viernes, 18 de junio de 2021

Un mes después ...

 Viajo desde Microcentro hacia mi casa. Voy en el colectivo cansadísima y muerta de frío después de una jornada ardua de trabajo, un corto descanso a la noche y un agotamiento mental que vengo cargando por cuestiones laborales hace más de dos meses.  Consulto mis redes sociales para despejarme. Veo su nombre en ellas, de alguna forma, observando. Asisto a su silencio de hace un mes. Me repito cosas que vengo integrando hace un tiempo, desde que me propuso que cuando podamos nos tomamos un vino, donde yo le bajé el precio a eso dando cuenta que no le creía y donde me dijo que me iba a sorprender.  ¿Si me sorprendió? Al principio, su silencio, sí. Pero después fue algo que corrió como todo bajo el puente, o sobre el puente, igual que el colectivo donde estoy llegando a casa. 

Sé que ese silencio no es contra mí. Eso me ayuda a seguir adelante, en realidad, porque lo he comprobado. Siempre había tenido la duda de por qué le costaba tanto hablar conmigo como gente normal, pero tuve que esperar siete años para darme cuenta el motivo. Esto que pasó, esta tentativa, siempre estuvo ahí. Sólo que ahora, de alguna manera, se hizo tan evidente al punto de que yo - escéptica total - pudiera convencerme de que existió siempre. Y también de que quizá siempre exista y tampoco sea algo que vaya a tener que ser aniquilado. ¿Cuántas cosas en la vida de la gente quedan, finalmente, y por doloroso que sea, sin su solución?  Ésta parece ser una de las tantas. Y está bien así, no voy a objetar más nada.  

Viajo desde Microcentro hasta mi casa. En ese silencio suyo ya sé que no hay desagrado como pensé a mis diecinueve años. Sé que no hay bronca, como pensé a los veinte. No fue desinterés, como creí hasta hace un mes atrás. Ahora finalmente, a mis veintiséis, entiendo que en este silencio hay imposibilidad de sostener lo que podría conllevar este contacto, hay incapacidad, y lo acepto. 

Ya no le daré más oportunidades.  Para mí esta es una historia terminada. Así, sí. Con éste final tan de la vida real. Con este final que a veces da uno porque es un límite, de algún modo, que el otro jamás nos podrá poner.  Sé que no depende de mi obtener sus palabras, un trato normal, ni tampoco, hacer más por el encuentro que desea y que yo también deseo desde otro lugar. Sé que no soy la adolescente de diecinueve años ni él el hombre de cuarenta y dos. Ahora yo tengo veintiséis, él está rumbo a los cincuenta, y creo que realmente esto excedió mi imaginación de todas las maneras posibles. 

Jamás pensé que esta historia trunca iba a llegar tan lejos de su parte... Pero, de la mía, lo perdono una vez más por volver a lastimarme siete años después con sus intentos. Lo comprendo. Lo acepto. Y lo dejo ir. 

Ojalá que en alguna otra vida las cosas para nosotros sean más fáciles y efectivamente nos podamos tomar los vinos que queremos, nos podamos permitir una charla, nos podamos reír mientras comemos algo rico y nos contamos anécdotas. Nos podamos recomendar vinos, cine y arte sin problemas.  Ojalá que en alguna otra vida nos volvamos a cruzar y no haya imposibilidad de su lado ni dolor y hartazgo del mío. 

Porque en lo que a ésta respecta, yo me rindo. 

6 comentarios:

  1. Que contrariedad la situación actual. Insisto que me recuerda a la novela de Asimov, El sol desnudo. Con toda una sociedad con el aislamiento como normal general, todos conectados por hologramas. Sólo que esos personajes no tienen que viajar soportando el frío.
    Entiendo el agotamiento mental, alguna vez me ha pasado.

    Su silencio tal vez sea lo mejor, si no tiene algo que decir. Si a cada etapa de desplegar su comunicación le va a seguir el acobardarse.
    Es un enigma sin respuesta. La comunicación no es fácil para algunas personas, no saber como expresarse, no animarse. Ni tener la oportunidad. Pero Javier, por lo que has contado, ha demostrado tener carisma, capacidad de hablar, espontaneidad.
    Podía ser algo que a otras personas les resulta difícil. Y falló ante algo más fácil, acobardándose por razones misteriosas, el que dirán.
    Está bien lo de dejarlo ir.
    Besos.

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    1. Hola, Demi:

      Si. Su silencio ES lo mejor en la situación que está. En su momento hubiera podido. El tema es querer. Y siete años después, lo he corroborado.

      Si, es lo más sano. No permitir que vuelva lastimarme.

      Besitos
      Lindo finde

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  2. Por alguna razón, lo relaciono con una canción de Blondie, Heart of Glass.
    Sospecho que Debbie Harry se encontró alguna vez con alguien similar.

    https://www.youtube.com/watch?v=1ylU_6Ulh-Y

    Besos.

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    1. Ayer escuché el tema y busqué la letra porque es un clásico, pero quería captar los matices. Es lindo. Y si, tiene alguna relación 🤭

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  3. Nunca pagó ni un peso en las apuestas Veinte, lo siento pero fue así desde que te leímos ayer, hoy y quizá sea siempre... besos!!

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    1. Si, tal cual. Es corroborarlo una vez más. Yo ya estoy segura de que va a ser así siempre. Así que...

      Besos para ustedes 💪🏻

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Veinteava