lunes, 5 de octubre de 2026

El cabezón

 Hoy falleció el hermano de Mi Programa. Él cabezón, como le decía él. Un hombre muy joven, que en sus circunstancias, lo dió todo, lo enseñó todo e indicó el sendero de lo importante.  

II. 

Descansá en paz, Cabezon. Ya estás con tu papá y tu mama, como tanto anhelabas. Espero, si existe un cielo para los buenos tipos, estés ahí, tranquilo, escuchando música como te gustaba. Tu hermano y vos se seguirán cagando de risa en todos los mundos posibles honrando el poder del verdadero amor. 



domingo, 4 de octubre de 2026

La vida, las olas del mar y la espera

 Le escribo a Mi Programa como cada día, desde el ACV de su hermano. Mientras va pasando el tiempo, y las cosas, le pregunto cómo están. 

Las cosas están feas por aca, *** me dice usando mi apodo y sé que esa forma de llamarme en un momento tan delicado condensa ternura y me asombra que en un momento tan terrible pueda mantener ese sesgo. Lo aprecio. Y al mismo tiempo, no dejo de pensar en todo lo que debe estar sintiendo. 

Ayer, decidí no escribirle. Habíamos hablado el viernes a la salida de la facultad, algunas horas. Mientras su hermano dormía, él me fue contando como seguía y además me pidió que le cuente como estoy, como estan mis cosas, porque venía con bastante reserva sobre mis temas. Lo cierto es que no quiero fastidiarlo con friovolidades o cuestiones más simples en comparación a lo que vive, pero también pienso que quizá eso lo ayuda a distraerse, que lo puede animar, o colaborar para que siga viendo un futuro. Inclusive, cuando el futuro parece algo tan inevitable y difícil. Así que, si me pregunta, le cuento en qué ando. Aunque ande en la misma de siempre, lo hago parte de una conversación distinta a la que está teniendo con otras personas. 

Hoy, despues de haberme tomado el sábado para pensar, ordenar, organizarme; sí volví a escribir. Es un equilibrio entre estar, sin agobiar. Y estar al dia, para poder contener, sin dejar pasar tantas horas, porque el tiempo es muy delicado en estas cosas. 

Él me mandó varios audios, contándome todo lo que habia pasado ayer. Un día con muy pocas buenas noticias. Su voz es distinta. Se lo escucha triste y me cuesta encontrar las palabras porque lo único que desearía es que no le toque vivir esto. Pero le toca. 

 No sé qué decirle, la verdad. Qué palabra usar. No tengo recursos para decirle que se va a poner mejor, porque no está bien. Tampoco puedo decirle que rece, porque no cree en Dios. Mucho menos, decirle que confíe. Entonces, ¿qué hago? ¿Será guardar silencio es la decisión correcta? 

Soy sincera. Le digo lo que me sale del corazón. No le doy falsas expectativas. Tampoco le digo frases de sobre de azúcar. Si le recuerdo que estar es valioso, que tomar las decisiones por el bien de su hermano es muy valiente, que ponerlo por delante de todo es un enorme gesto de amor y que correrse de su dolor es lo más importante para que pase lo que pase, sea en paz. 

Sé, o creo saber, lo importante que es para Mi Programa sentirse cerca de su hermano en este momento. Principalmente, porque le ha tocado despedir a su madre de niño, le ha tocado despedir a su padre de adulto y la vida se le pasa por la mente como un gran flashback mientras su hermano menor esta internado en la terapia y él se acuerda aún el dia donde lo conoció por primera vez.  Por eso, lo atraviesa tanto verlo internado en una UTI. Porque su vida, sus complicidades, el cuidado incansable de él por su hermano y su salud, también incluye su propia historia. 

A sus 57, me dá la sensación de que perdió mucho y pronto y eso me apena por él, pero también, pienso que es un ser hunano que aun asi aprecia la sencilla belleza del mundo y eso me conmueve. Mi programa es  un buen hombre, en general, no solo conmigo. Él es un tipo mentalmente muy laburado. Se sobrepuso sin victimizarse a una historia de vida complicada y no anda por la vida destilando veneno. Al contrario. Cria a su hija con amor, respeta a su ex mujer, tiene buenos amigos y no se deja romper los huevos. Asumir la vida que le tocó, es su gran potencial y creo que ese gesto, tan valiente, tan fuerte, es uno de los pilares por los cuales lo quiero y lo admiro humanamente. 

Hoy, le está tocando una temporada difícil. Y pienso que también este es un momento para el que se preparó siempre (porque la salud de su hermano se lo avisaba), pero para el que nunca estás listo. Nadie está listo para ver morir a alguien que ama. 

Quizá por eso imagino el miedo que debe darle atravesar finalmente esta puerta. Me dice que en su cabeza pasan muchas cosas y lo sé, siento que debe estar sintiendo demasiado. Pero no le digo nada del miedo. Solo le digo, en un audio, con la voz que no puedo mejorar porque tengo un nudo en la panza: <<sé que vos te preparaste para esto toda tu vida, pero vivirlo es muy distinto, así que andá despacito. No tenes que comprenderlo todo hoy ¿si? Hay que ver cómo sigue *** y lo que necesita>>. 

El resto, solo en manos de Dios. Sé que el no cree en Dios, pero yo creo que todo el amor enviado desde lo profundo, llega. Y ayuda. Mas alla de su medio, ojalá traiga paz. 

sábado, 3 de octubre de 2026

Un oleaje intenso

La situación del hermano de Mi Programa, se ha vuelto complicada. No está mostrando signos de recuperación luego del ACV de hace más de diez días y  junto a otra serie de cosas que estan ocurriendo; el pronóstico es incierto y el futuro delicado. 

El lo vé muy debilitado, con pocos progresos. Y es un contexto de angustia, realmente, porque todos sabemos lo que puede pasar pero nadie se anima a decirlo. 

Por el momento, Mí Programa lo está acompañando todo lo que puede. Lo sostiene, lo cuida y recibe cada uno de los informes. Por distintas cuestiones, es su familiar a cargo desde hace muchos años y creo que este es el momento donde el estar siempre cobra otro sentido. 

Resuelve todo de una forma admirable: sin añadirle más drama, dejando su ego de lado y aplicando algo muy sabio, a mí ver: el paciente es su hermano y el padecimiento central es de su hermano. Se ha movido de su propia vida, como uno haría por sus hermanos, y se ha puesto a disposición. Creo que no hay mayor gesto de amor que ese, y trato de recordárselo a diario. Quiere acompañarlo con amor, me dice, y vaya si lo está haciendo.

De mí lado, no es mucho lo que pueda hacer. Está internado en otra ciudad, a la que Mí Programa viajó y donde se está quedando, así que a diario me comunico con él y lo acompaño con los recursos que puedo: la escucha, el tiempo dado para todo lo que quiera hablar o contarme, la compañía sutil con un mensaje en largas horas de hospital, para saber si comió, si descanso algo, como se siente su hermano y como está recogiendo él todo lo que están viviendo. 

Cuando me pide que le cuente cosas, le charlo más amplio. Y si no tengo tiempo, al menos, le dejo un audio de veinte segundos, cuando bajo a buscar café en la oficina. Se que ahora solo la salud de su hermano le importa , y comparto su lógica, pero también me interesa que el se sienta acompañado. 

Mí objetivo, pero por encima de todo mí deseo, es estar sin molestar. Y se lo digo siempre. Puede contar conmigo. Sabe que estoy si lo necesita. Y yo se lo refuerzo estando y preguntándole, para que no se sienta olvidado en el medio de semejante lío. 

 Aunque equivocarme en el consuelo, en el apoyo, (que es lo único que puedo darle en un momento difícil de su vida), es algo que me preocupa, yo no me borro. Con los días, voy interiorizando de donde vienen mis miedos y eso me ayuda a no enrroscarme al pedo y a dar lo mejor que puedo. 

Mí terapeuta me ha ayudado en esto y me ayuda estas semanas a ver las cosas por lo que son y no por lo que mis miedos me dicen que son.   Antes mí primera reacción era desaparecer por no querer molestar pero ¿y si no jodemos y el otro se siente apreciado, como se sentiría si lo abandonamos en un momento así? Quizá sí prefiera que uno esté. Y para poder dar ese soporte, hoy, me toca aprender a quedarme sin sentir que en cualquier situación es mejor llamarse al silencio. 

Curiosamente, mi terapeuta estuvo habladome y eso me ha ayudado a sentirme más segura para ofrecerle a Mi Programa lo que tengo como un gesto de amor y a aprender a estar en la mala sin pensar que lo molesto. Acompañar, esa es la palabra. Hay que aprender a acompañar y es un desafio que vale la pena sobradamente. 

Solo deseo que pase lo que pase, sea con el menor dolor posible y con la cuota más baja de sufrimiento para ellos, porque lo que estan viviendo es muy doloroso.  

jueves, 1 de octubre de 2026

Minita al borde del ataque de nervios...

Hoy fue un dia muy dificil, la verdad. Lo había empezado bien pero terminé casi al borde del llanto por el agotamiento mental (básicamente) que me está pesando. 

Hace una semana que volvi de vacaciones y ya tengo ojeras otra vez. En la oficina, mis compañeras, están insoportables. 

Hay una, particularmente, que es la Contadora. Una personalidad que no me cierra, pero de una tozudez semejante que nunca he visto. Básicamente no entiende que uno tiene cosas para hacer y te interrumpe con sus diferencias y te dice por que puede ser esto y es incapaz de mandar todo en un mismo email que uno pueda mirar en continuado.  No, ella pregunta y vos le decis no puedo ahora porque estoy facturando en multimoneda los servicios y las comisiones para sueldos y ella, nada. 

Entiendo que no le importe. Pero si yo no facturo en fecha, no se cobra en fecha y no se cubren las obligaciones. Es una cadena donde doy el primer paso de un largo proceso que tiene importancia.   

Y si algo quisiera haber evitado un primero de mes, ademas de sus puntiagudas preguntas no urgentes, fue que me cayera una licitación. Sí. Contratos y cosas por ver literalmente de un dia al otro. Mas el cierre el lunes. Mas la facultad. Mas la clase de ingles hasta las 21.30 pm (con mi profesor 100% em inglés para todo), cuando sali de casa 07.30 am y ni siquiera sabía si tenía saldo en la tarjeta SUBE. 

Hoy fue un día así. Complejo. No pudo ser superior mi fe en Dios,  mi voluntad, la onda que le pongo a la vida.  Hoy todo me superó y fue un día donde quise otro trabajo, otra vida. Donde hablé con Mi Programa y me puso triste que estuviera pasándola mal, en su pueblo natal, al que tuvo que volver por esto que lo agarró de sorpresa. Y donde antes de entrar al instituto, después de volver desde CABA corriendo y quedarme sin batería, y haberme olvidado el cable y estar llegando muy muy justa al horario de la clase; me frené en una esquina porque senti que iba a reventar. 

Sí. Frené en una esquina. Respiré, porque de la angustia, el cansancio y la bronca, no podia mas. Me comí las lágrimas. Y en voz alta, me dije: 

<< Tranquila, Minita. Respirá tranquila. No es el fin del mundo. Tenes que estar bien para tu clase. Si llegas unos minutos tarde no pasa nada, es una clase. Tranquila. Mañana será otro dia. Respirá. Ya casi terminas las cosas de hoy y vas a cenar y a dormir. Es dificil, si, pero no podes rendirte, tenes que seguir adelante>>. 

Inspiré hondo. Crucé la calle y toqué el timbre para entrar al instituto.   Fue una buena clase. Una clase sorpresivamente buena después de un dia muy tirano. 

¿Qué tuvo el día de bueno? Me despertó mi gato, comí una ensalada rica que me regalaron en la oficina, y me regaló una chica de limpieza una Coca Zero porque no tenía y me sentí tenida en cuenta. Ademas, tomé café rico, nuevo, con caramelo y esas cosas (en realidad, dos, porque necesitaba mas nafta) y también merendé mi alfajor preferido en el colectivo como última ingesta hasta la cena.  Sí, volvi tarde pero me encontré con mi gato.

 Y no menos importante: me di cuenta que estudio inglés porque siento que es mi salvoconducto para en un futuro (espero cercano) salir de este trabajo para ir a otro. 

Justamente hoy, mientras iba en el colectivo sin auriculares porque su batería se agotó, le pedi una señal a Dios. Le pregunte si podia darme algún mensaje para hacerme entender que estaba por el buen camino, pese a que tenga obstáculos y eso. 

El colectivo siguió andando unas cuadras mas y yo miré por la ventanilla como venía haciendo. De pronto, se frenó un auto en la fila de al lado. Miré la patente, de casualidad, pensando todavía si semejante dia podia tener un propósito, si todo el esfuerzo que vengo haciendo (en cada aspecto de mi vida, para mejorar) tiene algun sentido... Y la patente era el año de mi nacimiento y al lado, la palabra FE. 

No sé. Yo creo que en la vida hay cosas que no pasan por casualidad. Y hoy me parecio estar, pese a todo lo que siento complicarse, frente a uno de esos momentos donde lo racional no alcanza para explicar todas las cosas. 

Me voy a descansar, ahora si, pasadas las 11 de la noche. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Un corazón sensato

 <<No te voy a dejar solo>> es una frase que repetí muy seguido estos diez dias. 

Mi Programa sigue surfeando la ola.  Y la verdad es que pese a que una parte mia me pide desaparecer (¿por que a quien no le da terror exponerse y exponer sus sentimientos?), la otra me dice que hago bien en quedarme a su lado. 

Y me quedo, obvio. No me iría. De eso no tengo dudas; no me iría y lo dejaría tirado sabiendo que la esta pasando mal, independientemente del tipo de vínculo que tenemos. No me iría por las veces donde él me escuchó y estuvo. Y no sé si sea o no sea la decisión mas conveniente, pero sí sé que es una decisión sensata para mi corazón.   Y hoy en día, me guío por el. 

Porque ¿quién sabe? Quizá todo tiene que ver con mi corazón que quiere ayudar al suyo a sentirse mejor. Quizá es un corazon que se siente seguro para ablandarse y cuidar a otro corazón que aunque tenga mas latidos y mas trayectoria en el mundo; late y existe. Y hoy, está mas sensible de lo normal. 

¿Qué somos, si no somos capaces de acompañar a alguien querido en las buenas y las malas? ¿Qué clase de experiencia estamos viviendo? 

 Ni siquiera se trata de amor, es mucho mas universal que eso.  Es tener corazón y usarlo, porque todavia es posible. 

Algo que yo, en lo personal, no hacía desde hace mucho tiempo. 

 



domingo, 27 de septiembre de 2026

Minita que ya no combina

Parte de mi negativa post vacaciones hacia la corpo, es ya no sentirme parte. Con mi work bestie, inclusive, a quien le tomé aprecio, pero en quien también detecté actitudes que no me cierran y no me generan la misma confianza.  Con mi jefe, que mostró una hilacha interesante antes de mis vacaciones, con la nueva contadora que es una desesperada por destacarse y que compite con mi compañera por quien se hace mas la preocupada (lease con atención) por-una- empresa que no les pertenece. 

Y principalmente, porque no es una oficina normal en el aspecto ideológico y, en un año previo a elecciones, el primero que me toca presenciar, se empiezan a verse caras conocidas. Demasiado conocidas, la verdad. De las que, en lo personal, coquetean con todos los gobiernos sin darle soluciones a las personas.  

¿Qué me parece un asco de todo eso? Ver cómo la gente, mis propias compañeras, se emocionan por pertenecer a esos círculos, como si eso las hiciera personas mas influyentes, decidas o intuitivas. Ni qué decir la necesidad de estar mirando siempre para luego figurar en sus entornos, como si lo que hacemos ahi fuera importante de verdad para alguien. O como esta el discurso permanente de las altas empresas, de las grandes corporaciones, de los negocios, como si no hubiera mundo mas alla de esta torre en Puerto Madero. 

Sé que hace años trabajo ahi, y que no debería ser nuevo, pero a medida que circulan personajes en el entorno laboral y otros se revelan, me es imposible no pensar en irme.  

Me doy cuenta que hace tres años, creía que podia avanzar pese al entorno, pero hoy, estancada como me siento laboralmente, desanimada; comprendo que es lógico que no sienta parte. Porque, lógicamente, ni el interés por el trabajo ni el interés por el grupo, me hace tener razones para estar ahí. Voy, en este momento, por el dinero que paga mis cuentas y eso se nota. 

Regresé así, decidida a irme. Y yo me conozco: cuando entro en ese mood, en mi se mueve una energía muy precisa que es la del desapego. Creo que hasta ahora, pensaba como iba a ser el momento donde me decidiera a buscar trabajo para irme de la corpo, y me daba un poco de miedo. Sin embargo, ahora, pienso en eso, y no siento miedo. Siento que ya no tengo nada mas para dar, ni me interesa quedarme renegando con la misma gente, ni perteneciendo a un ámbito laboral así. 

Ojo, puede que yo sea el problema. Que yo esté cansada, que esté hace tres años y medio haciendo lo mismo y fumándome a los boludos de turno, y que me haya aburrido. Puede ser que yo ya no encaje. Y puede que quiera cambiar el aire, moverme, aprender y vivir el siguiente capítulo. 

También puede que sea porque me resisto al discurso. Porque todo me parece una pelotudez. Porque las urgencias y los plazos puestos por otros, me parecen idioteces que solo te liquidan ña cabeza, o porque nadie te respeta como vos respetas, o porque mi jefe menosprecia mi trabajo que no sabe resolver en una semana donde me tomo vacaciones. O quizá, porque entendí, literalmente entendí, que la vida es muchisimo mas que esa torre y las dos bolidas de compañeras que hacen fila por chuparle las medias a un jefe que no nos considera. 

El tiempo que no paso en la oficina, es muy distinto en mi vida. Mis compañeras me dicen que soy una señora mayor en cuerpo joven, y yo a veces me rio y otras me rio mas y las mando a cagar. 

Fuera de la oficina, vuelvo al Conurbano (que detestan), y sigo con mis cositas. No saben quien soy, ese es el punto. No entienden que a mi me gusta leer, valoro la cultura, valoro el arte, no se les ocurre que soy una mujer que piensa críticamente. Mucho menos entienden que estudio de noche en la facultad de Sociales de mi universidad y eso me dá mucho mas propósito que sacar pendientes idiotas. O que leer me parece mucho mas importante que el chisme.  Que si adelgazo es porque gasto energía en actividades reales y que no siempre estoy mirando lo malo del otro. 

De noche, estudio Inglés durante la semana en la academia del barrio.  Voy a la facultad y los dias que voy a la oficina solo me ocupo de hacer las compras porque llego al barrio cuando el supermercado ya casi cierra.  Los fines de semana, hago deberes, estudio para la facu, paso tiempo con mis seres queridos. 

Y últimamente, lo que menos deseo, es convivir con gente soreta. Mientras mas me acerco a una vida propia, con contenido y alineada con mis sueños; la vida ajena, el dilema del café de la oficina, o las malas actitudes ajenas, me parecen mas difíciles de tolerar. 

Sin embargo, mañana tengo que volver a trabajar. Quizá estas vacaciones, este viaje de tanta intensidad emocional, de tanta profundidad vincular, sumado al alejamiento total de la corpo, y el no contestar en el grupo de las chicas, y el hacerme a un lado para que mi esencia respire; me haya hecho dar cuenta de que buscar un cambio es mas necesario de lo que pensaba. 

No actuare desde la emoción, no tengo dinero para eso. Pero no voy a dejar de ponerme otros objetivos que sí me den la oportunidad de cambiar de trabajo.  O que me acerquen mas a otros entornos donde me sienta mas cómoda. 

No voy a descartar ninguna buena posibilidad afuera esperando porque, si lo hiciera, la alienación de la corpo sería completa. 




Proposición

 Estábamos juntos, leyendo. Él me estaba diciendo que Vilariño siempre resaltaba la muerte, la soledad y lo vacío. Yo le comentaba que no era nada rosa su literatura y que eso me gustaba. Que su voz de mujer estuviera en posturas intensas. 

De pronto, en medio de esa charla, se hizo un silencio.  

- ¿Vamos a realizar actividades sexuales, te parece? 

Me reí. 

- Si.  Vamos - dije, y me levanté del sillón. 

- ¿Si, segura? 

- Si, convencidísima. Acepto la invitación, vení - le dije y lo arrastré de la mano hasta la cama. 

- Te voy a hacer masajes... y después te voy a agarrar - dice y me río. 

- Si me llegas a hacer masajes, yo te voy a agarrar - le explico. 

Mi Programa es un tipo tranquilo, bastante a decir verdad, pero nada de eso se ve cuando toma la delantera y muy suelto de cuerpo me propone cosas como estas. 

Sin mucho que pueda hacer, me acuesta. Se ocupa de sacarme toda la ropa y de hacerme masajes. Yo me rio. Me pregunta de qué. Se lo confieso: necesito que esto sea mas que masajes porque no puedo controlar las reacciones de mi cuerpo. Él sonrie, me besa, y me promete que va a ser mucho mas que un masaje. 

Y de hecho, cumple. Cumple tanto que yo termino disgregada sobre la cama. Acabo de tener un orgasmo inexplicable, que se gesto muy rapido, frente a la desesperación de las nuevas experiencias y la manera de conducirme. Le pido perdon, mientras gimo, porque no pude tener el control que ansiaba. 

- ¿Por qué perdon? Me encanta verte así, disfrutando. 

- Porque... fue rápido... No me lo esperaba. 

- Podés tener otro si querés... - dice y me toca. 

Me río y lo abrazo, con dulzura. Vuelvo a excitarme y me sorprendo de mi cuerpo. 

- No sé si puedo... - dudo, abiertamente - pero quiero probar. ¿Podemos? 

- Sí que vas a poder - dice, y me mira, antes de darme las mas delicadas atenciones. 

Mientras lo siento, besándome aquel espacio privado y lleno de tensiones apunto de estallar, disfruto.  Disfruto demasiado. No se si es por la sorpresa o porque el sexo siempre dá un revés de disfrute o porque yo soy una tipa intensa; siento que no puedo mas y puedo. Puedo disfrutar mas. 

Me desarmo en gemidos mas suaves, pero mas intensos, mientras mi Programa me besa el cuerpo y me dice: fue suavecito, con cariño, y yo no sé cómo explicarle que mi cuerpo está volado, vacío de deseo, y al mismo tiempo, lleno. 

- ¿Puedo? Estas muy para eso. 

- Si. Hagamoslo. 

- ¿Como que si? ¿Me vas a dejar? 

- ¿Como no te voy a dejar, en este estado de cosas? - lo burlo. 

Mi Programa se ríe pero no duda ni un segundo. Me acomoda como estoy muy para eso, y se mete en mi despacio. Es una forma en la que suele incomodarme, pero, algo me dice que sí esta vez, que pruebe. Sé que si no quiero, o si no me siento bien, él va a entender. Entonces, me animo. 

De comienzo, sobreviene un dolor esperado. Me tranquilizo. Controlo la respiración y relajo el cuerpo. Mi Programa, que ya me conoce, espera y me da besos para que no le entregue ese momento al cerebro. Yo, tomo el control de mi misma y lo acompaño. 

- ¿Me voy? 

- No. 

- ¿Como que no? Tenes carita de dolor. 

- No es dolor. Estoy en una. Te lo juro. 

- ¿Y qué significa? 

- Dolor con gusto - digo y nos empezamos a reír. 

- Entonces me quedo. No me voy nada. 

- Quédate. 

Al escuchar eso, me abraza y me besa con cariño. Suave. Completamente delicado. Sabe que para que yo le diga eso, tengo que creer que no me va a lastimar. 

- Por favor, no me sueltes - le insisto, solo para disfrutar de su reaccion. 

Él me aprieta con fuerza y enloquece. Yo sabía, se en ese instante, que hemos construido un logro. Medirlo, acertar y disfrutar, es de lo que mas me gusta. 

- No, no me voy a ir nada. Me encanta hacerte de todo como me lo pedis - dice. 

Y me pasa el trapo en técnica, espera, tiempo, experiencia. 

Cuando resucitamos, lo abrazo. 

- ¿Cómo me vas a hacer todo esto? ¿Vos sabes lo que invocas? 

- Espero sea bueno. 

- Soy una sexopata. 

- Eso es muy bueno para mi. 

- Te voy a sacar paquetes de canas nuevas. 

Se rió. 

- Sacame. 

Apoyo mi cabeza en su cuello y me relajo rascándole la barba. Eso me ayuda a dormir. 

viernes, 25 de septiembre de 2026

Minita aturdida de estimulos

Desde que volví de vacaciones, estoy bastante saturada con los estímulos más simples.  Si bien tuve tres dias libres hasta mi regreso a la oficina el jueves, me encuentro con un estado de lentitud mental.  Hoy también volvi a la facultad, y me pasó un poco lo mismo.  Lo curioso es que no me siento triste, ni extraordinariamente feliz. Estoy viva. 

Si me encuentro pensando las cuestiones mas simples de rutina. En especial, con la oficina, a la que volví como quien no sabe qué hace ahi, como cuando rompes un paquete de galletitas y querés meterlas de nuevo ahi mismo, pero ya no sirve.   Algo se ve que rompio conmigo y ese lugar durante esta semana de vacaciones porque es la primera vez que me pasa que vuelvo a la oficina y no logro conectar para nada con la dinámica, la gente, los comentarios. Casi como si la persona que hubiera estado hasta mediados de septiembre colapsada, ya no viera las cosas desde el mismo lugar. 

En cuanto a la facultad, la disfruté, aunque me costó un poco conectar con la presion universitaria normal. En clase, pensé: <<estoy acá, podria haber elegido gastar tiempo y dinero en ir a la estética pero mi búsqueda mayor sigue siendo estudiar esto y recibirme en algun momento. Y ya está bien con eso>>. 

 Al final, creo, se trara de una forma de considerar el tiempo. Si como tiempo perdido, ganado o canjeado por plata. De las presiones que queremos asumir o sobre aquellas que ya no podemos aguantar más. Y hacer, con el resto, una vida mas en paz. 

II. 

En cuanto al hermano de Mi Programa, tuve algunas novedades. Creo que fue de las conversaciones donde sí me involucre en la semana. Donde la niebla mental se diluyó y me dejó un real deseo de saber. 

Lo del finde pasado me impactó. Y creo que pasar de un dia a pura felicidad a una noche con una noticia así, me hizo dar cuenta que no vale la pena preocuparse por nada ajeno a la salud.  Pero además, de cuanto puede ser necesario sacar nuestra humanidad mas profunda para ayudar al otro, para acompañar y contener.  Y cómo me siento yo con eso, porque francamente los primeros dias fueron como si hubieran pasado un líquido caliente por dentro. 

La vulnerabilidad emocional que sentí por ver a alguien que quiero sufrir, y siendo ademas un alguien que no es de mi familia o muy cercano; fue increíble. Principalmente, porque a diferencia de otras oportunidades donde me apenó el sufrimiento ajeno, el mio, fue un apoyo que se permitieron recibir. Y con eso, también, me permitieron darlo. 

Que se permitan recibirlo no es una cuestión del lugar. Es para mi la oportunidad de demostrar con gestos, que no es mi mayor especialidad últimamente.  Sin embargo, es una buena oportunidad. 

Cuidar a alguien que ha cuidado mis costados mas frágiles se siente como un acto inevitable. Aunque la vulnerabilidad que representa me supera y toca fibras muy jugadas, no quisiera que me importe menos. Al contrario. 

Mas alla del resultado del vínculo en si, conmoverme por alguien que sí lo merece, poner palabras para alguien que las recibe, y poder hacerle llegar una palabra de aliento, un apoyo, un consejo, un <no te voy a dejar solo>, para mi no es menor. 

No se trata de apostar o esperar algo a cambio. No lo hago por eso. Lo hago porque no quiero que se sienta solo, en un hotel, en su pueblo de nacimiento al que tuvo que regresar inesperadamente; pasando la ola. 

¿La conclusión? 

Nada, al margen de dos o tres cosas importantes vuelve necesario el consumirse. 

Ni siquiera el trabajo de turno, ni las compañeras tóxicas o fallutas que creen salvar la empresa. No, nada ni nadie vale la pena. Ni los objetivos a las que todavía no se llega. 

Al final, lo sé, porque tengo tomada la decisión: si algo mejor o igual llega a salir, me voy de la corpo. Cuando yo me vaya por algo mejor, me reemplazarán. Pero así y todo, hay un recubrimiento todavía mas profundo en la vida para mi: la salud y la felicidad son elementos frágiles pero muy poderosos. 

Y desde ahi, una vida para vivir y disfrutar tiene mas sentido que cualquier otra. 

Por eso, cuando estas viviendo una felicidad intensa y pasas a un miedo intenso, creo que es normal quedar recalculando. La felicidad no se borra, pero coexiste con el dolor como su reverso. Hay que agradecer cuando solo la cara buena nos atraviesa. 



martes, 22 de septiembre de 2026

Una ola que lo cambia todo

 El domingo, mientras estábamos volviendo por la ruta, Mi Programa me pregunta: 

-¿Qué te gustaria cenar esta noche? 

- Uh, no se... Estoy muy llena todavía. 

- Solo por si necesitamos comprar algo o si querés ir a algún lado. ¿Tenes ganas de comer XXXX? 

- Siiiii. Obvio. ¿Vos querés? 

- Si. ¿Querés comer allá? 

- ¿Tiene para llevar? Porque podemos pedir, comer en el departamento y nos quedamos tranquis. 

- Si, dale. Creo que tiene. Mas tarde me fijo. 

Seguimos viaje. Kilómetro tras kilometro. Charlas eternas. Paisajes. Pájaros. Detalles. Señales en el camino. Pero nada que hubiera hecho pensar en eso. Nada. 

Cuando llegamos al departamento, preparo el mate. Agarro mi libro, el agarra otro y nos leemos un rato.  Después, hacemos el amor. Y es un momento tan epico que hasta nos tentamos de risa y yo salgo corriendo y le grito que me voy a morir de risa, que basta de hacerme tentar porque me haré pis y me pide a las carcajadas que vuelva a la cama.  Y me doy cuenta que nunca nos habíamos reido tanto como en ese momento. 

Hacemos el amor, si. Sin dudas, es un encuentro profundo, cómodo, extenso, donde se toma el tiempo para hacerme masajes, para darme besos, para darme los gustos, y para hacerme sentir una intensidad de cosas que me enloquece.  Nos revolcamos para cualquier dirección, nos besamos.  Probamos formas. Todas divierten. Y en las que son nuevas, le confío con mi mente, mi cuerpo y mi deseo, de aquello que vaya a cuidar le será concedido. Lo miro, sonriéndome, y lo cargo por sus maneras de hacerme sentir plena. Abrazada a el, acariciándole la barba, le sonrío sin que me vea. 

Después del segundo baño del dia, Mi Programa me dice que se va a dormir una siesta. Me acuesto a su lado y aunque yo no duermo, le hago compañía en la cama mientras descansa. Miro redes, fotos de la fiesta de cumpleaños de mi sobrino, las fotos que acabamos de sacar unas horas antes. Tambien, escucho sonar su teléfono con un tímido pip, que es su tono de mensajes. No me preocupa en el momento. Lo quiero dejar descansar. 

Ni siquiera ese mensaje parece indicar que acaba de pasar una ola que se lleva todo. Pero lo que sí dice es que su hermano tuvo un ACV hisquémico y lo estan llevando al sanatorio. Y él, está conmigo. Lejos para ayudarlo en la emergencia. Cerca en lo inesperado. 

Un rato después, mientras esperamos noticias, el ambiente es tenso, triste. Acostada sobre el, espero sin saber que puedo hacer. Me acaricia. Yo lo acaricio también, para confortarlo.  Me doy cuenta que tengo mucho pero mucho miedo de equivocarme en el consuelo, en las palabras.  Pero también, que no lo quiero dejar solo, como si nada. Porque pasó. Pasó la ola. 

No se deja solas a las personas que queremos cuando viene una ola que barre con todo.  No hay garantías en eso. Es solo un gesto de protección y de amor que nos sigue encontrando humanos en el medio del dolor. 

<<Sé que te tengo de mi lado>>, me dice. Y sí. Pertenezco a ese lado suyo, del que no quiero salirme, aunque me dé tanto miedo esta ola. 

lunes, 21 de septiembre de 2026

En vacaciones

 Estas vacaciones, me fui de vacaciones unos días. Hoy volví, precipitada por el viento, y agradecida. Pero además, con el campo emocional alborotado. 

Creo que lo que me llevo de esta experiencia es que, más allá de todo, fue una de las que forman parte de la vida lejana a la culpa. Poner puntos, comas, señales, en relacion a esa vida posible para vivir y disfrutar. 

Hay algo que encuadro como positivo de esto y es reconocerme en la calma de saber que iba a vivir emociones porque sí, porque estoy viva y que esta bien que asi sea, que es normal. Y que eso ya es suficiente motivo para todo. 

También, el hecho de haberme relajado asi. De pasar de un ataque de risa creyendo que me iba a hacer pis porque no me podia controlar, hasta unos ojos aguados mientras visitaba un museo. Haber sido yo misma, para disfrutar, para vivir, e inclusive para contener a mi compañero de viaje, fue muy sanador. 

En un determinado momento, cuando algo paso durante el viaje, me encontré pensando: <<uy, y por que conmigo al lado le toco vivir este dia>>. Y eso me impactó. No porque me afectara los planes, sino, por sentir que quiza no lo iba a poder ayudar o acompañar bien. Porque tenía un desafío de cariño frente a mi cara. Y porque me sentia vulnerable, incapaz de saber bien como hacerlo. 

¿Qué hice entonces? Todo lo que me salió del corazón sin pensar en el después.  Es decir, muchísimo. Mas de todo lo que me imaginé que iba a vivir en estas vacaciones consigo. 

- Te acompaño- le digo y me acurruco a su lado. No quiero molestarlo pero tampoco quiero que sienta que no me interesa lo que le pasa. 

Nos quedamos en silencio. Esta esperando noticias de su hermano, descompensado. El teléfono no suena. Y yo, hago toda la fuerza del mundo para no quedarme dormida después de un dia intenso. 

- ¿No queres ir a la cama? Estoy esperando que me avisen. Pero anda. 

- No, estoy bien - musité. 

- ¿Segura? 

- Si, no te voy a dejar solo. 

- ¿Qué? - me preguntó. 

- Que no te voy a dejar solo. Cuando te avisen nos acostamos los dos. 

Finalmente, el mensaje llega. Avisa. Y nos acostamos sabiendo que hoy el dia arranca temprano. 

Me acerco a su cuerpo. No quiero invadir. Quiero acompañar, no por ningún afán de unión eterna, sino, por una preocupación verdadera. Desnudo como esta, me abraza. Yo también lo abrazo y lo acaricio con calma. 

- Veni - digo y lo aprieto, mientras le acaricio la barba y le doy besitos suaves - Mañana vas a saber mas. Podes viajar a verlo ¿si? 

- Si. Voy a ir. Ahora no puedo hacer mas. 

- Si. Haces bien. Si queres salir antes, anda, si te deja mas tranquilo. No te preocupes por mi. Yo resuelvo. 

- Noooo. ¿Estas loca? Quédate tranquila. 

- No me importaría hacerlo. Solo decime si te ayuda. 

- No, no pasa nada. Es lo mismo ir un poco mas tarde. Tengo horario de visitas. 

- Está bien - susurro, siguiendo el tono de una voz suave en la oscuridad.  Hablamos bajo, suave, cuidando. 

Lo acaricio, levemente. Es un tipo fuerte, yo lo se, pero en el fondo tiene corazon de pollito. Y eso es lo que es mas importante y también mas frágil. Que se deje confortar en los dos niveles. 

- Necesito de mi geisha - dice, dulcemente - ¿me haces unos mimos? 

Me besa el rostro con cariño y me da un beso mas jugado. Yo ya entiendo. Y por suerte con eso habilita el lenguaje sexual como el medio para consolarlo, darle placer, pero también, amor. 

Porque contener en un entramado de deseo, es estar disponible para dar. Y lo mas curioso es que yo no quiero invadirlo, pero cuando me lo pide, me relajo. Siento que me acaba de abrir la puerta a un apoyo que es el que mas nos representa. 

Lo beso suavemente. Me besa con la misma delicadeza. Lo acaricio entero, en silencio y le pregunto con mis manos, mi boca y mi intuición si puedo seguir. El se deshace con mis caricias. Siente placer, y por un instante, se corre la nube de la angustia.  Volvemos a estar juntos, de vacaciones, haciendo el amor, como hasta esa misma tarde. Vivos. 

Acaricio su rostro también, le doy miles de besitos y cuando me lo pide, le doy besos mas profundos. 

- ¿Voy bien? 

- Muuuuy. 

- ¿Te puedo pedir una cosa? - le pregunto y le doy otro besito. 

- Si - dice. 

Entonces, le pido que me haga algo que le encanta. Que es una cosa de sus preferidas. Su rostro sonrie con suavidad. Sabe que se lo estoy dando a modo de mimo, para complacerlo y dejarme complacer. Lo hace perfecto. Y todo termina donde necesitamos. 

- Ahora si, a dormir - le digo, con cariño. 

Me acaricia. Se que en otra situación el me daría mas de lo que yo le doy en ese momento. Precisamente porque lo ha hecho antes no me siento mal con el balance. Se merece esos mimos. Palabras, caricias, gestos. Consuelos varios. Sin preocuparse por quien da o recibe mas atenciones. 

El me acaricia, se acerca a mi y se prepara para dormir. Me acomodo como mas me gusta y se lo pido: 

- ¿Me abrazas y me apoyas para dormir? 

- Si, claro - dice y me da un beso en la espalda. 

Me abraza desde atras, tocándome suave, y la última sensación que recuerdo es quedarme dormida agarrándolo de la mano. 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Corte primaveral

 Arranqué mis vacaciones. Sí. Después de pasar un mes y medio agotador en la corpo, salí de vacaciones por algunos días. 

Estoy contenta, la verdad. Agradecida, también y atenta a cómo me siento. Estoy un poco resfriada pero no dejé que eso me desanime. Me tomé unas pastillas y salí a dar unas vueltas, a buscar a mis sobrinos de sorpresa al colegio, a disfrutar del sol. Todas cosas que no puedo hacer cotidianamente. 

Para mi es importante tramitar este descanso sin culpa porque forma parte de aprender a vivir sin generarme cargas. Y porque mi objetivo de crear una vida para vivir y disfrutar —y no para soportar—, también incluye aprender a disfrutar de las vacaciones, del descanso, del tiempo libre.  

¿Si es un desafio? Sí. Tengo una diaria muy intensa. Pero al mismo tiempo, es un privilegio poder desconectarme. Algo que necesitaba mucho. Que no tiene que ver con la demanda de otros, sino, con mis necesidades.  

Mi terapeuta el otro día me mencionó algo muy interesante: " también hay que saber cómo disfrutar", y es verdad.  Para disfrutar tenemos que conocernos mas allá de las etiquetas, de los nombres o del deber ser. Saber lo que nos gusta, probar cosas nuevas, darse ese permiso. 

Me pasó el finde pasado con el cine. Jamas habia ido al cine sola y resulta que me encantó, que me sentí en una salida conmigo misma y que me di cuenta de que hay una adulta que puede aprender que no todo es obligación, rutina, problemas, frustraciones.  

Parte de crecer con adultos alrededor con tantas frustraciones y complejidades, me hizo sentir culpable por ser feliz. Ademas, con este proceso que llevo hace mas de un año, también descubrí que mi crianza tuvo una dinámica de culpa, de deuda, de compromiso, muy concreta. 

Hace ya un año y pico vengo laburando esto y creo que lo mas liberador que viví en mi vida fue el momento donde le dije a mi terapeuta: 

- Es que yo no le debo nada.Yo no tengo la culpa de lo que no les salió. No es mi culpa que hayan tenido vidas asi. 

Y ella me dijo: 

- No. No es tu culpa. No les debés nada por eso. Ellos tomaron sus decisiones. No es tu culpa lo que resultó. 

Y escuchar por primera vez en voz alta: no es tu culpa, para mi, fue inexplicable. No sabía que necesitaba tanto ese gesto hasta que alguien me lo dijo y empecé a vivir aliviada, como si me hubiese sacado una mochila de 100 kilos de la espalda. 

Así las cosas que un año y medio después, estoy de vacaciones.  Aprendiendo a vivir las sin culpa. Apoyándome en el agradecimiento.  Habilitando. 

Y si que es un paso importante.  


sábado, 12 de septiembre de 2026

Sábado de cine

 Hoy fui al cine sola y la verdad es que no podría haberlo pasado mejor. 

Hace unos días, aprovechando un descuento super por la Fiesta del Cine, me metí a mirar la cartelera del cine más cercano. Y, casualmente, me encontré con que la película La Odisea (basada en el libro clásico de Homero), volvía a proyectarse. Así, me decidí.  

La película duró tres horas y lo cierto es que estuvo muy buena. Me la pasé pegada a la pantalla, tratando de observar matices, detalles, cómo trabajaban cuestiones del texto para llevarlas al cine; etc.  Fue una verdadera fiesta. 

Mientras miraba, aproveché a comer algunas golosinas que me había comprado. Después, cuando sali, sí me senté a tomar un café rico y a juntar fuerzas para salir al frio y esperar el colectivo a casa.  El día estaba espectacular para el cine pero inexplicable para ser que estamos casi en primavera. 

Me quedé mirando un poco el celu, pero en general, me senti muy tranquila estando conmigo misma. Mas tranquila que con cualquier persona. ¿Será esa la definición de mujer solitaria? Puede ser. Pensé eso mientras merendaba. 

De hecho, no miré vidrieras ni tampoco me interesó entrar en ningún local. Me hubiese gustado entrar a la librería pero la encontré explotada por lo que desistí. Además, tampoco quería gastar plata porque la merienda me resultó un lindo autoregalo. 

A través de esto me di cuenta que tengo que hacer estos planes más seguido. Hoy entendí que para mi son un espacio de placer sin tener que explicar nada a nadie y una parte muy importante de construir una vida para vivir y disfrutar como yo la quiero y como la anhelo. Disfrutando de las cosas que me gustan porque me gustan, más allá de que otros no lo entiendan. 

Al moverme cotidianamente en entornos tan dispares muchas veces me agota el contraste. Voy de la oficina de dia en Puerto Madero y sus exigencias aburridas, a la facultad de Sociales de noche. En medio, las actividades implican compartir con gente de un tipo y otro tipo todo el tiempo. Y es como si estuviera viviendo varias vidas en una misma semana.  Por eso, estar conmigo misma, siendo quien soy, me parece re importante. Y pasarla tan bien, también te hace sentir bien. 

A la vuelta del cine, una vez en casa, me refugié en la estufa. Cené con copa de vino especial para coronar un día de lujo.  Y ahora, estoy acostada bien temprano, tapada hasta la nariz, con mi gato en la falda. 

No le pido a la vida nada más por hoy. Al decir de Amado Nervo, "... vida, estamos en paz...". 



viernes, 11 de septiembre de 2026

Viernes y una Minita que siempre corre...

 Estoy escribiendo poco porque, en realidad,  la vida me demanda por encima de mis posibilidades. Así, el único espacio de calma que encuentro son los viernes cuando vuelvo de la facultad a las 22.30 pm. 

La semana pasada, y en realidad el ultimo mes en su conjunto, fue tremendo en la corpo. El jueves, inclusive, tocó presenciar una pelea entre compañeras del sector. Unos dias antes, la jugada que me quiso hacer una Gerenta y le salió mal. Y en medio de todo eso, muchísimo trabajo.  

Aun sigo conciliando las cuentas corrientes para el cierre de balance en pesos argentinos y en dólares. Es un trabajo que hago pero que no me gusta prácticamente nada hasta que encuentro el modo y se vuelve una oda a Galileo Galilei.  Tampoco disfruto hacerlo bajo presión porque no tiene nada de rutinario, pero de eso se trata la vida en "lassss corpossss". Todo es para ya, y todo se avisa tarde.  

A raíz de esto, pedí varias reuniones con mi Director y la Contadora. Principalmente para establecer criterios de ajuste. Me encontré con que los dos estan desorganizados. Mi jefe me dice todo que si para no ponerse a mirar y la Contadora me pasa diferencias de $600.00. ¡Señora, por favor, no me haga perder el tiempo buscando eso con todo lo que tengo para hacer!  Al caso, en esto ando. No me queda remedio. Con la presión y la incomodidad y la obligación al mismo tiempo, sé que debo lidiar también la situación.  Que no será para siempre. Que es dia a dia haciendo lo mejor. 

Sí, un cierre de balance. Esta es la razón por la que estoy escribiendo menos. ¿Se conseguirá algo mas paradójico e irónico para mi que esto? Creo que no. 

Para cerrar una semana terriblemente cansadora, hice lo que más feliz me hace de la rutina: fui a mi clase de la facultad aunque lo cierto es que estaba al límite de mi cansancio. Sucedió lo que ansiaba: volví renovada, agradecida y con muchísimos temas nuevos por ver. 

Siendo cerca de la una me iré a descansar. Mi corazoncito vuelve tan eufórico de la facultad de sus amores que hasta que baja...  Por suerte, mañana es sábado. 

El escaso tiempo que me queda se divide en la vida doméstica, estudiar Inglés a la noche, ir a la Facultad de Sociales a estudiar y hacer tareas semanales, y así se me van los meses. Es decir que últimamente vivo corriendo...

Pero también perseverando y tratando de sostener lo que me gusta aun en el medio del caos. Creando una nueva forma de hacer. Una vida para vivir y disfrutar. 

¿Si cuesta? Mucho. Pero me gusta más esto que la vida de antes. 



sábado, 5 de septiembre de 2026

El viernes de una Minita

 Venía con un viernes malo, la verdad. Renegando con el muerto que me dejó mí jefe y con retraso en el depósito del sueldo.  Pensando que hay que ser muy poco idóneo para manejarse así, en más de un sentido, y que los demás deba soportar el ninguneo de ayer que, aunque le dije mí parecer, siento que le hubiera tenido que decir más (pero no puedo). 

Había terminado de trabajar colapsada, con una energía pésima. Sin ganas de moverme. Solo con el deseo de irme a dormir. Enojada. Pero tenía facultad, hoy. Y no la puse en duda porque si me sentaba seriamente a pensar era el día o la semana más larga del mundo. 

Así que me vesti y me fui a cursar. Llegué tarde por cosas de la vida y me dije: "voy tarde pero voy sea como sea", para despejarme. Porque eso es lo que me gusta, y me hace bien.  

¿Y qué pasó? Volví muy feliz de la facultad. Recargada. Después de una clase compleja pero con la certeza de que es un hecho este segundo cuatrimestre en Sociales. 

Como no tenía mucho dinero por el problema de la corpo con los sueldos, volví en colectivo desde la facultad. No suelo hacerlo, porque mí facultad está cerca de un descampado y trato de salir pronto de ahí, pero esta vez no me quedo otra.  

Mientras iba a la parada a la salida de la clase pensaba que ojalá viniera el colectivo que me deja en mí ciudad ,aunque lejos de casa, porque tiene fama de tardar demasiado (y lo he vivido). Calculé que quizá si lo tomaba a las 22.00... 

Por suerte, cuando me acerque a la parada llena de gente que esperaba otros, me di cuenta que habilitaron un colectivo nuevo, un ramal especial, que me dejaba en una estación anterior a la de mí ciudad haciendo un recorrido muy directo.  Además, hasta tenía un inspector al que le pude preguntar sobre las paradas para ver si me servía y me dijo: "si, subí que en 5 sale".  Dicho y hecho. Me subí y pensé: qué suerte tuve. 

La cuestión es que por $1300 pesos pude tomármelo y fue una maravilla. Me resultó una alternativa práctica que desconocía y baratísima. Para un día como hoy, no podria haberme venido más a tiro.

Cuando me bajé de este nuevo colectivo, aunque no fue lo más lindo caminar por cierta parte del camino hasta tomarme el otro colectivo hasta el centro de mí ciudad; por suerte me encontré con varias personas andando. Así, no fui sola, que era lo que no me daba tanta confianza, pese a que estoy acostumbrada a manejarme sola y a arreglarmelas. 

Finalmente, llegué a mí casa casi a las 23.00 y mí gato me recibió sentándose arriba de la mochila. El día había cambiado por completo. 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Minita y el yugo laboral

 Vengo colapsada laboralmente. En unas semanas tengo vacaciones y es la primera vez donde siento que si no me las tomo, voy a reventar. Y donde me doy cuenta que, todo el tiempo que Dios o la vida me sigan dejando aquí, tengo que tomar en cuenta los dias libres y usarlos. Sin guardarme nada. Como si la vida fuera hoy. Porque es hoy. 

La últimas 3 semanas fueron de una carga laboral indomable. Cierre de mes, apertura y en el medio un cierre de balance general, además de toda la preparación administrativa para el evento de negocios anual de la corpo.  

Fueron jornadas de no levantar el culo de la silla, reuniones, mucho laburo. Aguantar contestaciones de mierda de otros y en otros casos no aguantar nada y saltar.  Parar la pelota, pedir reuniones con mi Director (que está mostrando una hilacha interesante), y exponerme a la crítica como también exponer mi sobrecarga. 

Hoy fue la gota que rebalsó el vaso. A poco tiempo de mis vacaciones, me piden ajustes y cosas que no se hacen de un dia al otro. Mas los pendientes. Asi que le digo a mi Director que necesito fechas para organizarme. Me cuestiona algunas cosas. Confronto. Laboralmente no seré un diez, pero soy responsable, constante, aplicada y cumplidora. Por eso, no me dejo llevar por el tiempo que cree que deben llevarme las cosas que no hace, sino, el tiempo que mi experiencia en la compañía dicen que llevan las cosas.   Ni que decir que, si yo me tomo vacaciones, nadie sabe facturar en el sector. Ni que decir que si yo me tomo vacaciones, nadie sabe como completar licitaciones urgentes. 

Salgo muy enojada con el forro de jefe que tengo y en general, con el ninguneo que recibe mi trabajo. Claro, porque todavia no llegaron mis vacaciones y porque el tarado de mi jefe no sabe lo que hacemos, y se va a encontrar con ambas cosas en poco tiempo. Todavía lo estoy, claro. 

Pero saco en limpio varias cosas: 

1. En cuanto las circunstancias me permitan pegar el salto a otra compañía, yo ya estoy lista. Si bien tengo un grupo de personas que en la oficina me hacen la vida corpo mas fácil, a mi edad, sé que no me puedo estancar en trabajos que ya no están siendo redituables en varios sentidos. Y la corpo, mas alla de su sueldo y beneficios, también está hace mucho ya perdiendo su valor agregado. 

2. Tengo que seguir con mis proyectos fuera de la oficina, porque en días como hoy, son lo que me da aliento para saber que estoy haciendo mucho por mi vida fuera de esa torre. 

3. Tengo que seguir defendiéndome si hace falta, porque si marcar límites, exponer mis quejas y que no me dé todo lo mismo lo implica, me lo ahorraré en terapia. 

4. Tengo que confiar mas en mi, y en mis capacidades y aprender a asumir que querer saber mas, no es inconformismo laboral. Es, mas bien, reconocer que uno llega a su techo en los lugares y es momento de irse. 

Sacando todo esto, al volver a casa, me di un momento. Hablé con mi work bestie que estaba indignada por lo que hizo nuestro jefe. Hablé con Mi Programa un montón. Cené unas papas al horno muy ricas con una milanesa de soja y un vasito de Coca Zero y me dí la ducha de mi vida.

Ahora estoy relajada. Se me fue el dolor de cabeza. Aflojo los ojos, la mandíbula y agradezco haber podido conseguir un resto de calma. 

Mañana es viernes. Por suerte, tengo facultad. Ahora que volví a estudiar Letras cursar me pone contenta. 


miércoles, 2 de septiembre de 2026

La segunda confesión

 En esa época, cuando iba a su casa, Javier tenía la cafetera de cápsulas arriba del desayunador.  Una noche de reunión, dentro del grupo cultural y literario en que ambos participábamos, él se había levantado de la mesa para hacer el café de la sobremesa. 

Yo recuerdo haberlo mirado y haber pensando que Javier era un tonto, pero ya, sin fuerza para pelearme. Tenía 19 años. Él no me quería querer y reconocerlo me estaba costando mucho, en especial, por su actitud ambigua.  

- ¿Podes ir a ayudar a Javi, a traer el café? - me preguntó uno de los comensales. 

Yo me levanté, maldiciendo por dentro la idea de quedarme a solas consigo porque moria de ganas de hacer o decir cosas que "estaban mal", según él; y me acerqué a la cocina. 

- Me mandaron a ayudarte- le dije a Javier. 

- Ah, bueno, bueno. No te preocupes. Mirá, estoy haciendo esto. 

- ¿Querés que te pase platos chiquitos? 

- Si. Dale. Dame esos de allá. 

Le pasé los platos a Javier y nos quedamos frente al desayunador, mirando la maquina en silencio. 

-¿Y vos, qué vas a querer? ¿Un café? Tengo para que elijas cápsulas. 

- Cualquier cosa. Pero con leche. El café solo me da dolor de panza. 

- ¿Querés leche chocolatada? Tiene para hacer esto. 

- No. Gracias. Un café con leche, esta bien. 

- Bueno, un café con leche. Está bien- dijo y me tocó la mejilla. 

- ¿Qué hacés, Javier? ¿Qué me tocas? 

Lo miré, suplicando con los ojos. Aguantándome las ganas de darle un beso. Con miedo de que alguien entrara en esa cocina o nos escuchara. 

- Nosotros dos tenemos que hablar y tenemos que arreglar las cosas. Quiero que hablemos. Por favor - me pidió. 

- Si, en otro momento hablamos. 

- No, hoy. 

- Dale, no me jodas. En otro momento. Qué te vas a animar, vos. 

- Hoy. Quédate. No te vayas. Con nadie. 

Lo miré. Era la primera vez que me decia algo así. Iba a ser lo que hoy llamo "la primera confesion". 

- Hablemos. Yo te llevo después a tu casa. Te lo prometo. Pero vos y yo tenemos que arreglar las cosas. No soporto que te enojes conmigo. No me gusta para nada estar mal con vos - insistió. 

- (...) Pero ¿qué hacemos con todos estos? - dije. 

Javier sonrió. Mas joven, mas flaco, con mas oportunidades de haber vivido un amor distinto. 

- Los echamos a todos - contestó. 

Le sonrei y recuerdo haber sentido una emoción indescriptible. Jamas habia ansiado tanto tener una conversación. 

2. 

Doce años después, Javier se para. No deja de acariciarme. Estamos en la misma cocina, de la misma casa, al lado del desayunador donde ahora solamente hay apoyados algunos objetos de rutina. La cafetera está a un costado, apartada, fuera de aquel sitio. A nuestro alrededor, afortunadamente, no hay nadie. 

- Párate ahí - le pido. 

Javier me mira. Quiere tocarme. 

- No - insisto. 

- Déjame, por favor - me pide.

- Necesito desnudarte- le digo. 

Con impaciencia, le desajusto la remera, y me exaspera el cinturón. 

- Ay, esta mierda 

Javier se rie. 

- Cinturón se llama, cinturón. 

- ¿A quién se le ocurre ponerse un cinturón para un asalto? - le digo, en broma. 

Javier se rie. Yo, finalmente, lo voy desnudado. Lo acerco a mi y, con un disfrute inexplicable, me dejo acercar a su cuerpo, mientras lo toco. Es una secuencia: lo miro disfrutar, me acerco, Javier me quiere morder la boca, yo se la dejo, la retiro, y lo escucho crecer en sus humores. Gime despacio. Me acerco a su rostro y aprieto su cuello contra mi. Él empieza a tocarme. 

Me avanza con precisión y me agarra salvaje, como me gusta, de una manera que solo le pedi una vez por miedo. Miedo a descontrolarme. A llegar a un nivel de desenfreno que quiza no quiero o no puedo descubrir consigo. 

- No hagas eso - le pido - Basta. 

- ¿Por qué no me dejas, si te encanta? 

- Porque me encanta. Basta. Aléjate. 

Me acerca a si, y vuelve a hacerme lo que me encanta, pero no pido. 

- No, nada de basta. 

- Por favor, hace otra cosa, no eso - pido 

- A aguantarse. 

- No puedo controlarme cuando haces eso. 

- A aguantarse, no me importa, te vas a aguantar. 

Se rie, y me da otras atenciones. Quiere hacerme desear como dice que yo lo hago desear. Aunque lo mio no es premeditado. 

- Tengo 31 años, Javier, yo no puedo aguantar. 

Giramos. Abrazados, con la ropa a medio sacar, lo miro y ya no me interesa nada. Quiero que me haga el amor ahí mismo. Él está mas que dispuesto, por fin, recobrando su medida, su talla, su esencia de tornado. 

Entonces, hago lo impensado. Lo tironeo para el desayunador y barro, con mi propio cuerpo, buena parte de los objetos que están ahí apoyados.

Javier me acomoda, yo me acomodo sintiéndome demasiado pequeña físicamente y aun asi, no tengo miedo. No puedo tener miedo. El deseo me colma y él entonces avanza siguiendo mi directiva. Despacio. Tenes que ir despacio. 

Mientras me embiste, cada vez mas objetos caen al suelo. Yo me vuelco sobre esa superficie como si me fuera a morir. Y sigo en el trance hacia un orgasmo feroz que llega ahí mismo, con sus ecos de apoyo y sus susurros de las cosas mas osadas y hermosas. 

- Asi te quiero escuchar siempre, asi ves, no te guardes nada, lo quiero todo yo- me susurra, mientras yo alcanzo el clímax más angustioso y deseado. 

Un momento después, es como si le transfiriera mis espasmos. Tiembla como un enfermo con fiebre. Se sacude y gime para llegar a su sol. 

Cuando el caos se ordena, me doy cuenta que ese desayunador nunca mas va a ser el mismo. ¿Quien le hubiera dicho a esos dos, sobre esa noche del futuro, doce años después, en estas circunstancias?

Más alla del deseo, de todos modos, cada vez el ida y vuelta tiene menos valor para mí. En la cama somos un duo espectacular pero fuera de ella no pienso en él. Hago mi vida. Y lo cierto es que poco a poco es una vida que lo excluye. 

domingo, 30 de agosto de 2026

Las piezas en el tablero

El miércoles, después de vernos con Javier, volví a casa caminando. No acepté que me dejara en la esquina. Simplemente, necesité caminar por el barrio aprovechando las pocas cuadras que separan su casa de la mia.  

Mientras voy, un rato antes y me acerco a su vereda, pienso que durante años me dolió esa casa solamente porque sabía que él estaba adentro.   ¿Qué cambió ahora, que puedo entrar otra vez a hacer lo que deseaba tanto? 

A los 19 años, me daba vergüenza ir a su casa. Lo sentía privado, íntimo, como parte de una confianza distinta. Hoy  avanzo unos pasos en su vereda y, sabiendo que la reja va a estar abierta, empujo la puerta.  La puerta se abre y, en cuanto escucha el ruido, Javier sabe que soy yo y me abre la puerta principal mientras me saluda y mas de una vez me ha abrazado. 

¿Esto lo hablamos, lo arreglamos? Claramente, no. Se fue tejiendo. Se fue gestando en la inmediata necesidad de acercanos siendo que llegamos a este punto.  Con un Javier que escucha el ruido de la reja cerrándose con mis pasos detras y me abre sin dudarlo un segundo la puerta principal.  Y con una yo, que sigue yendo a su cueva a buscar quien sabe qué cosa. 

Esta semana no tuve terapia por lo que su nombre y el mio no fueron pronunciados en la misma oración.  Y eso implicó llevar conmigo el costo, el silencio y la sensación que me queda. 

¿Qué sentí, mientras estaba con él? ¿Por qué volví a estarlo, la pasé bien en términos sexuales, me gustó, me sentí conectada, deseada y deseante, activa?  

Si soy sincera, una sensación de irrealidad me atravesó. Especialmente, porque fue muy fuerte la idea que durante meses se me añadió: el ya no me desea, y yo, no tengo que sacarle agua a las piedras. Justamente, encontrarme con un Javier cauteloso pero deseante, que parecía tener una lista de todas mis preferencias, me dejó dudando.  Para mi, el ya no cuenta. Y sigue sin contar aunque nos hayamos reencontrado. 

Aunque también esa sensación de irrealidad vino acompañada de otra muy extraña: sentí que se me enchufaba la sexualidad al cuerpo. Que mi cuerpo lograba resolver un deseo que le habia quedado atragantado, no desde una vigencia pero si desde una necesidad de concreción. 

Lo cierto es que ya he hablado del tema muchas veces. No siento necesidad de escribir más cómo nos tocamos, lo que me dijo, lo que le dije yo.   Pero a partir del miércoles entendí porque mi sexualidad se había visto afectada desde ese suceso en adelante y como el miércoles vino a unir dos esquinas mías que habían quedado perdidas. 
 
Sin embargo, eso no tiene que ver con Javier. Eso tiene que ver conmigo y el otro deseando. Conmigo sintiéndome deseada y devolviendo.  Conmigo pudiendo cerrar el círculo sexual. 

Durante los últimos dos meses, vine sintiéndome bastante lejana al deseo. Si bien con Mi Programa existe una línea, la intensidad es muy diferente, el vínculo es muy diferente y siento que debo proponer mucho. Pero no tenía tanto interés en hacerlo. Asi, fui buscando respuestas.  Y cada vez que cerraba los ojos, a solas, o con alguien mas, la imagen de Javier volvía a mi mente. Pensaba en la ultima experiencia y mi excitacion se apagaba. 

Cuando Javier se comunicó hace una semana, por primera vez después de esa noche que hubiera jurado era la última; yo senti un escalofrío distinto en el cuerpo. Y a medida que me fue tirando distintos dardos, confirmé que no se trataba de que yo no tuviera ganas, sino, de que me habían dejado un deseo pendiente. Y lo pendiente, genera mucha incomodidad.  Por eso, a solas o con otro, no podia realmente disfrutar.  No podia soltarlo todo como acostumbraba.  

II. 

Mientras vuelve a tomar mi cuerpo con sus manos de siempre, no deja de repetirme que quiere escucharme. Que quiere escucharme los gemidos, las puteadas que se me escapan, las formas descarnadas en las que me rehuso a decirle lo que me gusta.  Y yo, anhelo expulsar finalmente todo lo que quedó sin fundamento, clavado en el orden del deseo, como foto en una placa de corcho.  

Y justamente por ese anhelo, me cuesta demasiado llegar. Porque es el camino hacia una dirección que pensé que ya no existía en el mundo. 

- ¿Te gusta? - me pregunta. 

- Si, me gusta - le digo, mientras trato de hacer foco mental. 

- Quiero escucharte, por favor - me pide - Quiero que tengas un orgasmo de los que a vos te gustan - insiste. 

- Ay, Javier, por Dios. Me voy a morir, no digas eso. 

- Si, dale, por favor, lo quiero - dice y me da besos por todo el cuerpo, bajando la intensidad- Te quiero ver. 

Mientras intensifica sus embestidas, y yo siento que sí voy a poder, que sí voy a poder, pero que va a ser muy fuerte y necesito tiempo, Javier me hace las mas picantes atenciones.  Hasta que finalmente, le pido sus manos. 

- ¿Me das la mano? 

- Espérame dos segundos - dice y me acomoda, haciéndome reir - Tomá. 

Agarro su mano y la acomodo sobre mi. Javier sabe lo que me gusta eso y me toca demasiado rápido, desesperado. Pero yo, bajo la velocidad.  Le pido que solamente me de sus manos y me lo haga todo lo suave que pueda. 

- ¿Suave querés? 

- Si. Estoy al borde y no... 

Me besa los hombros. 

- Tranquila, tranquila - me calma - Vení conmigo - dice y me pega a su cuerpo. 

De pronto, me hace unas caricias muy íntimas. Suaves. Acertadas. Y siento que si, que ahi si, que simplemente es seguir con eso hasta el sol. 

- Te quiero sentir toda - me insiste. 

Y yo voy perdiendo las demoras. Javier se mueve profundo dentro de mi intenso. Vuelvo a gemir desde el fondo de mi ser, como jamás podré fingirlo.  Es una suplica, una necesidad, un desgarro, un placer inexplicable.   Javier no se va. Mas bien, sostiene eso como cuidandolo. La burbuja de mi orgasmo crece. Crece. Crece. 

Me siento cada vez más blanda, mas liviana, mas reducida a una bola humana de placer que irradia magia y tensión a todo el cuerpo. 

- Asi, si - me susurra Javier, enloquecido, y si por peor pudiera ser, me da mis gustitos mas sutiles.  Me besa el cuerpo y me acaricia el pelo, mientras me agarra desacatado con la otra mano.  

Yo gimo. 

- Si, asi, asi - me alienta - No te guardes, dámelo todo para mí. Por favor - dice. 

Y mientras reviento en un orgasmo espectacular, Javier me aprieta y me susurra: 

- Eso, ves, no había que guardarse nada. 

Mientras le devuelvo el punto, Javier se tapa la cara, aprieta los dientes y trata de controlarse. Sin embargo, su orgasmo llega muy intenso.  Se desarma en si mismo y tiembla, mientras encierra mi cuerpo con sus piernas y yo lo abrazo y acompaño de mi lado. Tiembla entero. Gime y se sacude con espasmos.  

Todo lo que fácilmente había olvidado, y todo lo que me costaba recolectar en mi, como piezas perdidas, de pronto aparece en el tablero. 

Lo que sigue es volver a atravesar la reja blanca y mirar hacia adelante.  



jueves, 27 de agosto de 2026

Nunca más, Camila


- Te fuiste enojada la última vez, eh. Fue complicado.  

 

Miré a Javier y le puse cara. Hacía dos meses que no lo veía y, cuando me abre la puerta, estamos vestidos del mismo color. Verde. Verde botella. Verde que te quiero verde. Me dice Camila por la Camila que se enamoró de Ladislao, la de la época de Rosas. Yo, le digo Ladislao, que Ladislao tuvo más huevos que él, que ni loco él podría ser Ladislao. Re Camila sos, me dice. Ladislao te van a fusilar, Ladislao te van a matar, nos van a matar, replico yo.  Camila, Camila. Camila ¿me hacés masajes?

 

Me siento en su mesa. Abre una Coca-Cola haciendo real lo de juntarse a tomar una coca. Ahí me tira la factura como una manera de reflotar el tema sobre el que ya me había machacado el fin de semana.  Y yo, respondo, esta vez, cara a cara: 

 

- Conociste una versión áspera de mí, lo sé – digo con cierta ironía - Pero no entendía para qué me habías convocado, por eso reaccioné así. Ponete en mi lugar: estaba en la casa de un tipo al que no sabía qué le pasaba; si estaba deseando que me fuera o que no me quería ni ver. En bolas, sola, frente a vos. Como para no salir cagando como salí – le dije.  

 

- No, lo sé, perdoname. Lo entiendo. Lo sé. No estoy diciendo nada de eso. Vos ya me lo explicaste y está bien. 

 

- Bueno – le digo. Tomo un sorbo de Coca-Cola y lo miro servirse en su vaso, y darle rosca a la tapita.

 

- Lo que paso, le puede pasar a cualquiera. Fue una mala noche - insistió – Yo me siento culpable. Eso es. 

 

- Sí. Mi lectura era clara. Que vos estabas harto y me habías convocado porque estabas aburrido. Después, aclaramos. Si vos me preguntás, mi actitud fue porque no estaba dentro de tu cabeza y no sabía qué hacer - le expliqué. 

 

- Yo me sentía terrible ese día, eso era lo que me pasaba.  Y después de lo del teatro, dije: " no la llamo nunca más, nunca más la voy a llamar" - confesó, refiriéndose a mí. 

 

Me quedé callada. Nunca más me pareció demasiado tiempo. ¿Nunca más? ¿Desde cuándo Javier usa el nunca más?

 

- ¿Antes o después de vernos? – quise saber.

 

- Antes. 

 

- ¿Por qué? – pregunté.

 

Necesité saber. Javier jamás me había confesado esas escalas, ni tampoco sus pensamientos. Más allá de los lugares comunes de: “pienso en vos, o en esto, todo el tiempo”, esto era nueva información.

 

Se removió en la silla. Yo, apoyé una mano en mi cara, me la sostuve con ella, y lo miré, esperándolo.  Javier sacó su bolso de fútbol, dominado por la ansiedad, y empezó a desarmarlo.  Cuanta camiseta verde deseé del mundo, definitivamente, estaba metida ahí adentro; pensé, con cierta nostalgia, recordando la época donde lo quería pero lo tenía demasiado lejos.

 

Mientras dobla una remera, Javier me da las explicaciones que no le pedí:

 

- Porque lo que pasó es que ella me dijo que iba a hacer unos talleres, anda con todo eso de los talleres. Y me comentó que te iba a invitar a vos para que participes - me confesó, refiriéndose a su novia – Y cuando me lo dijo… - suspiró.

 

Ahí estaba la info, el motivo, frente a mi cara. A Javier le había llevado dos meses ponerme en palabras algo tan capital como que cuando nos imaginó coexistiendo en el mismo espacio, se paralizó con cuerpo y todo.  Sin contar que por escasos motivos casuales, su novia y yo estudiamos lo mismo y nos interesan aristas muy parecidas del mundo.

 

-            y cuando me lo dijo, dije: “esto no puede ser” – me explicó.

 

Tomé aire y traté de ser cuidadosa con mis palabras.

 

- Javi ¿ vos crees que yo hubiese sido capaz de participar, aunque ella me invitara? - le pregunté. 

 

- No, no. Ya sé, ya sé – me dijo sin dudarlo ni un segundo - Pero cuando dijo eso, me sentí terrible por lo que estaba haciendo con vos y ella diciéndome eso.

 

-            Entiendo – dije.

-             Y por eso tomé tanta distancia y vos me ves que tomo tanta distancia de vos aunque me cuesta. Para no confundir. 

 

Me quedé pensando. Algo. Un breve detalle. Javier habia dicho que nunca mas tenía que meterse conmigo y, al otro dia, me había escrito de la nada. Ese dia me había dicho que había estado tomando whiskey y yo le pregunté qué le pasaba que me escribía de la nada, en una charla que era más desesperación que coherencia.  Javier solamente me repetía: vos te tenes que buscar gente mas joven como pareja, tenes que estar con hombres mas jóvenes, no te pueden gustar los viejos a vos, dejá de mirar viejos.

 

Y a mí, que eso me había sonado super extraño por la forma, ahora, de pronto, me cerraba. Me había escrito, sí, como un último gesto. Por eso había tomado vino y wiskey en un episodio melancólico y me había cuestionado todas las elecciones. Y por todo eso, también, cuando yo le dije que me dejara de joder con ese tema, que no le había pedido consejos sobre cómo vivir si era mi vida y no la suya;  acabamos en el resultado funesto. El fracaso general que había ocurrido con el cuerpo y lo que había generado que yo me fuera llevada por los demonios.

 

Dos meses después, cuando Javier me confiesa esa info en la cocina de su casa y me perjura que él dijo: "con ella nunca más", yo le digo: 

 

- Es lo que tenes que hacer, sí – no lo digo con altivez, lo mío es un murmullo. Lo máximo que puedo hacer por él en este momento. Murmurar una recomendación que ya le he repetido hasta el cansancio.

 

- Si, es que yo no quiero lastimar... Y cuando estoy demasiado cerca de vos, hago cualquier cosa – me dice – Me cuesta mucho tomar distancia, pero hago el esfuerzo porque yo sé que puedo hacer un desastre – insiste.

 

Asiento. Tomo más Coca-Cola para empujarme las ganas de decirle que el día donde a él lo entierren bajo siete metros de tierra, y a mi lo propio, vamos a diluir la tensión.  Me lo callo. Como a todo. Lo sigo escuchando en mi postura racional, fría, que sería capaz de congelar su corazón antes que dar el brazo a torcer y ablandarse.

 

- Insisto, Javi – le digo - yo jamas me prestaría a sentarme con cara de nada, ahí, sabiendo que por otro lado nosotros dos tenemos estos problemas para sostenernos los límites.  Estos son los problemas, no lo que hagan los demás.

 

Asiente como un niño y dice:

 

- Ya lo sé. Porque aunque yo te convoque como me decís vos, siempre siento culpa. Siempre me siento culpable con esta situación. 

 

- Lo se. Hemos hablado mil veces de esto- le digo con suavidad – No es mi  meta hacerte sentir de esa forma, pero tampoco puedo saber qué te detona.  Yo te repito que no cuando vos me invitas por eso. Pero pareces no darte cuenta de que es eso lo que hago. Me decís que soy caprichosa, que no quiero, que te boludeo.

 

Javier sonríe.  

 

- Ya sé que siempre te digo lo mismo -insistió - pero necesito tenerlo claro. 

 

- Y yo lo entiendo. ¿Sabés qué? De mi lado, yo jamás te iba a volver a escribir. Si no fuera porque me escribiste vos, jamas nos hubiésemos visto de nuevo. Porque si debe ser asi, sera así, no hay mucho más para agregar.

 

Me puso cara. 

 

- Si, lo que pasa es que tengo que poder manejarlo – me dice.

 

- ¿Manejar qué? 

 

- Esto.

 

-            ¿Cómo, Javi?

 

-            Cuando me dejo llevar por la calentura, por todo, con vos, no me siento mal – dice - Siempre pienso, siempre siento culpa, pero es una culpa manejable, con la que puedo vivir.

 

Me quedo callada. Me parece terrible todo lo que dice, cómo lo pinta, cómo no parece darse cuenta que la vida no se trata de aguantar. De manejar. De contener y ocultar.

 

-            ¿Y entonces?

-             Eso, es una culpa manejable. Donde me siento más bien que mal. Es más bien lo que me pasa que mal. Porque si fuera mal, mal... – me advierte – yo no lo haría nunca más.

-            Increíble – digo.

-            Es que – me dice, verborrágico – cuando yo estoy con vos, cuando venís, la paso re bien. Al otro día me quiero matar, me siento re culpable. Ahora, si yo  dejo que esto sea frecuente sé que me voy a mandar una cagada. Estoy seguro. Algo se me va a mezclar y... no quiero lastimar a nadie. 

 

Asiento, en silencio.

 

- Si, ya me lo dijiste. Ya lo escuché, sí – le recuerdo -  Y entiendo que se te complicaría capaz tener las cosas en mente, no pisarte, no sé la calidad de tus miedos – le explico, sin ningún tipo de ironía.

 

- ¿Cómo? 

 

- Claro, que es todo una muestra de lo mismo. Es todo un correlato de culpa que vive con vos y atraviesa todo lo que vivís. Y como te dije, la culpa la calla uno, por experiencia te lo digo, la culpa uno la va suavizando con lo que hace. Si llamas, si no, yo no puedo controlarte. 

 

- No, ya lo sé. Por eso, cuando tomo distancia de vos, lo puedo manejar. Cuando estoy lejos, digo, sí, ya está, no lo hago más. Tome mucha distancia de vos, viste. No te escribí durante un montón de tiempo y me la banqué. 

 

-            ¿Y después? – suspiro - ¿Sabés cuál es la cagada en nosotros? – le digo – Que el problema de nosotros somos nosotros. Es así.  Yo te digo si vos no me escribís no te escribo y te ponés re denso para que te conteste…

 

Sonríe. Le sonrío.

 

-            Este Ladislao… – le digo, a modo de broma suave, para aligerar la atmosfera.

 

- Igual nadie sabe que con ando... que con vos, digo... – dice – Nunca lo hablé con nadie.

 

- Me parece bien. Nadie sabe de mi lado. 

 

- No. Del mio tampoco. Nadie sabe. Ni siquiera nadie que no te conozca. Quiero decir que no se lo cuento a nadie. Aunque no te conozca.  

 

- Cuento con vos para eso, si.  Cuidame un poco, yo también guardo silencio.

 

- No, es que viste que a veces los tipos cuentan. Yo no cuento de vos a nadie. Porque me pone incómodo andar hablando de si yo esto, lo otro. Aunque no te conozcan.

 

- Bueno, pero no le veo la necesidad. No te la tenes que estar midiendo con nadie. No te hace falta. 

 

- No. Es que me siento un pelotudo porque tengo mas de 50 años, bah, tengo 55 años, y ¿qué voy a decir? Sí, tengo una amante. 

 

Lo dijo de una forma tan descarnada que me hizo reaccionar. 

 

- ¿Y a quién se lo tendrías que decir, a los pibes del fútbol? Dale, Javi – le digo, mofando – Me parece que ya sos un tipo grande para andar midiéndotela con los otros.

 

- Si. Ya se. Es que no quiero, porque no lo considero una anécdota. Si yo estoy solo, tampoco hablaría con nadie de esto -me aclaró.

 

De pronto, me iluminé.

 

- Claro, porque a vos te da vergüenza que alguien se entere de que te acostas con una chica de 31 años a tu edad. Pero es la verdad, es lo que vos estás viviendo – le digo.

 

Javier me miró. 

 

- No, es que no diría nada si estoy solo. Y tampoco andaría ahí con el mensaje, que sí que no, si estoy solo, ya estoy grande para todo eso de andar corriendo riesgos. 

 

- Y no. Yo no te doy bola, pero bueno, no nos demos mas bola y chau. Ya está. 

 

- Es que, a mi edad, me siento un boludo teniendo amante, entendes. Perdon. No quiero cansarte. Esto es así, entre nosotros. Nos podemos llamar o no nos podemos llamar, pero siempre va a estar todo bien. Yo quiero que me saludes si me ves por la calle, y si no querés nada, esta todo bien y capaz que yo no quiero y bueno – dice, vagamente – Pero hay que tener todo muy claro para hacer esto bien y sin confundirse. 

 

<<Confundirse ¿con qué? Insiste demasiado y basta con controlarse>>, pienso.

 

- Javier, no todo puede explicarse, pero si atajarse. Dejemoslo asi. Para mí esta todo claro.

 

-            No está bien, está bien. Perdón, yo te canso siempre con lo mismo…

 

-            A mi me quedan claras las cosas con hablar una vez – le sonrío - ¿O no te acordás que soy de capricornio?

 

- Si, se que lo sabes - dijo y sonrió, cálidamente.  

 

- Para mi es complicado también. Estoy con alguien y no lo tengo por qué andar exponiendo, pero si se trata de una elección que uno hace. Lo tengo claro, que esto es así y que hay un trasfondo, pero yo no me voy a quedar esperando. Nada tengo que demostrar ni andar esperando de tu lado, siendo que vos estás cuasi casado. No puedo esperar a los 31 años.  Por eso no te escribí mas. 

 

- No, está bien. Yo no quiero que esperes nada, no, por eso. No quiero que te sientas mal, tampoco  -suspiró. 

 

- No lo hago, no puedo hacerlo, Javi – le digo, como si se lo confesara -  Pero te pongo en tema para que entiendas que esto es lo que es. Para cambiarlo, hay que dejarlo. 

 

- Sí, pero... - murmuró - voy a buscar un short. Ya vengo. Un segundo. 

 

- Anda, ya fue – le digo, sin querer retomar el tema -  ¿De qué jugas hoy? 

 

- De 5. 

 

- ¿Se cagan a palos los +50?

 

- Nah. Estamos bien. 

 

- Bueno, ármate eso tranquilo. Yo me voy, te dejo - le digo, mientras camina en boxer y se va juntando medias, camisetas y afines.

 

-            Pará, esperá.  ¿Te llevo, queres? – me dice.

 

Javier, en boxer, con su pierna tatuada, sin duda, es la imagen que nunca me imaginé poder tener. Andá y explicale eso a mi versión enamorada. Definitivamente, es inexplicable.

 

- No, no, buscá el short. Vas a llegar tarde. Llevate recambio. Siempre me olvido, yo.

 

Sonrió.

 

-            Sí, me llevo.

 

- Bueno, pero te acompaño a la puerta. Esperá que me pongo un pantalón.

 

- Bueno, dale - dije y lo mire, rápidamente, para hacerle un comentario mas, en cuanto volvió de ponerse un pantalón.

 

Cuando me doy vuelta, veo que estaba mirándome distinto. Como si me midiera, o me admirara, con distancia.

 

- Estamos verde que te quiero verde – musito, cuando me pongo la campera.

 

Me mira, de nuevo.

 

- Ah siiii – dice.

 

Le hago un gesto gracioso, cuando me pongo la capucha, para aflojar.  Él se ríe.

 

-            ¿Vamos?

 

Me acompaña a la puerta. Me mira y yo me alejo.

 

-            No hace tanto frío para campera y capucha.

-            No es por el frío la capucha.  Es porque no quiero que me vean salir de acá.

-            Está bien – dice, suave, como si le importara nada – Chau, saludame.

-            Cuidate. Buen partido - lo saludo. 

 

Me abraza levemente, siempre llevando una mano extra a la de un saludo normal.

 

- Gracias. 

 

Mientras me alejo caminando en la noche del barrio, él hace tiempo en la puerta con su perro. Sé por qué, está vigilando hasta donde puede que nadie se me cruce en el camino.  Hasta donde puede manejarlo, me digo, con sorna. Y  finalmente, lo pienso, lo formalizo en mi misma: qué mentira más grande.  

 

Sí. Qué mentira mas grande. 

 

Manejarlo es hacer exactamente lo que estaba haciendo yo, hasta que vino de nuevo con su pelo, su barba, su perfume, su olor, sus manos suaves, su voz, sus gemidos, sus mil y una formas de enchufar de nuevo la sexualidad a ml cuerpo, de hacerme llegar a los orgasmos más angustiosos e intensos de mi vida.  Su afán de hacerme el amor en cualquier lado, de cualquier manera, sus arengas para que llegue, todo es mar lleno de ruidos que es su vida. Su gracia vigente de decirme: por favor, no te guardes nada conmigo, quiero escucharte, por favor, quiero sentirlo todo para mí. O sus “aguántate”, jocosos, cuando me está tocando donde quiero y yo me desespero a tal punto que le digo basta, no, me quiero ir; aunque lo que quiero es quedarme. Y él lo sabe, entonces, me sostiene y me dice: “no, no, te aguantás ahora, vos”. Y me dejo derretir como muriéndome.

 

Yo lo odio por eso, pero lejanamente, también lo amo por eso. Lo detesto por lo que sabe sacar de mí, que no tengo que explicarle, o a quien tengo que pedirle que le baje y no que le suba intensidad.  Claramente, ese es el problema entre nosotros.

 

Un rato antes, lo miro. Javier sonríe, cálido, complaciente y se deja llevar. 

 

- ¿Puedo? ¿Vos estas bien? - le pregunto, suave. 

 

- Si, Camila. Todo podés hacer - me dice y me mira con sus mejores ojos. Es como si me recorriera entera, con algo parecido a la satisfacción, al deseo, a la ternura y al precio de esa ternura 

 

Me río.

 

-            Bueno, puf, todo es un montonazo – lo burlo.

 

- ¿Me merezco, ahora, que hagas cosas no? Porque me dijiste que yo tengo que merecerme tus cosas. ¿Lo logré? – quiere saber.

 

Lo miro. Le pongo cara de “no preguntes si ya sabés que sí” y me río.  Es como si estuviera en un trance. 

 

- ¿Lo logré o no lo logré? ¿No me vas a decir que no la próxima?

 

- Algo, algo, merecés. Un gesto, apenas – le digo, con sorna.

 

Javier me mira y se retuerce de una rabia dulce. Me abre grande los ojos y su gesto se ablanda.  

 

- ¿Me lo prometes? Prometeme. Dale. Es una promesa – dice y hace un gesto con la mano.

 

Asiento.

 

- Una promesa. 

 

El resto es darme vuelta. Inspirar hondo. Casarme con otra persona mejor, mas adecuada. Tener una hija, ahora que todavía tengo tiempo y me parece que quiero mas que antes. Una niña de rulos que ojalá nunca sepa que existió Javier. Una niña que camine por la principal conmigo de la mano. Una niña que pueda criar con otro, lejos de las culpas, lo que se desea y no se dice, y lo que se debe manejar.  

 

Eso me doy cuenta. Yo no quiero una vida para manejar. Yo quiero formar una vida y una familia para vivir. 

 

En el medio, difícil. Porque por más que uno se dé vuelta, y apueste a un nuevo programa, el pasado se mete por todas las hendijas. Me sigue preguntando si no me acuerdo.  Claro que me acuerdo.  Olvidarme, es el problema.