz, me doy cuenta que aunque yo comparto mucho trabajo directamente con Mito (y eso me obliga a soportarla), ninguna de los dos son personas normales. Están tan enganchados en ese odio que quieren amargar con su veneno la vida a los demás y pretenden que tomen partido.  Lo mismo con cuestiones de trabajo y cosas que si no fuera su conflicto serían mejores. 

Fui feliz está última semana fuera del Borda. Me sirvió para tomar distancia de la dinámica y darme cuenta que tengo que estar afuera. Que lo tengo que formalizar con Mito principalmente, porque lo que tiene de estúpida y mentirosa también lo tiene de insoportable y quilombera. 

La pregunta del millón es por qué Mito o Loqui siguen en esa dinámica y no se buscan otro trabajo. Y la conclusión a la que llegué en estos días de paz, es que ellos dos se miran y se nutren en esa batalla. Se la miden, como quien dice, y necesitan demostrar constantemente su bronca y su odio contenido. Incluso, antes que buscar otro sitio donde convivir mejor. Lo cual, obviamente, me parece de lo más morboso y enfermo que hay. Contaminarse la vida gratis. 

También, he notado que tanto Mito como Loqui son cómodos. Si, cómodos. Hace añares que están en un trabajo donde la pasan así porque, precisamente, quieren. En años sin dudas se te presentan muchas oportunidades y especialmente si las buscas. Pero más lo pienso y más confirmo que está gente realmente quiere vivir eso. Quiere estar ahí. Quiere destilar su odio y su veneno.  Si no, se iría. Porque francamente la situación es fastidiosa para soportar todos los días. Y eso que uno gracias a Dios está afuera. 

Yo por mi parte he decidido cuidar mi energía y mi salud mental a cualquier precio. No me interesa ni me importa más nada que eso. Así tenga que entrar con gesto nulo a la oficina todas las mañanas que me resten ahí.  

Porque entendí que nada es justo si estás rodeada de dos patológicos de mierda que son incapaces de salir de su zona de confort y son además pobres personas, pero lo se debe hacer es cuidarte la mente y la salud mental. 

Está gente no cambia. Son gente rancia. Con mil rollos. Que no tiene ganas de trabajar y que no quiere ver la alegría o la energía de goce ante la vida de los demás, porque tienen vidas patéticas, miserables y llenas de carencias. 

Pero yo no estoy dispuesta a sacrificar cada detalle que me hace feliz. Cada pequeña cosa que a veces también me cuesta. Cada pequeño gesto. Mis sueños, la idea de un porvenir venturoso por Loqui o Mito y la mierda que tiran. 

Antes, que a la mierda se vayan ellos. 

Dos últimas cosas: aunque Loqui me recuerde a quien me había bullying, me doy cuenta que es más el recuerdo que lo que este tipo del presente en realidad es. Realmente, es un idiota. Y yo, en lo que tengo que enfocar es que no es la persona que me lastimó antes. Que solo es un idiota. Un pobre tipo. Quizá parecido en lo malo o en lo daniño, pero jamás, el mismo tipo. Jamás la misma cosa. Jamás la misma historia. 

La última cosa: me tiene que seguir importando una mierda lo que digan los demás. De lo que sea, me debe importar los dos ovarios y los dos ojos y las dos manos. No sé por qué pase por una época en la que me sumergió tanto la opinión ajena, cómo estas semanas, pero lo que se es que hagas lo que hagas te van a criticar igual. Y, francamente, si me critica esta clase de gente, lo tomo como un halago.  

Al caso, lo importante es que yo esté conforme con la vida que estoy gestando a los 27 años y que Mito de casi cincuenta y Loqui de más de cuarenta, sean cada día menos notorios para mí. 




sábado, 23 de julio de 2022

El dolor se irá algún día

Me cuesta mucho soportar a mis compañeros de trabajo.  En especial a uno de ellos. Me recuerda a quien me hizo bullying en el colegio hace años, porque el tipo tiene actitudes violentas, feas y le hace bullying a los demás. Y, es la primera vez que me pasa, pero es como si en este enfermo y sádico viera la versión crecida de ese pequeño enfermo y sádico que me arruinó parte la de la infancia. 

Se, porque estoy trabajando el tema, que está convivencia en la oficina es un detonante que a mí en lo particular me pone muy mal por mi historia personal. Que obvio, el tipo es nefasto, pero no debería molestarme ni dolerme lo que hace. Principalmente porque no me lo hace a mi y yo lo estoy sufriendo como si todos los días viera a otras personas en él que sí me hicieron el daño. Porque el sujeto este es un maltratador pasivo, que busca generar malestar en la gente mediante estás prácticas, y lo hace con quién sea. Y es una pobre y fea manera de llamar la atención. Pero, en cambio, para mí, es como si viera a las personas que mayor dolor me han generado impresas en las actitudes de ese tipo.

 Y lo odio. Cada día lo miro y lo observo con un odio que se desprende de cada fibra de mi cuerpo. Y llego a mi casa, y lo odio. Y me despierto en la madrugada y lo odio.  Y tanto pero tanto odio, lo único que puede simbolizar, es miedo. 

Miedo a pasarla mal otra vez. Miedo a que vuelvan a hacerme bullying. Miedo a que se vuelvan a burlar de mi. Y miedo a quedarme sin trabajo porque yo sé, con certeza, que me llega a hacer algo como eso y soy capaz de hacer cualquier cosa para defenderme. Y cuando digo cualquier cosa es recurrir a la violencia, verbal o física, para no dejar que nadie más vuelva a vulnerarme jamás en mi vida. 

Ojalá pasara algo que me permitiera ir a trabajar tranquila y disfrutar de tener trabajo. Lo busque por mucho tiempo. Este es un trabajo del estilo que quería. Me queda cerca. Hasta el sueldo es un poco mejor. 

Pero nada de eso vale la pena si en este forro oficinesco veo todo lo que más me dolió en la vida. Si quisiera decirle: "reventa, hijo de mil puta, reventa".  Y lo que es peor, quedarme ahí para ver cómo sus sesos vuelan por los aires. 

Se que no es normal de todos modos lo que siento. Que es desmedido. Que no tendría que afectarme así y que esto me pasa porque hay un grado de referencia muy grande con mi historia de vida y eso me desespera. Y se que si logro que esto me importe menos voy a poder salir adelante pero además voy a avanzar en cuanto a la integración de estos acontecimientos. 

Yo sé que entre el odio y el miedo está en realidad la posibilidad de atravesar estás secuelas. Se que será parte de sanar el pasado y me ayudara a vivir con amor por mi misma y por las lecciones que trajo está situación de vida. Se que si llego a poder con esto, voy a ser altamente fuerte y me va a hacer madurar un montón en relación a esos colores que hasta ahora no había transitado.  De verdad lo sé. Pero me es muy duro a veces tener que ver todo esto y sentirlo y por otro lado tener que poner cara de "hola, soy una joven muy trabajadora, a quien le dieron el cargo de Responsable de Administración, quien te puede hacer la facturación correspondiente cuando sea solicitada". De verdad, es durísimo.  Porque por un lado soy está joven de casi 28 años y por el otro lado me siento la nena de 8 años que quería saber defenderse y no sabía cómo. Porque tenía miedo de defenderme a los ocho años y siento, honestamente, que ya no puedo tener más miedo a los 28. 

II

Hasta ahora nunca me había pasado que estás huellas de mi historia intervinieran así. Complicando el presente. Es la primera vez donde hace tanto ruido aunque yo en general no me llevo bien con contextos agresivos porque lo consumo todo. Lo tomó todo y me cargo. 

Ojala que  logre poder ver a este tipo como el pobre infeliz que es y que me va a importar un comino lo que haga, si grita en la oficina, si habla mal, si ningunea.  Porque va a ser algo más. Y eso siempre y cuando no consiga otra cosa y me vaya a la mierda de ese lugar. 

Mientras tanto, solo procuro pensar que el dolor se irá algún día. Que algún día, sanará del todo y podré ser realmente feliz. Feliz hasta la última gota.  Agradecida y feliz por mi historia, como me sentía antes de esta embestida. Y de todas las embestidas en general de estos últimos meses. 



jueves, 21 de julio de 2022

Sostener nuestra paz

 El ambiente laboral dónde me inserte hace poco es un lugar conflictivo y tóxico. Obvio, nadie lo dice antes de tomarte y las consecuencias son parte de haber tomado mis propias decisiones al irme del Estudio Contable para trabajar aquí... Pero el caso es que es de los ambientes laborales con más conflictos y lleva-trae en el que estuve. 

Y obvio, eso influye mucho en el estado de ánimo ahí adentro. Y obvio, yo no quiero que siga consumiendo mi tiempo mental, ni que me siga afectando como sucede. 

El lugar donde estoy es un espacio de trabajo donde faltan reglas. Es informal en su manera de trabajar. Nada importa. Los empleados antiguos hacen lo que quieren y faltan el respeto sistemáticamente. Son machistas, ordinarios, babosos y desagradables en todo sentido. Y así, mientras el dueño sigue facturando, ese circo en el que me metí porque me quedaba cerca de la Universidad, se va desplegando para mis ojos. 

Por momentos siento que trabajo con monos. Y lo son. Tengo de compañera a una chica que entró conmigo , de mi misma edad, y ambas estamos bajo el mismo espanto.  Con decir que trabajo todo el día con auriculares pese a ser Responsable de Administración, ya es decir mucho. 

Mis compañeros, además, hacen bullying a una de las personas y por lo general además, hacen chistes de mal gusto con todos. El dueño, avala eso y me parece doblemente grave y precario porque no se da cuenta lo que genera en que empleados. 

 Además, el bullying toca fibras muy íntimas en mi porque lo sufrí. Y porque no tengo ni las ganas ni la voluntad para dejarme arrasar por esa experiencia otra vez y mucho menos, de grande. Y eso, esa rebeldía intensa que almaceno, y ese odio anticipatorio ante la sola idea de que me digan algo cualquiera de estos tipos, me lleva a tener días de muchas ganas de estar trabajando en otro lado, tranquila, pidiendo lo que no es demasiado : desarrollarme profesionalmente en un contexto normal. 

He trabajado en otra Pyme, he trabajado en un Call Center, he trabajo en un Estudio Contable, y no he visto nada como acá. Este nivel de informalidad y de falta de límites tan notoria. Un lugar donde todo parece estar permitido: dormir, eructos frente a las compañeras, flatulencias, comentarios misóginos, machistas y denigrantes. 

Por todo eso, trabajo con un cuchillo en la liga y con auriculares. Aunque confieso que mientras termino mis tareas, abro portales de empleo y busco otras oportunidades. 

Aunque en el mientras tanto, mi principal preocupación no es como saldrán las cosas porque todo pasará como deba. Si no, el como hacer para soportarlo. Para hacerme inmune a la maldad de la gente. Para que no me afecten tantos las injusticias. Para que no me de ganas de tirarle un lapicero a un enfermo mental patológico denunciado por violencia de género por otra de las compañeras, a las que le hace bullying y sobre las que todos los tipos de ahí concentran su odio.  Para que no salga de ahí pensando que no es exagerada mi reacción, que no es mi obligación bancarme esto para llevar un mango a mi casa, que no tengo que pasar por esto para pagar mis deudas por haber fundido la empresa donde trabaje años, y que no tengo por qué andar sintiéndome como si no mereciera trabajar en algo mejor. Estar en un lugar normal, es decir, más reglado. Dónde se trabaje y se conviva con seriedad. 

Convengamos que en su mayoría son gente muy precaria, que cuando se aburre, lastima y molesta. Que te fastidian porque estudias en la universidad. Que te dicen que estudiar no sirve para nada, mientras que a los 40 años hacen un trabajo precario, que no amerita formación universitaria, y que la critican tanto porque no la tienen, porque bien que les serviría para hacer otro tipo de laburo.  

¿Cómo es que hay gente tan desagradable que invierte todos sus días en sacar lo peor del otro, que disfruta ver qué la pasa mal, que busca el detalle para cagar al otro? ¿Existira al karma para ellos? Ojalá que si. Pero sinceramente, si no existe, espero que se cree tomándose de ejemplo a estos nefastos. 

Sin dudas es un contexto difícil para sostener mi paz. Pero lo intento. Todos los días. Uso diferentes estrategias. Trato de escuchar música, hablar con la chica que me llevo bien, comer algo rico, mandarle un corazoncito a Galeno y pensar que también trabajo para en algún momento ir a visitarlo... Trato de pensar que por el momento esto me posibilita pagar cuentas, estudiar y que el estudio y la experiencia son las únicas dos cosas que me van a dar la oportunidad de salir de ahí. Mis únicas metas hoy por hoy. 

Hay momentos donde ya no sé cómo controlar el indio que llevo dentro. Que contesto mal, y miro peor. Que me defiendo. Que no me importa si X es el dueño, porque aunque el me pague un sueldo, yo tengo dignidad y soy una persona que no tiene por qué soportar que la bardeen gratis y no será gratis, sin dudas. Porque contra eso, me le pongo en frente a cualquiera sin dudarlo. Porque jamás dejaría que me pase nada de lo que ya me pasó cuando era una niña de ocho años, ahora, con casi 28, porque antes, les tiro agua caliente en la cara, en la computadora o en dónde sea. Porque acá también necesito ser mi mejor amiga. Y no me quiero volver a fallar. 

Si, trato de sostener mi paz aunque día a día me enfrentó a esto. Antes en el Estudio me quejaba porque discriminaban al personal por ser del Cornurbano y el sueldo era pésimo. Ahora, aunque esté trabajando en el Conurbano, y el sueldo sea un 15% más, trae aparejado todo este conglomerado de mierda. 

Ojalá pueda liberarme de todo eso pronto. Y que mientras tanto, la vida me de la fortaleza necesaria para atravesarlo ilesa. Para sostener mi paz, guardar mi corazón de todo esto tan pésimo y seguir mis sueños. 

Cuando tenga 40, no quiero que mi vida sea la que tienen todos estos resentidos. Quiero que sea el resultado de todo el esfuerzo que hago hoy. Y ojalá ese esfuerzo diario que tanto me representa, en el que a veces prefiero no pensar, de sus frutos. 

No considero que este pidiendo mucho cuando pienso en un trabajo normal. Considero que me lo merezco como se lo merece cualquier persona. Y aseguro que seguiré buscando esa paz que necesito. Pero eso sí, ojalá llegue pronto a buen puerto laboral.

Sostener mi paz en medio de tanta toxicidad y odio es un esfuerzo enorme. Que hace que el trabajo sea francamente secundario. Y eso también: a los 27 años no me voy a quedar en un trabajo donde no pueda ascender. No me importa si es seguro porque nada es seguro en realidad.  

El día de mañana seguro voy a querer ser más que Responsable de Administración. Voy a querer aprender cosas nuevas, sumar conocimientos técnicos y expandir mis horizontes.  Y se que el primer paso, es volver a buscar trabajo activamente para irme de ese lugar. 

Lo intentaré hasta que resulte. Es así. 

miércoles, 20 de julio de 2022

Papel en la mesa de luz

La semana pasada empecé terapia con una profesional nueva. La anterior es divina pero está sin cupo para horarios post oficina. Ahora yo trabajo todo el santo día y cuando salgo no tengo gran margen de horarios disponibles. A la salida, el tiempo que me resta alcanza para hacer algún mandado, bañarme, cenar, y preparar todo para el otro día . Mantengo la línea sobre dormir temprano porque a las ocho de la mañana ya estoy trabajando y antes de las siete de la mañana ya estoy despierta y en la calle. Por eso, cuando por la noche llega cierta hora, simplemente no doy más. 

La parte positiva es que tengo turno los días viernes con mi terapeuta. Lo agradezco doblemente porque el viernes anterior quedé destrozada anímicamente y me costó todo el sábado procesar lo charlado en la sesión.  Poner en palabras todo lo que pude luego de meses de cargarlo conmigo fue realmente intenso. Y más, si lo que te devuelven son intervenciones que te hacen pensar y te cambian las preguntas.  

En lo que va de la semana vengo desanimada. Triste. Es una tristeza que no tiene un único motivo, pero si creo que es un proceso emocional que implicó el haber removido cosas que hasta ahora venía negando. Y reconocer es a veces un motivo de tristeza, dónde se siente la necesidad de acomodar. Y acomodar lleva tiempo. 

Espero que todo se empiece a acomodar pronto. Que puedan darse las cosas. Que todo se vaya ordenando y cayendo por su peso.  Realmente lo deseo. 

Dicho esto, y con esto en la cabeza, me voy a dormir temprano. La cabeza ya no registra nada más que la necesidad de un sueño reparador hasta que suene la alarma.

 Mañana ya es jueves. Queda poco para el finde  :)

domingo, 17 de julio de 2022

Una mejor amiga

 Tenía 19 años cuando lo conocí y 27 cuando volvió a desempolvar toda la mugre y me tapó con ella. Hoy se que debería haber sido mi mejor amiga. Haberme cuidado. Respetado. Protegido. Y hacerme ido de esa casa a tiempo, es decir, después de aceptar el vino.  Se que no debería haberme permitido estar consigo. En ningún aspecto. 

Pero también se que lo hice. Exactamente todo lo que trate de evitar, fui y lo hice. Con quién menos debía, fui y lo hice. 

Por eso estoy tan enojada. Porque con la persona que tendría que haberme cuidado no me cuidé. Porque cuidarse no se trata de tomar pastillas anticonceptivas y usar preservativo. Porque cuidarse tendría que haber consistido en no responder mensajes, en no volver a contestar ni un solo mensaje. Ni una cena. Ni un encuentro porque si o porque no. Ni escucharlo con sus penas tardía. Debería haber sido un "jodete si no me viste en su momento, idiota, nunca te mereciste la intensidad de quién era". 

No, no me cuide. Y como resultado desde ese error ahora siento que necesito cuidarme de todos porque no me cuide de la persona que me vulneró hasta la médula. Estoy enojada, si, porque yo sabía quién era el. Y no pude entenderlo a tiempo para salvarme. Estoy enojada porque sabía que estaba haciendo algo que iba a dañar a la chica de 19 años que dejó tirada, y lo hice de todos modos, no honrando el sufrimiento que me costó salir adelante cuando me dejó.  No valore el impulso de esa chica por sobrevivir a un dolor que la partia. No valore las noches llorando y el esfuerzo por levantarse cada día. No cuide el estado mental de fortaleza que me llevó años de terapia. 

Todo lo rompí en un rato. En un momento que no disfrute. Al que solo le puse el cuerpo para entender. En el que acabé sintiéndome como siempre me vio él: una puta, alguien con quién solamente sacarse las ganas. 

A quien la chica de 27 utilizó. Pero a quien la chica de 19 amo incondicionalmente. Esa es la diferencia: me enoja no haberme podido proteger de caer en las redes tantos años después porque simbolizó tratar de consolar a la mujer que no valoraron entonces. Y eso lo único que dejó es a esta que soy hoy sin consuelo.  

Estoy enojada porque puse en riesgo una relación que formamos con otra persona, aunque de lejos, pero muy cerca en otros sentidos. Porque no pude entender a tiempo que debía priorizar a una persona que me había aceptado y querido aunque no supiera como expresarle mis sentimientos y que me había enseñado por encima de todo que el afecto no estaba condicionado a la edad.

 Porque no debería haberme ido a la primera de cambio con el mismo hombre que me destrozó. Que me dejó llorando cuatro meses en una cama sin poder siquiera ir a la facultad. Que me creyó idiota, pensando que iba a elegir mal, que no quiso acostarse conmigo porque era demasiado joven y que ocho años después me suplico y me suplico porque le hiciera el amor. Y no debería haberle dado el gusto de verme ni volver a besarme ni de tocarme si toda la vida había hecho de mi un fantasma. Si siempre, pero siempre, había puesto primero al que dirán.  Que me sumergió en su oscuridad y aún hoy sigo batallando con ella. 

Tendría que haber sido mi mejor amiga. El dolor por no haberlo sido es realmente profundo.  Tendría que haberme protegido, ya lo sé. Tendría que haber salido corriendo de ahí y borrar su celular. Tendría que haberle mandando un mensaje diciéndole que no hablemos más. Que era un forro hijo de mil putas porque ni siquiera me había preguntado si me podía poner la vida así. Que solo había pensando en el y en su pito a la hora de decirme todo esto tan tarde. Que no se había molestado en entender que quizá me iba a llenar de dolor. Que con contarme las cosas no iba a ser suficiente. Que me había insistido sabiendo que era malo para mi, solamente, por el puro placer de consumir a una persona. Y yo, encima, como una tonta, anduve en ese abismo sin ver todo eso a tiempo. Sin ver frente a qué nivel estaba de toxicidad. 

Tendría que haberme alejado de la persona que me partió el corazón durante tantos años. Que jamás me eligió. Que nunca se la jugó por mi. Que siempre, en el fondo, necesito que alguien lo quisiera porque es incapaz de querer, casi como si estuviera fagocitando todo lo que una persona puede dar. 

Tendría que haberme olvidado. De la idealización sobre la persona que creí que era a este pobre tipo que realmente es. Un tipo solitario, habitado por mil fantasmas, que destruye todo y a todos los que tocan. Que está roto y que con sus filos rompe a los demás. 

Si, tendría que haberlo hecho, tendria que haberlo visto,  pero está vez, me equivoqué. Y me expuse a una situación pensando que así mataría para siempre la deuda pendiente de la chica de diecinueve años. Y hasta que no sucedió, y me ví acostada en la cama de la persona que más me había dolido en la vida, no me di cuenta que esa deuda la pagó este cuerpo. Esta vida. Y está cabeza. Y que las consecuencias son profundas. Han cambiado toda una historia. Han hecho una modificación de los tiempos. Han supuesto una ruptura para siempre. 

II 

¿Que me diría si tuviera y pudiera ser mi mejor amiga hoy? 

"Llora todo lo que necesites y hacelo hasta que seas capaz de perdonarte. No pensaste con todo lo que aprendiste y eso podía pasar porque la influencia fue muy fuerte. No pudiste verlo, ya se, y verlo ahora es muy doloroso... pero sos humana. Te equivocaste y estás aprendiendo de esto, vas a tener otra oportunidad ". 

Ser mujer, hoy

 - Me da curiosidad tu "intriga" por ese tipo - me dijo Galeno, cuando le comenté una situación determinada con un compañero nuevo del trabajo. 

¿Galeno, celoso? ¿De verdad? Eso fue lo que pensé. Él es el tipo más libre del mundo pero creo que yo ultimamente estoy muy rara en algunas aspectos y quizá eso lo alentó a hacerme ese tipo de comentarios. 

Pensando un poco en el asunto, me tomé el tiempo de explicarle mil cosas que no le había comentado antes de la relación con mis compañeros de oficina.  Especialmente con este, dado que le reporto trabajo a diario, porque es el encargado de administrar recursos de la oficina y yo soy la encargada de la Administración, es decir, dos más dos.  Le dije que me hacía sentir incómoda y que por eso me mantenía intrigada, pero que esa intriga, era defensiva. 

-  Para las mujeres cansa tener que trabajar en ámbitos donde necesitás que te miren a la cara y no la cola, te hace adoptar una posición de defensa preventiva...  

- Claro , a eso voy. Hay algo más detrás de ese enojo. 

- Rechazo 

- ¿Y algo más? - comentó. 

- Y la certeza de que nada tiene que ver la mirada de los otros hombres si yo estoy eligiendo a uno para disfrutar. Es el derecho a elegir que tengo como mujer, con quien sí quiero y con quien no tengo ganas de que me mire el culo en la oficina. Eso me enoja. Estar hablandole a uno de un estado de cuentas y notar que me mira el culo y pensar cómo mierda salgo de esa situación. Es incómodo,  y para mí, es molesto. Me molesta tener que vivir así. 

- Lo entiendo. Me imagino que debe ser muy incomodo. Hacés bien en estar atenta. 

- Por ahora, es lo necesario por eso estoy así. Artera. 

- Lo vas a ir trabajando ahora y procesando... - me alentó. 

- Si. Y por otra parte, más allá de todo, está con quién una sí quiere disfrutar. Y yo quiero disfrutar con vos ¿lo sabés, no? 

Galeno me dijo que si, que lo sabía. Y yo espero que realmente lo sepa. 

jueves, 14 de julio de 2022

Calladita te ves más bonita...

 O al menos, cobras un sueldo, diría yo. 

Para resumir, la cosa es que odio a mis compañeros hombres del trabajo. Los odio por ser ordinarios, desagradables, machistas, chusmas, resentidos y malos tipos.  Por demostrar su odio hacía el género y que nadie les diga nada. Por mirarle el culo a cuánta mina se le cruza y si no les da bola decir que son puras trolas, que son estupidas o inferiores. 

Los odio, sí.  Y por eso, obviamente, no me voy a quedar de brazos cruzados, voy a pensar en mí y en lo que quiero ver mejorar, así sea yéndome. La verdad, no me importaría volver a cambiar de trabajo, no me importaría volver a adaptarme a otra oficina. Quiero estar bien y voy a seguir insistiendo por la vida que merezco. Hoy, mañana y pasado hasta que encuentre un lugar normal para trabajar. 

Acá pensé que las cosas iban a ser diferentes, pero lo cierto es que no. En algunos aspectos irme del otro lado fue muy acertado y en otros fue una mala decisión. Es cuestión de evaluación sobre los parámetros 

Sin embargo, lo que creo que es no puedo conformarme.  No está en mi naturaleza. Soy una mujer que siempre quiere estar mejor, que busca aprender, estudiar, progresar y trabajo muy duro para eso. Por estás razones, tengo la lucidez suficiente para saber fehaciente que merezco no tener a dos fracasados rodeandome de lunes a viernes todo el día. 

Yo tengo mucho carácter y la paso mal teniendo que fingir que soy callada para que no me molesten. Porque lo he visto con otras mujeres y ese nivel de hostigamiento y de menosprecio no lo permitiría jamás. Antes, les doy vuelta un escritorio completo en la cara. Se lo garantizo a cualquiera. Pero también antes, antes de ese punto, sigo buscando trabajo y sigo pensando que ojala algún día a estos dos inútiles les llegue su San Martin. O quizá, contradiciendo al dicho, les llegue su Juana Azurduy. 

Las mujeres somos seres tan fuertes y tan virtuosos que deberíamos tener muchísimas más oportunidades a nivel mundial de las que tienen los hombres siendo, muchas veces, inútiles promedios.  En el ambiente laboral se ve mucho. En mi rubro, se ve mucho.  Los hombres parecen querer explicarte todo. Pero las mujeres, siempre podemos más. 

Y yo, mientras estos dos malos tipos desalientan todo el día a las mujeres, pienso que a su edad (35 y 40 años) voy a estar viajando por Europa fruto de mi esfuerzo, de mis estudios, de mi trabajo y de mi potencial como mina. Cómo profesional. Y como persona con voz. 

Calladita no me veo más bonita. Nada más cobro un sueldo que me permite acceder a cosas que no podría de otro modo. Que me permite estudiar una carrera más. Que me permite tener independencia y elegir lo que deseo.  

Lo que nadie sabe, y por suerte, es que las mujeres que tanto detestan eligen a hombres que son igual de potentes que ellas mismas. No a dos fracasados. 

Yo los veo a estos y lo veo a Galeno, aún más grande que ellos y tan virtuoso en tantos sentidos, que pienso la cantidad de tipos brillantes que hay y es un placer saberlo. Principalmente, porque te permite separar la paja del trigo. Y porque así si vale la pena compartir la vida. 

A viva voz. 






domingo, 10 de julio de 2022

Hoy

 - ¿Andás por ahí? - le pregunté a Galeno. 

- Hola, sí...  No quería molestar porque no sabía cómo estabas, acá estoy - me dijo. 

- ¿Molestar? No, vos no me molestás para nada. Sos diferente a la otra gente desde siempre - le aclaré. 

- Estaba un poco confundido... 

- ¿En serio? ¿Por qué? -  pregunté.

- Porque sentía que estabas mal pero no entiendo por qué - dijo.  

- ¿Pensaste que me sentía mal con vos? - le pregunté. 

- No, pero... Que había algo que te ponía mal... y no quería estar molestando. 

-  Mi *** - le dije, para darle confianza - no es mi mejor momento pero vos no me molestás. Tuve una semana difícil y te pido disculpas porque sé que descuidé nuestra comunicación... 

- No, está todo bien - me dijo. 

- Tenés que saber que vos no me molestás. A veces creo que vos lo sabés , pero me parece que nunca está demás refrescarlo... Siempre me gusta hablar con vos. 

- Sí, ahora lo sé. 

- También siempre me gustó que supieras tantas cosas... - le dije, en broma. 

(...) 

II

A veces, necesito espacio para procesar y eso me hace alejarme de Galeno. No es algo que haga deliberadamente. Es algo que me doy cuenta que estoy haciendo cuando ya sucede. Lejos estoy de  querer hacerlo sentir descuidado o desatendido, sólo que estoy pasando un proceso doloroso que tiene que ver con el pasado y sin engancharme en eso, necesito poder darle un cierre. Es un proceso donde no puedo hacerlo participar, precisamente, porque tiene que ver con la historia que se está cerrando con otra persona a la que quise mucho, pero mucho, y de la que estoy comprendiendo en matices profundos que jamás me quiso. Una persona con la que hace un mes y pico me reencontré de formas que no esperaba. Una persona que se mostró tal cual es después de casi diez años y resultó que se guardó y encapotó toda la vida bajo un disfraz al punto de hacerme pensar que siempre había sido una loca, que siempre me había imaginado esa atracción... ¿Y cómo es eso de que cuando uno confirma algo que creyó imposible todo cambia? 

  Mi mente se va para otro lado, donde necesito enfocar la energía en el intento de organizar una vivencia muy simbólica con otra persona y eso lleva tiempo. Un tiempo, un proceso que hace casi un mes y medio estoy tratando de interpretar como algo más que un error tristísimo. Una vivencia que estoy tratando de acomodar porque me ha dejado extenuada, derruida por dentro, devastada. Que me ha llenado de un montón de sensaciones y de sentimientos que hasta ahora no había vivido en mi vida. Y que me ha obligado a conocer partes de mí que se convierten en cuestiones a trabajar. 

Sin contar el hecho de que  él y yo, ambos, seguimos con nuestras vidas. Me parece por momentos raro. Sin dudas, que haya cambiado el final de esta historia no implica que la vida haya quedado como estaba. Sin dudas, no es creíble esto de "no me pasaba nada con vos", porque de haber sido así, no hubiera sucedido lo que ocurrió. Ya no es lo mismo que hace ocho años cuando veíamos al otro y nos queríamos atar a un mástil como Odiseo pensando que no nos daría más atención. Ya no es así. Y eso supone tiempo para asimilarlo. Entender que donde había silencio hay ahora otra cosa, que fue la única manera de terminar esto, que no nos vamos a volver a encontrar, y que de suceder, yo ya no quiero saber qué puede pasar. 

A veces, creo que de la misma forma en que yo me voy a olvidar de él, él también se va a olvidar de mí para siempre. Al caso, el pendiente que para él había quedado, un poco diferente del que había quedado para mí  -dolor más, dolor menos - está saldado. 

Lo importante es no perderme de vista de lo que está sucediendo ahora. De los proyectos del hoy. De eso. De eso y de nada más. Ni del pasado, ni del futuro, de ésto de ahora, nada más. De ir día por día. Paso por paso. Viendo. Ahora. Ni ayer ni mañana. Hoy. 

Y hoy, si de alguien no me quiero olvidar, es de Galeno. 



sábado, 9 de julio de 2022

El adiós que había quedado pendiente...

 Me apoyó contra la pared con un golpe seco y no doloroso. Besándome el cuello y yo abrazándolo por los costados, hizo fuerza contra mi cuerpo. No me quejé. Le devolví con el mío la fuerza y perdí mis manos en su pelo, clavándole mis dedos en la base del cuello. Con un poco como de bronca, algo muy difícil de explicar, cerré mis dedos alrededor de su piel.  Cómo si tuviéramos la necesidad de recriminarle al otro por qué era capaz de llevarnos hasta ese punto de oscuridad. Como si la violencia fuera el móvil aplicable para terminar una historia donde todo había quedado guardado a la fuerza, donde todo había sido cortado de cuajo, arrancado, y amputado en múltiples maneras. 

¿Cómo se muestra el deseo cuando se libera después de lo que lo hayan destrozado, quebrado e intentado triturar durante años?  Supongo que de una manera voraz, desaforada y torpe.  Por eso, supe que lo que se venía iba a ser distinto a lo que estaba acostumbrada. Más feroz pero menos conocido. Compatible con mi lado oscuro en todos los sentidos, incluido, el del contacto físico deslindado por completo del amor y la delicadeza que acostumbraba a poner en juego.  Aquélla novedad en mi forma de relacionarme me dejó un poco a la deriva. Siendo un total salto al vacío, incluso, en cuanto a las maneras y los modos. 

- Vení   - dijo Javier, y me condujo hacía una parte de su casa que yo ya conocía, tropezando con absolutamente todo lo que podía llevarse puesto.    

La elección de esa locación fue un rasgo clave. Tan oscuro y tan perversamente planificado que derruyó cualquier resto de inocencia. Supe que la oscuridad de Javier hacía contacto con una parte propia, que no sabía que poseía y que estaba llegando demasiado lejos.  De ahí los modos, la intensidad contenida y la sensación de estarse prendiendo fuego.   Casi como si ese dark side se hubiera despertado consigo por no haber tenido antes la necesidad de llegar a ese abismo y ahora no me quedara más remedio que caer. 

Nunca me habían arrancado la ropa de esa forma, pero para cuando quise darme cuenta, Javier había desperdigado por un pequeño reducto espejado de su casa, toda mi ropa y la suya.  Nunca me habían arrinconado de esa forma, pero él acomodó mi cuerpo que estaba casi en otra lógica, para que el suyo pudiera mirarlo y sentirlo mas y más cerca.  Nunca me habían tomado del pelo de esa forma y nunca me habían hecho estar tan lejos de mi razón mientras me decía al oído, al mismo tiempo que quería poseerme por completo, que era una hija de puta, que me deseaba, que ya no me guardara nada más, que por favor lo devastara.   Yo sólo estaba saldando una deuda. 

II

Cuando todo decantó, y en cuanto pudimos sentarnos a conversar o intentarlo, Javier me miró.  

- Espero haberme portado bien con vos - dijo. 

Lo miré, revoleé los ojos y tomé un sorbo corto de vino. 

- ¿Importa? 

- Claro que importa.  

Suspiré. 

- Javier,  ¿qué pasa? - le dije, fria como el hielo - ¿Cuál es el tema ahora? 

- Nada. Estoy... raro. Pero no es con vos, se me reflotaron un montón de cosas...  Estem... no sé, te juro que no es con vos, ni porque me haya arrepentido de acostarme con vos, no... No es eso - dijo, y me puso una mano sobre el brazo. 

- Es normal que se te revuelva todo - argumenté - creo que uno nunca está preparado para estas cosas. Además, es obvio que nadie puede sacarse y ponerse el corazón, no se pueden hacer estas cosas y después estar eufórico... Es normal lo que te pasa. 

-Pero vos estás bien... - dijo, haciendo referencia a que yo no había tomado la misma reacción. 

- No creas... - murmuré - Pero bueno, cada uno se hará cargo. Esto que nos pasó a nosotros fue algo muy choto... 

Me miró

- Encontrarnos, hablar, creo que no lo tendríamos que haber hecho. Pero, al mismo tiempo, cuando vos te parás ahí y yo estoy cerca, me parece que se nos complica. 

- Es re complicado todo, Veinte. 

- Ya sé.  Esa es la razón por la que hicimos esto, porque venía con una carga muy grande acumulada... 

- No se podía más estar así - murmuró. 

- Bueno, entonces, si estamos de acuerdo en que lo que hicimos fue algo que explotó y nos sacó del eje, y todo lo demás, hay que volver al eje sin tocar nada. 

Javier me miró. Lo asombraba mi postura analítica. Creo que no se dió cuenta que yo con eso me estaba alejando de mi propia revolución interior. Pero mejor... 

- Nosotros dijimos, hipotéticamente, que si ésto sucedía algún día iba a ser para resolver algo que venía pendiente hacía mucho. No dijimos que iba a ser  para complicársela...   - le recordé. 

- Sí, ya sé. 

- Bueno, entonces, no la compliquemos. No podemos cambiar lo que hicimos. 

- No, es que no me arrepentí - me aclaró. 

- Bueno, entonces, no pienses más en esto. Ya está. Saldamos. Listo. Ahora quizá hasta te genero rechazo o asco y eso te ayuda - argumenté. 

Sonrió 

- Nah. Pero... nada, tenés razón. Disculpame. 

Yo me sentía igual de vulnerable por dentro, pero, con esa pregunta, estaba buscando sacar el foco de ahí y desalentar cualquier conversación o actitud profunda.  Lo miré muy fijamente y me quedé en silencio. 

- Está todo bien - dije - Solamente lo digo porque estás un poco perdido... ¿te sentís mal, te da cosita? ¿Querés que me vaya a mi casa, así no me ves más y eso te ayuda? - le pregunté. 

- No, no te vayas - dijo - Es que yo no sé si te voy a llamar... Estoy en pareja, vos sabés eso. 

Hice un silencio porque noté que estaba dudando. Y yo también estaba dudando. "¿Y si le pregunto si quiere y los dos tiramos todo a la mierda?", me pregunté. " ¿Y si le digo que una parte mía lo amó siempre y por eso hice esto?", me pregunté. 

- No lo esperaba ni contaba con eso - me apuré a decirle -  Estate tranquilo - añadí, eligiendo lo que definitivamente iba a ser lo mejor. 

  Tomó el vino de a pequeños sorbos y me miró. Se desmoronó en la silla de su cocina y se quedó callado. Me miró como si no entendiera mi actitud. Creo que quizá esperó que en mi se operara un cambio notable, que mostrara mi vulnerabilidad o mis sentimientos, pero por orgullo, y por no volver a hacer el mismo papel patético del pasado, enfrié todo mi exterior. 

II

¿Qué pensaría Javier si le dijera que esta es la primera y última vez, que esto es el final después de tantos años? Eso fue lo que me pregunté mientras lo miraba perderse en sus pensamientos. 

Antes de irme, lo frené. 

- Te veo perdido como un chico - le dije, poniendo dos manos en su pecho - Estás como que no sabés qué hacer, descolocado - musité. 

- Sí, estoy descolocado - me dijo y me miró muy serio. 

Le acaricié los hombros. 

- Andá de a poco, ahora - le dije - yo voy a hacer lo mismo... Y vamos a estar bien. Te prometo que esto va a quedar para nosotros ¿si? 

- Sí, ya sé. Obvio - musitó - Yo no se lo voy a decir a nadie... Vos tenés que estar tranquila. 

- Por eso, ahora cada uno va a seguir con su vida, mañana vamos a levantarnos y va  ser otro día, y así... - argumenté. 

Notó que me estaba despidiendo. 

- ¿Te vas a ir? - consultó. 

- Sí, mañana tenemos que ir a trabajar, bah, yo tengo home office en el Estudio, pero vos sí tenés que madrugar - le dije. 

- Bueno, pero te llevo a tu casa... No te vayas caminando sola a esta hora... no hay nadie, hace frío... 

- No me iba a ir caminando... - le advertí. 

Sonrió. 

- Bueno, te dejo en la esquina si querés, pero dejame que te lleve... Dale, es tarde. 

- Bueno, está bien...  - le dije. 

- Cualquier cosa en la que pueda ayudarte de tu trabajo, me escribís. 

- Sí. 

- En serio, en todo lo que pueda del laburo, obvio, si lo sé...  Mandame un mensaje si tenés algún problema y te respondo y si puedo te ayudo a resolverlo.  

- Gracias, sí - musité - Bueno, ya estoy - le dije, cuando acabé de ponerme la campera. 

De pronto me detuve por un momento y revisé mi cartera. 

- ¿Qué pasa? 

- Estoy buscando un caramelo - musité. 

- Esperá - dijo y fue a buscar en un mueble golosinas. Volvió con una bolsa de un kilo de caramelos. - ¿Te gustan estos? 

- Gracias - le dije y agarré uno - Vamos... 

Dejó la bolsa de caramelos sobre la mesa, agarró las llaves del auto, y me pidió que lo espere un momento hasta que lo sacara de su garaje. 

- ¿Ves? Estos son los despachos de Aduana que vos me decías, así los manejo yo - me dijo, cuando me subí a su auto - Así que si necesitás algo... 

- Sí, con lo que charlamos hoy, me parece que está bien - le dije - Gracias por ayudarme con esto del trabajo... 

- Cualquier duda que tengas del laburo, me llamas. 

- Tranqui. Tengo que aprenderlo sola, no vale hacer trampa - musité. 

Y ahora que lo pienso, no sé por quién lo dije en realidad, si por el trabajo o por aprender definitivamente a alejarme para siempre de él, de su vida, de su laburo, de nuestras hilachas dolorosas. 

Sonrió, pero sin tanta energía, concentrado en la conducción. Tomó el camino más largo hasta mi casa. Lo despedí con un beso en la mejilla. Admito que me miró un poco extrañado. Le hice un chiste para tratar de sacarle todo el drama y el dolor a la situación y no, claramente, porque la situación no me importaba. Al contrario, me importaba tanto lo que acababa de pasar que si no lo afrontaba distrayéndome me iba a derrumbar y no quería eso. 

Lo último que ví de él, antes de cerrar la puerta de su auto aquélla noche, fue la sonrisa que compuso ante ese chiste. 

Luego se tomó unas semanas sin ver mis historias en las redes sociales, cambió su modelo de teléfono celular y supongo que empezó otro capitulo. Yo pensé que no iba a aparecer nunca más a chusmear mis historias y empecé a caer en la tierra del presente. Pero quince días después de lo ocurrido, cuando Javier comenzó a mirarme de nuevo todos los días las historias en redes sociales, tomé la decisión de cancelárselas. Tuve miedo a que decidiera ponerse en contacto conmigo de nuevo. Tuve miedo de mi y de cometer más errores. 

Entonces, me armé de valor y me dije: "ya está". 

Tomar partido

 Ésta última semana fue complicada anímicamente para mí. Tomé en cuenta que miles de cosas que venía acumulando empezaron a salir a la luz y me encontré con que no tuve la energía de siempre para hacerlo mentalmente a un lado.  Al contrario, empecé a hacer de lado el estrés laboral y empecé a permitirme sentir emociones desfavorables que tenía acumuladas desde comienzos de éste año. 

Los últimos meses fueron muy movidos. Especialmente, el período entre abril y mayo donde renuncié a mi trabajo en el Estudio, comencé dos días después otro, y al mismo tiempo intenté contener toda la hecatombe interior que generó la aparición de Javier luego de casi diez años de silencio. Todo eso, alejada de mis amigos, solo pudiendo hablar de ciertas cosas con mi familia más cercana, y tratando de recuperar un equilibrio económico luego de meses sin trabajo, cuestión que me ha generado otras consecuencias económicas y emocionales persistentes. 

Las cosas, a su debido momento, fueron apareciendo y desapareciendo. Pero yo constantemente me sentí como si no pudiera volver a casa, como si no supiera muy bien qué hacer con mi vida ni qué decisiones sólidas tomar.  Y ahora, aunque eso suponga sentir todo lo que siento, me hizo darme cuenta que tengo que ocuparme y ponerme las pilas para sentirme mejor. 

Por falta de tiempo, había tenido que dejar terapia, y además, porque necesitaba llegar un poco mejor a fin de mes, dado que tengo miles de obligaciones con las cuales ponerme a tiro luego de este período fuera del mercado laboral. Sin embargo, esa no fue la mejor decisión o el rubro adecuado para hacer el recorte. Sólo que me doy cuenta ahora donde noto que no puedo lidiar con tantas cosas sola. Y donde me encuentro enojada, triste, cansada todo el tiempo y queriendo como único objetivo llegar a mi casa a dormir a los veintisiete años.  ¿Cómo es posible que a mi edad eso sea lo único importante?  Antes, quizá, cuando luego de todo un día de trabajo me acostaba, me parecía lindo hablar con Galeno, preguntarle qué tal su día o algo similar. Pero estas últimas semanas estuve antipática hasta para eso. Notaba que el diálogo consigo me pesaba un poco y al mismo tiempo notaba que extrañaba ese contacto pero no tenía la fuerza de voluntad para sostenerlo. Lo anhelado, cuando llegaba, se convertía en aburrido al punto de quedarme dormida. 

II

Hoy me doy cuenta que lo ocurrido con Javier, especialmente durante el período abril-mayo fue devastador para mi autoestima. Cambió muchas cosas por dentro a nivel de una historia que me había contado durante mucho tiempo y ahora tengo que redimensionar. Y creo que hoy,  cuando ha pasado algún tiempo, yo estoy empezando a tomar realmente dimensión de lo que pasó, de lo que hice, y de lo que debo hacerme cargo.   Y es decirme: "bueno, hay que cerrar capítulos y muchas cosas tienen que terminar". 

Eso, asimismo, pone constantemente en duda mi """"relación"""" con Galeno, por otra parte, a quien quiero pero últimamente miro más desde una perspectiva sexual que desde una perspectiva afectiva. Algo cambió en mi forma de quererlo, o algo cambió en mi forma de pensar sobre él, que por momentos siento que me atrae pero lo estoy dejando de querer. 

En definitiva, y junto con los cambios a nivel académico, laboral y personal, todo se fue uniendo en un combo raro pero poderoso, que es una pelota que todas las mañanas pateo para recibir en la noche. 

La única determinación que tomé, por lo menos por ahora, es comenzar terapia con una psicóloga nueva que pueda atenderme después de la oficina. Hacerme obligadamente el espacio para hablar de todo lo que pasó en estos últimos meses. Hacerle frente a las pérdidas. A las cosas que me asustan, a los fantasmas resucitados y quizá, y sólo quizá, para no seguir mandándome cagadas y haciendo sonar todo lo que tengo. 

Quizá no es el paso más contundente, o puede parecer una tontería superficial de una jovencita hueca que no tiene un lugar donde llorar y sonarse los mocos... Pero se trata de algo más, es decir, de ir a buscar ayuda a un lugar donde ojalá me puedan dar herramientas para tomar partido y que empiece una etapa donde me pueda rearmar habiéndole puesto la cara a todo lo que me aterra. 

Si algo aprendí es que estar triste y mal, y no moverse por no hacer ni siquiera solo una cosa para sentirse mejor, es condenarse a sufrir toda la vida.  Y yo no quiero pasarla mal siempre, así que resolví ponerme a hacer algo pese a todas las resistencias que puse hasta el momento para comenzarlo. 

Creo que puede estar bueno ir documentando los avances. Veremos. 




viernes, 8 de julio de 2022

Incómoda

 Hoy me sucedió algo muy incómodo. 

En principio, me levanté para ir a trabajar luego de haber soñado que me acostaba con uno de mis nuevos compañeros de trabajo. Cabe decir que, lejos de atraerme, todos ellos parecen estar en una sintonía del mundo dos eslabones más abajo de lo que yo entiendo del mundo así que el desconcierto fue la primera emoción del día. 

No entendía por qué él pero viajando al trabajo, ante un paro sorpresa de la línea de colectivo que me deja allí, lo cierto es que me olvidé. 

Una vez en la oficina, llega el compañero en cuestión, hablamos de cuestiones laborales compartidas y como yo tenía que ir a hacer un trámite y él tenía que ir al banco, me ofrece llevarme en su auto.

Obvio, después del sueño que había tenido, la cercanía en la vida real me parecía incomoda.  

Por suerte, los planes cambiaron. Pude ir a hacer mi trámite sola. Él se fue al banco por su lado. Y yo pensé que la mente para generar sueños es increíble. 

A mí me costó bastante que él específicamente me cayera bien y yo me di cuenta que estuve todo este tiempo sin cerrarle.  Pero de ahí a soñar lo que soñé, no tiene ningún sentido. 

Pura coincidencia aunque,eso sí, de lo más incómoda. 

miércoles, 6 de julio de 2022

Se esperan lluvias e inestabilidad...

 Un dólar por las nubes no es el único síntoma de inestabilidad financiera en el país. También lo es la lluvia de invierno, la humedad fría como el corazón de un sicario y mi estado de ánimo. 

Este último tiempo (meses) estoy pasando una etapa emocional y anímica muy variada.  Además de los acontecimientos con quién ya sabemos, se le sumó un nuevo cambio laboral que añadió estrés por lo que representa adaptarse en un lugar nuevo un mes y medio después de haberse adaptado en otro (o haberlo intentado). Pasé de trabajar en un Estudio Contable a trabajar en una Pyme. El rubro de mi trabajo sigue siendo la parte contable, aunque no va sobre lo mismo que hacía en el Estudio y, además, estoy con dos empresas y no con cuatro o cinco a la misma vez. Puede parecer que no, pero a nivel estilo de trabajo, eso hace mucho la diferencia. 

A nivel relaciones personales hace un tiempo largo vengo mal. Más que nada porque estoy procesando la perdida del vínculo con quién era mi mejor amiga hace once años. Hace meses que ya cortamos la relación y no de la mejor forma. Eso es algo de lo que me costó mucho hablar porque fue y sigue siendo doloroso más allá de que con la soledad yo me llevo muy bien. Creo que una cosa es estar solo y otra cosa es perder vínculos que te importaban por desacuerdos.  Porque lo segundo significa quedarte solo. 

En cuanto a la Universidad, me tomé un cuatrimestre sabático. Lo necesitaba por motivos que hoy en día no termino de explicarme. Creo que tengo que tomar decisiones en lo académico y son de las importantes y me está costando hacerlo. 

En cuanto a Galeno y nuestra """"relación"""", no sé... Creo que lo de Javier habla también de este vínculo... 

Sé que tengo que empezar a resolver cosas por algún lado. Pero también se que prefiero meter la cabeza en la rutina, dormir todo el día en el tiempo que me deja la oficina full time y escribir para sentir que todo esto tiene algún sentido. 

Creo que estoy triste. Eso me pasa. En el fondo, le trato de poner toda la onda y de mostrarme siempre fuerte, pero... Me siento triste. 






lunes, 4 de julio de 2022

Dolores silenciosos

 "¿Por qué no me lo dijiste en su momento?", le pregunté a él en cuanto comenzó a confesarse casi diez años después. "Porque si te daba a elegir, ibas a elegir mal", respondió secamente. 

¿Esa era la respuesta a uno de los dolores emocionales más profundos que sentí? ¿Eso nada más? ¿Que iba a elegir mal? 

"Pero no me diste a elegir. Elegiste. Vos solo", argumenté. Me miró fijo.   "Para mí hice lo correcto en ese momento. No había otra opción. No me arrepiento de lo que hice. Eras muy chica", sentenció. 

Me lo quedé mirando en silencio. Si, era muy chica, pero lo amaba. Y amarlo con esa fuerza era la única razón por la que estaba sentada en esa silla de su casa, casi diez años después... Porque lo había amado con todo lo que soy. 

"Entonces ahora no te da vergüenza, aunque siga siendo joven..." , ironicé.  Me miró con cara de no seas maldita y sonrió. "¿Te lastimé?", me preguntó. 

Me tomé un momento. 

"Tengo que ser sincera para responder eso" le advirti.  "Se sincera" me dijo, muy serio. "Tu silencio me lastimó. El no saber. El que no me dijeras las cosas de esta manera, así, tan fácil, tan natural... Dar tantas vueltas por una calentura es impresionante", argumente. 

Javier sonrió con sorna. 

II 

Miro fotos de quién era yo a los diecinueve años. Si, era mucho más joven que ahora y tenía más pinta de adolescente que de mujer, pero... Los sentimientos ahí estaban. 

Me observo en el espejo todas las mañanas. Veo una mujer mucho más dura y fría después de esta experiencia. Que la lengua le arde si se censura. Que ya no la quiere caretear más. 

Si, quizá si... Iba a elegir mal. O quizá no. Pero hubiese estado bueno saberlo en su momento y no estar haciendo un duelo que por momentos no puedo disimular casi una década después. 

Cerrar este capítulo de la historia hay días donde es doloroso. Pensar en todo lo que pasó. En este recorrido. En la forma en que todo termina. Pensar en todo lo pensado y llegar a nuevos puertos.  

Esa es mi única esperanza. No espero más. 

domingo, 3 de julio de 2022

Aprender a elegir

 Hoy, nos cruzamos con la novia de Javier.

 Ella iba desde su auto y me reconoció comiendo en familia al aire libre. Me miró, fijamente, con cara de pocos amigos durante algunos instantes mientras cedía el paso a otro auto. Como siempre, cabe decir, la cara con que me mira cuando nos encontramos a solas es así, seria y antipática. Pero está vez, fue más intensa. Le faltó hacerme un gesto chancho con la mano y gritarme: "puta de mierda". 

Yo la miré fijamente con un gesto serio y no le bajé los ojos hasta que dió vuelta la cabeza y siguió su camino. Fue algo muy extraño pero por primera vez sentí que no tenía que esconder los ojos por miedo a que se me desbordara el amor que sentía por una persona que ella tenía hacía ocho años al lado. Sentí que desde el haber resuelto ese pendiente con él, yo no era la loquita que había entendido todo mal y ella la señora distinguida a la que le querían soplar el mari-novio.  Solamente, deje que me mirara mal sabiendo que lo había intentado todo en el camino a resistirme. Que no había buscado arruinarle nada, si no, fallado en la propia empresa. 

Me resistí todo lo que pude y llegué al punto de enfermarme físicamente con tal de no caer. El cuerpo me empezó a doler.  Aparecieron infecciones en la piel. Moretones de origen desconocido. Cortes accidentales. Y estragos en el estómago. Todo el dolor que sentía por no saber que decisión tomar, antes de que sucediera lo que sucedió, se trasladó al cuerpo. Y por extraño que parezca, y por oscuro que se lea, las infección y los cuadros sintomáticos desaparecieron una vez que ese pendiente fue cerrado. 

Hoy cuando la ví por primera vez en muchos años, no sentí esa punzada de indignación por su forma de mirarme mal. Por primera vez sentí que, sin saberlo, me estaba mirando de una manera en que merecía. 

II 

Entendí además que no le resultaría gracioso verme almorzando a dos cuadras de la casa de su novio, reconfirmando que seguía siendo su vecina, por todo ese trasfondo de puntos oscuros en el comportamiento de él. Por todo lo que terminó diciéndome, que en realidad, no deja en ningún buen lugar a nadie.   Por eso también, por todo esto, la cara de odio. 

¿Qué pensará de mi? ¿Qué suposiciones hará para sostener ese gesto asqueroso durante años? Quizá siempre vió algo más, más allá de Javier y más allá de mi, y de nuestros intentos de disimularlo, que no le cerró del todo. Siempre noto que había una tensión alrededor de lo pendiente. Siempre percibió que había algo que no se había resuelto. Quizá siempre pudo ver algo en él que yo no, y por eso su confesión me partió al medio. O quizá notó el sufrimiento silencioso a lo largo de los últimos ocho años cada vez que los veía juntos.  Quizá se imagino este desenlace mil veces. 

Pero quizá no se imaginó que yo me iba a arrepentir, que iba a lamentarlo de todo corazón, que jamás hubiera querido perjudicar a nadie en el camino a matar esto. Que él se iba a morir de culpa. Que iba a tratarse de un trámite para curar dolores y no de una explosión de placer de dos hijos de puta. No se imaginó que él se iba a poner raro y me diría que lo hacía feliz, si, que le hubiera mentido a mi Galeno.  Que me iba a mirar las historias todos los días en redes sociales después de esa noche. Que yo se las iba a cancelar.  Que me iba a arrepentir de ese encuentro y que al mismo tiempo me ayudaría a alejarme para siempre de él. Que me haría dar cuenta de todo lo que no había podido darme cuenta en ocho años. 

Y que entendería, pese a que jamás quise causarle dolor a nadie en el momento en que buscaba respuesta a mis preguntas más profundas, por qué pasó todo como pasó. 

No, no tengo justificación. Debería haberme podido contener. Pero no pude. Y lo único que sé es que agoté toda mi resistencia en el intento. Que hice de todo. Que realmente luché. Que traté con todas mis fuerzas. Pero que hubo algo más allá de toda razón que me comando y fue... El amor que sentí por él durante años. El amor que tardo años de mi vida en ocultarse en un lugar de mi cuerpo que no me hiciera daño. 

Si, a él lo amé más allá de toda razón siempre. Más allá de mi misma. Y frente a eso, no tengo ninguna pero absolutamente ninguna justificación.  Esta clase de amor que te parte en dos la vida, va más allá del bien y del mal. 

Por suerte, ese amor, con este encuentro que tuvimos ocho años después, acabó muriendo. Y él amor silencioso, callado, puro y sano que construimos con Galeno durante todos estos años, me dijo: "¿viste que al final era yo el que valía la pena e iba a poder hacerte feliz?". 

Eso también lo descubrí. Y aunque suene muy egoísta, con toda mi alma desearía haber entendido todo eso sin llegar a cometer los errores que cometí. Pero lo importante ahora es elegir que hacer con lo que sé. Y yo sé que esto , todo este dolor reflotado, tiene que haber servido para algo superador. 

Y lo superador es, simplemente, decir: con esto que sé, buscaré el perdón y sabré que si algún día la vida nos cruza, es mejor mirar para otro lado.  Si, según sus palabras, "manejar las situaciones".  En algo chiquito terminó teniendo razón. Algunas situaciones no hay que atravesarlas, hay que esquivarlas e irse corriendo bien lejos por las dudas. 




sábado, 2 de julio de 2022

Disociación

Es curioso. Por un lado considero que soy una persona plenamente funcional, es decir que cuenta con el correcto uso de sus facultades y es un sujeto activo en la sociedad.  Pero por otro lado, también soy la persona que por momentos se hunde en la tristeza de tener que cerrar algo para siempre y el proceso emocional que aquello conlleva, o sea, el tiempo que se necesita sí o sí para conceptualizar las cosas adentro de la mente. 

Es como si por un lado estuviera haciendo el duelo en el presente de una historia que acaba de morir. Es un duelo que debería haberse dado en el pasado, porque esto es una historia del pasado, que sin embargo ocupa espacio aquí lo quiera o no a la luz de los hechos ya mencionados.  Por otro lado, también me ocurre que yo no he dejado de querer a quien quiero, es decir, que no he dejado de lado a Galeno. Esto quiere decir que por un lado estoy matando algo y por otro lado estoy resucitando lo otro.

Es un duelo que mantengo oculto, que por momentos no siento que esté del todo autorizado. Nadie lo sabe. Y a veces tampoco encuentro el tiempo para vivirlo, porque por fuera, no es algo que haya dejado traslucir. Pero lo siento y eso no se puede negar. Desde aquél día donde él se volvió a cruzar en mi presente, fue como si hubiera abierto que se tiene la obligación de cerrar para siempre... Y cerrar procesos, demanda tiempo, voluntad y energía. 

Hay momentos donde no quiero ni hablar. Dónde necesito espacio. Dónde necesito estar sola. Dónde me quiero ir lejos.  Y esos son días son, justamente, los que más pienso en todo lo que pasó con aquel otro y me pierdo un poco en el presente.  Pienso en eso, de todos modos, para no repetir, para reparar, para aprender, para elegir perdonarme a diario. No es que extrañe nada de lo vivido. Más bien, me gustaría que no hubiera pasado nada de esta manera, que se hubieran acomodado de otra forma las cosas. Pero quizá al vivir esto la vida se encargó de enseñarme que las cosas tenían que ser de esa manera para que viera todo tal y como es.  Para que ningún sentimiento equivocado se reviviera. Para que le pusiera cabeza y nada de corazón. 

 Supongo que estoy tratando de acomodar esto por dentro como puedo. Y hay días donde lo único que necesito es silencio para ordenar.  Dónde me siento triste y no quiero hablar con nadie. Donde llego a conclusiones que necesito , pero que son dolorosas, y tengo que ponerle el rostro a ese dolor, a la oficina, a los compromisos familiares, a la facultad , a las materias de Administración, a los vencimientos, y a todo lo que forma parte de mi vida cotidiana.  Y eso está bien. Yo lo entiendo.  Pero poder ponerlo en palabras para mí es importante porque implica darle cuerpo a una contradicción que por momentos es desesperante.  ¿Cómo se explica estar viviendo una vida y haciendo duelos y cierres sobre otra vida a la que hemos renunciado formalmente, ahora sí, para siempre?  Una disociación total. 

II

Otro punto en esto es la desconfianza. Entiendo que una persona que perdió la credibilidad hacía los demás, cómo lo he hecho yo, no puede confiar en nadie. Y eso me ocurre.  Me cuesta cada día más confiar en las personas. Me cuesta cada día más conectarme con sus vivencias. Necesito, en mayor intensidad en este momento de mi vida, una especie de silencio y de repetición en la rutina de todos los días que me dé margen para procesar algo muy muy grande a nivel emocional.  Porque ocho años de una vida con algo así, no se sepultan en un mes. Porque ocho años pensando una cosa no implica que entendamos rápido el alcance de otra cosa que escapó a nuestra imaginación. 

Una pequeña salvedad que hago: sé que tengo que darle el tiempo a morir a otro esto, mientras vivo, e intento seguir construyendo mi vida. No puedo separar una cosa de la otra. Todo está ocurriendo al mismo tiempo. No puedo detenerme, liberar todo lo que siento, y seguir, como si fuera dos personas diferentes.  Sólo puedo enfocarme en guardar para mi interior este proceso porque los demás jamás lo comprenderían y entender lo que tenga que entender para poder avanzar.