- ¿Y del deseo, qué?
- Sí, es una opción, claro... - le dije, seria.
- ¿Pero está presente, no? Esto también juega acá...
- Sí, te diría que sí. Expuso mucho más de lo que pensé que me iba a decir jamás en la última charla, así que te diría que sí... Hace años era más disimulado al punto de hacerme dudar - reconocí, con una mueca irónica entre la risa y la antipatía - en cambio, ahora, ya está todo más expuesto; es como si en esa charla no hubiese importado nada para él. Pero no lo culpo. A los dos nos pasa un poco eso, creo...
- ¿Y qué sería eso?
- El otro representa todo lo que nos hubiera gustado tener y hacer y no pudimos. Él, porque no pudo enfrentarse con sus propios mambos, o miedos, en su momento... Y yo, porque me decía que lo tenía que entender, que era para que yo tuviera una vida normal, y bueno... Sí, obvio que yo puedo tener una vida normal, claro que sí. De hecho, la tuve y la tengo...
- Por supuesto. No vamos a esperar a que te dé autorización por un derecho adquirido...
- No, ni hablar. Pero, eso sí: cuando la persona a la que vos le dijiste que merecía una vida normal, que merecía todo lo mejor, está viviendo en paz, no le rompas las pelotas. Es una regla universal. Realmente yo no esperaba que tire piedras en mi ventana. No me siento dueña de mis emociones cuando hace esas cosas, me siento una bolsa a la que le pega trompadas un boxeador por verlo venir, decidido, a hacer lo que nunca en su vida tuvo el valor, y después arrepentirse... - suspiré - No se juega con esas cosas. Nosotros nos encontramos por la calle y todo se da bien. Hablamos, nos hacemos algún chiste, se me pone a hablar en pleno supermercado como si nada... ¿Y por qué frente a esto, huye? ¿Qué, qué cambia? - suspiré - No quiero engancharme en esto tantos años después... Pero, es más fuerte que yo... - me quejé - no lo puedo evitar.
- ¿Por qué?
- Porque después soy yo la que entiende todo mal ,después soy yo la loca, y él es el que jamás dice nada de nada para que se interprete mal... Y eso me lo podía creer a los diecinueve años. Ahora, con veintiséis años, no me lo hace creer nadie. No soy estúpida y no estoy para sus estupideces. ¿Por qué no vamos a comer, a ver si se la banca? - ironicé. Desearía tenerlo en ese contexto solamente para mirarlo y decirle : ¿viste que tenía razón, que no podés disimular toda tu vida los deseos? - musité, con un tono oscuro y ácido.
Me reí, ensombrecida.
- Es sólo una fantasía, no te asustes - musité y me reí, aliviada - Pero admito que imprimiría copias a color de ese chat para todos los que decían que nosotros dos no podíamos estar juntos, que me acusaban de cosas que no eran, que nos juzgaban... lo leyeran tomándose un tecito con masitas secas - espeté.
Mi psico se rió, viendo que yo también me estaba despachando con un humor negro.
- Las cosas que me tuve que aguantar de todos esos forros de mierda para que siete años después Javier me diga todo esto y, lo peor, que no se haga cargo. ¿Sabés cómo me siento? ¡Es una joda, una tomada de pelo, parece! - argumenté - Me aguanté cuando nuestros compañeros en común le llenaban la cabeza diciendo que yo era una pendeja, que estaba todo mal, que no podía pasar nada entre nosotros; mientras que del otro lado estaba luchando para liberarnos de todos los prejuicios como una pelotuda. Me aguanté los comentarios forros, de mala leche, que tenían hacia él o hacia mí, como parte de un caretaje innecesario... Lo veía a él pasarla mal cuando tenía esas situaciones en su cara, yo la pasaba mal, porque era siempre todo imposible... Esto para nadie fue gratis... Para él fue una mierda, lo sé, para mí también lo fue y peor, porque ni siquiera se quedó conmigo... ¿Y justo ahora viene a proponerme cosas que no puede hacer? ¿Para qué, si no va a poder?
- Pero esa era otra posición. Hoy por hoy, sos mucho más fuerte. Podrías pararte desde otra posición.
- Yo sí, yo no tengo problema, yo puedo hacerme cargo e ir a donde sea, sabiendo lo que hago, sabiendo lo que quiero. Pero Javier no - le dije - Y digo yo... ¿el único que se tenía que jugar por lo que pasaba viene con las mismas pelotudeces de siempre? Comprendí la decisión que tomó. Listo, no quiso estar conmigo, yo lo entendí. Te juro que lo había entendido... No pretendo cambiarlo. Él eligió cómo vivir. Yo también. Pero que no tire piedritas... Porque es difícil si no.
- No, no, no, claro - dijo, mi psico, dando cuenta de que comprendía mi punto - El punto es pensar por qué te pone así. Porque aquí no se trata de que sean malas personas. Nadie dice que sean malos y hagan esto con intención de lastimarse. Al contrario. Yo creo que a él y también a vos se le va de la mano esta situación... - dijo.
Asentí.
- Sí. Yo, lo admito, me pasa.
- ¿Y por qué?
- No sé... Creo que porque no hay cosa peor que desear lo que no se puede tener... - suspiré - Y sé que soy eso para él. Y para mí, él es lo mismo.
Me quedé callada.
- Hoy en día entiendo, ya no tengo dudas como tenía a los diecinueve años, de cómo funciona el deseo en las personas. Y lo peor es cuando algo que deseamos muchisimo queda trunco. Él, porque no podía permitirse lo que le pasaba conmigo, y yo, porque me decían que sentir lo que sentía estaba mal - le expliqué - Vos no te das una idea lo que para mí representa que, después de haber pasado por todo eso, hoy en día me diga para juntarnos a tomar un vino y... haga lo que hizo.
- Teniendo en cuenta, además, que el vino se relaciona con un rito adulto... - consideró.
La miré, con algo de extrañeza.
- ¿En qué sentido?
- Cuando vos tenías diecinueve años, podía invitarte a tomar una cerveza, en un grupo general - observó - pero para vos era más habitual otro tipo de cosas.
- Sí, ir a comer, lo hacíamos en general. Siempre. Era algo re normal en todo el grupo, salir a comer o ir al teatro... - contesté.
- Bien... Y justamente en relación al vino hay un campo de representaciones diferentes. Es un disfrute más adulto, un hábito que uno no tiene en la adolescencia, pero sí, cuando ya creció...
Lo pensé brevemente y sonreí.
- Sí, ahora que lo pienso, es cierto. El lo primero que me dijo es que ahora tomaba vino como si fuera algo wow... pero igual hace mucho que tomo... Aunque lo que decís vos es cierto, no lo había pensado. Creo que la imagen que tiene de mí ahora no es la imagen de esa chica de diecinueve años.
- Ahora está frente a una mujer de veintiséis. Alguien con quien sí se puede tomar un vino, compartir ese ritual - me dijo, con un gesto sonriente, como si fuera muy obvio.
- Sí... eso no tendría nada de malo, la verdad... Si todo fuera más coherente, obvio.
De nuevo, volví a quedarme callada.
Pero bueno... - le dije - para mí, igual, no va a hacer nada. Desapareció. Y lo acepto, la verdad. Nadie va a salir corriendo a buscarlo, jamás lo hice y menos ahora que viene así la mano... Tengo otros temas en realidad, para solucionar - añadí, sonriendo, con aires de esperanzas y nuevas luchas.
- Sí, eso es cierto - aludió - pero no te dejes de preguntar por qué pasa esto que pasa. Por qué te pone así. Si te hace bien o mal, más allá de sus intenciones. Cuál es el origen de esta situación de inestabilidad en la que te pone esto. Pensalo, Veinte, creo que te puede ayudar.
- Sí. Prometo que sí. Muchas gracias por todo - musité.
La psico, como la llamas, el lúcida. Es interesante lo que te planteó. Una buena pregunta.
ResponderBorrarQue molestos, que odiosos, esos amigos en común que decían que no podía ser. descalificándote. Y sin conocerte, comportándose con prejuicio. Y resultó que vos fuiste la lúcida emocionalmente en esa relación.
Por lo que contás, no se entiende cuales son los conflictos que ha tenido Javier consigo mismo. Con las oportunidades que le diste, con la voluntad que pusiste en escucharte. Como si le tuviera miedo a lo que deseaba.
Y tuvo una oportunidad nueva con una versión tuya evolucionada, con más experiencia. Y nuevamente, huyó. Un comportamiento de lo más absurdo.
La tontería, la pelotudez, como decís, puede ser algo tan nefasto como la maldad.
Besos.
Sí. Mi psico es una gran profesional. No siempre hablo de esto por estos lados, porque forma parte de mi esfera confidencial, pero me pareció que esto sí venía a cuento. Y sus preguntas, también vienen a cuento.
BorrarSus amigos, conocidos también en común míos, eran la representación de la moralidad. No más, no menos. De hecho, sus comentarios fueron el resultado de una gran hipocresía. Pero eso, hoy en día lo entiendo, no quiere decir que hayan sido verdad. De hecho, hay miles de casos por todos lados que demuestran lo contrario a esa tesis. Y cuando uno es adulto, sabe lo que hace, por qué y a qué se expone un 80 por ciento de las veces.
Sobre los conflictos de Javier, realmente, me parecen exagerados para lo que realmente es esta situación o, por lo menos, la manera en que podría resolverse. Es elegir dónde se quiere estar y estar, asumiendo las consecuencias de esa elección. ¿Por qué le resulta difícil? Desconozco. De mi parte, hice lo que consideré adecuado tanto hace años como hace pocas semanas. Pero también confirmé que son sus decisiones. Es lo que hace con lo que le pasa. Y ahí, no son mis ligas para poder jugar. Me conformo con que no venga con sus preguntas y listo, hoy en día.
Besos