Diez meses. Esa fue la cantidad de tiempo que sostuvimos, durante la pandemia, nuestra relación. Hubo momentos de fuerte emotividad. Hubo momentos de celos. Hubo momentos de desolación, hasta que no hubo más momentos. No separamos y ya fue. Tal como le dije a Galeno en una charla previa al final, había pasado demasiado tiempo. Y no, claro que lo quería, no lo había dejado de querer, pero simplemente... Había pasado demasiado tiempo.
II
Durante el 2020 pase días pensando en un reencuentro. Galeno me escribía y me decía que tenía ganas de abrazarme, de darme besos, de dormir conmigo y de salir a pasear y sé que era así, porque por su forma de ser, que me dijera eso, era sinceridad total. Yo le decía que extrañaba su olorcito, que le iba a comprar cosas ricas de Buenos Aires para que se lleve y que todo esto iba a pasar. También lo que expresaba era real y verdadero.
"Anota en la listita de deseos que tenemos un lugar donde quieras pasear acá, le decía yo. ¿Podemos volver a ***?, me preguntaba. "Si, mi ***, podemos. Cuando vengas, vamos a ir en cuanto salgamos a la calle", contestaba. "Pendeja, cómo te abrazaría, hoy. Me encantaría que estuvieras acá tomando este vino conmigo", decía. "Sabes que me encantaría. Pandemia de mierda. Quisiera estar ahí , escuchando a Drexler con vos", respondía yo. "La puta madre, pandemia de mierda", me respondía él. Y seguíamos intentando bancar. Porque esa era la idea ,claro, bancar.
La pandemia nunca terminó. Galeno no volvió a salir de su provincia desde la última vez que viajó para verme. Y yo, casualmente, tampoco volví a salir de la mía a excepción del viaje que hice hasta su casa. Atrás quedó el deseo de la listita que consistía en viajar juntos a Uruguay y rentar algún lugar lindo y tranquilo para disfrutar un finde lejos de todos, disfrutandonos, sin necesidad de ninguna otra comodidad. Se perdió en el medio de tantos mensajes. De tanta espera. De deseos que se morían sin que ninguno de los dos pudiera arreglarlo.
Mi conclusión es que fuimos gente que se llevó puesta la pandemia, pero más allá de eso, también fuimos dos personas que mientras se pudo, lo vivieron. Y eso no es poca cosa. De hecho, es la razón por la cual yo lo recuerdo con empatía y considero que le debe pasar algo muy similar por lo que hablamos luego , de forma excepcional.
Esta historia nuestra no fue solamente una pericia sexual deslumbrante o kilómetros recorridos hasta encontrarnos. No fue tomarse aviones, de ida y de vuelta. Ni fue hacer regalitos de bienvenida. O comprar lencería hermosa. O el buscar de Galeno los restaurantes más hermosos o las maneras de complacerme en todos los aspectos posibles. Había mucho más. Y la pandemia, por poco o por mucho, se fue llevando los rastros y los recuerdos lindos hasta dejarlos distantes de nuestros sentimientos.
Durante el 2020 Galeno fue el primero en hacer silencio, pero ya un tiempo antes yo venía masticando una postura que iba sobre lo mismo. Necesitaba cerrar esta historia. Decile "bueno, creo que vos no querés venir, o no se, pero yo no tengo paciencia para seguir esperando que las cosas pasen, necesito poder elegir algo en mi vida y esto no lo podemos cambiar ni decidir nosotros, asi que... ya está ". Y se lo dije. Y él me dijo lo suyo. Y sin embargo pese a la decepción del momento nos despedimos deseándonos felicidad. Porque en el fondo, o mejor dicho inicialmente, el afecto estaba. Y era real. Y era significativo.
Largas noches nos pasábamos imaginando un reencuentro en medio del confinamiento. Nos imaginamos mil veces la felicidad de pensarnos vacunados y de viaje juntos. Pensábamos dónde ir. Pensábamos que íbamos a hacer. "¡¿Me vas a dar besos con barbijo cuando nos veamos post-pandemia?! le decía, en broma a Galeno. "No, ***, te voy a sacar el barbijo y te voy a besar como corresponde", respondía, en ese tono que a mi me resultaba irresistible.
Nos prometimos desde la misma fe y el mismo deseo mil cosas. Era normal. Hasta que llegó un punto donde desear tantas cosas que resultaban imposibles empezó a ser doloroso. Y en cuanto empecé a sentir dolor, solté todo a la mierda y a partir de ahí empecé a analizar el comportamiento y los tiempos de Galeno de una forma totalmente diferente. Más fría, como si lo único importante fuera definir. Con la incapacidad de tener más o menos paciencia.
Galeno, por su parte, expresó que sentía la necesidad de reencontrarse consigo mismo después de convivir tantos meses con el miedo a la enfermedad, asistiendo a la muerte, lejos de su libertad y sin poder elegir. Era fuerte el saber que ese mismo hombre con el que tantas cosas lindas habíamos vivido, había empezado a mandarme fotos con un mameluco, cofia, guantes, máscara, barbijo y un estetoscopio alrededor de su cuello y yo podía responder a eso: "Cuidate mucho, por favor. Promete que vas a cuidarte. ¿Cómo te fue en la guardia hoy? ¿Dormiste, comiste bien?". Y al mismo tiempo, el lacerarse mismo de la relación por la distancia, o los celos inevitables de ambos lados frente a situaciones que parecían más gordas y extrañas por la lejanía impuesta.
III
Hoy entiendo que pretender lo que yo pretendía no estaba mal. Lo realmente ilógico era prenderlo en el momento dónde lo pretendía y también era imposible desde el lado de Galeno sostener lo que sostenía frente a todas sus presiones personales y el desgaste mental de una pandemia trabajando en el frente de batalla. Sin vacunas, en medio de una emergencia sanitaria, teniendo el un hermano bajo su cuidado, ambos llenos de miedo y cansados, así terminamos nuestra relación.
Con el tiempo, entendí que lo que se fue quedando atrás con el tiempo fue el vínculo presencial y eso me alejó de los sentimientos. De mi lado, hice mucho para que fuera así, además, porque acepte lo inevitable de la pandemia. Por momentos me enoje por sus interacciones que parecían histéricas o tontas pero, en la ultima charla, al entender sus formas de pensar, me ayudo a ponerlo en un contexto mas empático. El estar lejos no me hizo dejar de quererlo, pero si, entender que era imposible de revertir la situación. De su lado, el se despidió diciéndome que siempre me iba a recordar y yo le expresé la misma actitud.
Cada uno, siguió con su vida a su modo. En esa seguimos.
El tiempo cuando está al servicio de la reflexión ayuda a entender muchas cosas. Y entender es sin dudas sanar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
¡Muchas gracias por pasar a visitarme!
Si querés, podés dejar tu comentario más abajo (será respondido a la brevedad)
Hasta la próxima,
Veinteava