- Si llegás a tener algo así, ahí sí que me decís chau chau y no me vas a dar bola. Voy a tratar de estar a la altura- me dijo Mi Programa.
Suspiré. Me reí y no le dije nada.
- No seas sonso - añadí - Nada que verrrr. Vos vas muy bien.
Seguimos charlando, un buen rato, y a medida que se fue desarrollando la charla, fue largando prenda. El tema sexual es un foco de curiosidad muy grande y en lo personal, un gran terreno para limar un cierto tipo de asperezas.
De mí lado, soy una persona que le dá mucha importancia a la intimidad. Y por ende, hago de esa intimidad, un campo de posibilidades. La intimidad para mí es sagrada. En la vida personal, en el trabajo, en lo que uno deja ver a través de sus redes. Cuido mucho esos detalles. Pero también la intimidad sexual para mí es un terreno preciado.
Siento que, en ese marco, las personas podemos seguir experimentando, creando, disfrutando, más allá de todas las obligaciones. Y eso me gusta. Porque a medida que uno va creciendo, las responsabilidades tienden a ser más, y los adultos nos olvidamos bastante del juego. Pero ¿qué mejor que una intimidad con juego, con chistes, sin juzgar al otro, sin prejuicios?
En este sentido, Mí Programa viene con su chip. Hay que decir que nuestra predisposición para mis ocurrencias. Que se anima. Que desea animarme a vivir más cosas. Y yo, lo valoro muchísimo. Frente a las múltiples propuestas, él me explicó que le resulta difícil adaptarse de entrada, porque es un camino que no ha recorrido; pero que cuando ve mis reacciones, eso lo entusiasma. Y se encuentra con un montón de cosas nuevas, o formas nuevas, que no se había planteado en 57 años.
Con 31, consideré necesario no dar nada por sentado. Y con cariño, y respeto, le fui explicando cuando quería más. Cómo necesitaba que lo hiciera. Que me interesaba que hiciéramos. Hasta que punto necesitaba llegar para explotar y sentirme satisfecha. Las cosas que podíamos hacer y que yo no iba a malinterpretar. Todo un lenguaje íntimo básico para que el sexo funcione. Y para que la intimidad, la gracia, el deseo y el chispazo de complicidad, se sostenga.
Yo no le puedo decir que todo esto lo traigo de la fiereza sexual con Javier, porque consigo descubrí que soy peor de lo que pensaba. Simplemente, lo instalo como chance para que sepa que conmigo, si quiere, puede.
A veces me dá la sensación de que se siente bastante inseguro. Pero no debo ni quiero hacerme cargo de eso. Es una aptitud que debe fortalecer o sostener en si mismo, de manera que encarar una relación con una chica joven como yo, no le genere fisuras.
II.
Indudablemente, todo este dark side viene de la época donde con Javier hacíamos del sexo todo un caos picante. Era la desesperación, las ganas, la combustión existencial de nosotros, lo que decantaba en encuentros sexuales que te dejaban sin saber dónde era el norte.
Pero claro, como todo, esto también pasa. Y te queda solamente la experiencia. La experiencia de lo que aprendiste de vos, inclusive, más allá del otro.
Creo que un poco por eso, también, el último encuentro fallido con Javier me modifico tanto las ideas que tenía sobre él. Porque consigo había experimentado el sexo más potente, más intenso y más profundo. Casi como un embrujo. Y de su lado, jamás había visto a alguien disfrutar de acostarse conmigo como lo veía a él. Eso hay que decirlo. Parecía obsesionado con generar placer cada vez que estábamos juntos. Y lo cierto es que una parte de mí había asumido esa reacción como "lo que a él le pasaba".
Pero, claro, cuando a él le pasó algo distinto, la imagen de ser el tipo más sexual que yo conozco, se rompió. Y por una sola noche donde se mostró como un derrotado, cada una de las noches pasadas, cayeron en un vacío del que no hubo vuelta.
De hecho, él me mira todo por redes y yo ni bola. Dejé de frecuentar todos los espacios en común. Ni siquiera miro para su casa cuando paso por la esquina. Es literalmente un hombre que ya no me importa. Ni siquiera es una persona que estoy olvidando o que quizá me hizo sentir malas o buenas cosas. No. Es como si me hubieran metido un único recuerdo en la cabeza cada vez que se me ocurre pensar en él: «te rechazó de todas las formas en que una persona rechaza a otra, ya fue», y desde ahí, mí cabeza no pudiera asociarlo a ninguna otra cosa o emoción.
Si pienso en el Javier de mayo, el tipo me desesperaba y se desesperaba conmigo. Terminábamos sudados, incapaces de salir a la calle, agotados, desarmados, con todo tipo de dolores físicos, marcas, rasguños, mordiscos. Y principalmente, enloquecidos con el otro. Pensando: qué acaba de pasar, Dios, qué intenso. O escuchándolo decirme: fue una revolución, esto, una revolución.
Sé que ese tipo fue el que mejor entendió como quería sentirme, como quería ser abordada, y como sacar la versión más intensa de mí. Pero también se que mí vida sigue. Y que lo que pasó con nosotros no puede ser parámetro de placer o displacer sexual.
III.
Hoy, en agosto, me encuentro bajando línea a otra persona que me conoce de otra forma, proponiéndole jugar un partido con otras técnicas, poniéndole palabras a lo que el otro, en su toxicidad, adivinaba sin palabras. Mí Programa es otro, que si me pido la mitad de esa intensidad se sorprende, que está más acostumbrado conmigo a un encuentro romántico, dulce, y que de a poco va quedando curado de espanto en cuanto a la intensidad.
Últimamente, noto que hace algunos comentarios donde no queda muy claro si se siente inseguro, o qué. Pero yo considero que es algo que deberá resolver consigo mismo, porque de mí lado, recibe todos buenos comentarios, apreciaciones y hasta elogios sobre su apariencia.
No me digo, claro, si alguien me coquetea o si me mandan solicitudes de amistad flacos, o si en el trabajo compañeros me dicen "vos cuando tengas un problema me llamas a mí, y yo te soluciono ¿sabes? Solamente decime", y yo me quedo medio cuadrada y le cuento a las chicas como diciendo: "¿estoy loca o Max me dijo lo que parecía que me dijo?", porque toda esa oración está acompañada de un coqueteo inesperado y las chicas me miran disimuladamente y después todas pensamos un: "qué onda esto que acaba de pasar con Max".
No le digo que yo trato de sentirme linda por mí, más allá de lo que piense el, porque hoy está y mañana no. No le digo que, en el fondo, todavía no lo incluyo en mis proyectos futuros. Tampoco le digo que a veces me pasa que estoy tan acostumbrada a estar soltera que siento que lo que nosotros hacemos es chonguear y me sobresalta un poco cuando él me dice: "la relación que nosotros tenemos..." y para mí en ningún momento estamos teniendo una relación como lo que en mí diccionario se define, a saber, relación seria. Y ahí me pone a pensar si se lo tengo que aclarar, o no vale la pena. Más que nada, porque quizá llama relación a lo que yo llamo chonguear y solo queda en eso.
No, no le digo nada. Yo solo disfruto el momento.
Sé que quizá en otro momento puedo llegar a conocer a un otro con quien sienta deseos de convivir, de formalizar, de crear una familia (gato, humana, humano). Pero lo cierto es que por ahora no me pasa. Y un poco en el medio de todo lo demás que vengo puliendo, pasan estas experiencias que trato de tomarlas con calma.
Si en algún momento me llegará a tocar casarme, formalizar, y toda esa bola de ser la mujer de, la novia de; también lo voy a contar por acá.
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