Volver de la oficina en colectivo. Pensar si me bajo o no en el supermercado porque tengo que enviar algo urgente por e-mail. Decidir bajar en el supermercado y repetirme que la ansiedad ajena no debe ser mi ansiedad. Quedarme pensativamente frente a la góndola, evaluando qué vino me llevo. Dudar entre uno y otro un largo rato y concluir con un "sí, ya fue, tengo que probar de ésta bodega". Llevarme un Malbec de Bodegas Trapiche. Pasar por la caja, pagar, e irme a casa con la cartera en una mano y el vino en una bolsa un viernes a las cinco y media de la tarde.
Mi viejo se pone contento cuando me ve llegar y al rato encuentra la botella sobre la mesa envuelta. Le explico es el mejor regalo que le puedo hacer, por el momento, porque no puedo permitirme gastar tanto dinero como me gustaría, y él me dice que yo le regalo cosas mucho más importantes todos los días. Que tomemos ese vino los dos, que para él el regalo es otro, como mi afecto, nuestras charlas y el tiempo que le doy desinteresadamente.
- ¿Cómo te fue hoy en la oficina? - me pregunta, mientras ve que desinfecto todo y me cambio de ropa.
- Día larguísimo, pero bien... Qué se yo, la verdad... - le comenté - Ahora mientras me tomo unos matecitos voy a darle una última mirada a un avance del ensayo que tengo que entregarle a *** .
- Sí, hija, te va a salir espectacular. ¿Hoy le damos al vinito, querés? ¿Lo partimos?
Me reí.
- Síiii , dale.
II
Cenamos con el vino. Es realmente algo delicioso así que lo comparto en redes sociales. Definitivamente, es la mejor parte de un día muy muy largo y cargado de trabajo, viaje, y diferentes emociones.
Al rato, recibo un mensaje privado. Es Galeno.
- Mirá lo que estoy tomando - me dice.
La foto mostraba una copa, un vino abierto y ya previamente empezado. El mismo vino. Admito que me sorprende un poco. Su gesto, un viernes a la noche, y la coincidencia. Pero además me sorprende porque hace mucho que no hablamos, o al menos, porque desde la última vez que hablamos a mí me pasaron muchas cosas; entonces, siento que fue hace mucho. Definitivamente la evidencia es veraz. Galeno y yo elegimos comprar el mismo vino, abrirlo el mismo día, en el mismo momento a una provincia de distancia. Coincidencia número 3453, como me dijo, justo después de sacar esa foto y enviármela.
Esto llevó, claramente, a una charla muy larga de los dos. Fue una charla bastante más profunda de la que mantuvimos en abril por su último cumpleaños. Muy larga y, sin embargo, muy natural. Como si estos siete meses separados no hubiera significado nada. Y al mismo tiempo, al menos de mi lado, como si hubiesen significado un montón de cosas.
Galeno me dijo que justo en la guardia que había hecho hasta hacía un rato con sus compañeros conversaron sobre comidas típicas de la provincia. Sus residentes le preguntaron a él cuánto hacía que no comía un choripán y él dijo que no comía un choripan desde febrero del 2020.
- ¿Nunca más volviste a ir a ***? ¿En serio? - le pregunté.
- No. Fuí con vos la última vez. Me acordé de eso, hoy. Que la última vez que fui a ese lugar estaba con vos. Me acordé de cómo te reías con la iguana.
- Ohhh. Sí, ese día fue genial, un recuerdo re gracioso - le dije, y me reí de acordarme - ¿Por qué no querés ir? ¡Volvé!
- Nos reímos muchísimo ese día ¿te acordás? - me recordó, como si lo hubiese olvidado - Me gustaría volver con vos ahí - añadió.
- La verdad es que yo no sé cuándo volveré a **** - le dije en relación a su provincia - Estamos en pandemia - acoté.
Sí. Parecía que teníamos los discursos cambiados. Aunque en realidad no lo hice apropósito. En este momento de mi vida me cuesta pensar en vacaciones si tengo otros frentes que solucionar en primer lugar, a saber, conseguir un trabajo nuevo, cosa no menor, teniendo en cuenta una cuestión de prioridades que nada tiene que ver con el rencor. Se lo expliqué brevemente de hecho, para cambiar un poco de tema.
En efecto, la charla continuó. Hablamos mucho de cosas relacionadas a nuestros recuerdos. Me confesó que había días en donde me extrañaba mucho y miraba nuestras fotos juntos. Yo le dije, sin maldad, que realmente había deseado mucho verlo en diciembre 2020, antes de separarnos, y que consideraba que habíamos tenido una relación muy bonita hasta antes de la pandemia; pero que luego habían pasado tantas cosas en nuestras vidas - igual que en las de todo el mundo- que me había llevado un tiempo procesarlas. Le expliqué que la pandemia todavía continuaba. Y que yo había asumido que las cosas para nosotros habían terminado así.
Volvimos a cambiar de tema. Nos dijimos mil cosas que no pudimos decirnos hace siete meses atrás como si el tiempo hubiera hecho un buen efecto. Él volvió a repetirme que me iba a querer siempre. Yo admití que lo había querido mucho. Hablamos más, y más. Contándonos cosas como siempre, poniéndonos al día, preguntando por nuestras familias y amigos. Hasta que nos despedimos.
Lo que tienen las personas que expresan es que vuelven posible lo imposible con otras. Con Galeno, incluso estando separados y a otra provincia, no me parece imposible tener una charla así. La tuvimos, estuvo bien, fue sana, nos reímos y le hicimos honor a lo que tuvimos un día desde lo esencial: el recordamos con afecto, el no arrepentirnos de la historia vivida, el poder agradecer habernos conocido en ese momento, más allá de todo, y el desearnos lo mejor.
Creo que nadie sabe exactamente cuáles son las vueltas o las propuestas que esconde la vida. Nadie. Pero me parece lindo, y sano, que pasen estas cosas y me dejen un buen sabor. Porque no hay nada más natural y sanador que ponerle palabras a las cosas. Así sean recuerdos de lo que parece otra vida, o comentarios, o un "che, sabés que me acordé de vos"... Porque ¿qué tiene de malo, no? A todos les pasa. El tema es ver si hacemos algo con eso o no. El tema es irrumpir en la vida de la persona para hacerla descontrolarse o bien para saber como está, sin prometer imposibles, sólo deseándole cosas lindas.
Se lo dije a Galeno el viernes: "yo siempre voy a estar agradecida de haberte conocido porque, sino, quizá, hubiera seguido pensando lo que pensaba antes de lo que vivimos". Y lo sostengo. Me dejó una buena enseñanza pese a todo. Y creo que aún mismo conozca el desenlace de esta historia, de estar en ese contexto inicial, volvería a jugarme por esa historia. Él, me dijo que por supuesto volvería a hacer lo mismo así que parece que por suerte le quedó un buen recuerdo.
Creo que, a fin de cuentas, no es malo esta especie de balance final.
Yo, mientras tanto, sigo disfrutando muchísimo el vino y evaluando qué nuevos rumbos van tomando, al mismo tiempo, todas las cosas.
Está bien lo que contás, como compartiste el vino con tu padre.
ResponderBorrarY resultó una buena decisión que te hayas bajado en el supermercado.
Y que coincidencia tan notable, justo el mismo vino.
Hay algo de la afinidad entre ambos que permaneció, aunque se haya interpuesto una distopía,
Besos.
Si, el vino era un regalo para el. Pero termino siendo además un gesto compartido porque lo termino abriendo conmigo.
BorrarSi, con Galeno, fue una coincidencia grande. Increíble, por otro lado, porque te digo que si lo planeaba no salía así.
Si, aunque nuestra relación como tal se haya terminado, yo no lo desprecio. Y el tampoco a mí.
No tengo hoy en día ganas ni disposición para hablar siempre consigo. Por eso no lo hice en estos siete meses. Pero tampoco lo despreciaría o lastimaría por tener ese gesto conmigo. Creo que cada uno sabe cómo se comportó. Por mi parte, estoy súper tranquila.
Besitos