jueves, 30 de abril de 2020

Mis razones

¿Por qué estar con vos y no con otros? ¿Por qué haberte elegido a vos y no a otros? ¿Por qué haberte dado a vos el permiso, el espacio y el tiempo que le negué a otros? ¿Por qué despertarme en tu casa, en tu provincia, y dejarte mi perfume en las toallas? ¿Por qué no otros? ¿Por qué no cerca? ¿Por qué no de mi misma edad? ¿Por qué no de mi misma clase social, incluso? ¿Por qué un hombre que le da su vida a la medicina y no a los libros? ¿Por qué un Médico y no un Licenciado en Letras? ¿Por qué no aún más cerca? ¿Por qué no acá

Honestamente, no lo sé. Y el día en que sepa responder a éstas preguntas, quizá, será el día donde no tenga un solo sentimiento ni un solo gramo más de interés en vos. Pero mientras tanto, durante éstos últimos diez meses, no traté de darle más vueltas al asunto. Y sin embargo, ahora, cuando intento pensar qué disfruté con vos, por qué te elegí, por qué un día me encontré durmiendo con vos al lado y al siguiente desayunando, me parece importante. Porque poder hacerlo es, al mismo tiempo, evaluar las razones por las cuales diez meses después de ese primer chat algo pasó. Y las razones por las cuales quizá es bueno que siga pasando... o no.   Sí, justamente por eso. No tiene nada que ver con dejarte o quedarme. Es balance. Es un ejercicio de indagación personal que me permita pensar todo aquéllo que yo veo en vos para evaluar si puedo disfrutar de ésto que formamos juntos.  Y que hizo posible que un día te abrazara feliz de reencontrarme en un aeropuerto cuando yo no creía en esas historias. 

Disfruto cuando me mandás mi combinación de emojis en el chat, porque es un código de nosotros y tan de nosotros, que sé lo que querés expresar y vos sabés lo que quiero decir con esos muñequitos. Disfruto cuando me mandás una frase a mitad del día de algo que me interesa, o un live de un escritor que admiro, porque sabés mis gustos, porque tomaste nota de mis intereses y porque siento que pensaste en mí. Disfruto cuando vamos a comer y, aún sabiendo que nunca me termino mi plato, me mirás comer con paciencia y mesura y no te importa que yo coma tan lento...

Disfruto cuando hablamos y siento que -¡por fin!- intelectualmente hay alguien masculino que me entiende y con quien parece que nos conocemos de otro tiempo. Disfruto que seas tan culto, porque es fácil hablar con vos e incluso ponernos de acuerdo para visitar un museo o una exposición de arte, es inevitable. Me decís "¿vamos a una librería? y para mí es como si me dijeras todo lo que me hubiese encantado compartir con alguien más tantas veces.

Disfruto que usemos las palabras al mismo tiempo, que respondamos las mismas cosas en algunos casos y que haya coincidencias. Disfruto que tengamos gustos en común, como el guiso de lentejas, los poemas, la justicia social y las canciones de Lisandro Aristimuño. Disfruto que, a veces, parece que me hubieses espiado toda mi vida para hacer, con dos o tres gestos, un momento perfecto, casi a mi medida. ¿Cómo es que, pese a todas las distancias posibles, nosotros estamos desde las preferencias tan conectados, desde lo que amamos siempre, tan destinados a encontrarse? 

Disfruto poder compartir con vos un shopping, un museo, una galería de arte o un espacio de lectura. Disfruto recorrer Buenos Aires y perdernos juntos en la Biblioteca Nacional, absortos. Disfruto conocer librerías, tomar helado y buscar regalos para tu hija en cada viaje. Disfruto ayudarte en eso y agradezco mucho que lo valores.  Disfruto escucharte hablar con tonadita y podría hacerlo durante horas. Disfruto cuando broméas por mi tonada porteña, cuando me ponés cara de agreta - deliberadamente - y cuando me mirás con los ojos ardiendo de deseo. Disfruto cuando me decís todos mis apodos, aquéllos que me pusiste y que me da dulzura escuchar. Disfruto cuando sabés entender mis tiempos, mis debilidades, y no salís corriendo; porque estando lejos, sé que podrías haberlo hecho mucho antes, sin ir más lejos, el día después de habernos conocido. 

Disfruto de las veces donde podemos dormir juntos. De los momentos donde, a veces, me parece que la química existe entre las personas. De aquéllos instantes donde me mirás manso y silencioso, pero también, de esos pequeños gestos que me hacen feliz. Como cuando me acaricias la cara mientras tengo los ojos cerrados... O cuando me ponés el pelo detrás de las orejas. O cuando me hacés mimos en el pelo mientras estoy acostada. O cuando me agarrás la mano en el restaurante mientras esperamos la comida. O cuando me hacés chistes, con el argumento de que sos un hombre inofensivo," del interior del interior". Pero también me llena de ternura que, mientras yo estoy embarcada en la única misión de darte placer físico, vos te ocupes de que esté cómoda, y no dejes de acariciarme la cara o de intentar, dependiendo cuáles sean los tópicos, que me sienta segura y protegida.

Disfruto de tu forma de seducirme, de tu manera tan humana y tan comprensiva de hacerme el amor, y de tu delicadeza infinita. Disfruto de tus "me encanta complacerte" y de la sonrisa pícara con la que me avalás y me acompañas a recorrer un camino que para mí había tenido tantas piedras. Disfruto que te expreses, que me digas lo que te gusta y que no me pongas límites. Disfruto cuando me besás apasionadamente y me mordés un poquito para reírte de cómo mi carne se convierte en piel de gallina. Disfruto, muchísimo, cómo a un nivel físico, siento que nos hubiésemos acostado toda la vida. Cómo todo se nos da, cómo los dos nos encontramos en esa instancia de estar hablando del clima y, de repente, con sólo mirarnos, terminar haciendo el amor.  Disfruto, sí, de esa electricidad, de esa capacidad de derramarse que tiene el deseo , como si fuera una llamarada que va agarrándose de una cortina para expandirse.

Disfruto cuando aceptas bañarte conmigo solo porque bromeás con usar mi shampoo re minita o mi jabón facial re-contra específico, sólo para hacerme reír. Disfruto cuando me bancás yendo a todos lados con mi neceser lleno de cremas, de maquillaje y de productos de belleza, aunque pese dos kilos y medio. Disfruto cuando me hacés el desayuno silbando a Drexler, que suena a todo volumen. Disfruto cuando te ponés el perfume que me gusta y me dejas olértelo. Disfruto cuando me decís pendeja de la misma manera en que alguien dice mi amor. Disfruto de tus bonita y de la valoración hacia mi inteligencia, como también, de los elogios a mi piel o a mi ropa interior sexy.

Disfruto que puedas pasarte horas mirándome las uñas arregladas con esmalte semipermanente y que te guste tanto que las lleve así. Disfruto que fantasees conmigo, que te produzca deseo, que te excite, que te movilice y que, con sólo un par de caricias, estés listo para mí.  Disfruto cuando me contás de tu hija, de tu hermano, de los recuerdos de tu infancia o de tu paso por la Universidad Nacional de ***. Disfruto cuando tenés una postura fija sobre las cosas y podemos debatir e intercambiar puntos de vista, cada uno, desde su cosmovisión y desde su nivel etario.

Disfruto cuando llegás y puedo abrazarte fuerte y podemos caminar juntos por la calle y puedo tocarte. Es extraño, jamás me pasó algo así, pero convivir con vos no me parece una locura. Se da con la naturalidad de quien dice tengo frío o voy a comer fideos. Disfruto cuando merendamos, me cebás matecitos y cada uno se hunde en su lectura hasta que la comparte con el otro, que la disfruta en su voz, y éso se convierte en magia. Disfruto que me hagas elegir un capítulo de Rayuela al azar y me lo leas, después de haberme hecho el amor.  Eso, para mí, es todo lo que deseé siempre, aunque no te lo diga, aunque sea algo que me guarde para mí, porque soy tímida.

Disfruto. Lo disfruto. Te disfruto. Nos disfruto.  Y sé, sé con certeza, que esas cosas quizá no le pasan a la gente muchas veces en la vida.  Por eso, pese a todo lo que no disfruto de nuestra relación, es que necesitaba hacer ése balance. A veces se torna muy necesario saber si los vínculos que alimentamos cada día valen más la alegría que la pena. Y más, cuando en nuestro corazón se hace presente el miedo y la incertidumbre.

Sí, mi morocho lindo, como te digo cuando me pongo mimosa, yo te disfruto. Lo escribo, para que cuando me agobie el encierro y la angustia, pueda entrar a leerlo. Y me acuerde por qué te elegí a vos.  Por qué vos, entre todos, por qué vos.

miércoles, 29 de abril de 2020

Día 43

Mi sobrino aprendió a decir no. 
Mi sobrino aprendió a decir seh
Mi sobrino sonríe cuando hacemos videollamada y le dicen "ahí está la tía". 
Mi sobrino está alto, mucho más alto que hace un mes y medio, y súper pispereta. 

Mi sobrino se roba el celular mientras hablamos en grupo, sale rajando, y puede estar horas diciendo "ta,ta,ta... ¡brrrrr! ta,ta, seh" mientras nosotras nos reímos y se nos llenan los ojos de lágrimas a la misma vez.  Mi sobrino está creciendo todos los días un poco más.  

Yo cuento los días en el calendario que faltan para volver a verlo crecer... Pero lo único que me hace feliz, en éste encierro, es haber vivido tantos otros momentos con él. Es no haberme perdido de nada. Es haber estado ahí cuando caminó, cuando empezó a comer, cuando dijo su primera sílaba. Es haber disfrutado cada segundo... Porque éso es todo lo que me sostiene ahora. 

Sueño con ése reencuentro. Con ése abrazo. Con volver a hacerle upa. Con que me abrace y se quede quieto para que le de besos. Con que me traiga libritos para que le lea y yo le diga: "dale, te leo, vení acá conmigo" y me tire los brazos para sentarse en mi falda y que le lea, y le señale los dibujos y los colores de Coco, su libro de aventuras.  Otra cosa que aprendió... Dice "Cooocoo" para que le lean ¿lo pueden creer? 

Ojalá el reencuentro llegue más pronto de lo que imagino.  Lo extraño tanto... pero tanto, pero tanto... 

Es que, él, cuando nació, me conectó para siempre con su felicidad. 


martes, 28 de abril de 2020

Intenso

- Vení, no me gusta que estés arrodillado - musité - Vení.  

Galeno sonrió. 

- ¿Vos estás bien? - me susurró - ¿Te gusta esto?  

- Sí, obvio, pero vení - le pedí . 

Y se lo pedí por él, a decir verdad, porque a mí ponerme de rodillas hasta para juntar algo del piso me parece denigrante. Pero para Galeno, en un contexto de plena búsqueda de proporcionarme placer, no. Y estaba muy aplicado a la tarea. Tanto que se encontraba entregando incluso en su postura. 

- No te preocupes por mí - me susurró - Disfrutá. Estoy bien yo, vos no te preocupes. Quiero que disfrutes, todo está bien... 

- Per... vos... - quise decir, y me quedé sin palabras - Ay, Dios... - me reí. 

Galeno me hacía sentir en otro planeta. Estaba hechizada, así que me aflojé y me rendí. Lo último que pensé fue que después le pediría disculpas por no insistir más para que estuviese cómodo, o al menos, que no priorizara mi placer. Pero en ese momento, consiguió que no pudiera evitar disfrutarlo con todo mi cuerpo.

- Muy bien. Eso... - celebró, entre risas tiernas. 

- Me encanta... - musité, buscando aire, sin la capacidad de pensar en nada, atrapada en una nebulosa de placer y de deseo sofocante como el calor porteño de pleno enero. 

Galeno se acercó a mi rostro, sólo un segundo, y me dijo: 

-  Sos toda mía . Disfrutá, vos, disfrutá todo... 
- Soy tuya. 
- ¿Sí? 

Me dió un beso.  Y siguió haciendo de las suyas. 

- Sí - musité, conectada a lo que le estaba diciendo - estoy acá con vos.  

-  Me encanta que disfrutes así... Me vuelve loco- dijo.

Y prodigiosamente, continúo. 

Tanto así que, a la mañana siguiente, se me caía la cara de vergüenza. Y Galeno lo sabía. Es que, como saca a veces un lado oscuro de mí, sabe sacar un lado bueno, puro, noble, que se da, y que pone todo su cuerpo y su energía en compartir el afecto físico de una manera honesta, humana y real;cuidando al otro y queriéndolo. Pero además, deseándolo hasta las entrañas. 

- Lo de ayer fue... - dijo, revoleando los ojos. 

- Literatura Épica - lo burlé. 

Él me sonrió. 

- Realmente yo no me imaginé... lo que pasó - me reí - Siento que andaba usando el 0,5% de mi cuerpo... y paf. 

- Fue espectacular... Estuvo muy bien para mí también, fue muy intenso. Te gustó. Y me alegro mucho... 

Lo miré, le sonreí y bajé la vista. 

- ¿Sabés lo que es que te hagan dejar de pensar? - le pregunté - Nunca me había pasado.  
- ¿Sentías eso? 
-  Sí... Fue muy raro... - le expliqué. 

Sonrió. 

- Tenés una apertura muy grande al disfrute. Tenés que aprovecharlo. No lo tienen todos. Que ésto no te avergüence nunca...  - me dijo, con cariño -  A mí me vuelve loco verte disfrutar de todo como lo hacés.  Anoche yo me di cuenta que te entregaste totalmente...  Y quiero hacerte disfrutar así siempre, ahora... - dijo, con aires de esperanza. 

- Fui tuya por un ratito - lo burlé - y vos, por un ratito, fuiste mío. 
- Estaba feliz de que la pasaras tan bien...  - me sonrió. 
- Me dejaste bien bien en claro tu felicidad - lo burlé. 

Nos miramos, sacudiendo la cabeza. 

II

al día siguiente... 

- Vení - le dije, despacito - ¿Me das una habilitación para mimos? - pregunté, entre risas. 
- Por supuesto que sí - musitó. 
- Póngase cómodo, señor - lo burlé. 
- ¿Así está bien? - preguntó Galeno, con un gesto divertido. 
- Súper bien - admití. 

Y me embarqué en hacerlo sentir solamente un poco de lo bien que yo me había sentido. Y sin embargo, Galeno, buscó todas las formas posibles para que aquéllo fuera una oda a la ternura. Lo acaricié en el pelo, lo besé, y me ocupé que de se sintiera apreciado. 

- Aflojate, relajate un poquito... ¿si? 
- Soy todo tuyo - dijo. 
- ¿Ah, si? Pero muy bien. Qué bueno - le dije, y lo besé. 
- ¿****? - dijo , leyendo mis intenciones. 
- Adivinaste...- dije, en broma, riéndome. 
- Yo quiero que disfrutes, hace lo que quieras conmigo - dijo, dándose por completo. 
- Yo estoy bien. Vos no te preocupes - le dije, repitiendo sus palabras. 

Empecé a deshacerme de su ropa. Galeno no dudo ni un segundo en ayudarme en la tarea. Unos instantes después, habíamos conectado en el escenario y tiempo indicado. Y me sentía dichosa por poder hacerlo alborotarse. 

Momentos más tarde se manifestó, con la voz entrecortada. Metida en mis asuntos, sonreí. Fui midiendo mi capacidad de presentirlo y su propia capacidad de disfrutarlo. Medí la intensidad, la textura, el qué, el cuándo y el cómo. Quería que perdiera la cordura. No más. No menos. Quería que se olvidara del mundo, que se congelara en ese placer. Y estaba seriamente dispuesta a conseguirlo.

Galeno siguió respondiendo positivamente, inflamando todo su cuerpo, tensándolo, acelerándolo.  Y yo seguí por ese camino donde el propio cuerpo del otro te va marcando el paso, el motivo, el modo y las intensidades... Todo por la misma vía, hasta  que fuera tan placentero que no quedase otro remedio que entregarse. 

Galeno me acarició el rostro, con ternura infinita, en todo momento, como si estuviera agradeciendo con afecto mi actitud. No fue brusco, ni machista, ni degradante, ni abusivo. Fue tierno, como si hasta el acto más sexual de todos, viniendo de mí, se entremezclara con el afecto y la ternura. 

Después de derrumbarse, me miró, lo miré,  y nos sonreímos. 

- *** hermoso - musitó - Y yo pensé que no te gustaba... 

-  Vos me haces pasarla igual - admití, riéndome - ¿Que no me gustaba? No, mi ****, no estaría siendo el caso ... Me gusta, así que si a vos también te gustó, excelente... 

Unas horas después, me dijo: 

- Lo que pasó...  estuvo muy bien...  Pero muuuuy bien - enfatizó. 

Es que, por decirlo de algún modo fino, Galeno se llevó una sorpresa de mis habilidades afectivas, humanas y vinculares. 

- No puede ser que siempre vos me hagas conocer galaxias nuevas... - le contesté - Te tocaba. 
- Pero yo la paso bien con vos... Aunque ésto fue... Si volvés a hacer eso me vas a matar, pendeja. 
- Noooo - le dije - no te voy a matar... Es ponerme en tu lugar, como vos te ponés en el mío, y procurar que disfrutes. Y yo quiero que disfrutes mucho... Pero mucho. Pero no quiero que te quedes seco, sonso.

Se rió a carcajadas.

- Me vas a matar un día ... Yo disfruto todo... Pero **** de ésa manera, fue una locura... dijo, con su tonada. 
- Gracias por decirmelo. En serio. Me hace bien saber que pude lograr eso. Quería que te olvidaras del resto...
- Siempre lo haces. Conmigo o con cualquier tipo podés hacerlo - me aclaro - Pero conmigo, por favor . Yo quiero que me *** así.

Lo mire, me rei y suspiré.

Galeno para algunas cosas, es perfecto oafat mí. El sexo es una de ellas.

Y de solo pensar que me lleve semejante sorpresa, no se cómo pretende que no sea intensa.

Porque cuando estás frente a la persona que deseaste, que querés, que te atrae por su mente... No podés menos que ser intenso. Es que yo no le diré que lo quiero, que me importa , pero cuando lo tengo cerca , se lo demuestro. 

Es casi una ley. 

lunes, 27 de abril de 2020

Niebla

El encierro me está enloqueciendo, es oficial. Y los pensamientos son como una niebla que me oscurece y me aplana cuando les sigo el tren. Me hace falta el aire, el sol, mi sobrino y mis hermanas. Hablar con otra gente, ver a mi amiga que en diez años de lazo nunca pasamos tanto tiempo lejos una de la otra... 

Lo que hoy me pasó con Galeno, durante gran parte del día, fue la gota que colmo mi vaso. Mi propio vaso interior.  Llorando, le dije a mi madre, que es mi única heroína en este lío, que Galeno no me había hablado en todo el día. Y que yo no me merecía ser ignorada. Y que no quería saber nada. Y que yo entendía que quizá el quería volver con su ex y no sabía cómo hacer para decírmelo pero que, de nuevo, no me merecía esto. 

Mi mamá, más allá de sus puntos de vista, hizo de todo para ayudarme. Y me dijo que quizá estaba durmiendo porque había tenido una guardia de 24 hs el día anterior y que no me apresure, que deje de pensar cosas feas... Que si todo estaba bien, no me tenía que poner así, que esperase a que me hablara y que de última le preguntara si estaba bien... Y yo, lloraba, y le decía que estaba conectado y que no me hablaba. Y que me daba bronca, porque no merecía que me ignore. 

Galeno apareció a las horas. Me mandó un mensaje para saber cómo estuvo mi día y me comentó que estaba tratando de salir a flote. 

Eso me preocupó. Le pregunté si estaba bien y si había pasado algo. Me dijo que si día había sido de terror. La guardia de veinticuatro horas del día anterior había sido un espanto. Muchos pacientes en terapia intensiva y muchos otros inestables. Fue "uno de esos días " me dijo. " Encima, hoy a la mañana, yo estaba intentando dormir algo porque no dormí nada, y los del grupo del Hospital, me volvieron loco por Whatsapp...", agregó. 

Y yo, me sentí una nena boluda. Como una tarada encerrada en su burbuja de miedos y angustias sin poder ver las cosas en perspectiva. 

Porque mientras que mi trabajo consiste en otras actividades más mundanas, el suyo, consiste en salvar vidas. Y el estrés entre la vida y la muerte y los procedimientos y las estrategias, no tiene comparación. Cuando yo me equivoco, puedo tener una llamada de atención. Pero cuando Galeno se equivoca, puede hacer algo mal en la terapia intensiva, dar mal una indicación de un tratamiento para un niño o un bebé y/o redactar mal una historia clínica de la que se fiaran en los días siguientes. 

Tengo para exponer largo en terapia. No me puedo exponer a qué mi mente me juegue tantas malas pasadas. 

No otra vez. 
No la misma historia.
No con Galeno. 

sábado, 25 de abril de 2020

Simple

Anoche soñé con Galeno pero no me animé a contárselo. No fue un sueño sexual, ni mucho menos, como hubiera podido pensarse. Sólo estaba acá, en Buenos Aires, y estábamos cocinando algo rico mientras pasábamos ésta parte de la cuarentena juntos. Íbamos a comer pizza casera. Desperté con la vívida imagen en mi cabeza de cómo me esperaba, paradito al lado del horno, para poner la masa a cocinar. 

La representación misma de la ternura. En especial, porque a mí no me gusta la pizza casera, es decir que no es algo que anhele degustar pronto , pero me entusiasmaba igual. 

Antes los sueños de todos nosotros quizá escondían claves más complejas. Ahora, hasta eso se volvió transparente.  Deseamos, por todos los medios posibles, lo simple. 



viernes, 24 de abril de 2020

Espectáculo

Había sido un espectáculo. En silencio, si trataba de adjetivar ese acontecimiento, no le cabía otra palabra pese a que su adjetivo en líneas estrictas hubiera sido espectacular. "Dejá las excepciones lingüísticas para otro momento", me dije, en mi fuero interno, mientras sonreía y disfrutaba de un estado de relajación, y de desinterés por el resto de las actividades del mundo, muy saludable. Galeno yacía a mi lado, completamente desnudo, reponiéndose luego de ser integrante del elenco protagónico de aquélla función. Lo había dado todo, hasta yo que no suelo atribuirme flores me había dado cuenta. Lo había dado todo y hecho todo para que disfrute y por mi parte, no podía más que agradecérselo, sabiendo que desde mi lugar y con mis modalidades individuales había buscado hacer lo mismo. 

Sé que quizá en personas que se entienden fuera de la cama el sexo puede ser mejor, pero en un comienzo, me costó imaginar cuanto mejor resultaba con Galeno si, sin siquiera un contacto físico-visual, habíamos estado cinco meses hablando de cualquier cosa menos de aquélla. Sí, es que eso fue lo curioso. Nosotros, de lo último que hablamos, fue del aspecto sexual. Y lo cierto es que cuando lo hicimos, fue desde un aspecto muy cauto. Al caso, ninguno de los dos, a ciencia cierta, sabía si el otro le podía gustar de esa manera. Yo sabía que me podía ver muy joven, demasiado joven, por lo que no le generaría atracción. Y él, por su parte, sabía que yo podía verlo - cito textual- "como un viejo".  Aunque a decir verdad esos fantasmas, enfatizados para nosotros por la diferencia de edad, también podían ocurrir en cualquier cita a ciegas. Y, por lo menos yo, traté de pensarlo y asimilarlo siempre, hasta conocernos, desde ese lugar. Quizá no le interesaba si era demasiado joven, sino, que al final, podía no gustarle por otra cosa; y él, asimismo, podía no gustarme a mí por otros detalles. Pero éso no pasó. Y estar metida dentro de aquélla camita de sábanas blancas no podía evidenciar algo contrario a lo que acababa de consolidarse. 

Miré a Galeno de reojo. Se le dibujaba una sonrisa en la cara y parecía poder quedarse horas languideciendo así. Me acurruqué junto a él, sin apretujarlo demasiado, y me abracé a su pecho de costado. Él ya sabe que me gusta adormilarme así, a veces, y me deja hasta que me activo nuevamente. Mientras tanto, yo aprovecho para oler los restos de su perfume, sin querer separarme de esa sensación tan placentera. A veces, me acaricia mientras huelo. Otras veces, me da un beso y se queda callado, mirando la nada, al igual que yo. Ésta es una de esas veces donde me acaricia y después se queda en silencio mirando un punto fijo, y desconocido para mí, en la habitación.  Me gusta esa complicidad. Ése nosotros. Ése dúo que somos capaces de consumar. 

- ¿Puedo preguntarte una cosa? - musité, un rato después, cuando ya nos habíamos duchado por segunda vez y nos disponíamos a dormir. 

- Sí - dijo, animado. 

- ¿ Me das un abracito desde atrás ? - le dije, en referencia a la cucharita - Para entrar en sueño... -le explique, acto seguido.




Galeno se rió, y enseguida, se puso mimoso. 

- Vení un poquito, vení - me dijo con su tonadita característica.  Y yo... me derretí. 

Me abrazó desde atrás, acoplándose perfectamente a mi cuerpo, y dándome besos tanto en la nuca como en los hombros, logró que durmiera como los dioses. Al otro día, incluso, después de un amanecer muy similar, con la única diferencia de que el escenario para éste espectáculo conllevara luz natural, Galeno bromeó: 

- Anoche dormiste muy bien... Ni te moviste - lo miré y le sonreí - Nos tapamos y ... 

- ¿Por qué habrá sido, no? Quizá fue que encontré LA posición para dormir...   

- Te gusta dormir así, sí... - celebró - No sabés la vista que tengo yo... Es hermosa ... - dijo. 

Lo miré y me reí, mofando. 

- Buenos Aires en vivo y en directo... - observé. 

- Nooo - me contestó - vos durmiendo desnuda, con todo el pelito en la espalda, y el olorcito, la piel suavecita...  Tremendo, chicos - dijo, burlándome porque suelo decir esa frase. 

- Espectacular, chicos... - le digo, sonriéndole, y pensando al mismo tiempo que es lindo cuando un hombre reconoce los cuidados de la mujer, más allá de que siempre lo hice por mi misma.

jueves, 23 de abril de 2020

Día 37

Muchas veces a lo largo de su vida uno no se da cuenta el momento exacto en el que pasan las cosas. Las raíces empiezan a crecer en silencio, casi debajo de nosotros mismos, y no estamos al corriente de éste hecho.   Pero  siempre, más tarde o más temprano, llega el día donde es un segundo todo lo que hace falta para que caigamos en la cuenta de que ése rayo que te deja partido al medio en el patio, finalmente, cayó. Y que estás estaqueado.  

Yo tomé noción de lo que me estaba pasando cuando me ví sentada en un parque conocidísimo de la provincia donde vive Galeno, comiendo un choripán - como yo le había pedido expresamente, porque tenían una fama tremenda- al lado suyo.  Fue un momento nada más. Nada de declaraciones nupciales o cosas similares. Hablo de un momento simple, cotidiano, pero trascendental.  

Galeno me estaba sacando fotos con el menú que tantas veces habíamos mencionado estando lejos. Era un hito, el símbolo de haber llegado finalmente a su lugar. Mirábamos a nuestro alrededor. El paisaje era tan lindo que me hacía pensar cómo, de una manera casi predestinada, había terminado en ese sitio y con ésa persona.  Qué impredecible la vida, me repito, mientras escribo. 

El momento donde me di cuenta que quería a Galeno fue mientras nos reíamos a carcajadas, hasta llorar, sentados en ese mismo parque, sobre el pasto, comiendo un choripán espectacular y tomando una Coca Cola. 

Cuando pude recuperarme, lo miré, sacudí la cabeza por la salida que había tenido, y suspiré. 

- Ésto va a quedar en la historia... - le dije. 

- Claaaro - admitió - Acaba de pasar a la historia - comentó, mientras nos sonreíamos. 

Vaya si pasó a la historia, pienso ahora, mientras escribo. 
Por momentos, ésto de querer a alguien, para mí por lo menos, es desolador. 






miércoles, 22 de abril de 2020

Celos

Buenos Aires, 30 de diciembre de 2019

Desmaquillándome después de salir de la ducha, me pasee por la habitación en remera y ropa interior. Galeno me miró, sonrió y tomo el celular. 

- Me escribió ** . Me dice que se fueron con *** a pasar un fin de semana en lo de la tía. No vuelve hasta el miércoles. 

Estaba haciendo referencia a su ex mujer, la madre de la hija que tiene Galeno, y me comentaba lo que le había dicho. Me pareció un gesto lindo de su parte. De confianza. Un gesto sencillo, pero al mismo tiempo, serio. 

- Oooh, bien... ¿De mini vacaciones? - le sonreí, animada - Va a estar contenta, ***, seguro...  -observé, en relación a la nena. 

- Seguramente... Ella está chocha - me sonrió. 

Siguió trajinando con el celular. Yo me seguí arreglando. Sin darle importancia, me acosté, me tapé y me puse  a mirar mi celular. Fue una manera de darle su espacio. 

- Uh, bueno... - musitó, quejoso, fastidiado de pronto.  

- ¿Qué? 

- Que ahora me está preguntando si la puedo tener el 20. Falta para eso. No sé ni cuándo es veinte... - musitó. 

Me sonreí. Busque mi aplicación de calendario en el celular . 

- Acá me fijé... Cae lunes, si te sirve. 

- Bueno, entonces si... Igualmente falta muchísimo, pero sí - dijo - Esto se puede arreglar en otro momento. Falta un mes... 

Yo seguí con mi celular. Galeno suspiró. Dejo el celular en la mesita de luz. Lo miré de reojo y lo dejé hacer. Me pone un poco incómoda cuando habla con la ex, me dije en ese momento, sólo por no querer estar ahí y darle intimidad. Pero, al caso, ¿qué tenía de malo que estuviera o que me lo comentara? Me relajé. 

- Listo - me dijo, más dulcemente y se me acercó en plan de unos mimos. 

El celular vibró. 

- Contéstale, dale... - me reí.  
- No. Ya está. Ya le dije que sí. Listo. No es una urgencia... - dijo, firme. 
- Bueno, como vos quieras... Yo no tengo drama... - le expliqué. 
- Yo quiero hacerte mimos... Si me das habilitación - musitó. 

Dejé el celular y le sonreí.  

- Vení acá, por favor, vení un poquito... - me dijo, al ver la afirmativa. 

- Bueno, voy un poquito nada más y mañana otro poco, tipo, voy mitad y mitad - lo burle. 

- Noooo. Vení entera conmigo - me pidió. 

Me abrazo fuerte. Me dió besos tiernos hasta que logro relajarme. Me atrajo hacia él y comenzó a hacerme caricias. 

Galeno se rió. 

- ¿Me explicas como me respondes así? - le dije - No hice nada todavía, sólo te abracé, unos besitos...  - me reí. 

Había pasado un segundo y todo estaba coordinado. Unos mimos en el pelo, unos besitos más por la mandíbula, y Galeno estaba conmigo. 

-  No hace falta que hagas nada más. Vos me abrazas y para mí es suficiente. Me gustás, pendeja. 

- No soy la única máquina de sentir... - sonreí mientras me acostaba encima de el, para más mimos - Disfrutá, como me decís vos - musité, riéndome.  
-  Me pasa con vos 

Lo bese. 

- A mi también...  Me pasa lo mismo cuando me tocas - le confesé, entre beso y beso.  

Galeno se aferró a mí, me besó con fuerza y se encargó de que me sintiera segura y feliz con sus caricias y todo el resto de los menesteres. 

En ésa época, en mi vida, no existían los celos por las minas que likea en redes ocasionalmente o porque la ex lo quiere de ésa manera. Ni Galeno me decía , al contarle de un Fulano conocido, que ése otro hacía X cosa porque quería mantener relaciones sexuales conmigo.  Pasaron otras cosas, claro, y a eso se le sumó la distancia impuesta por éste virus raro y las dudas y los likes en culos ajenos pero además los comentarios de: "quiere jugar al tenis con vos, sí, y te quiere gar", de su parte. Se sumó el "me gustaría que estuvieras acá" y otros deseos de la misma textura.

Pero puedo decir, con total sinceridad, que los celos son una gran cagada. Y que no reflejan al otro y sus elecciones, que nunca lo harán... Sino que reflejan todo lo que más nos cuesta asumir de nosotros mismos.

Y quizá, de éso se trata. 36 días encerrada tienen que servir, mínimamente, para pensarse y reconocer los propios demonios.  Quizá, cuando volvamos a la normalidad, entendamos que los celos no sirven para nada. Que nos tenemos que aferrar a los que queremos y , esencialmente, que no hay tiempo que perder. Cada quien es libre de elegir con quien estar, y dónde. Cada quien se mueve por sus deseos y sus pulsiones... Por eso, cuando nos estén eligiendo, hay que saber apreciarlo y, si correspondemos, aprovecharlo hasta el fondo. Aunque no sea para siempre. Porque uno, a fin de cuentas, nunca sabe lo que puede pasar. Está a la vista.  Nadie se esperó que ésto nos sucediera. Y acá estamos...

Entonces ¿de qué sirve hacerse películas cuando estamos pasando por todo ésto como Humanidad? ¿De qué sirve manijearse? ¿De qué sirve desconfiar, si es el contexto más propicio para rendirse? ¿De qué sirve asustarse del futuro, si lo único que se espera es que sea mucho mejor del presente?

Lo único que nos dá esperanza en éstos momentos, es seguir siendo elegidos por los vínculos que formamos. Es sobrevivir a la prueba. Es poder contarla juntos con familiares y amigos, cuando la pesadilla acabe. Es ir a buscar a las personas que siempre estuvieron con nosotros y que, en éste contexto,  nos buscaron y nos siguiendo eligiendo pese a la ausencia física.  Sin egoísmos, sin celos, sin pormenores.

martes, 21 de abril de 2020

Día 35

Lo cierto es que después de treinta y cinco días encerrada dentro de casa, mis parámetros están por los techos. He descubierto muchas cosas de mi misma, como por ejemplo, que soy celosa; que si tengo tiempo libre en exceso me agarra una flor de ciclotimia y, en especial, que no tengo idea de cuándo nos volveremos a ver con mi Galeno. 

Creo que ninguno de los dos se imaginó que ésto iba a durar tanto. Y es como si el aislamiento, la distancia obligatoria y la falta de actividades y otros afectos para rellenar los espacios, hiciera peso para abajo.   

Sí, es una situación difícil a nivel mundial. Y nosotros no seremos de ésas duplas que se libren de lidiar con ésta situación. Lo cierto es que, hasta ahora, a partir de que con Galeno empezamos a vernos y a mantener ésta relación, no habíamos esperado mucho. El tiempo hasta vernos se nos pasaba volando y nos encontrábamos diciendo: "qué bueno, pasó muy rápido el tiempo" hasta el siguiente viaje. 

El único mes que no nos vimos, desde que nos conocimos, fue aquél donde me fui de vacaciones y el resto de sus guardias eran en fin de semana. Incluso en el mes que él se fue de vacaciones, viajé a verlo. Es que, si bien nuestra situación económica es muuuuuuy diferente, creo, desde el minuto cero, que todo éste merengue de estar juntos se basa en algo: reciprocidad y voluntad de hacer las cosas posibles. 

Ahora estamos en un período donde nos es imposible, más allá de nuestros esfuerzos laborales, económicos y las tarjetas de crédito en rojo, encontrarnos. Y sé, porque a muchos niveles lo siento así, que ésto es una prueba. Porque nosotros, hasta el momento, no habíamos tenido acontecimientos cuesta arriba. Lo cierto es que todo, como por arte de magia, había funcionado. En mi casa, habían aceptado la relación desde el inicio e incluso mi madre me había ofrecido dinero prestado si es que no llegaba con algo, cosa que por suerte y gracia divina, no hizo falta. En su caso él no me había hecho esperar con sus venidas y, aunque suene superficial, nunca planteó el dinero como un impedimento para estar juntos. Nos poníamos de acuerdo, pactábamos fecha, y ahí estaba el otro con una valija llevando adelante toda ésta locura con tanto aprendizaje inmiscuido. Con mucho trabajo, sí, con esfuerzo, porque no todo son rositas; pero ahí estábamos. 

Ahora, nosotros, no estamos en esa situación. Muchos miedos afloraron desde entonces. Me encontré con celos que jamás experimenté por nadie, en una magnitud increíble. Me encontré haciendo planteos, cuando jamás me gusté en ese lugar. Me encontré con un Galeno que también se puso celoso por un comentario que le hice. Y así, sobrevivimos a los días.  Cada uno como quiere y como puede.

Me encontré con la incertidumbre, la inseguridad y el miedo a perder. Me encontré con la lección de tener que esperar y confiar. Me encontré con la obligación de creer. Me encontré con la gran pero la gran enseñanza que implica no-saber-qué-va-a-pasar y no-poder-controlar-todo. 

Son días complejos, sí. Como Humanidad, estamos en cualquiera. Pero justo en éstos términos paradójicos, también, me encontré conmigo. Quizá, el viaje, esté por dentro... Ya que no podemos ir afuera (por ahora). 

lunes, 20 de abril de 2020

Dejar en el pasado...

Una de las cosas que le dije muy claro a Galeno un mes después de empezar a hablar, fue que yo había tenido una experiencia sexual- afectiva difícil con Él. Y que eso, me hacía sentir incapaz de conectar con una persona. Le expliqué que a mí me costaba mucho expresar mis deseos y que en esa instancia me sentía muy vulnerable.  Le dije que Él había tratado mi elección de que fuera mi primer hombre como un trámite del que no sabía hacerse cargo. Y le expliqué que al hacerlo todo de esa forma, yo me había sentido muy sola. Y principalmente, que mi decisión y lo que implicaba eso para una mujer, no había tenido importancia. Que Él nunca había llegado a comprender que mi elección era producto del amor y no, del aburrimiento. 

Galeno me preguntó lo justo y lo necesario. Y yo lo desalenté, diciéndole: "por eso, no esperes nada de mi en ese aspecto si algún día nos conocemos... No puedo ponerme a tu altura, yo estoy haciendo otros procesos y se que no tenemos  los mismos tiempos. A los cincuenta años no me vas a esperar y yo lo entiendo, porque son mis mambos. Por eso mismo te lo digo ahora. No quiero que pierdas tu tiempo". 

Lo único que me respondió a todo aquello fue: "si llega a darse esa situación algún día entre nosotros, yo voy a ser el que me acompase a vos. Yo voy a ser el que te dé el tiempo y el que te espere. Vos no vas a tener que adelantar nada , y no debería ser así ni conmigo ni con nadie nunca más". 

II 

Desde aquel intercambio de primavera pasaron los meses hasta noviembre. Increíblemente, Galeno sostuvo su palabra durante tofos esos meses y , una vez frente a frente, yo sentí (si, lo sentí desde adentro) que podía confiar en él. Aunque todavía tenía miedo, Galeno era la persona con la que no podía imaginarme sufriendo. La persona que durante esos últimos seis meses no me había hecho sufrir con un mal gesto, ni una sola vez. 

Recuerdo como si fuera hoy, pero al mismo tiempo producto de otra vida, esa noche en el hotel. Galeno entro, se acostó en la cama totalmente vestido y me empezó a sacar charla. Yo, me quedé shockeada. ¿No habíamos ido al hotel para...?

- Te podés sentar si queres, no tengas miedo... - dijo.

Me rei.

- No tengo miedo. Estoy sorprendida. Nunca me imaginé estar hablando con vos en un hotel - admití, entre risas. 

- Yo si. Es la primera vez que te veo... Tiene lógica - bromeó. 

Lo mire, me mire las manos y de pronto me gire para sacarme las sandalias y poder subir los pies a la cama cuando me sentara. En eso, uno de los breteles de mi remera de me desató y se me bajo. El diseño de la remera consistía en los breteles se formaba atando dos tiritas con un nudo. Lo curioso fue que yo no me di cuenta porque tenía todo el pelo tirado para los costados, dividido en dos, alrededor del cuello. 

Cuando me senté, finalmente, Galeno se acercó muy despacio y me mostró que se había salido la tira. Y yo, muerta de vergüenza, me avive recién ahí que se me estaba viendo parte del corpiño como si nada.  Lo noté, me rei muerta de pudor y me lo quedé mirando. Con ese gesto, me había cuidado, y había cuidado la imagen de respeto que quería darle a la situación. 

En el hotel, hablamos mucho más. Nos reímos. Nos contamos más cosas. Nos preguntamos , nos escuchamos. 

Hasta que yo me sentí lista, inesperadamente. Y si bien Galeno me había señalado que se me venía el corpiño negro con encaje, en señal de respeto, también me daría cuenta de que sabe desprenderlo muy bien. 

- Se hace lo que vos quieras ¿ si? - me había dicho - No tenés obligación de nada. Me gustó conocerte. Lo único que te pediría por hoy, es un abrazo. 

Note que me había puesto muy nerviosa. Ese gesto entraba en el orden del afecto y me asustaba como ninguna otra cosa. Pero me acerque y lo abracé. Se lo merecía. 

- Si te querés quedar, podés dormir conmigo sin obligación de hacer nada, eh... Y si te querés ir, toma - me dijo y puso al lado de mi celular una de las tarjeta de salida con el nombre del hotel - No hay ningún compromiso. 

Mire a Galeno con la confianza a flor de piel. Valore que me hubiera dado el pase para hacer lo que quisiera. Y por eso, por ese gesto tan simbólico, me acerqué muy despacio hasta su lado de la cama y lo mire fijamente. Le sonreí con toda la cara. 

- No te tengo miedo... - dije en voz muy baja. 

- ¿ Te puedo dar un beso? - me preguntó. 

Asentí con la cabeza. 

Galeno me dió un beso intenso pero al mismo tiempo muy suave. Fue nuestro primer beso. Nuestra metáfora en la realidad.  Y ... sentí algo tan lindo... Cómo si me hubiesen conectado al cuerpo otra vez el corazón. Un beso especial, un beso nuevo, y sin embargo, un beso que me hacía sentir como si fuera el primero. 

Lo miré, le sonríe y me acerque a él. Era mi hombre no cagón en todo el mundo. Era mi hombre empático y lucido. Era todo lo que había estado esperando y soñando.  Y podía tocarlo. Pero además, podía pasar la noche con él. Y eso era descubrir muchas cosas al mismo tiempo. Después de muchos años en una nebulosa que yo había creído que era relacionarse con los hombres y que, en realidad, había sido una ficción. 

- Vamos despacio - dijo.

Y me besó hasta perder el sentido. No me acordé en ese momento que todo ese escenario era inusual. Yo no pensé en el amor o el pasado. Viví aquél presente con todo y sus miedos. Y Galeno siempre supo cómo ser el hombre que yo necesitaba. En todo sentido y todo ese tiempo.

III

A medida que fueron pasando los meses, nosotros, fuimos fortaleciendo un lazo físico singular. Galeno fue con mucho cuidado, siempre, y me dió en todo momento la oportunidad de disfrutar.  Convengamos que, más allá de haber tenido la oportunidad por parte del otro, lo que también sumó de forma trascendental, fue la química. El que el otro supiera lo necesario para que uno pudiera sentirse cómodo y el que uno mismo pudiera, asimismo, comprender a la persona que tenía en frente; tuvo resultados geniales.

Yo, independientemente de lo que pase en el futuro, puedo decir que me llevé una enseñanza bellísima y constructiva de la afectividad física. Es que, como le dije a Galeno, cuando hablamos de ésto: " para que se dispusiera mi cuerpo, yo tenía que disponer la cabeza. Cuando te ví, sentí que podía confiar en vos, y... todo fue más fácil. Quería que fuera algo lindo."  "Y lo fue, claaaro", me dijo.

IV

- Debo confesar que pensé en vos durante éste fin de semana - me dijo, mi psico - ¿Cómo te fue con Galeno, Veinte? - me preguntó.

- Re bien - dije, nada más - Galeno fue el hombre que yo necesité siempre que existiera. El hombre que necesitaba que fuera - musité.

viernes, 17 de abril de 2020

Construcción visual

Aquél día  de noviembre caminábamos por los diques de Puerto Madero como quien no quiere la cosa, bajo unos nubarrones densos que declinarían en lluvia. Habíamos almorzado allí, en un restaurante bonito, y yo le había insistido para que me dejara pagar el postre varias veces.  

- ¿Te gusta el helado de acá? - le pregunté, para que eligiera. 

Yo soy partidaria que los vínculos se hacen de a dos, en todos sus aspectos, y que es muy importante ese ida y vuelta. Lugares donde comer elegidos por los dos, paseos, o actividades pensadas por ambos, hacen parte del acuerdo que implica tener una relación. 

- Te van a arrancar la cabeza - murmuró, divertido - Vamos, yo invito. 

Me sonreí 

- Vamos, sí, y yo invito - le aseguré. 

Cuando llegamos al mostrador, bajo la mirada curiosa de la vendedora, puse mi cartera sobre aquélla superficie en clara señal de que esa invitación era de mi propiedad. Galeno puso cara de "estoy de turista en la Ciudad de Buenos Aires" y le pregunté qué quería. Miró a la chica, con toda la paz del mundo, y le dijo: 

- Un cuarto de helado de... - y pasó a elegir. 

Yo hice lo mismo, comprando la misma medida y eligiendo mis gustos. Y sin embargo, la chica, se dirigía a él no por una cuestión de atractivo, sino, por una cuestión de quién iría a pagar la cuenta. 

- Bueno, son **** pesos - anunció.

Y lo miró.

- Ok - dije, mientras escuchaba un audio por algo que pasaba con mi sobrino y saqué la billetera. 

Galeno se había anticipado a sacar su tarjeta de débito y lo agarré de la mano para frenarlo. La mina, se quedó más extrañada que antes. 

- Servite - musité y le dí mi tarjeta de débito y mi documento - Muchas gracias 

Lo miré a Galeno con un gesto de logro desbloqueado. Él sacudió la cabeza, divertido, y la chica nos entregó los helados de inmediato. La chica, que le iba a agarrar la tarjeta de débito a Galeno, dió un giro y sin decir nada, tomó la mía. Instantes después, nos sentamos en una mesita al aire libre. A la distancia, todavía se podía ver el mostrador. En cuanto me acomodé yo ya me había olvidado de la mirada ciertamente curiosa de la chica, unos años mayor que yo. Hasta que Galeno me acarició la cara y me arrimó el pelo hasta detrás de mi oreja... Y la mina ésta, quedó en shock por completo.

 Se ve que se dió cuenta por dónde venía la mano y... 

II 

- Después podríamos pensar qué hacemos - le dije a Galeno, en referencia a su visita a Buenos Aires en diciembre. 

- Llego el sábado... El lunes ya estás de vacaciones - admitió. 

- Seeeeh, qué lindo - le contesté - Si hace mucho calor, vamos a ir a tomar helado... ¿Te prendés para una pile o no te gustan esos lugares? 

- ¿Para ir a una pileta? 

- Claro... Si hace mucho calor, podemos ir a esas piletas donde pagás el día y te metés... - le comenté. 

- ¿Tenés ganas de meterte en una pile? - me preguntó. 

- Sí, me parece bueno si es que hace mucho calor tenerlo como alternativa... Si está más templado, mejor, porque podemos recorrer y podés conocer algún lugar nuevo... Pero por si hace mucho calor... 

- Bueno, sí, es una buena idea. Vamos a ver qué podemos hacer - dijo. 

Yo pensé, realmente, que se refería a que podíamos hacer nosotros en esos días del viaje. Pero Galeno, sólo unos pocos días después, me pasó el link con la reserva del hotel. 

- Fijate qué te parece - me indicó - Hay fotos en el link que te pasé. Reservé una habitación para los dos. 

Miré las fotos. Enarqué una ceja sin poder evitarlo. Pensé: " qué lugar hermoso" y me sorprendí realmente de la capacidad de Galeno para tener en cuenta ciertos detalles.  Porque el hotel tenía pileta. 

- Es super lindo...  - dije, sin salir un poco de la sorpresa, porque pese a que era lindo, era raro para mí - Me encanta la estética de las instalaciones - le expliqué, pensando qué tipo de textura tendrían las paredes y cómo se vería el mobiliario con esa onda de reciclaje top que se usa actualmente. 

Cuando llegó aquél día y nos instalamos en el hotel, la dueña lo recibió personalmente y le preguntó: 

- ¿Vos no venías acompañado?

- Sí, sí. Viene más tarde - le explicó, escuetamente.

Llegamos, nos instalamos, y salimos a comer. Recién al otro día, temprano por la mañana, la dueña me vió bajar con un vestido blanco y azul, emulando los colores de Santorini, Grecia, por las escaleras a la espera del desayuno.

- Buenos días - la saludé y con Galeno elegimos una mesita apartada del gentío para desayunar con más intimidad.

- Oh, buenos días - me dijo , con acento extranjero - Llegaste - añadió con una sonrisa - ¿Qué te gustaría tomar? - me preguntó.

Me di cuenta que más allá del protocolo estaba siendo simpática y estaba sorprendida por mi presencia, o en realidad, por mi edad. No suelo representar la edad que tengo, cabe decir, siempre parezco entre dos o tres años más chica. Esa mañana, al no tener maquillaje puesto, Dios sabrá cuántos años me dió.

- Hola - le dije, con más confianza - ¿Tendrás café con leche?

- Sí, claro. ¿Cómo te gusta?

- Más leche que café... - admití, con cierta timidez.

Es raro que la gente me sirva, para mí.

- ¿Y para comer? - me preguntó, luego de que evaluamos las opciones.

- Huevos revueltos está bien -  sonreí - Gracias - le dije, antes de que se fuera.

Lo cierto es que después la señora, que terminó siendo nuestra compañía de largas charlas, terminó trayéndonos huevos revueltos, tostadas, medialunas, criollitos y mermeladita cada mañana.

Luego de tomar el desayuno nos embarcábamos en largas charlas. Ella, nacida en Bélgica, nos contó muchísimo de su cultura. Y nosotros, cada uno por su parte, le contamos distintas cosas. Incluso, una noche que nosotros habíamos llegado al hotel para aterrizar directamente en el sillón del hotel, ella nos invitó a una milonga.  También nos preguntó qué hacíamos, si vivíamos juntos, si teníamos mascotas y si nos gustaban los gatitos.  Nosotros, siempre con mucha discreción, le contamos lo justo y lo necesario de esa relación.

El último día, como ya era costumbre, ella me preguntó si quería más huevos revueltos. Galeno ya se había ido temprano pero me había pedido que me quedara a tomar el desayuno así le contaba qué tal habían salido los huevos (tan ricos, los hacía esa mujer...) como un código interno.

Y, con mucha naturalidad, me dijo:

- ¿Ya se fue? Oh, qué lástima, pensé que pasaban las fiestas juntos...

Me reí.

- No, yo las paso con mi familia. Acá. Y él las pasa en su provincia, con su hermano...

Asintió con la cabeza, como si entendiera.

- ¿Cuántos años tenés?

- El mes que viene cumplo veinticinco - le expliqué.

Sonrió.

- ¿Estudiabas Literatura? ¿De qué trata, a qué le dicen aquí estudiar Literatura? - preguntó.

Y le expliqué largo y tendido.

Tan bien me cayó que, cuando me fui, la despedí con un abrazo.

- Gracias por todo, ***.

- Gracias a ustedes. Espero verte pronto con él - dijo, guiñándome un ojo.

Y cuando Galeno me preguntó si me había gustado el hotel, le dije que volvería sin dudarlo. Él, por su parte, también quedó muy contento.

jueves, 16 de abril de 2020

Fortaleza


" No puedo seguir. No es una pérdida de tiempo o una experiencia posible de ser vivida, lo que se juega para mí. Me pasan otras cosas distintas a las tuyas y... no son las mismas que te pasan a vos. Se me fueron los sentimientos de las manos y... es muy corbarde de mi parte no hacerles justicia más allá de que vos no vas a ir conmigo para esos lugares.  Así que, quería decírtelo, porque desde hace tiempo me siento para atrás con el tema y ... traté de solucionarlo pero no pude. De acá en adelante, sé que vas a estar bien y yo creo que voy a poder estar mejor. Sé que querer mucho a alguien no es malo, pero sí creo que no es lo que buscábamos ninguno de los dos y... a mí me pasó mucho antes de que me mostraras tus límites, pero, lamentablemente, no supe darme cuenta a tiempo como para poder explicártelo y ser más prolijita. Te lo explico ahora: creo que estoy enamorada de vos. De una forma re silenciosa, muy... dificil de explicar y, al mismo tiempo, con plena conciencia del final, pero me encuentro hasta las re manos.  Me hubiese gustado poder decírtelo de otra manera, quizá hablar ésto frente a frente, pero no es posible, ya lo sé. También sé que no estás buscando eso, que ya te pasó, que ya está. Así que... no soy partidaria de insistir, respeto tus condiciones... Sólo que no puedo sostener las mías.  Te mando un beso. Cuidate mucho. Y gracias, por todo "

Antes no podía ni escribir éste mensaje.
Ahora, por lo menos, ya tengo el borrador.
Lo próximo, es mandarlo.
Lo sé.

¿Por qué será que los fantasmas siempre ganan?
¿Por qué será que el miedo, la falta de seguridad, la ciclotimia, el pasado, ganan? ¿Por qué no puedo decirle : " No veo la hora de que esto pase para que podamos vernos" y que eso no implique una derrota? ¿Por qué será que estoy tan a la defensiva y todo lo que hace me cae como el traste?

No puedo dejar de pensar en el equilibrio atroz que tenía mi vida de antes como un faro en la oscuridad y, al mismo tiempo, como la posibilidad plena de esa misma oscuridad.

II

Se sentó a mi lado y, sin pensarlo, me acomodé sobre sus muslos. Apoyó una mano en mi cuerpo y buena parte de su brazo. Lo agarré de las manos en un profundo silencio y se las miré. Le acaricié cada una de las uñas planas. Supe que lo estaba admirando pero no me importó. Galeno me agarró una de mis manos, frotó las yemas de sus dedos sobre mis uñas con esmalte semipermanente y sonreí. Le encanta hacer eso y le gusta también que tenga las uñas arregladísimas.

Lo tomé de la mano un rato después y cerré los ojos por un rato.
Galeno me acarició la cara, teniendo nuevamente sus manos libres cuando me cansé de admirarlas y acariciarlas y mirarlas fijamente.

- Amo tus manos - musité.

Se rió.  Se acomodó un poco mejor y me dió un beso en la nariz. No dejó de acariciarme ni un segundo. Volvió a besarme en el pelo.  Y yo, vencida, cerré los ojos.

Al ratito, mientras lo sentía sobre mí, y podía apretarlo por la espalda y mezclando las manos por su pelo, lo ví sonreír, resplandeciente. Nos miramos. Nos reímos por un segundo y paramos las rotativas para disfrutar de lo que estaba pasando. Volví a besarlo. Volvimos a reírnos. Lo mordí un poco al siguiente beso. Galeno suspiró y me dió un beso tan apasionado como intenso.


miércoles, 15 de abril de 2020

Amor incondicional

Ayer hablé con mi sobrino por videollamada. Creo que sí hay alguien que me hace muchísima falta en este momento, es el. Desde antes de que se dictase la cuarentena obligatoria que no lo veo porque estaba ocupada trabajando, estudiando y haciendo mil cosas. Según mis cálculos debe hacer un mes. Y nunca había pasado tanto tipo lejos suyo, desde el día en que nació. 

Todas las semanas, lo visitaba. A veces me iba después del trabajo, otras dedicaba mi único día libre a verlo u otras venía de visita a casa. Pero siempre estábamos muy cerca, a decir verdad. Y eso que la casa de mi hermana queda a tres bondis de la mía, o al menos, a 45 minutos yendo desde CABA. 

La última vez que lo ví, cuando me vio, me tiró los brazos. Lo agarre en upa y me dió un abrazo. Si, me dió un abrazo. Se quedó agarradito de mi y lo apreté profundamente conmovida. " Gracias, mi vida, un abrazo... Que hermoso, mi amor " le dije porque confío en que de algún modo el puede sentir mi amor.  Y ese gesto no lo había tenido con mucha gente a excepción de su mamá. 

Cuando hablamos ayer descubrí que dice y hace cosas nuevas. Dice palabras sueltas, se hace entender mucho mejor y sonríe cuando escucha nuestras voces. "Hola, ***" , le dije y me parece mentira que ya mire la pantalla y sonría con mi voz.  Mi hermana me dijo que, a su modo, dijo "hola ia"... Aunque yo no lo llegué a distinguir bien porque mientras habla con nosotros juega o hace lío.  

Lo lindo es que siempre que nos vemos o siempre que hablamos él realmente me conoce. Incluso, cuando lo visito en su casa, viene corriendo y me tira los brazos para que lo levante, si, increíble. Cómo suelo lavarme las manos, me sigue, haciéndose entender, y apenas lo levanto, lo abrazo y lo beso todo. El se ríe. Y lo mejor, se deja. Se queda quietito, a veces pega su cabeza a la mía y me mira fijo. Yo le hablo bajo y le pregunto : ¿Cómo estás, mi amor? Cuánto te extrañó tu tía, che" y se deja besar y abrazar todavía un poco más. 

No podría explicar lo mucho que lo extraño. Y cuánto lo necesito. 

martes, 14 de abril de 2020

Conceptualización

Hace unos días, sacar el ochenta por ciento de lo que tenía adentro, resultó muy liberador. Pensé que era el mejor resumen de todo lo que estaba sintiendo y que, con el correr de los días, todo se iba a ir ordenando. 

Pero hoy me ocurrió algo muy específico y fue que durante gran parte del día me la pasé escuchando cartas de amor. Y de pronto, me invadió una inesperada tristeza.  

Al principio, no supe por qué. Las cartas eran muy lindas y parecía que escuchar precisamente su hermosura me daba tristeza. Más tarde hablé con mi madre sobre Galeno y me dió su punto de vista. 

Y me encontré diciéndole algo inesperado: 

- Yo ya se que no se va a enamorar de mí. Quisiera que por lo menos no me de un afecto por compromiso, para poder cogerme tierno y ya está. ¿Y después se enoja cuando yo llamo a las cosas por su nombre? Si no me puede dar más compromisos , cosa que para mí es re entendible y lo comparto, ¿qué le molesta que le ponga ese nombre a lo que hacemos? ¿O me va a decir que hace el amor conmigo? - mofe - Yo si, yo pongo afectividad ahí, pero para los hombres es re diferente... 

- ¿Vos sentís que solo te tiene para coger? 
- No se qué decirte. Pienso que si, pero cuando nos acostamos es diferente... Me cuida , siempre se muestra atento... Siempre hace contacto visual, sonríe, me complace. Quizá lo hace porque quiere dejarme una linda sensación, pero la verdad es que siempre fue así. Si es que coge así, la verdad, es muy dulce. Realmente vos lo ves duro por fuera pero en ese momento, no... 

Mi mamá se rió. 

- Es que... Si solo te tendría para coger, te llamaría si viene a un Congreso de Medicina en Buenos Aires... Para mí el tipo no te tiene para coger, Veinte, quien te pensas que es... - se rió y me contagio - El tipo actúa de otra manera. No como si solo te quisiera coger... Y te lo digo yo, que más o menos tengo la misma edad que el. A esta edad no querés quilombos, no estás todo el día metido adentro de la bombacha de una mina... Pero, también, si te buscas una para coger, como decís vos, te la buscas más cerca - dijo, haciéndome reír - Con vos comparte además de pasarla bien... Eso es lo que busca, ni más ni menos. Querrá coger, si, claro, vos también, pero ustedes además comparten y hablan... Sea con más formalidad o con menos, no es una relación ocasional... La pasa bien así, con una pendeja que comparte con el, se rien, pasean, cooogennn - me burló. 

- jajajajaja - tentada, no le respondí a mí madre - Te quiero mamá. Me alegra mucho poder hablar así de un viejito con vos, y que lo tomes así... - la burle. 

- Cualquier cosa, si vos llegas a querer algo distinto, búscate un pendejo de 30 que te dé todooo el día y con el que no tengas respiro... A los cincuenta es así, más simple todo. 

Volví a reírme. 

- No es todo sexo... - me rei. 

" Aunque con Galeno quiero siempre " pensé. Y recordé sus alusiones a la diferencia de edad y esos chistes que hace con que lo voy a dejar muerto. "Dormí, dormí, pendeja" me dijo un día, y nos reímos una hora, porque ya sabía de los ojitos pícaros que pedían más diversión. Lo cierto es que una de las cosas que más me gusta de la intimidad con Galeno es cuando me abraza por detrás, irradia su calor, me muerde despacito los hombros hasta que me río y me da algunos besos en el cuello junto con más mordidas suavecitas... Y al final, me duermo consentida y feliz. 


lunes, 13 de abril de 2020

Carpe diem

- Bueno, al menos, hasta el momento donde me digas "hasta acá llegué, pendeja" y nos despidamos... la mano viene así... - le expliqué a Galeno. 

"O yo me canse y pase lo mismo...", añadí en mi fuero interno. 

Es como si yo necesitara saber constantemente que existirá ese momento. No sé para qué, la verdad. 

- No sería éste el momento... - me dijo Galeno. 

- Por mi parte, tampoco sería éste el momento - acordé. 

Siempre que me ganó el miedo y me adelanté con una actitud de ésas, de avisarle que esto tiene fecha de vencimiento, me contestó así, devolviéndose al presente y ayudándome a volver a tierra. Y aunque yo arranque a pensar que lo nuestro va a terminarse, Galeno dice: no sería éste el momento, y ya suena como una broma de tantas veces que me lo dijo y seguimos adelante. 

Sí, tenemos fecha de vencimiento. Pero nadie sabe cuándo. Y quizá lo que me esté intentando enseñar ésta situación es que tengo que aprender a vivir aún en la incertidumbre, disfrutándolo como si fuese capaz de durar toda mi vida. 

domingo, 12 de abril de 2020

Un nosotros

Creo que si yo misma hubiese leído la última entrada que publiqué en este blog, y a su vez, la anteúltima, me hubiese preguntado si quien narraba aquéllos planteos conservaba - todavía, y aún en cuarentena - la salud mental. Porque, sin dudas, por momentos todo me es tan contradictorio que quisiera salir corriendo. Y una forma de salir corriendo de ésta situación, es, claramente, dejar a Galeno.  Mandar un mensaje que no tengo, en éste momento, el valor para mandar. 

Muchas veces doy vueltas sobre ese asunto de retirarme, de decirle "ésto no va más". Hasta incluso fantaseo con esa posibilidad como la cura de mis miedos y de mis temores. Pienso en cómo era mi vida "de antes" y la comparo. Pienso en lo cómoda que estaba antes, cuando no quería a nadie, pienso que era mejor. Pienso que cuando todo este confinamiento termine yo podría abocarme a mis estudios, empezar el gimnasio o alguna actividad que me mantenga en forma y poner la mente en el trabajo. Y en ése imaginario de una posibilidad de futuro, ya no vuelve a haber lugar para las cosas del corazón. Y me digo ¿no tengo ganas de volver a eso y deshacerme de todo ésto que me desafía todo el tiempo?  Y entonces una voz, aquélla que se encargara de mi zona de confort, me dice: "sí, te conviene soltar esto, te está haciendo mierda. La vida es más fácil la vida si no estás pendiente de nadie, si sólo te importa tu familia y vos, si orientás toda esa energía en proyectos y buscás el logro de tus objetivos, los pequeños éxitos cotidianos". 

Pero, pensándolo mejor ¿qué era lo tóxico? ¿Vivir como vivía antes o haber experimentado otra escala de colores de la vida, con la ayuda de Galeno?  A mí me está costando mucho, como nunca me había costado algo, asumir que quiero a éste hombre. Porque si lo quiero, y si lo quiero esencialmente después de lo que simbolizó querer a alguien hace seis años atrás, siento que mi vida se va a volver a romper como se rompió a mis diecinueve años. Y no quiero. Es, de hecho, lo último que quiero. 

Al mismo tiempo donde pienso que mi vida se va a volver a romper, veo a Galeno como mi enemigo. Como un mal tipo que quiere joderme. Como alguien que quiere usarme. Como la persona que no se preocupa por mí, que no me quiere, que no me tiene en cuenta. ¿Y quién hizo eso conmigo en realidad? ¿Fue Galeno? ¿Fue Galeno quien me dijo primero que no y después que sí y después que no? ¿Fue él quien nunca se jugó por mí, quien siempre fue un cobarde de mierda? ¿Fue el mismo quien se paseó una semana después de que se pudriera todo por mi cara con una mina que acababa de conocer? ¿Fue él quien no podía sostenerme la mirada? ¿Fue Galeno quien se portó durante seis años como un cobarde? ¿Es Galeno el que hasta el mismísimo día de hoy me mira los estados y se le transforma la jeta cuando ve que estoy hablando tierno con otro hombre?  No. Ése no es Galeno. Ése fue Él. Y como defensa, como artilugio, como la única alternativa que encontré en su momento, yo construí una vida posterior a Él donde no había espacio para el afecto. 

En el medio, si bien conocí a otras personas con ninguna llegué a conmoverme. Y, justamente con esa premisa, yo me sentía dueña de mis actos, de mis emociones, de mis actitudes y de mi estructura. Me sentía segura, cómoda, fuerte y adoraba esa impunidad que me había construido meticulosamente, sobre la base de un dolor fuerte, para que nadie me traspasara. 

Hasta que un día, hace nueve meses atrás, después de seis años de todo aquéllo, empecé a hablar con un hombre mucho mayor que yo, por Instagram, sin imaginar lo que me esperaba. Hablar con Galeno fue, desde el primer día, movilizador. Sólo que yo no lo asumí ni lo ví porque me parecía imposible de concretarse y, esa imposibilidad, me protegía. No me sacaba de las estructuras. A nivel inconsciente había encontrado un interlocutor inofensivo, lejano, que si bien representaba un contacto humano, no estaba lo suficientemente a mi alcance como para herirme.  Parecía un equilibrio posible. Del otro lado de ésa pantalla había una persona con la que yo podía hablar de todo, y eso era agradable, porque en el fondo tenía ganas de hablar con alguien. Pero al mismo tiempo, no tenía ganas de sufrir, de que me lastimaran y de que me sacaran de mi zona cómoda. Entonces ¿qué mejor que una persona que vive en otra provincia y no tiene medios para acercarse? Éso pensé yo. Qué inocente palomita. 

Con el tiempo, ocurrió el primer quiebre. Creí que Galeno y yo nunca más íbamos a continuar la charla, y la seguimos. Imaginé que Galeno se iba a cansar de mi después de cinco meses de espera para conocernos, y no se cansó. Supuse que iba a hacer cosas que lo desacreditaran, y lo único que hizo durante cinco meses previos antes de conocerlo fue darme razones para creer en él y el espacio para confiarle todos mis miedos.  También pensé que no nos iríamos a conocer... pero nos conocimos. 

Más adelante, pensé que lo nuestro no iba a pasar de una noche de sexo... Pero sobrevivió. Y al otro día, Galeno me agarró de las manos en un restaurante en Puerto Madero y me preguntó cómo me sentía, si estaba bien, si me había sentido cómoda y si todo había sido agradable para mí.   Todavía recuerdo cuando yo le dije que esa noche juntos para mí había sido resignificar. Él me preguntó por qué y, como algo sabía de esa etapa difícil de mi vida, yo le expliqué que me había reemplazado ideas feas que tenía por otras ideas diferentes. Que había tenido en cuenta lo que significaba para mí volver a sentirme vulnerable. Y sólo Dios sabe cuánto le agradecí esa noche, de esa manera, con tanta paciencia y tanto tacto. 

No obstante eso, una vez que cada uno volvió a su casa, y nos despedimos en la puerta de un hotel en Buenos Aires, yo pensé que jamás nos volveríamos a ver. Que había sido un viaje, un descubrimiento y una especie de regalo que la vida me había hecho para que pudiera abrir mi corazón, para que pudiera demostrarme a mi misma y a alguien más que estaba lista para comprometerme afectivamente otra vez. Pero se dieron más viajes y nosotros nos volvimos a ver.

 Para mí es muy difícil admitir que Galeno me enseño lo complicado y lo hermoso de sostener un vínculo de verdad. Es muy difícil. Es muy complejo entender por qué me elije, por qué me quiere, si todo es tan complicado, si podría estar con otras mujeres. Me cuesta admitir que se pueda mostrar vulnerable y que pueda decirme lo que siente y que se pueda comunicar conmigo. Aunque eso sea lo normal y lo sano en dos personas que tienen una relación, mi idea era otra, e incluso aunque yo supiera que no era correcta, no podía dejar de proyectarla, a nivel inconsciente.  

Hasta que Galeno se ocupó pura y exclusivamente de conmoverme. De dar con las placas tectónicas de mi vida y moverlas, muy despacio. Y aunque hice todo y por momentos hago todo para perderlo, porque estoy aterrada, no quiero que eso pase.  Ésa es la razón por la cual no tengo el valor de mandar un mensaje y tirar todo por la borda. Porque no quiero , en el fondo, volver a la vida que tenía antes. A ser la chica joven con el corazón de una anciana. A que nadie me conmoviera. 

A veces pienso cómo ha cambiado mi vida en estos últimos nueve meses y no podría explicarlo. Todo fue tan rápido, tan inesperado y tan predestinado que me cuesta creerlo. Hubo tantos miedos que tenía, respecto a cosas simples, que fueron derrotados... Hubo tantos momentos donde quise huir y Galeno hizo algo que me permitió quedarme. Hubo muchos momentos donde me enfrenté a lo peor de mí y quise abrazarme a eso aunque al mismo tiempo fuera como abrazar vidrios rotos... Y sin embargo, Galeno, con su santa paciencia, barrió los vidrios rotos, los juntó con una palita y los metió en una bolsa que tiró desde la ventanilla de su avión cuando vino a verme a Buenos Aires. 

Hice tantos cambios, pero tantos, especialmente por dentro, que no alcanzo a explicarlos. A veces todo se condensa en el detalle de dejar que toda tu familia te vea sentirte querida por primera vez en veinticinco años. Otras veces todo se explica con que no te importe lo que piense la gente si le decís que estás feliz al lado de una persona de cincuenta y un años. Otras veces todo se explica en la felicidad que sentís cuando Galeno le cuenta a sus amigos de vos, y vos, lo compartís con tus viejos y a ellos no les importe que estés saliendo con un hombre que te dobla en edad si te ven feliz como nunca te vieron.  

Quizá, éstas palabras y todo lo contado aquí no alcance realmente a expresar la transformación real que la llegada de Galeno significó en mi vida. No es por quererlo, no, es por haberlo dejado conocerme, compartir conmigo, querer y, eventualmente, haberle dado las herramientas para lastimarme. Por esa razón yo no podría decir que estoy enamorada. ¿Qué importa enamorarse o no enamorarse de él, si antes se logró destapar todo eso? ¿Qué importa la distancia? ¿Qué importa la diferencia de edad, o cuánto más dure lo nuestro? 

En mi caso, es la primera vez en mi vida que existe un nosotros. Y eso me da tanto miedo que no podría explicarlo escribiendo. Tanto miedo que siento que nada me alcanza, cuando en realidad, alcanza con asumir que quiero a éste hombre, y que aún mismo llegará en momento donde no estemos más juntos, no podría olvidar cómo me ayudó a sentir. Sí. Lo quiero un montón , porque hizo posible que reviviera mi corazón. Porque me hizo sentir vulnerable. Porque me dió besos sobre todas las heridas y porque me enseñó, con cariño y mucha paciencia, que no me tengo que escapar de lo que siento. Como él no se escapó de lo que le convocó venir a Buenos Aires para que nos conozcamos. 

¿Cómo no voy a morirme de miedo cuando tengo todo esto tan a flor de piel? Es algo que nunca me pasó. Un nosotros. 

II 

Todavía recuerdo el día donde le conté a Galeno que Él me inhibía y me frenaba los impulsos físicos y sexuales todo el tiempo. Donde le conté cómo me había negado, cómo me había escondido y cuánto había vacilado. Se lo conté , en ese momento, cuando yo sentía que podíamos ser amigos. Pero se lo expliqué mucho mejor cuando sabía que lo nuestro estaba yendo hacia un sendero distinto, porque me daba pánico que a nivel físico pasara algo parecido. Yo no quería que Galeno hiciera lo mismo que Él, que se arrepintiera, que me pidiera que no lo tocara o que me dijera "lejos, por favor" por su propia incapacidad de asumir que a su edad le gustaba y lo excitaba una chica de diecinueve años. No, la verdad, es que no quería que nada de aquéllo volviera a suceder otra vez. Entonces, le mostré todas mis heridas y admití que tenía miedo de volver a ser rechazada. Dije que tenía miedo de verlo correrme la cara o pedirme que me fuera lejos por no poder asumir lo que sentía. Confesé que ese tipo de gestos me habían dolido y marcado demasiado a fuego ... Y lo hice sólo como una súplica para no salir lastimada y principalmente, como una advertencia preventiva dado que quizá no buscaba lo mismo. Fue la única forma que encontré para protegerme y para decirle que, si quería empezar ésto conmigo, había áreas en las que no podíamos ocultarnos las heridas. 

 Y ahí estuvo Galeno para dejarse abrazar, besar, acariciar. Ahí estuvo Galeno para mostrarse en público conmigo. Para sacarse selfies. Para comer conmigo en un sitio con velitas y para dormir conmigo en su propia cama. Ahí estuvo para alentarme a que lo deseara, a que me dejara llevar y a que sacara esa otra cara de mí que había quedado sepultada. Ahí estuvo para escucharme llorar, gemir, reírme, gritar o decirle: "¿me das un beso?".  Cuestiones que para mi eran, simplemente, imposibles. Ahí estuvo para hacerme el amor con respeto, con intención, siendo consciente y sosteniendo el peso de ese acto sin esconderse como un idiota. 

Ahí estuvo para pedirme lo que deseaba en la cama pero también para despertarme con mismos y besos a la mañana siguiente. Estuvo ahí para desvestirme y elogiarme pero, además, para esperar que saliera de bañarme y hacerme un café con leche en ese instante, así yo lograba tomarlo calentito. Estuvo ahí para mandarle una selfie nuestra a su amigo de toda la vida para contarle que estaba en Buenos Aires, comiendo conmigo, y que "todo estaba bien". Estuvo ahí para llevarme a su hogar, para exponerse a toda la vecindad del barrio privado donde vive, y que no importara. 

Por eso, a veces, me dan esos arranques de ira. Por eso no quería quererlo, no quería admitir que lo quise desde el primer momento. Por eso estoy con semejante ciclotimia. Por eso a veces parezco una idiota. 

Aunque pocas personas lo entiendan, nunca tuve la posibilidad de pensar en un nosotros que fuera realidad. Nunca. Ésta, es mi primera vez. Y a veces el miedo me llena de dudas y de fantasmas, y no sé qué hacer. Y otras veces, como estoy aprendiendo, tampoco tengo idea de qué hacer. Y ni hablar de esas veces donde experimento el lado hermoso que tiene un nosotros... porque ahí ya no tendría adjetivos que le quepan. 

sábado, 11 de abril de 2020

Recta final

Creo que el día donde no tenga más dudas será el día donde simplemente deje a Galeno. Y deje todo esto que si bien empezó siendo algo muy lindo, se convirtió en algo tóxico para mí. Al menos desde el momento en que le pasó aquello con su ex y yo, automáticamente, pase a ocupar un puesto miserable. 

Y realmente traté. Trate de hablar, de sentirme cómoda, de confiar y de seguir adelante con nosotros. Pero hay algo evidente: Galeno me ha cambiado de lugar en su mente, ya no hace muchas cosas que antes hacía, y quizá porque creyó que yo iba a exigirle lo mismo que su ex esposa, me dejó en un segmento del " cuando yo quiero" le hablo. Y lo cierto es que mis condiciones para seguir fueron claras: hablar y vernos. Cómo siempre fue para nosotros. 

Pero olvide un detalle: las cosas no pueden volver a ser como antes. El no me habla como antes y yo ya no me siento consigo como antes. ¿Si pueden ser de una manera nueva? Si, claro. De hecho, lo son. Son una especie de resorte con el que Galeno se debe sentir que se vincula "cuando tiene ganas".  Y si no lo soy, yo por lo menos, me siento así en esta relación. Y creo que como nos sentimos dentro de los vínculos también importa, porque si no, ¿para qué estamos en ellos? 

Lo cierto es que antes no tenía dudas. Galeno era para mí lo que yo era para el. Se fundía todo en una reciprocidad, en un trabajo en equipo, en espacios que teníamos pero no en espacios dónde había mucha más distancia de la acostumbrada. 

Quizá esas dudas se vayan cuando junte el valor para dejarlo. Cuando deje de ponerme en su lugar para plantearme en el mío y decirle lo que vengo sintiendo hace mucho tiempo: "no me alcanza, me merezco mucho más de lo que me podés dar y no te tengo que andar diciendo lo que valgo para que te des cuenta". 

A veces no sé si decirle de un golpe directo que no quiero hablar más. El parece no darse cuenta de mis sentimientos. Piensa que a mí no me afecta si pasa un día entero sin hablarme cuando, antes de aquello, nosotros no faltaba un día en el calendario dónde no nos dejáramos siquiera un saludo. 

De éso hablo. Interés. Ni más ni menos que interés. Un interés que no tiene nada que ver con necesitar espacio propio, porque eso es normal, si no con no querer que el otro ocupe ningún espacio ajeno a periodos dónde impera el aburrimiento. 

Los silencios de Galeno son cada vez más largos. Los índices del desinterés, también. 
Solo cuando yo me nuestro nuestro abiertamente y le manifiesto mi desagrado por su actitud, el activa todos sus procedimientos y vuelve a tener detalles y de alguna manera da cuenta de que no quiere perderme. 

Pero ¿tenerme así, es justo? Para el puede ser cómodo pero no es justo para mí. Simplemente, no me alcanza. 

Y lo cierto es que nunca pensé que iba a pasarme esto. Pero paso. Y no tiene nada que ver con enojarme, ni con estarle encina, ni con sentir cosas.  Tiene que ver con que quiero ser querida de una forma que Galeno no me quiere.  Y aunque él me haya dicho que me quiere, si su forma no me alcanza ¿qué otras vueltas le vamos a dar?