domingo, 13 de junio de 2021

Los cobardes de mierda

 A esta altura estoy convencida de que la única persona que me puede salvar de mi misma, también soy yo. La persona que más sabe cuidarme, quien me conoce y sabe cómo gestionarme. Sí. Soy la persona que sabe lo que más duele y lo que más fortalece de lo que me pueda llegar a decir. Lo que detona y lo que enaltece.  Y por eso, por todas estas razones, creo que es momento de aceptar las cosas como son aunque, por otro lado, sean inexplicables. 

¿Por qué me pone tan mal repasar esa historia, siete años después, si yo sé dónde me meto? Quizá es la ingenuidad de no convencerse de cómo es la gente, o quizás, sea la necesidad de pensar que la gente piensa antes de actuar y que no es egoísta, que repara sobre el daño que puede hacer en los demás, que se hace cargo y asume las consecuencias de sus acciones...  Sí, claro que suena bonito... pero ¿a quién carajo se lo estoy pidiendo? ¿A quién le estoy pidiendo que se anime, que pueda, que haga realidad la interminable fantasía? ¿A quién le demando ser mirada, valer el esfuerzo, ser la clase mujer por la cual un tipo cobarde puede jugarse todo y tirar la vida de mierda que lleva a la basura?   Eso sí es un error mío. Totalmente mío. Una cuestión de mala puntería. Porque ninguna de esas cosas jamás las va a entender un tipo que está muerto. Que hace muchos años se dejó morir y que es de esos muertos que vuelven en épocas donde se da la retrogradación de mercurio. 

Creo, sinceramente, que por más duro que me resulte repasar esta historia siete años después, cada vez que lo hago, entiendo que, más allá de lo que haga Javier, nada cambiará. ¿Que si no me duele? Duele demasiado. Por eso escribo tanto. Porque duele muchísimo corroborar algo que fue muy doloroso también hace siete años. Porque es volver a repasar los mismos argumentos, hacerse las mismas preguntas, y sentir que jamás tendrán una respuesta coherente ni afable, mi mucho menos, precisa. 

No sé si es decepción lo que siento, creo que por un lado sí. Es decepción y esa sensación tan patente de no entender nada. Esa carencia de certezas, esa situación tan desagradable de tener los puntos de una herida saltados y estar volviendo a coser sobre lo ya zurcido. ¿Por qué? Esa es la pregunta, aunque a partir de ahora, seguramente, la cambie por un para qué. 

Sí, estoy decepcionada de la actitud de Javier.  Pero no por el vino que se quiere tomar conmigo y nunca se animará a concretar. Más bien es decepción por ver que nada cambió. Que siete años con otra persona al lado no sirvieron para evitar, mínimamente por respeto, que me dijera las cosas que me dijo. Por ver que todo fue una gran mentira, una gran conveniencia, y sentir que eso es un asco, porque después uno tiene su nombre en una bandeja de entrada y no se lo puede creer. Sí, es decepción porque pensé que él estaba feliz y ahora me doy cuenta que una persona cobarde, evasiva y poco luchadora no puede ser feliz. ¿Si puede tener una pareja? Sí. ¿Si puede estar lleno de bienes materiales? Sí, también. ¿Si puede tener una vida muy cómoda? Absolutamente. ¿Si todo eso lo puede hacer feliz siendo un cobarde de mierda? Claro que no. Porque nada de lo que tenga, ni siquiera, una persona que hace siete años lo acompaña - y a mí me pone cara de culo por la calle - parece que puede evitar que haga las cosas que hace. 

Y eso, me parece muy fuerte. Mucho más de lo que puedo explicar, conforme pasan los años; porque cuando creo que todo está cancelado y cerrado... 

II 

Todavía recuerdo la primera charla que tuvimos hace siete años. Él me dijo algo que no entendí, porque era chica todavía, pero que me dejó pensando. Algo que ahora entiendo sin dudarlo, que entendí hace mucho, y en varias oportunidades determinó mis actitudes. Le estaba pidiendo disculpas por haberle dicho lo que sentía, bien que lo recuerdo, pensando que eso lo ponía incómodo. Y Javier me dijo que jamás dejara de ser valiente como había sido ese día, porque siendo así, iba a vivir una vida feliz.  Lo miré extrañada. Para mi ser valiente, en ese preciso momento, estaba siendo patético. No sólo me estaba exponiendo sino que esa exposición no había sacado ningún resultado positivo, lo cual me hacía plantearme que mi coraza y mi timidez nunca deberían haberse ido de mi cuerpo ante su mirada; sino que además me estaba rechazando, me estaba diciendo que no.  De qué felicidad me estás hablando, Javi,recuerdo que pensé. 

- Pero... - dudé - vos me estás diciendo que te escapas de todo el mundo, que toda tu vida hiciste eso, y que conmigo no ¿o no? 

- Sí - dijo, con grandes dificultades. 

-  ¿Vos tenías intención de hacerlo? ¿O yo entendí mal? - le pregunté, con cautela. 

- Sí , quise negar todo esto... - dijo y bajó la vista, con enorme esfuerzo - yo toda la vida me la pasé escapándome de las cosas. Haciéndome el boludo. Pero... con vos no me puedo escapar. Eso es lo que pasa. 

- ¿Y eso es algo malo? - le pregunté, con sincera empatía - Digo, ¿para vos es algo malo estar hoy acá? 

- No, no - sacudió la cabeza. 

- ¿Por qué conmigo no podés hacer lo que hiciste siempre con todas las otras mujeres? - le pregunté, con voz calma y tratando de entender más allá de mis propias razones - ¿Te da lástima? 

Yo lo estaba mirando pero él miraba para abajo, como perdido en algún objeto desconocido de los que estaban sobre la mesa.  Levantó la vista. Vi dolor en sus ojos, tristeza, mucha, pero al mismo tiempo, sentí una profunda compasión y un profundo amor por su persona. Algo que era más fuerte que todos mis argumentos, que ni yo misma alcanzaba a comprender. 

- No, no se trata de eso. Yo a vos no puedo hacerte lo mismo.  Sé la clase de persona que sos. Te conozco. No sé... con vos no puedo. No sé por qué, pero no puedo. 

- ¿Qué las otras eran malas? ¿O eran diferentes a mí? 

- Eran diferentes - dijo - A mí jamás me importó lo que pasaba, yo me iba, huía sin dar explicaciones. Tengo que admitir que nunca me molesté en dar explicaciones. Yo solo me iba. 

- ¿Desaparecías? 

- Sí. 

- Oh... - le dije, reveladora - claro, ¿te hacías el boludo, no? Como conmigo... - admití, riéndome. 

- Con ellas, sí. Con vos, no - me dijo, sintiéndose culpable. Muy poco orgulloso de esas actitudes. 

- Bueno, más o menos... - le dije, con calidez, y nos reímos levemente - pero mientras vos huías yo mandaba mails - lo burlé y me sonrió. 

- Yo no quiero lastimarte - dijo - realmente no quiero hacer las cosas mal con vos. Por eso no es posible para mí dejar a un lado tantos prejuicios, tener una relación... 

- Claro, está bien - admití, sin rechistar - lo entiendo. Podía pasar. 

- ¿Por qué lo decís así? - me preguntó. 

- Porque no siempre la gente gusta de uno - le expliqué avergonzada - Yo pensé que te gustaba, por eso me animé a hacer todo esto, pero bueno... No te gusto. Igual, en serio, todo bien. 

- Nooo - dijo, y apoyó sus manos sobre las mías, tomándomelas - ¿Cómo vas a decir algo así? 

- Es que así, Javi... - le dije, como si fuera algo obvio. 

Lo miré y me miró, sacudiendo la cabeza 

- Te juro - dijo, enfáticamente - que no es por eso. 

- ¿No? ¿Seguro? 

- Segurísimo - dijo. 

- Entonces, no entiendo...  -admití, desorientada. 

- Yo no tengo el valor que se necesita para vivir una relación con tanta diferencia... - dijo - Hay que ser muy valiente, como sos vos, para hacer lo que hiciste hoy. Pero yo no tengo ese valor... Soy un tipo muy prejuicioso con este tema. Siempre lo fuí. Toda mi vida... y... 

Me bajó la vista. 

- Y mirá justo lo que vino a pasar ¿no? - le dije, sonriéndole - Tenés que meterte todos los prejuicios en el culo... 

Me miró, me sonrió y bajó la cabeza. 

- Capaz que vivís mejor ¿no? - consideré, luego de unos minutos de silencio. 

Me miró extrañado

- Digo, porque no sufrís tanto... El que se arriesga siempre es el que más sufre - añadí - en cambio el cobarde... no sé, por lo menos, no sufre como la persona que se jugó todo y salió perdiendo... - reflexioné en voz alta. 

Negó con la cabeza y sonrió con algo parecido a la ternura. 

- Todo lo contrario - me dijo - Vos vas a tener una vida muy linda siendo valiente como sos. De verdad te lo digo, no dejes de ser así como sos, nunca en tu vida, por favor Veinte. Se vive una vida mucho mejor. 

- No sé... puede ser... - le dije, solamente - veré más adelante - acordé, mientras lo miraba sencillamente desconociendo el futuro. 

- Te aseguro que sí. Se vive mejor siendo valiente que siendo cobarde. Vos no te imaginás lo que es vivir escapándose de todo. 

- Pero, podés vivir de otra forma - observé - y no te lo digo por obligarte a estar conmigo. Pero bueno, para que lo pienses...  

Me miró, bajó la vista llena de tristeza, y no me dijo nada. 

- Ahora entiendo por qué me responde así lo que te dije - lo burlé, con ternura - yo te mandé un testamento y vos un "cuando salgo de la oficina te escribo, arreglamos, y nos vemos", como si te hubiera puteado. 

Me reí, tratando de transformar ese dolor. Me miró como pudoroso y sacudió la cabeza, sonriéndose. 

- Claro, te reís porque vos a mí me cantaste las cuarenta y quedé descolocado. Hace dos días que no duermo, pero ella me cantó todo en su mensaje. Qué viva. Así cualquiera, total, vos sabés escribir re bien y no te cuesta nada decirme esas cosas... En cambio yo, lo leía y pensaba " esta piba, no me puede decir esto, con la edad que tiene, no puede ser, qué lo parió". 

III 

El dolor es casi el mismo. Pero ya no viene de su rechazo, o de su incapacidad de hacerse cargo, o bien, de esa situación donde se escapó de todas durante toda su vida y de mí no pudo (hasta que pudo, claro, añadiría yo). Sino que el dolor, el mío, el que me produce ahora después de siete años,  es por su venida, por reaparecer en mi vida con las mismas promesas incumplidas de antes. 

 Porque pasan los días y no me deja de doler que haya aparecido y que se haya ido como una rata de alcantarilla. Y no me deja de doler porque me parece una enorme y clara demostración que este pobre hombre no ha sido feliz, no se ha permitido aprender nada de lo que nos pasó, y pienso ¿cómo puede vivir así, y encima, tener el tupé de aparecer cual renacido? Me parece re loco, siendo franca. Muy muy loco. 

Me pregunto ¿tanto dolor, cómo pudo haber sido en vano? ¿Cómo no le alcanzó la gran enseñanza que la vida nos dió cuando nos cruzó? ¿Qué viene a buscar aquí? 

La verdad es que si me dijera que sólo quiere tener sexo conmigo sería todo mucho más fácil de resolver. Si me dijera que siente deseo sexual por mí, claro, eso sería muy sencillo de resolver. Pero todo lo peor, como siempre, es lo que Javier no dice, no cumple, no cambia, no concreta, no sostiene, no puede. 

Una vez más, sí, ahora siete años después, siente pero no puede. Aunque, realmente, para mí, eso no es más que una excusa para no pasar por el dolor que implica remover la mierda y salir de esa posición.  Porque poder salir, se puede, el tema es que duele.  Y a veces es preferible hacer sufrir a los demás, para algunas personas, antes que sufrir el dolor en carne propia. 

Pero para mi nada justifica que alguien pueda ser cobarde toda la vida. Se puede sentir un enorme miedo, sí, se puede sentir temor, todos lo hemos sentido. Se puede tener miedo, un miedo enorme, muy grande, que te quite el goce de vivir... ¿Pero hasta cuándo? ¿Cómo no vas a hacer nada contra eso, cómo le vas a regalar tu vida, cómo vas a regalarle la única vida que tenés, la única, de la cual ya viviste más de la mitad? Es inexplicable qué clase de vida que valga la pena se puede vivir así. No sé, es como que no me entra en la cabeza que soporte vivir así y no haga nada para cambiarlo. O al menos, que no haga nada realmente profundo para cambiarlo, más allá de mandar un mensaje haciéndose el lindo. 

Para mí esas cuestiones de dejar en manos del azar algo que querés que pase, son muy fuertes. Es no luchar por la vida que estamos viviendo, es pasar por la vida como si fuera una oficina municipal, es no ser conscientes de la oportunidad que implica la vida. Sí, la oportunidad que implica la vida a pesar del dolor que a veces pueda involucrar, obvio, existir en este mundo que no es todo rosita. 

Pero... ¡por favor! ¿Cómo le podés regalar tu vida al miedo, al puto miedo? ¿Cómo se puede vivir así de resignado, así de rendido, conformándose con mandar un mensajito y desapareciendo? Qué vida tan de mierda, francamente, pienso mientras escribo estas palabras. 

Quizá por sentir todo lo que sentí con esta experiencia hoy en día soy como soy y para mí la vida es animarse siempre.  Plata o mierda, salga bien o salga mal, pero animarse siempre. Porque los cobardes sufren mucho pero, además, hacen sufrir mucho lo quieran o no con sus actitudes. 

Y sí... uno de los motivos por los que me duele su reaparición es porque tenía razón en lo que me dijo.  He vivido, pese a los sinsabores, una vida mucho más feliz. Muchas veces me arrepentí por hacer demás, pero jamás, de menos. Y si nada de esto tiene arreglo, lo único que deseo, es olvidar todo esto para siempre. 

IV

¿Quién sabe? Capaz la enseñanza de esta historia para mí es seguir siendo valiente. Porque, por lo menos de mi lado, pese a que tengo mis miedos, no se lo sacó cagando a la primera aunque volvió siete años después cual renacido.  Y eso formó parte de enfrentarme a mis propios miedos, y a mis propios fantasmas, como estoy haciendo ahora... aunque sea difícil. 


2 comentarios:

  1. Es la primera vez, por lo que recuerdo, que escribís un título tan contundente.}
    Y es tan exacto.

    Y curiosamente, por lo lo que recuerdo de lo que ha escrito, se trata del mismo que sabía leer tan bien sus emociones, como si tuviera telepatía. Que supo ayudarte alguna vez. Es para preguntarse que se hizo de esa persona.
    Es muy lamentable perderse una oportunidad de ser feliz, por ceder al que dirán, al sentido común, la propia cobardía. Y a elegir el no ser feliz.

    Cuando sos una joven mujer, con sus intereses, para ser valorada.
    Javier tuvo una gran oportunidad, con alguien que lo alentó, que le planteó sobre lo positivo de dejarse atrapar. Era lo que tenía que hacer.
    Pero lo arruinó todo. Y cuando tuvo la oportunidad de nuevo, huyó.

    Está muy claro que tenés tus méritos.
    Besos, mi estimada Veinteava.

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    1. Sí, es la primera vez en donde incluyo en un titulo una "mala palabra". Pero, en realidad, a veces son tan precisas las buenas palabras como las malas, así que me permití esa licencia.

      Sí. Por más increíble que parezca es la misma persona. Una era la versión "adecuada para la sociedad", que es ésta, la que se oculta. Y la otra es la versión "adecuada para nosotros", que es a fin de cuentas, la única que debería haber sido tomada en cuenta. Pero no fue así. Y creo que parte de ser adulto es vivir con las consecuencias de las decisiones que se toman.

      De haber sido por mi, y por la paciencia que le tenía, y que le hubiera tenido afín de colaborar en su proceso si así lo necesitaba, nuestra historia hubiera sido muy diferente. No sé si hubiera funcionado o no, porque es una suposición, pero sí sé que hubiera puesto todo de mí para que así fuera.

      Ahora, siete años después, tampoco le negué la oportunidad de hablar. No sé, pensé que quizá algo había cambiado. Pero me equivoqué.

      Se le acabaron las oportunidades, te confieso. Ya no importa con lo que venga. Se le acabaron.

      Besos, mi querido Demi.
      Gracias por leer, comentar y bancarme en todas las versiones y tópicos.
      Lindo día para vos :)

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Veinteava