- ¿En qué talles tenés esta camisa? - le pregunté a la chica del negocio de ropa.
Mi viejo esperaba que me decidiera y mi mamá buscaba prendas para sugerirme. Esta compra fue un regalo por los parciales, porque lo necesitaba. ¡Pero si metí tres de cuatro, no puede ser, pienso yo! Sin embargo mi papá me quiere tirar con un repasador cuando libero un ápice de inconformidad. Él dice que me daría todo aún mismo le trajera los cuatro aplazados, porque me ve estudiar, porque le importa mi felicidad. Porque quiere que sea una mujer feliz, porque todo lo que puede darme es poco. Porque, contrariamente a lo que pienso yo, nada es demasiado para mí.
- La más chica es 38.
- Buenísimo. Ése es mi talle, creo. ¿Me la puedo probar? - le pregunté.
Pasé al vestidor con cuatro opciones. Me quedé conforme, al menos, conforme desde el punto de vista donde lo puedo estar yo, una persona tendiente a la dureza consigo misma. Pero también tendiente a pensar que la vida pasa por "otro lado".
El talle de las camisas estaba bien. Fuí por un pantalón de jean.
- ¿Es elastizado?
- Sí, cede un poco.
- ¿Lo tenés en 24? - le pregunté.
- Sí, ahí te lo traigo.
Entré al vestidor y renegué tanto, que después de haberme probado tres tipos de pantalones diferentes, todos al cuerpo, seguí ahí metida, sin comprender por qué no me iba el talle 24. Yo realmente tengo la visión de mi cuerpo algo modificada, desde siempre. Pienso que algo no me va a ir, y sin embargo, termina siendo ese mi talle. Por eso, pedí el 24.
- Ésta mierda no me va - me quejé, mientras mi mamá preguntaba si todo estaba bien.
- Te debe ir, ***, lo que pasa es que es muy cerrado abajo. Volvé a intentar.
- Estoy gorda... - murmuré - ¿Cómo puede ser? Me queda como el traste, qué porquería.
- A ver, mostrame a mí. Vos sos tu peor enemiga.
- Gracias - ironicé - No me gusta el tiro del pantalón. Siento que voy a reventar.
- Para mí te queda hermoso.
- A mí no me gusta. No voy a sufrir por un jean, ya está - suspiré - ¿Tenés este otro modelo que te decía, pero en 26?
- - Sí, sí, es exactamente un talle más. ¿Te lo llevo?
- Por favor, dale - me alivié.
Veinte minutos después salí con el 26 en la mano. Me quedaba al cuerpo, con el mismo lavado oscuro que quería, con el mismo estilo chupín y con un tiro mucho más cómodo. Ajustaba en las partes estratégicas, para qué mentir. Ajustaba donde yo quería y estilizaba, además, mi metro casi setenta.
- Me llevo éste - anuncié - Gracias por la paciencia.
Salí con ganas de comerme un pancho con lluvia de papas, claro está. Parafraseando, papá accedió a mi pedido un rato después. << Mirá si me voy a perder esto... >> pensé, mientras el señor padre aludía, además, a que jamás tenía que tener vergüenza de pedirle algo que él pudiera darme. Mucho menos, comida.
Así, en medio de tanta bruma tóxica, de tantos ideales de belleza, de tantos rubios de ojos verdes, pelo lacio y moda Barbie... Lo único que salva es frenar. Frenar con la estampida de los estereotipos que, a menudo, nos hacen bastante mal.
Y al que le gusta un poco de comida rápida...
Otra vez tu autocrítica. Tenes que valorar los tres examenes que aprobaste, en lugar de reprenderte por el que fallaste.
ResponderBorrarA veces, por lo que contás, te comportas como tu enemiga.
Y el tema de la ropa tiene sus inconvenientes. Creo que no soy más alto que vos, tal vez hasta unos centimetros más bajo. Y los pantalones tienden a quedarme largos.
Y está bien no subordinarse a los estereotipos.
Un gusto leerte.
Anoche me tuve que tomar cinco segundos para distinguir eso. Por lo menos, ahora, me freno antes de tiempo. Igual que con el pantalón.
ResponderBorrarDurante años fui mi única enemiga. Ahora, espero, que si tengo que tenerlas por esas cosas de la vida, éstas estén afuera. Hay que hacer, lo digo para ambos, un esfuerzo en frenarse y pensar qué es lo que hacemos. Racionalizarlo, digamos.
Cuando te quedan largos o cortos, sí, tiende a no ser algo ventajoso. ¿Sabés lo que hice siempre yo, incluso con los pantalones chupines? Metérmelos para adentro. Un truco para que no te quede abultado, es ir doblándolo en pequeños dobladillos y meterlos todos juntos para adentro. Toma un poco más de trabajo pero funciona. En un época, los he cortarlo si era mucho el margen... :)
Un gusto leerte para mí también. Ahora paso por tus lares, que el día invita.
¡Un beso grande!
yo tampoco llego al metro setenta!! jaja... eso me quedó de la entrada.... lo de la ropa bueno, sos mujer, es así la vida.... y un panchito por la calle es un placer!!!
ResponderBorrar¿Sí? Qué coincidencia entre los tres...
BorrarPara mí la altura, en los hombres no es una cosa que me desvele. Creo que con que tenga la misma altura o unos centímetros más que yo cosa que no es difícil, no me hago problema. Hace unos años, no podían entender cómo me gustaba un chico tan petiso. Sin embargo, ya ves... La altura pasaba de largo...
Sí, más que géneros, son momentos, humores, predisposiciones.
A mi señor padre a un localcito donde los venden. Con lluvia de papas y doble aderezo. ¡Qué rico!
Por la calle debe ser terapéutico pero no lo como por dos cosas: primero, porque voy más pendiente de no mancharme que de lo que estoy comiendo. Segundo, por las miradas sugestivas y las barbaridades que gritan a veces.
¡Beso!
Con un talle 24 te ves gorda? estas loca nena! jaja.. yo tengo varios talles mas.. y bue..
ResponderBorrarBien por esas materias metidas, y por el regalito que te hicieron.
beso
Yo supero el metro setenta y sabés lo que es comprarme un jean o calza! Todo corto. Jean capaz encuentro pero calza es imposible, que bronca,,
ResponderBorrarY como te comprendo con el tema del tiro del pantalón, hay algunos odiosos.
Hay un tema con la crítica... nosotras podemos ser muy autocríticas pero las personas que atienden los locales de ropa te ven siempre divina -.-
Abrazoooo :)
Es complicado que cuando alguien te cuenta una anécdota de su vida, esta te enganche. Creo que para eso hay que tener un don, en mi opinión las mejores historias son aquellas que cualquiera podría vivir. Me gustó la decisión de la 26, a fin de cuentas hay que llevarse lo que a uno le haga sentir cómodo. No entiendo esa estupidez de que para ser "bello" hay que sufrir.
ResponderBorrarEn fin :-) como siempre gracias por contar, por un rato hemos podido estar más cerca de ti.