La luz del sol de aquélla provincia nos pegaba de lleno entrado desde el balcón en un octavo piso. Por suerte, nos dijimos, no se veía nada para adentro. La ventaja de que Galeno viviera en un barrio cerrado, que no tenía torres vecinas a su alrededor, quedaba claramente expuesta. Una charla inocente en el sillón se nos había ido de las manos y yo me encontraba siendo adorada de pies a cabeza a plena luz del día. Entregadísima, en otra dimensión, disfrutaba de todos los besos, caricias, toques y diferentes tipos de atención que él me brindaba mientras entornaba los ojos en el esfuerzo de lidiar con un placer muy palpable y con la necesidad de mirarnos a los ojos. Nunca, lo conversamos luego, nos imaginamos que ese encuentro iba a ser la última vez. Pero sí, lo vivimos con una intensidad extraña en nosotros, casi como una tormenta tropical de rápido avance, rápida descarga, y rápida génesis. Y al mismo tiempo, de lenta muerte, de una muerte lenta y prodigiosa.
Galeno no dejaba en paz mi boca, ni el resto de mi cuerpo, por un segundo y yo, envolviéndolo, lo atraía con mis brazos en forma de tentáculos. No podía dejar de abrazarlo mientras me besaba, eso era diferente a las otras veces. Aquélla vez no podíamos separarnos y necesitábamos un tiempo mucho mayor de afecto, entonces, sonreíamos, nos reíamos muy por lo bajo, y dejábamos que todo se diera como se tuviera que dar. Hasta que, en un determinado momento, teniendo yo los ojos cerrados, Galeno se detuvo. Detuvo todos sus gestos y sus movimientos. Y sin dudarlo, los abrí para evaluar qué sentía. Puse mis manos en su rostro, acaricié su frente y le pregunté si estaba bien con cuidado. Pero se lo veía muy feliz, como deteniéndose en algo que no alcanzaba a ver yo, siendo la observada. Me puso un gesto que nunca había visto hasta entonces, como enternecido por quien era yo, y me sonrió de una forma muy dulce. Conectamos en ese instante de una manera diferente. Había más sentimientos que cuerpos y se notaba un montón. Le acaricié el rostro, completamente nítido en mi visión gracias a la luz del sol, y le devolví la sonrisa. Nos reímos despacito, y nos volvimos a abrazar, a sentir, a disfrutar y un rato después terminamos el encuentro de la mejor manera.
II
La última vez que hablamos con Galeno, recordó este suceso no desde lo sexual sino, justamente, desde lo simbólico. Me dijo que ese día había sido hermoso para él ver cómo yo disfrutaba de los gestos más simples. Cómo me deshacía de placer por un abrazo, por un beso, por una caricia, o incluso por el roce de nuestras pieles en instancias que no eran sexualmente explícitas. Lo fascinaba notar cómo cada maniobra recibía su respuesta, cómo todo era real, sincero y honesto en mis reacciones. Por eso se había quedado mirándome así, me explicó, porque lo enloquecía ver cuánto podía disfrutar sinceramente y cómo sonreía todo el tiempo. "Es que estaba siendo feliz; cuando yo te miré, en ese momento donde vos te frenaste a observarme - le dije - pensé que nunca me habías puesto una cara como esa y que estabas muy lindo". Me preguntó, como era de esperarse, qué me había cautivado en ese gesto , por qué había sido tan especial también desde mi lado. Me mirabas con mucha ternura, admití, tenías una carita de buen tipo que era un amor.
Lo positivo es que haya surgido esa intensidad, en lo que sería el último encuentro. Que se haya dado esa entrega a lo sensorial, que se haya dedicado a percibirte tan íntimamente. Y que lo hayas correspondido.
ResponderBorrarY quedó grabado en la memoria de ambos. Y que hayas llegado a expresarlo ante quienes te leemos.
Besos, mi querida Veinteaba-
Hola, Demi: ¿cómo estás?
BorrarSí, fue lindo de vivir y es un lindo recuerdo también. Por suerte, pese a todo lo que pasó después, ese momento en si mismo fue apreciado en todos sus matices. Creería que por eso quedó grabado para ambos.
Besos para vos también!!
Es positivo y además lindo recordar las cosas como fueron en su momento, no por su final, no hay que confundir las cosas. Me alegro entonces por tu recuerdos y que nos dejes leerlos. Saludos!
ResponderBorrarHola, JLO:
Borrar¿Cómo andan?
Sí, está bueno. Son cosas lindas que uno vivió, que pudo compartir con alguien que las recuerda desde ese mismo lugar, y eso está buenísimo. Yo siempre pienso que más allá del final, en el momento donde suceden las cosas, uno las desea y las celebra muchas veces... Así que...
Besos para ustedes